miércoles, 19 de marzo de 2025

¡Buenos días, amigos! 19/03/25.

     ¡Buenos días, amigos!

No está muy de moda defender los muros y sin embargo son los que protegen a los niños para que jueguen tranquilos y alegres en el recreo y los que nos protegen para que no nos precipitemos por un barranco. Pero la moda es derruirlos y construir puentes. 

Para aclararnos un poco, es interesante que antes pensemos un poco en lo que se viene llamando la doctrina de la subsidiaridad. Una palabra muy olvidada y que conviene recordar, la idea es que una autoridad central debe tener una función subsidiaria, desempeñando únicamente aquellas labores que no pueden realizarse eficazmente a un nivel más cercano o local, o dicho de otra forma: que los asuntos de importancia deben gestionarse en diferentes niveles organizativos adecuados y no deben delegarse en grandes gobiernos centrales.

Después de recordar mi forma preferida sobre la organización política, voy a intentar explicar la importancia relativa de los muros y de los puentes.

Yo pienso que la familia es la unidad fundamental de una sociedad y por lo tanto de su organización política. Una familia por lo tanto necesita un hogar, y un hogar necesita paredes. Unas paredes que tienen que proteger del calor y del frío, pero también mantener alejados a ladrones y otros visitantes indeseados. De hecho, las paredes podrían no ser suficientes. Poner cerraduras en las puertas también podría ser prudente.

Las familias también necesitan puentes para que sus miembros puedan comunicarse con otras familias. Las puertas son puentes que permiten a la familia visitar a sus vecinos y que estos los visiten. Pero la puerta es tanto un muro como un puente, y la familia tiene derecho a restringir el número de vecinos que permite pasar por ella.

Supongo que en lo básico estamos de acuerdo en todo lo anterior.

Voy ahora a la subsidiariedad, esta nos enseña que la familia necesita ser empoderada y defendida política y económicamente, lo que significa que el gobierno político y la actividad económica deben estar lo más cerca posible de ese hogar. En lugar de que el gobierno sea cada vez más grande y, en última instancia, se globalice, estando cada vez más lejos de las familias y las personas a las que debe servir, necesitamos activar y revitalizar a los gobiernos locales y pequeños, y delegar poderes del gobierno central, acercando así el gobierno a las personas. Esto demostraría un respeto por la dignidad de la persona humana y la libertad política que esta exige.

En lugar de que las estructuras económicas no paren de crecer, en última instancia, se globalicen, con una gestión que se aleja cada vez más de las personas, necesitamos revitalizar las pequeñas empresas. Esto solo se puede lograr si fortalecemos los gobiernos y las economías locales. Necesitan protección contra las intrusiones de los monopolios y el centralismo político y económico. Necesitan ser lo suficientemente fuertes como para protegerse de los grandes poderes que quieren controlarlas. Necesitan "muros" económicos y políticos en forma de leyes que favorezcan gobiernos y economías locales fuertes.

Y lo que es cierto para las familias y los gobiernos locales frente a los excesos del gobierno central, es cierto para esos mismos gobiernos centrales frente a los excesos del globalismo corporativo y político.

Y ahora, no tengo más remedio que añadir otra palabra a este escrito que tampoco está muy de moda, el soberanismo. Y es que el soberanismo, es la creencia de que la preservación de la soberanía nacional de cada nación protege al mundo de la tiranía del globalismo, es en sí mismo una expresión de subsidiariedad. Como establece el principio de subsidiariedad, el poder político debe gestionarse en múltiples niveles de organización adecuados y no debe delegarse en grandes gobiernos centrales. Por lo tanto, los gobiernos nacionales son entidades políticas más locales que globales. Estas entidades globales, si es necesario que existan, deberían tener una función subsidiaria, desempeñando únicamente aquellas tareas que no pueden realizarse eficazmente a nivel nacional.

Tampoco tengo más remedio ahora que recordar a Aleksander Solzhenitsyn cuando dijo: “Últimamente se ha puesto de moda hablar de la nivelación de las naciones… De la desaparición de los pueblos individuales en el crisol de la civilización moderna. No estoy de acuerdo… La desaparición de las naciones nos empobrecería tanto como si todos los hombres se volvieran iguales, con una sola personalidad y un solo rostro. Las naciones son la riqueza de la humanidad, sus personalidades generalizadas; la más pequeña de ellas posee su propia coloración única y alberga en sí misma una faceta única del diseño de Dios”.

La sabiduría de Solzhenitsyn nos recuerda que las múltiples naciones del mundo son ejemplares únicos que están amenazadas de destrucción por los esfuerzos de los globalistas por arrancarlas de raíz para que sean reemplazadas por un monocultivo monstruoso y monótono.

Para evitar la pesadilla de un globalismo universal, es necesario preservar y proteger a las naciones. Esto implica que deben ser capaces de preservar y proteger sus fronteras físicas y económicas. Deben poder decidir el número de migrantes que pueden entrar al país y proteger las fronteras para que las personas no puedan entrar ilegalmente. También deben poder decidir los tipos y niveles de comercio con otros países, protegiendo la economía nacional promoviendo un comercio que la fortalezca y no la debilite. Dicha protección constituye, sin duda, un muro, pero es un muro que cumple la misma función que el muro que protege el hogar familiar.

¡Buenos días, corredores! 19/03/25.

 ¡Buenos días, corredores!

¡Disfrutad corriendo! 


    Otras de las cualidades de practicar la carrera a pie con asiduidad es que nos permite estar siempre en forma.

En nuestra sociedad el deporte es una parte importante, forma parte de nuestra manera de desenvolvernos en ella. Siempre tenemos que estar en unas mínimas condiciones físicas para poder relacionarnos con las personas, acudir a un paseo por la montaña con la familia, un paseo en bicicleta con los amigos, un partido de futbol sala con los compañeros… siempre hay que tener un poco de forma física para lo que se nos pueda presentar.

Estas relaciones sociales nos obligan a disponer de un mínimo de forma física si no se quiere hacer el ridículo. Invitaciones a intervenir en una de estas actividades puede llegarnos en cualquier momento. Y a veces hay que aceptar.

¿Cuántas veces hemos añorado esa forma que teníamos cuando éramos chavales? La forma física hay que cultivarla, en caso contrario se va.

Un mínimo de ejercicio semanal, aunque solo sean dos días, garantiza no perderla y estar apto para apuntarse al que sea por muy de improviso que llegue. Y para lo cual, nada como la carrera.

Es lo más sencillo (un par de zapatillas), lo que menos tiempo lleva (uno sale a la calle y ya está corriendo) y el que más forma te pone (trabajar todo el cuerpo y, sobre todo, el corazón, motor de la resistencia). De este modo podemos ser la envidia de nuestros amigos.

martes, 18 de marzo de 2025

¡Buenos días, amigos! 18/03/25

     ¡Buenos días, amigos!

 Muchas veces los buenos principios los tenemos que ir revisando de vez en cuando para que no se nos desboquen y acaben siendo lo contrario de lo que quisiéramos.

Un ejemplo lo tenemos en la importancia del esfuerzo y el mérito en la economía actual. Todos tenemos claro que si nos esforzarnos en algo nos permitirá conseguir una recompensa. Las cosas se consiguen por méritos propios, nadie nos va a regalar nada. Esto está bien. Así, llegamos a la conclusión de que las personas que vemos como triunfadoras en el mundo económico de nuestra sociedad, lo son gracias a que se han esforzado, gracias a que sus trabajos y sus desvelos los han llevado a obtener aquello que deseaban.

Organizamos nuestra sociedad basándonos en el mérito y así es como la entendemos. La estructura de la sociedad intenta organizarse de modo que aquellos que hagan los méritos suficientes obtengan su debida recompensa. Tenemos así una relación que consideramos como justa ya que, ante un esfuerzo, se logra una compensación.

Esta ordenación del mérito parece lógica y la mayoría de vosotros estaréis de acuerdo en que es justa. Sin embargo, y aquí comienzan los problemas, cuando todo se construye sobre el mérito, sobre la recompensa debida, sobre la compensación necesaria, nuestra sociedad va a perder su capacidad de agradecimiento y de compasión.

Cuando organizamos nuestra vida basándonos en el mérito, exigiremos a la sociedad y a los demás que nos den lo que nos corresponde. Y la gratuidad y el agradecimiento no entran a formar parte en esta manera de ver la sociedad. Lo que prima es la exigencia de lo debido, la necesidad de ser compensado, de recibir aquello que me corresponda a lo que yo he dado o voy a dar.

Así, nos olvidamos de que la suerte tiene algo que ver en lo que somos y de lo que vivimos, a que alguien nos ha ayudado o nos ha dado algo sin que correspondamos nosotros, renunciamos a una sociedad que esté pensada y estructurada a nuestro servicio y que nos permite un abanico de posibilidades que no podríamos tener si esta no existiese, nos resultará muy complicado ser agradecidos si entendemos que todo lo que tenemos es la justa recompensa a nuestros esfuerzos.

De ahí, esa dificultad que nos impide aceptar las cosas malas que nos suceden. Las consideramos injustas y que no son un justo pago a nuestros esfuerzos. Nos preguntamos ¿cómo me puede haber sucedido esto a mí?

Porque no aceptamos el misterio de la vida, la sorpresa, lo que recibimos de los otros, no somos agradecidos por lo no merecido, aceptamos difícilmente la gratuidad, nos cerramos a la felicidad de sentirse afortunado… Solo cabe la rendición de cuentas, la equivalencia entre lo dado y lo recibido, el mérito y el merecimiento.

¡Buenos días, corredores! 18/03/25

     ¡Buenos días, corredores!

¡Disfrutad corriendo!

Uno de los motivos por los que nos gusta y les gusta a las personas correr es porque vamos a cambiar nuestra imagen, no parece un motivo muy sólido a primera vista, pero después de unos meses corriendo nos damos cuenta de que nuestra imagen anterior no era la que en realidad nos gustaba. 

Hemos renunciado casi sin darnos cuenta a nuestra imagen anterior, y es que una vez que empezamos a correr los beneficios a corto plazo son tantos que nos gusta esta nueva forma de vivir. Y es que estamos haciendo deporte y hemos dejado atrás nuestra vida sedentaria, aquella que teníamos cuando no hacíamos ninguna actividad física y nuestras prioridades en el tiempo libre eran otras

En unas pocas semanas hemos ganado en apariencia física, salud y orden. Todo a cambio de un momento diario de suave ejercicio. Eso sí, cuando empecemos a correr lo haremos lentamente, exageradamente lento. Será nuestro cuerpo el que nos vaya pidiendo marcha según vaya mejorando nuestro estado de forma.

Para que todo esto funcione no hay que precipitarse, pues las prisas solo pueden provocarnos lesiones y un agotamiento innecesario que romperá nuestra moral. No demos excusas al organismo para dejar de correr. Hay que ser muy constante y prudente en los inicios. Resulta interesante para que arraigue en nosotros la carrera a pie poder contar con un buen principio.

Aunque también tengo que añadir que hay mucha razón en ese título de la obra de teatro de William Shakespeare: “A buen fin no hay mal principio”, que también se suele traducir al castellano como: “Bien está lo que bien acaba”    

Si algo tiene un buen resultado o finalmente triunfa, los problemas previos no importan. Pero no hay que correr riesgos si no estamos realmente convencidos de que la carrera a pie puede ser nuestro deporte. Porque al final será mucho más que una práctica deportiva que nos hará recorrer no solo los alrededores de nuestro municipio sino nuestra comarca, nuestra comunidad, nuestro país o incluso llevarnos alrededor del mundo.

Si quieres un deporte en que no quieras viajar mucho o nada, lo mejor es correr solo en una cinta de correr o no salir del gimnasio.

lunes, 17 de marzo de 2025

"Somos el miedo que negamos tener"

     “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton)

    La cuenta atrás ya hace días que ha comenzado y ya son muy pocas las cosas que faltan para tenerlo todo a punto, pequeños detalles que si fuese preciso empezar mañana no me lo impedirían. 


    Terminar de cambiar los neumáticos y colocar los portaequipajes es solo cuestión de muy pocas horas, es más en una hora creo que tendría suficiente. Empaquetar, también es cuestión de muy poco tiempo, en resumen, en cuanto llegue el final de mes y me encuentre con varios días de buen tiempo por delante me pongo a pedalear. Tengo claro también que no voy a salir de casa lloviendo, si me tengo que mojar ya lo hare sin problema, pero lejos de Pego, dónde ya no exista otro remedio. 

    La lluvia y el mal tiempo, así como las bajas temperaturas son unos de los miedos que como buen mediterráneo tengo. Leí el otro día que “somos el miedo que negamos tener. Y solo cuando lo reconocemos nos ponemos en disposición de superarlo”. Y, es verdad, reconozco mis temores al frío y a la lluvia, pero hoy en día aun no los he superado. 

    A veces ese temor nos genera tanto miedo que nos negamos a asumir que lo tenemos. El miedo al miedo es algo peligrosamente expandido. Aunque no son pocas a las cosas que tengo miedo, la peor de todas es negarse a aceptar que lo tengo. 

    Cuando me veo diciendo que todo en el viaje esta apunto, que lo tengo todo controlado, que no existe ningún problema, a veces me veo diciéndome que es mentira. Y es verdad, claro que tengo miedo. Tengo miedo a no haber discernido bien las diferentes etapas, a que me fallen las fuerzas, a que mi ánimo no resista las tempestades. Tengo miedo, y no pasa nada, el miedo es humano. Es más, necesito tener miedo. El miedo me ayuda a combatir la temeridad de la emoción desbordante. El miedo me impulsa a buscar seguridad. El miedo me mueve a objetivar mis intuiciones. El miedo me impulsa a vencer el miedo.

    Sin embargo, ¿pueden los ciclo-viajeros tener miedos? ¿No es eso dudar de la esencia del viaje? En no pocas ocasiones los cicloturistas hemos convertido el relato de nuestro viaje en un mito bucólico de héroes que logran asaltar el castillo de la felicidad venciendo al dragón de una sociedad demasiado egocéntrica. Esto se nos cuela más de lo que pensamos y nos hace mucho daño, pues nos convierte en guerreros con pies de barro. Hablar de héroes para referirnos a los ciclo-viajeros, más allá del recurso literario, es notablemente peligroso. Falseamos una realidad hermosa pero frágil, como es un viaje en bicicleta. 

    Un héroe es valiente, aguerrido, no duda, y por supuesto no tiene miedo. ¿Por qué no nos permitimos tener miedo? ¿No nos estaremos exigiendo una perfección poco edificante? Nos ponemos a escribir un relato de nuestros viajes en el que no tiene sitio las noches de dudas, los fantasmas de la etapa de mañana, los temores a las dificultades que nos vamos a encontrar. 

    Sin embargo, los cicloturistas estamos llamados a la Libertad, libertad también frente a los relatos buenistas. Todos tenemos miedo, eso no nos puede asustar. Cada uno tenemos nuestros miedos concretos. Nadie nos dijo que no podamos tener miedo. Miremos con valentía nuestro miedo, así podremos superarlo.

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¡Buenos días, amigos! 17/03/25

     ¡Buenos días, amigos!

Esta mañana me he despertado pensando en que, si el hombre ha sido creado, si todo hombre nace con la misma dignidad, sin diferenciación ninguna, todo lo que existe en la tierra y cuanto ella contiene es para uso de todos ellos. Por lo tanto, si es así, todos los bienes deben llegar a todos en forma equitativa, eso sí, bajo una estricta justicia y acompañada de la caridad.

Todo lo que ha sido creado junto con nosotros no lo ha sido para que lo negocien y disfruten solo unas minorías privilegiadas. El hombre al ser creado no se le asignó ninguna preferencia, no se creo nada a favor de los guapos o de los feos, ni a los hombres o las mujeres, ni a quienes seguían una determinada religión u otra, ni a los altos o los bajos, ni a los blancos o los negros…

No, todo lo creado ha sido puesto al servicio de todas y cada una de las personas que habitan la tierra, porque todos somos iguales y todos tenemos derecho a nuestra porción de la creación.

Todo lo anterior, se puede entender en que todas las personas que habitamos la tierra tenemos derecho a una parte de la creación que nos permita tener una vida digna. Esto no es algo que me debo ganar, sino que es un derecho que tengo como persona, en la medida que todos somos iguales en dignidad y, por tanto, tenemos los mismos derechos.

Por ello, contar con los recursos suficientes para llevar una vida digna es un derecho de todas las personas y como todo derecho, conlleva la correspondiente obligación de nuestra sociedad para garantizar que se haga realidad. La materialización de este derecho se da en el cambio del objetivo económico que se plantee nuestra sociedad.

Que yo posea al menos lo suficiente es, precisamente, lograr que el destino universal de los bienes, esto es, el derecho que todos tenemos a nuestra parte de creación necesaria para vivir una vida digna se convierta en una realidad en nuestra sociedad.

Hacer todos los esfuerzos necesarios para construir una organización social y económica que logre este fin es un desafío que tenemos los pensamos que hemos sido creados iguales en dignidad para garantizar la libertad de los hombres y que tengan posibilidades reales de realizarse como hombres.

¡Buenos días, corredores! 17/03/25.

     ¡Buenos días, corredores!

Estamos en lunes y, como puede parecer una costumbre nos toca dar las gracias a todos los dorsaleros que no solo corrieron y entrenaron, sino que también a los que compitieron en una carrera. Hoy solo un agradecimiento especial, solo uno, a Carmen por su carrera en Teulada, así que; ¡Carmen, Muchas Gracias!


    A veces resulta complicado, sobre todo viendo las manifestaciones de satisfacción y alegría entre corredores, hablar sobre la soledad del corredor de fondo.

No es fácil comprender a un corredor ante el sentimiento de soledad que se da en la carrera a pie. Esa frase: La soledad del corredor de fondo, forma ya parte del vocabulario de cualquier persona cuando quiere expresar determinado sentimiento de aislamiento. La imagen puede resultar muy plástica, pero realmente solo la pueden comprender los que lo hayan sentido. Esta soledad para un corredor no es ni buena ni mala, es consustancial a quien habitualmente corre. 

Un corredor solitario, al margen de la expresión épica con que se utiliza, es una persona que puede parecer egoísta, introvertida, pero amante totalmente de sus actos. Si nadie de su entorno es capaz de hacer lo que él, correr, entrenar, cuidarse y dedicarle unas horas a sus entrenamientos, no se va a dejar arrastrar por lo que hace la mayoría de sus amigos. Hace lo que cree que hay que hacer para seguir con su afición, sin reparar en medios. Y, muchas veces está solo ante la carrera a pie.


        Sin embargo, un corredor solitario profesional es otra cosa, es la expresión máxima del sufrimiento, porque se prepara para llegar donde nadie es capaz de hacerlo. Es capaz de vencer las dificultades sin que necesite altavoces que anuncien sus proezas. Entrena en un segundo plano. Será en la competición donde saque a lucir todo su trabajo y no siempre con brillantez, aunque le quedará la satisfacción de saber que él ha sido honesto y que no pudo hacer más.

Corriendo, sometiéndose a un plan completo de entrenamiento, podemos comprender el alcance del esfuerzo a que se someten los atletas. Y podemos comparar nuestros entrenamientos y las marcas que conseguimos con los corredores de elite, que, si bien es verdad que físicamente están más dotados, no conseguirían esas marcas si no entrenasen mucho más y con más intensidad que nosotros.

Ayer, al mediodía pude ver en Teledeporte la Media Maratón de New York y, estoy seguro de que solo pudimos apreciar lo que significa correr a esos ritmos los que alguna vez hemos mirado nuestros cronos al correr.

Para comprender a un deportista no tenemos más remedio que haber practicado alguna vez su deporte, si no hemos lanzado nunca un penalti, o hemos encestado un tiro de 3 puntos nunca vamos a poder disfrutar tampoco ni del baloncesto ni del fútbol.

domingo, 16 de marzo de 2025

¡Buenos días, amigos! 16/03/25

     ¡Buenos días, amigos! 

Una de las cosas que siempre tengo en cuenta o casi siempre cuando voy a realizar una compra es que es lo que me va a costar, no solo monetariamente sino lo que estoy sacrificando para obtenerlo. Porque ya sabéis que, en toda elección, siempre hay una renuncia. Si tomo la decisión de comprarme unas zapatillas para correr no voy a poder dedicar ese dinero ni ese tiempo en otras cosas que también considero interesantes.

Y es que cuando adquiero algo resulta interesante analizar la compra desde es punto de vista. Por ejemplo, si quiero comprar esas zapatillas además de la consideración anterior puedo añadir la de comparar entre hacerlo en una tienda y hacerlo on- line.

Puede ocurrir que en la tienda sea más cara, pero la tengo en la mano en el momento que lo compro, sin embargo, si las compro por internet puede costar menos, pero tarda unos días en llegar, o más caro, si lo recibimos en menos de 24 horas. Calibrar qué es lo que perdemos cuando tomamos una opción u otra y tomar la decisión desde ahí, es utilizar una mirada diferente y a veces sorprendente.

Lo que sucede cuando hacemos esa reflexión antes de comprar es siempre es que esta mirada es egoísta ya que, en ella, solamente pensamos en nosotros mismos. Me pongo en centro del dilema y los criterios que utilizo para tomarla pasan exclusivamente por mí. Nuestra mirada economicista, es siempre así,

 La mirada economicista, es siempre así, autorreferente, los demás en la mayoría de las ocasiones nos dan igual.

Existen otras formas de ver la cuestión que son constructivas que piensan en el otro. Cuando en lugar de utilizar el coste de lo que compramos para decidir mi compra observo cuál es la opción más ecológica o la más social, mi criterio puede cambiar.

Porque puedo pensar que comprar en la tienda es más ecológico ya que la cantidad de transporte añadido para la compra es menor, o la cantidad de paquetes que se utilizan también es más reducida. O que comprar en la tienda de deportes del pueblo produce mayor impacto económico en el barrio y mejor empleo que hacerlo a una tienda on line.

Si queremos una sociedad que se vuelque en el otro, precisa que nuestros criterios de compra y nuestra mirada vaya más allá del coste de monetario para centrarse en a quién y a qué beneficiamos cuando realizamos unas compras u otras.

¡Buenos días, corredores! 16/03/25

     ¡Buenos días, corredores! 


    Me he despertado esta mañana pensando en cómo nos ayuda la carrera a pie en nuestra lucha contra lo que no nos es saludable.

No sé por qué, pero al prepararme para ir a Teulada he puesto en valor todo lo que me ha ayudado y continúa haciéndolo la carrera a pie a la hora de tener a raya a todos mis vicios. Un corredor aficionado, cómo lo soy yo, no tiene que llevar una vida monástica, en absoluto. Pero si asumo, si hago mío el hábito de correr, estoy seguro de que me resulta más fácil combatir mis malas costumbres.

Por ejemplo, si yo fumase, estoy seguro de que fumaria un poco menos o nada, si tuviera la costumbre de beber alcohol, se entiende, lo mismo o si tengo la costumbre de trasnochar, igual.

Estaréis de acuerdo conmigo que es una contradicción cuidar nuestro cuerpo una hora al día mientras corremos y maltratarlo en la siguiente. Por eso, si realizamos una actividad física diaria, inconscientemente iremos apartando costumbres que no estén de acuerdo con la nueva vida que llevamos.

Otra cosa que me ha llamado la atención desde siempre, bueno desde que tengo la costumbre de correr, es que organizo y estructuro todo el día en torno a ese momento en que tengo que salir a correr. Si tengo que salir a correr temprano, nada más levantarme, me obliga a acostarme más temprano; si tengo que correr al mediodía, esto me impedirá comer en exceso, entre otras cosas porque necesito correr con el estómago no muy cargado; si es por la noche cuando tengo que entrenar, lo lógico habrá sido que me habré cuidado un poco durante el día para afrontar el esfuerzo con garantías de que lo voy a disfrutar y no a soportar.  

También resulta interesante la tranquilidad que nos da correr cuando nos tomamos alguna cerveza de más o nos pasamos un día con la comida pues vamos a ser capaces de neutralizar el ingreso extra de calorías a diferencia de una persona sedentaria. Y es que con la carrera a pie tenemos a nuestra disposición un medio bastante eficaz para combatir los pequeños excesos.

sábado, 15 de marzo de 2025

¡Buenos días, amigos! 15/03/25.

     ¡Buenos días, amigos! 

Hay algo perverso en despertarse y sentirse mal porque tengo vergüenza de que una parte de mi sea débil. Por eso la escondo, la rechazó e intentó modificarla para mejorarla.

Este rechazo a una parte de mi forma de ser, creo que se da porque hoy en día se promueve una cultura del mérito. Esta cultura, me está diciendo que lo bueno que tengo se deriva de mi esfuerzo y es fundamental para mi éxito. Aquel que no llega, que tiene defectos, que no alcanza la excelencia, es porque no se lo merece, porque no ha hecho el esfuerzo necesario.

De ahí esa idea de que nos debemos de esforzar en trabajar nuestro cuerpo y conseguir llegar a ser lo más perfectos posible. También nos tenemos que afanar para superar todas nuestras carencias emocionales, superar nuestros miedos, ser fuertes y encontrarnos bien con nosotros mismos. Tenemos a nuestro alcance muchas opciones que podemos aprovechar para esconder nuestras fragilidades y cambiarlas.

Todo lo anterior nos hace avergonzarnos de nuestras flaquezas. Vivimos mal con ellas, llegamos a la conclusión que no corresponde tenerlas en una sociedad en la que todo se puede conseguir realizando el esfuerzo pertinente. En lugar de quererlas, de mimarlas, de construir desde ellas, preferimos ocultarlas de la visión de los otros y actuar como si no existiesen, como si realmente fuésemos lo que parece que hay que ser.

Como vemos, todo muy alejado de lo que en realidad somos, de lo que se nos ha regalado con nuestra vida para que no solo aceptemos nuestras debilidades, sino que las amemos, al regalárnoslas se nos dice que nos construyamos sobre ellas y que es ahí donde el regalo se hace fuerte, precisamente, en ellas. Mostrando aquello que es frágil en nosotros es donde el amor puede florecer con todo su esplendor.

Si lo pensamos veremos que nos resulta complicado amar a los perfectos. Es posible que los podamos admirar, pero es muy difícil que nuestro corazón se junte al suyo.

Si amamos y no nos avergonzamos de nuestra debilidad, podemos ser fuertes, si dejamos que se actúe en ella.