miércoles, 8 de octubre de 2025

Dia 86, del viaje a la maratón de Valencia. La Europa que puede ser

     Dia 86, del viaje a la maratón de Valencia.

¡Buenos días! 



Si miramos todo lo que sucede a nuestro alrededor no es difícil pensar que el mundo no es que esté cambiando, sino que ha cambiado, sí, ha cambiado, no es el mismo de hace unas décadas. 

Y como europeo que soy, y que me siento, siempre he pensado en las ventajas de ser y sentirse europeo, creo que Europa es lo que tengamos el valor de hacer posible los europeos, todos los europeos.

Si miro hacia Estados Unidos veo que nuestra relación es más complicada que antes, la guerra en Ucrania nos está mostrando cuan dependientes somos de Rusia, la situación en Gaza nos muestra cuanto necesitamos una Europa más fuerte que pueda promover la paz, y es que la fuerza económica de nuestra vieja Europa y nuestro poder político ya no bastan para garantizarnos el que sigamos siendo un líder global.

Ya sé que Europa aún no está definida. No está completa. Pero el destino de este proyecto que me atrevo a considerar único ahora mismo en el mundo depende de cada uno de nosotros. Por eso hay que creer en Europa, luchar por ella, no rendirse ante cualquier dificultad y no subestimar todo lo que podamos llegar a ser y representar.

Conformarse en cómo estamos ahora los europeos es de alguna manera rendirse, significa dejar a Europa fuera de todas las decisiones importantes, y Europa nunca ha sido hasta ahora una espectadora en el mundo, y no debemos acostumbrarnos nunca a serlo. Somos referentes. Solo hay que tener el valor de tomar las decisiones necesarias.   

Ahora es el momento de olvidarnos de ver a Europa como es y empezar a trabajar en la Europa que puede llegar a ser, el mundo está cambiando rápidamente y nosotros debemos hacerlo igualmente.

Yo solo veo dos caminos: un camino que nos lleve a un cambio rápido y valiente u otro camino más lento y tranquilo pero doloroso que nos llevará hacia la irrelevancia. Mi opción es el primero, el que nos debe llevar a cambiar. Sé que no va a ser fácil ya que eso va a implicar hacer algunos sacrificios.

Unos sacrificios que como en la mayoría de las ocasiones implica hacernos preguntas difíciles, cuyas respuestas es necesario responder: ¿quiero que mi país sea capaz de defenderse? ¿Quiero realmente integrar mi economía y desbloquear el gran potencial que tenemos? ¿Quiero apoyar a nuestras empresas, a nuestros emprendedores? ¿Quiero garantizar nuestro modelo de libre empresa y de redes de protección social?

Si en realidad eso es lo que quiero, entonces, yo solo veo una respuesta: Europa. No está Europa sino la Europa que puede ser. La Europa que debemos empezar a construir.

Es verdad que nos estamos enfrentando a desafíos impensables hace años, pero son reales, y estamos comprobando que para responder a ellos Europa debe cambiar. Si no somos líderes, seremos seguidores. Hay que ser más ágiles, más rápidos, más justos, ser capaces de dar respuestas concretas a las personas, saber aprovechar al máximo todas las herramientas que tenemos y tener la fuerza para crear otras nuevas cuando todavía no las tenemos. Todo lo anterior, lo que quiere decir es que las cosas no pueden continuar como ahora, tenemos que reconocer que con lo que nos sentíamos cómodos y que garantizó todos los cambios que hemos alcanzado hasta ahora, ya no es suficiente.

La política y nuestros políticos parece que saben que hay que cambiar, pero pocos están realmente dispuestos a hacerlo, y es que el coraje es una palabra que no se usa mucha en nuestra política.

Si repasamos nuestra historia vemos que por naturaleza los europeos somos innovadores, constructores, emprendedores, que nos gusta crear y siempre aspiramos a la excelencia. Lo que nos ha hecho ser una avanzadilla del progreso global y de las revoluciones industriales. Hemos creado arte, cultura, empresas y hemos sido capaces de llevar a generaciones de la guerra y la pobreza a la prosperidad. Y los españoles sabemos mucho de eso.  

En definitiva, si como europeos queremos la paz, debemos protegerla. Si queremos el crecimiento, debemos hacerlo posible. Si queremos la confianza, debemos merecerla. Y si queremos liderar, entonces debemos cambiar – con leyes más inteligentes, políticas más coherentes y el valor de actuar.

lunes, 6 de octubre de 2025

Dia 84, del viaje a la maratón de Valencia. La incertidumbre.

     Dia 84, del viaje a la maratón de Valencia.

¡Buenos días!


        Después de muchos meses, para ser sincero creo que demasiados, ayer corrí camino de la maratón de Valencia la media maratón del Kaki en la Alcudia. Y estuvo bien, mejor que bien puesto que la pude terminar con un tiempo inferior a lo que pensaba, solo con recordar que en los tres últimos años por estas fechas no me atrevía con una media maratón me hace estar más animado y con un poco más de seguridad de cara a la maratón.

No nos tiene que sorprender que a pesar de la buena impresión que he sentido al terminarla el resultado de la maratón es incierto. No se puede saber muy bien qué es lo que vendrá en estas nueve semanas que aún quedan de entrenamiento.

La maratón y sobre todo su entrenamiento pone de manifiesto una gran verdad sobre el mundo de la carrera a pie: nuestra vulnerabilidad. Que ningún entrenamiento es capaz de asegurar nuestro éxito.

El saberse vulnerable nos puede llevar aun situación de miedo que debemos aprovechar como el motor que nos debe llevar a ser mejores corredores. Justo antes de cada maratón, la incertidumbre emerge como la única seguridad. Todo corredor tiene que recordar que todo es incierto, lo que le descubrirá una nueva manera de entender los entrenamientos para una carrera. Cuidando su alimentación, protegiéndose de la infecciones y enfermedades, de las lesiones, porque, en realidad, lo único que verdaderamente tiene es a sí mismo y a su libertad para cuidarse.

La incertidumbre es lo único seguro que siempre hemos tenido los maratonianos. Aunque suene paradójico, es la única certeza, la tierra sobre la que tienen que transitar nuestros entrenamientos y proyectos.

domingo, 5 de octubre de 2025

Dia 83, del viaje a la maratón de Valencia. ¿Por qué no?

     Dia 83, del viaje a la maratón de Valencia

¡Buenos días!



Una de las consecuencias de escribir en un blog e intentar hacerlo de hábitos y cosas objetivamente buenas, es que nos guste o no, nos podemos convertir en espejos en los que alguien se puede mirar, aunque no seamos conscientes.

Esa entrada de ayer sobre cómo actuar en política puede ser la chispa para que otro decida actuar de esa manera. Hay que reconocer que toda persona lleva dentro un mecanismo personal y muy potente, que no se alimenta de ningún combustible sólido. Su alimento es un orgullo mal entendido que nos empuja a preguntarnos: “Si él puede, ¡por qué yo no?”. Y entonces alguien puede levantarse y empezar a preparar una maratón o un viaje en bicicleta. Mis hábitos, mi vida, sin darme cuenta, pueden ser la chispa que encienda la motivación de los demás.

Y, es que disfrutar de lo que hacemos es contagioso. Y lo he comprobado personalmente. Cuando un corredor me ve emocionarme al cruzar la meta de una maratón le puede picar la curiosidad de saber qué me emociona tanto. Puedo afirmar que: una emoción no solo se transmite, se contagia.

De la fuerza que tiene un ejemplo y del poder de contagio se desprende que está bien compartir los hábitos buenos que nos fortalecen, nos hacen sentir bien y nos motivan. Hablar de un viaje que nos hizo felices, hablar de esa opción que nos ayudó a superar un momento difícil y, sobre todo, por encima de todo, compartir lo que sucede cuando reflexionamos, y que a pesar de que nuestros problemas puedan seguir exactamente igual, nuestra fuerza interior y la manera de enfrentarlos ha cambiado. Tenemos una verdadera obligación moral de transmitir, contagiar, con sencillez, este gozo a quienes nos rodean.

¿Por qué no?

sábado, 4 de octubre de 2025

Dia 82, del viaje a la maratón de Valencia. ¿Cómo debo actuar en política?

     Dia 82, del viaje a la maratón de Valencia.   

¡Buenos días! 



En muchas ocasiones, en mi quehacer diario mis opiniones e ideas pueden chocar con otras formas de ver la vida. Entonces, me veo obligado a tener que contar con ellas, o, dicho de otro modo, a contar con la realidad.

A veces esta presencia de otras ideas conduce a tener que realizar un esfuerzo, una adaptación e incluso un enfrentamiento por defender mi manera de ver las cosas, según cuál sea la realidad y el momento en el que me encuentre.  

Por ejemplo, cuando miro el espectro político, tengo que contar con la gran cantidad de ideas y propuestas, representadas por los diferentes y, a veces, distantes partidos y, por eso, muchas veces no es posible en estos terrenos que mis ideales se puedan llegar a realizar totalmente. En política hay que respetar las posiciones del otro y, a veces, hay que negociar con propuestas diferentes a las que uno defiende. Soy consciente de que mi propuesta moral es una más en el concierto de aportaciones a una sociedad abierta, libre y compleja. ¿Cómo se hace entonces para llevarla a término?

Dicho de otra manera: ¿cómo debo actuar en política? Indudablemente, buscando el bien y aponiéndome al mal. Pero, a veces, en las condiciones inevitables de este mundo, me veré forzado a buscar maneras para que lo que este mal no se haga dueño de la situación. Es como en el campo donde crecen el trigo y la cizaña. El dueño del campo les deja crecer, a la espera del momento oportuno de separarlos y de quemar la cizaña. Mientras tanto, tienen que convivir el trigo y la cizaña. Por eso, la presencia de mis ideas se debe de realizar en ocasiones de forma parcial. Esto se traduce de muchas maneras: mal menor, objeción de conciencia, o bien posible.

En mi libertad y en mi conciencia, debo valorar, por ejemplo, a qué partido votar teniendo en cuenta la realidad del momento, las posibilidades limitadas del bien en un momento concreto. Mi bien deseable o el bien mejor puede no ser posible en una situación enredada. Buscar mi bien ideal puede ser un modo de perder el bien posible y encontrarme con un mal mayor.

Es la tentación de los fundamentalismos. De ahí la necesidad de analizar bien los signos de los tiempos, porque este buen análisis me ayuda a entender y aplicar mis principios en el aquí y ahora concreto de una situación.

viernes, 3 de octubre de 2025

Dia 81, del viaje a la maratón de Valencia. Necesidad del hombre.

     Dia 81, del viaje a la maratón de Valencia.   

¡Buenos días! 



Siempre está bien y resulta interesante hablar de la persona, y a la vez resulta dramático pues existe una “necesidad del hombre”.

Hoy el hombre se encuentra en una situación, podríamos decir que, de emergencia, no sólo cuando en algunos lugares se amenazan sus condiciones elementales de libertad y supervivencia, sino también cuando los deseos más profundos del hombre que se encuentran en su corazón corren el riesgo de ser anestesiados y censurados en las comunidades donde se garantizan las libertades democráticas.

Uno de nuestros mayores problemas que nos aquejan es el debilitamiento del deseo y de ese impulso hacia lo ideal, el contentarnos con los productos que la sociedad pone a nuestra disposición. Y pone muchos que pueden satisfacer cualquier clase de instinto humano.

Sin embargo, cuando el alma del hombre, que está hecha para la grandeza y que no puede renunciar a buscar el sentido de la vida, se encuentra frenada e igualada a todo lo demás, antes o después se rebelará. Puede hacerlo trágicamente con comportamientos violentos o fenómenos de autodestrucción. O, más simplemente y menos dramáticamente, pierde el gusto por la vida.

Esta situación de emergencia la vemos y la vivimos continuamente, está a la vista de todos. Nuestros deseos más profundos se están quedando en el fondo de nuestro corazón.

No quiero, ahora, lanzar un grito de alarma, lo que pretendo es mostrar que puede volver a emerger lo humano, que en cualquier lugar hay hombres que han hallado una insospechada energía en esa chispa que es el deseo. Ese deseo que se vuelve a avivar a partir de un encuentro, un hecho o una circunstancia concreta.

De lo que se trata es de ver cómo la libertad del hombre se puede manifestar en la necesidad de observar la realidad, de juzgarla y de realizarla, no según los esquemas y proyectos que se nos imponen desde el exterior, sino a partir nuestras necesidades y deseos.

Vamos a desear que las diferencias culturales y de tradición sean tan sólo una expresión de los modos diferentes con que cada persona y cada pueblo ha tratado de relacionarse y ha tratado de afrontar lo que es la vida y que han dado una respuesta razonable a ese deseo de verdad que aparece en el corazón de cada uno.   

jueves, 2 de octubre de 2025

Dia 80, del viaje a la maratón de Valencia. Estar quemados.

     Dia 80, del viaje a la maratón de Valencia.   

¡Buenos días! 



Al conversar con algunos de mis amigos que aún se encuentran en el mercado laboral me he dado cuenta de un detalle que me preocupa y que también puedo observar en muchas personas que tienen aún años de vida laboral por delante.

Se trata de una sensación, solo de una sensación, pero que me preocupa. Muchos trabajadores me parece que sienten que no se les valora en su trabajo y terminan por no estimar ese trabajo que en otro tiempo buscaron y consiguieron con ilusión. Se apartan de esa ilusión del principio y vienen a pensar: “al fin y al cabo es un trabajo, sin más, hago lo que tengo que hacer, me pagan y luego vuelvo a mi vida”.

Todos saben que esa conclusión es falsa. Y es que la mayor parte de nuestra vida, de nuestra semana…, la vamos a pasar en ese puesto trabajo y que no es posible refugiarse en la indiferencia.

Se puede levantar una barrera entre nuestras pasiones e ilusiones en el trabajo y lo que se tiene que hacer en él, pero eso no funciona. Las horas cada vez nos van a parecer más largas. Ya no se buscan los desafíos que antes apasionaban cuando se iba a trabajar, solo queda criticar a los jefes o a los encargados pues se piensa que ya no te entienden, que no te motivan. Cada vez aparecen con más asiduidad unos pensamientos autocompasivos. Se duerme mal. En fin, se está laboralmente quemado.

He visto en alguna encuesta que nueve de cada diez jóvenes y no tan jóvenes son infelices en el trabajo. Los que están más cerca de jubilación sufren menos.

Y yo veo ahí un problema. Se piensa mucho en los problemas que tiene la economía mundial como la guerra comercial, la inestabilidad que presentan muchos países, la transición energética, el desafío de la Inteligencia Artificial. Pero eso me parece poco si se lo compara con lo que amenaza su base: el trabajo. El profundo malestar y la falta de satisfacción de la persona que trabaja pone en peligro los cimientos de nuestra economía. Al final siempre aparece el problema de la persona.

¿Por qué los jóvenes se sienten más quemados en el trabajo? La respuesta más sencilla es echar la culpa a las nuevas generaciones por haber “perdido los valores” y la capacidad de sacrificarse: decir que cualquier tiempo pasado fue mejor es un acto de pereza intelectual y de falta de aprecio por el presente.

Decir que las generaciones que nos preceden no ven la realidad que les rodea y por eso no tienen una buena relación con ella es demasiado fácil. No basta con decir que pasan demasiado tiempo ocupados en el “yo” y que ese narcisismo impide que se relacionen bien con el resto de la sociedad. No es eso.

Yo lo veo al revés, el estar quemados en su trabajo es el mejor ejemplo de que han descuidado el “yo”. Mi falta de compromiso con mi deseo de realizarme en mi trabajo y mi falta de autoestima es lo que me impide tener paciencia, no cansarme, no dejarme robar la energía por unos jefes y encargados ineficientes, injustos o desconsiderados. Es el amor al “yo” lo que me permite soportar ese cansancio y el ser libre respeto a cierta idea de lo que debo ser como trabajador. Lo que yo deba ser como trabajador es la gran trampa.

Hay quien piensa que aumentando mis pretensiones va a solucionar el problema, pero es que aumentando la distancia que hay entre mis pretensiones y lo que en realidad soy no va a solucionar nada. Es precisamente lo contrario: solo se trabaja bien cuando esa distancia se reduce a cero.

Desear ser valorado, buscar la satisfacción en lo que se hace, no es un problema, es nuestra naturaleza y la fuente de nuestra energía. Conocerse, mirarse y estimarse es la forma de no caer en la mezquindad y en la incapacidad que nos puede bloquear. Estamos quemados porque hemos descuidado ese yo.

Me viene ahora a la memoria: “El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismoPues ese “como a ti mismo” implica conocerse, y es lo que muchas veces nos falta en nuestro día a día.

miércoles, 1 de octubre de 2025

Dia 79, del viaje a la maratón de Valencia. ¡Entrenamos!

 Dia 79, del viaje a la maratón de Valencia.   

¡Buenos días!



Vamos a entrar en octubre, un mes que voy a utilizar para acumular kilómetros con la idea de ir aumentando mi resistencia para poder estar 4 horas corriendo.

Me gusta esta fase del entrenamiento porque va a consistir en utilizar la carrera continua a ritmo estable como base principal y lo voy a hacer a un ritmo que debe estar un poco por debajo de mi ritmo de maratón. Y es lo que pienso yo, si las series cortas a ritmos rápidos me van a dar un aumento de mi velocidad, pero que voy a ser incapaz de sostener en los 42195 metros, para que la quiero. No me interesa arriesgarme a una lesión en esas series si no las voy a aprovechar.

Y si voy a correr a un ritmo que se encuentre muy por debajo de mi ritmo de maratón y lo voy a hacer durante muchos kilómetros lo que vienen a ser los largos o los larguísimos, es verdad que voy a mejorar y mucho mi habilidad para el consumo de grasas, pero esto no me va a asegurar que pueda correr una maratón rápida, o al menos a la velocidad que me gustaría.

Lo que voy a intentar es correr algunos días a un ritmo que se sitúe alrededor del 103% de mi ritmo de maratón unos pocos kilómetros y otros lo haré al 97%, los restantes días me conformare con un ritmo del 85%.

Después de este poco de teoría sobre cómo voy a entrenar este mes me he dado cuenta de una característica que tenemos muchos corredores a la hora de entrenar. Resulta que muchos de nosotros no diferenciamos bien entre salir a correr y entrenar.

Cuando nos incorporamos a este mundo de la carrera a pie solemos cometer ese error, que en algunos casos dura demasiados años.

La sucesión de nuestros entrenamientos se podría resumir de esta forma: empezamos a correr y salimos 3,4 o 5 veces en la semana y lo hacemos a un ritmo que podemos soportar tranquilamente, y en una distancia que resistimos sin problemas, y van pasando los meses y vamos notando una mejoría en nuestro estado de forma, los kilómetros y el ritmo que llevamos siempre es el mismo, en unos meses nos damos cuenta de que estamos estancados, no mejoramos y decidimos hacer lo que nos parece más lógico aumentar un poco los kilómetros y nuestra velocidad, pasan unas semanas y empezamos otra vez a mejorar, pero después de unos meses nos volvemos a estancar y volvemos a decidir aumentar los kilómetros y el ritmo, y volvemos a mejorar pero el error se encuentra en que no podemos continuar aumentando los kilómetros y la velocidad continuamente porque llegaríamos a necesitar muchas horas en el día y esto nos llevaría seguramente a una lesión o un estancamiento para después caer en una fase de fatiga crónica.

Llegado a ese punto inevitablemente ya no encontramos ningún beneficio al estar corriendo tantos kilómetros y es entonces cuando no nos queda más remedio que salir a entrenar.

Hay muchas definiciones del que es entrenar, pero podríamos decir que es un proceso en que aplicamos una serie de estímulos para conseguir una mejora en la condición física.

En nuestro mundo de corredor se podría resumir de una forma muy breve y sencilla de la manera siguiente: el ritmo de los entrenamientos no será nunca constante, variará, tendremos ritmos para carrera lenta, ritmos para carrera media, ritmos para diferentes tipos de distancia, carreras en progresión, subidas y sobre todo diferentes tiempos de recuperación según sea el ejercicio que estemos realizando, después de una sesión de entrenamiento dura tendremos otra de recuperación, así como después de algunas semanas fuertes nos tomaremos otras de descanso para que nuestro organismo se regenere, en fin como veis muchas cosas.

En este punto es donde entra la habilidad del corredor a saber organizarse y variar sus entrenamientos teniendo en cuenta tres aspectos importantes (intensidad, cantidad y clase de recuperación).

En definitiva, de salir a correr pasamos a entrenar, a tener una organización adecuada en la forma y en los tiempos a fin de conseguir mejores resultados con menos esfuerzo.

Si queremos mejorar nuestros tiempos no nos queda otro remedio que ser un poco esclavos de nuestro entrenamiento.

martes, 30 de septiembre de 2025

Dia 78, del viaje a la maratón de Valencia. La corrupción política.

     Dia 78, del viaje a la maratón de Valencia.   

¡Buenos días! 



Dentro de la dinámica en que han entrado mis últimas entradas en este blog, que parece ser la de estar quejándome prácticamente de todo lo que sucede en nuestra sociedad, me he levantado hoy con la queja de la corrupción política que estamos sufriendo.

Y es que la corrupción política no es solo un robo al estado y por lo tanto a la sociedad, ni una quiebra del deber institucional: es, ante todo, una falta grave contra la justicia, el bien común y la dignidad humana.

Si reflexionamos un poco sobre esta realidad que nos persigue desde hace años, al menos en nuestro querido país, no nos queda más remedio que hacer una condena firme, sistemática y transversal de la corrupción como una forma de degeneración moral y estructural del poder.

La corrupción, para mí, es mucho más que un delito político: es una herida abierta al corazón de la justicia, un pecado que desfigura el espíritu del poder. No se trata solo de una violación del derecho penal o una rotura de nuestra confianza en las instituciones públicas: es una forma de injusticia organizada que traiciona el bien común, degrada la dignidad humana y erosiona la confianza pública. Por lo tanto, la veo como uno de los signos más graves de la decadencia moral que nos rodea.

Es una enfermedad que se instala donde el poder deja de ser un servicio y se convierte en una propiedad privada. Un delito que, más allá de las cifras, deja muchas víctimas invisibles: como el pobre que no recibe atención, el estudiante que no tiene libros a buenos precios o el enfermo que espera un medicamento que nunca llega.

Pero claro para llegar a estas conclusiones hay que tener claro algunas cosas, veamos: una autoridad política solo es legítima cuando se orienta al bien común y utiliza medios moralmente lícitos. Si esa autoridad aprueba leyes injustas o realiza actuaciones injustas, estas no nos deben de obligar en conciencia. La corrupción, entonces, no solo destruye la justicia: disuelve la legitimidad misma del gobierno.

Y es que, tenemos que recordar que cualquier forma de tomar y de usar injustamente los bienes ajenos, entre los que están el fraude, los sobornos y el enriquecimiento ilícito. Son actos que van en contra de nuestro tan conocido séptimo mandamiento, o sea ese de: No robarás.

Si entendemos bien lo que representa la dignidad humana nos daremos cuenta de que la corrupción política no es solo un mal político, sino un ataque frontal contra dicha dignidad, ya que impide el desarrollo económico, aumenta la injusticia y despoja a los pobres de lo que les corresponde.

Nuestros representantes, a los que hemos votado y por lo tanto hemos dado nuestra confianza, deben evitar toda forma de corrupción que impida el desarrollo integral del hombre y de la sociedad. La corrupción no sólo destruye instituciones, sino el alma moral de las sociedades.

Ese tipo de delitos cometidos desde el poder deberían de ser dobles ya que cometen una injusticia y además pervierten la autoridad que debería de cuidad del bien común. Y por lo tanto se convierte en la peor forma de gobierno que es la tiranía, porque el gobernante se sirve del poder en beneficio propio y no del pueblo. La corrupción es, entonces, una forma de tiranía blanda y disimulada. Es poder sin alma. Es servicio convertido en botín.

Nosotros no podemos quedarnos solamente en lamentarnos, no podemos ser un cómplice pasivo ni unos espectadores cobardes, sino que es necesario que fomentemos una cultura de la legalidad, la transparencia y la responsabilidad.

La corrupción va a destruir la sociedad no solo por lo que roba, sino por lo que rompe: la confianza, la dignidad, el futuro. No se puede ser neutral ante este drama. Al final, resulta que si lo pensamos bien nos vamos a dar cuenta de que una democracia debe tener valores ya que sin valores degenera fácilmente en un totalitarismo visible o encubierto.

Y cuando el poder deja de servir, somos nosotros los que debemos de recordarle su dignidad y exigir justicia. Y porque como personas, si no denunciamos al corrupto, corremos el riesgo de justificar al tirano.

lunes, 29 de septiembre de 2025

Dia 77, del viaje a la maratón de Valencia. ¿Qué esperanza hay para nosotros o para el mundo?

     Dia 77, del viaje a la maratón de Valencia.   

¡Buenos días! 



Voy a seguir más o menos con el último tema, pues me parece evidente la crispación que existe en nuestra sociedad. No solo es que me lo parezca al oír algunos discursos de los principales líderes políticos, sino que ya tenemos encuestas que confirman que existe una polarización, incluso entre la opinión pública.

Cuando ha aparecido este tema en mis animadas tertulias del café de media tarde veo que se tienen diferentes teorías sobre por qué sucede esto. La teoría más sencilla, la más simple es la que da la impresión de que los políticos piensan que sus contrarios se han vuelto locos y han elegido hacer barbaridades. Eso podría ser en parte cierto, ya que, si piensan que todos están locos, debe de haber algo de locura en todo el ambiente político.

Sin embargo, creo que debería tratar de ver el tema desde cierta perspectiva y retroceder un poco para hacerlo, dar un paso atrás a ver si consigo entenderlo.

Las personas, resulta que tenemos necesidad de tener puntos en común que nos unan, es fundamental. Para que exista una comunidad social y política es necesario que algo la sostenga, que exista algo que sustente la cooperación, la confianza y la disposición de todos a hacer algún sacrificio. Esto no es fácil de conseguir, y la manera obvia de lograrlo es tener objetivos comunes que estén ampliamente aceptados y que se encuentren relacionados con aspectos que nos sean fundamentales y perdurables.

Eso ha convertido a los lazos humanos básicos como el parentesco, la religión y una larga historia de convivencia, en la base tradicional del orden político. Eso nunca ha funcionado a la perfección, ya que nada humano lo hace, pero así es como el mundo, en general, ha evolucionado.

Pero hoy en día, hay mucha gente que considera esas cosas injustas e incluso intolerantes cuando se utilizan como base para una comunidad política, ya que eso significa que algunas personas van a tener algunas ventajas. La gente se pregunta, por ejemplo: ¿Qué tiene de importante la casualidad de haber nacido en una familia o en otra?

A la vez se piensa en que la comunidad política debería basarse en leyes que afecten a todos por igual y en valores universales que la inspiren. Pero no todos los valores universales sirven. Dios y el Bien, la Belleza y la Verdad son universales, pero no se consideran suficientemente universales, ya que diferentes personas, y diferentes grupos religiosos y culturales, los entienden de forma diferente.

Al final, el único valor universal suficientemente bueno resulta ser la universalidad misma; en otras palabras, el principio de que todos y todo deben ser tratados por igual. Si queremos tener una comunidad política como la que ahora se considera legítima, debe basarse en el apego a la igualdad.

Pero ¿qué tan bien funcionará eso? La igualdad, como otras versiones de la justicia, a veces es verdad que elimina la opresión real, o al menos abre muchas oportunidades. Pero no es fundamental para la mayoría de las cosas que nos importan, y rara vez determina si estamos satisfechos con las decisiones que tomamos, si tenemos éxito al perseguirlas o si somos felices en nuestras relaciones personales.

La igualdad implica que los vínculos personales que tenemos y que en la mayoría de las ocasiones son ajenos al propio sistema deben debilitarse en aras de la no discriminación. Pero esto último, incluso si es real, parece improbable que perdure. Liberarse de ciertos vínculos puede parecer posible por un tiempo, pero ¿cuán feliz será el debilitamiento de la vida familiar y la comunidad local que eso conlleva?

Quizás lo más básico es reconocer que la igualdad nunca es real, ya que toda sociedad depende de la jerarquía. Para que todo sea igual, debe haber personas que decidan qué se necesita y saber que está pidiendo y tener el poder de hacerlo cumplir. Estas personas no serán iguales al resto de nosotros, y si son como cualquier otro grupo privilegiado, no limitarán sus privilegios únicamente a los necesarios para su función social.

Incluso esos privilegios necesarios serán amplios. El amor a la igualdad es bastante incompatible con la tendencia de las personas hacia los afectos particulares como para prevalecer mediante un consenso no forzado. Por lo tanto, tendrá que ser apoyado por un sistema de propaganda, censura y regulación. Si no te gusta, te callarán y te obligarán a obedecer.

La solución más utilizada ha sido la de promover en todos, la necesidad por obtener los mismos bienes. Así, los gobiernos ahora prometen igualdad en esos bienes y una prosperidad cada vez mayor basada en los mismos. Pero eso no puede motivar mucha lealtad entre las personas ni una disposición al sacrificio. Además, no se puede garantizar, y ha conducido a los estados a un sistema de subvenciones basados ​​en ir aumentando el déficit, algo que no puede durar para siempre.

El sistema que se está utilizando para motivar y mantener políticamente activas a las personas es utilizar el miedo, la envidia y el odio hacia enemigos reales o supuestos, incluyendo a personas que parecen tener privilegios y que pueden impedir que alcancemos esos bienes. Estos sentimientos son fáciles de avivar en una sociedad donde las relaciones humanas y la confianza mutua son débiles, y siempre buscan un punto concreto. Por lo tanto, un sistema de igualdad también se convertirá en un sistema de búsqueda de chivos expiatorios.

Un sistema que se base en la igualdad extrema se presenta, así como un sistema de amor universal, con especial preocupación por los desfavorecidos. Pero se convierte cada vez más en un sistema de sospecha, envidia, división y odio. Dado que todos deben fingir sentimientos que no tienen, se convierte también en un sistema de mentiras e hipocresía.

Pero, alguien podría preguntarse, ¿cuál es la relevancia? Pedro Sánchez puede estar del lado, teóricamente, igualitario, Núñez Feijóo del lado opuesto, pero es difícil encontrar similitudes concretas con Mao y Hitler, a pesar de las afirmaciones absurdamente exageradas de lo contrario.

Las personas siguen siendo seres humanos, y lo negro nunca lo es del todo, por lo que las mejoras prácticas en nuestra política son indudablemente posibles, y debemos apoyarlas. Pero lo que realmente necesitamos es un punto de referencia fuerte que se centre en la dignidad de la persona. Sin él, un orden que se sustente en la dignidad e la persona se vuelve imposible.

Es absurdo intentar reconstruir un orden sólido y que de frutos que se encuentre apartado de una defensa integral de la dignidad humana. Nuestro objetivo político fundamental debe ser solucionar ese problema. Si lo hacemos en nuestra vida personal, podremos persuadir a otros, y puede que tenga éxito.

Si no lo hacemos, ¿qué esperanza hay para nosotros o para el mundo?

sábado, 27 de septiembre de 2025

Dia 75, del viaje a la maratón de Valencia. ¨La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: solo...

Dia 75, del viaje a la maratón de Valencia.   

¡Buenos días!



Hay mañanas en las que cuesta comprender la realidad que nos rodea. Cada vez se presentan con más asiduidad, y es que en una sociedad en la que la confrontación se encuentra por encima del diálogo y, algunas veces, la vida de las personas no parece ser tan importante como nuestra opinión, no son de extrañar estas mañanas.

Siempre he pensado que se puede discrepar de las ideas de una persona, incluso rechazarlas. Y, creo que es algo bueno que exista una cierta confrontación, siempre y cuando nos lleve a establecer algo positivo para el día de mañana. El problema aparece cuando la confrontación es el motivo, cuando se convierte en un fin.

Cuando nos tropezamos con la violencia, sin que sea necesario que sea una agresión física, no estaría mal que nos preguntásemos: ¿qué palabras estamos usando?, ¿qué actitud tenemos?, ¿qué hemos repartido? Es muy sencillo señalar al que lanza la piedra, pero nos resulta más difícil reconocer que se puede ser cómplice si hemos alimentado el odio, cuando hemos elegido el enfrentamiento en vez de escuchar o cuando dejamos que nuestro orgullo se imponga a nuestro corazón.  

La cuestión es que debemos tener un referente al que poder acudir en esos momentos en los que las circunstancias nos obligan a reaccionar, a hacer algún gesto.

Decía Martin Luther King Jr en un discurso que: ¨La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: solo la luz puede hacer eso. El odio no puede expulsar al odio: solo el amor puede hacer eso¨.

En estos días tan complicados en los que vivimos, donde no hay forma de aclararse ni en Oriente Medio, ni en la problemática que nos presenta Rusia, ni en una gran parte de África, el eco de ese mensaje de Martin Luther King Jr se tiene que escuchar y entender. En estas ocasiones en las que empezamos a sentir como va apareciendo en nuestra vida el abatimiento, la desesperanza, con momentos en los que no nos creemos lo que está sucediendo en el mundo, y mientras todo a nuestro alrededor se pone en modo alerta es momento de fijarnos en esa frase de Martin Luther King Jr pues nos indica el camino a seguir.

El odio, que germina del miedo, la ignorancia o la injusticia, solo produce más sufrimiento y división. En cambio, el amor, que es una expresión de la compasión y la misericordia, tiene el poder de curar y solucionar todos los problemas.

Podemos entender el amor de muchas maneras, pero para mí no creo que sea un sentimiento superficial ni una simple emoción. Es un compromiso activo con la justicia, la dignidad humana y la creación de un mundo más equitativo. Desde esta forma de verlo, el amor implica una acción transformadora, un rechazo claro de las estructuras de opresión y una invitación constante al perdón y a la reconciliación. En este mundo que frecuentemente se ve marcado por la violencia y la polarización, este amor no es una pasividad ante el mal, sino una fuerza activa que se opone a la injusticia de manera pacífica pero firme.

Practicar este amor que de alguna manera es radical, es una respuesta al odio. Solo así, como nos enseña Martin Luther King Jr., podemos superar las divisiones que nos separan y construir un mundo más humano y fraterno.