sábado, 12 de abril de 2025

Día 12 del viaje a Roma. Campany --- Saint-Marie-de-Mer.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton)


Día 12 del viaje a Roma. Campany --- Saint-Marie-de-Mer. 

Distancia: 65,2 km. 

Desnivel positivo: 366 m. 

Velocidad media: 15,3 km/h. 

    Ya he cruzado los Pirineos y he entrado en Francia. He dejado atrás la seguridad del idioma y comenzamos con un aliciente nuevo; entender y que nos entiendan. 

    En cuestión de idiomas voy un poco corto, solo me entiendo en castellano y en valenciano, en otro cualquier idioma lo mejor que puedo hacer es usar el traductor. Y, tengo una inmensa admiración por lo que me gusta llamar lenguas universales; aunque ninguna lo es enteramente. En el mundo occidental para mi son dos: el inglés y el español. Al menos actualmente, en otros tiempos lo había sido, en los niveles intelectualmente superiores, el latín; durante algún tiempo, también en ámbitos reducidos, lo fue el francés, sobre todo en la política y la diplomacia. 

    El español es algo que, si se mira bien, asombra: desde una parte muy grande de los Estados Unidos hasta el extremo meridional del continente americano, es lengua propia de cerca de cuatrocientos millones de personas. Este hecho muestra la actitud personal de los españoles con personas sumamente distintas, tratadas precisamente como personas, lo cual no ha sido una norma general en el mundo.

    Creo que no nos damos cuenta de este hecho, históricamente apenas creíble; en los últimos años existe una corriente de pensamiento que desconoce o que niega esta situación, en nombre de lenguas valiosas y respetables, pero limitadísimas, que no pueden sustituir a la gran lengua universal que por lo demás todos los españoles poseen como propia. 

    En España tenemos suerte: la mayoría de inmigrantes procede de Hispanoamérica.     Tienen como propia la lengua española, poseída con un dominio y una calidad que sorprenden, y que frecuentemente superan al nivel de muchos españoles de España. No solamente poseen la lengua, sino todo un repertorio de saberes, usos, vigencias; resultan otros tantos españoles más. Esto no ocurre en ningún país europeo: los inmigrantes son "ajenos", tienen que integrarse lentamente, con dificultades que pueden ser muy grandes, porque no tienen mucho que ver con los países que los reciben. En España, resulta que gracias a la inmigración hay "más españoles". Significan un crecimiento, un enriquecimiento, difícilmente explicable si no se recuerda lo que los españoles hicieron en América desde fines del siglo XV. Se podría interpretar esta inmigración como una "devolución" de lo que nuestros antepasados sembraron al otro lado del Atlántico durante siglos. 

    En fin, intentaré entenderme como sea. Hablo y entiendo el español y esto es una gran ventaja. 


jueves, 10 de abril de 2025

Día 11 del viaje a Roma. Gerona --- Campany. Distancia: 61,69 km.

     “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton)



Día 11 del viaje a Roma.  Gerona --- Campany. 

Distancia: 61,69 km. 

Desnivel positivo: 506 m. 

Velocidad media: 14,6 km/h. 

    Segundo día con más de 500 metros de desnivel positivo, era de esperar si tenía que meterme de lleno en los Pirineos. Esta es la cuarta vez que voy de Gerona a Company y sin embargo he utilizado  un recorrido nuevo, abandonando la Nacional II y desplazarme por carreteras comarcales y, tengo que decir que si bien ha sido más largo y más montañoso también es verdad que ha sido más tranquilo y relajado. 

    La cuestión en esto de las etapas es ir buscando el equilibrio, y es sumamente complejo. Cada día se busca un recorrido que sea lo más perfecto posible. Queremos que esa plano, que no nos desgaste mucho, que el clima sea bueno, que el paisaje nos encanté, que nos encontremos con todo lo que vamos a necesitar, que la distancia nos permita llegar a buena hora al camping, o sea que buscamos lo imposible y por eso hay que buscar el equilibrio entre todo.  No solo en el  apartado físico necesitamos que este en equilibrio sino también psicológicamente.

    Buscamos el equilibrio en tantos niveles que sería un error aspirar a equilibrios continuos como si fuesen nuestro objetivo principal. Porque, si lo pensamos bien veremos que no vivimos para estar tranquilos y relajados siguiendo un vaivén más o menos “fijo”. Porque incluso las personas más “equilibradas” saben que basta una corriente de aire, un pequeño resbalón para que todo el equilibrio salte por los aires. Porque un viaje en bicicleta no tiene una rutina, sino que cada día se busca conseguir el equilibrio que nos permita llegar lo mejor posible a nuestro camping. 

    Nos engañamos, por lo tanto, si aspiramos a viajar en bicicleta siguiendo una rutina, pues el equilibrio de hoy no va a servir mañana.

    Con esto no quiero decir que no tengamos que viajar seguros y sabiendo lo que nos vamos a encontrar, sino que cada día va a ser una aventura en busca de ese equilibrio. 

    Los equilibrios en el mundo del ciclo-viajero sólo tienen sentido como trampolines para nuevas conquistas, para aventuras en las seamos capaces de arriesgarnos. 


miércoles, 9 de abril de 2025

Día 10 del viaje a Roma. Canet de Mar --- Gerona.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton)

Día 9 del viaje a Roma. Canet de Mar --- Gerona. 

Distancia: 69 km. 

Desnivel positivo: 548 m. 

Velocidad media: 15’5 km/h 

    Primer día y como era de esperar he superado los 500 metros positivos, estoy muy cerca de los Pirineos y eso se tiene que notar.

    Todos tenemos líneas que nos hemos marcado y esos 500 metros son la primera en lo que se refiere a desniveles, después ya va de 250 en 250 metros. Espero no superar la línea roja de los 1000 metros en todo el viaje, aunque los Alpes marítimos pueden llegar a ser muchos Alpes. 

    Desde que puedo saber el desnivel positivo de cada día lo tengo en cuenta para recuperarme, si no supero los 500 metros no realizo nada especial. Si los supero no es que me pase la tarde acostado sino que pongo un poco más de interés en hidratarme, hacer unos pocos estiramientos y sobre todo irme a dormir pronto.

    Según vas haciendo años es importante poner más interés en nuestra recuperación después de un esfuerzo. En los últimos viajes la recuperación de cada día es una parte muy importante. Por ello sentía una cierta desazón cuando, hacia los planes para este viaje a Roma, en ciertos momentos la ilusión comenzaba a quedar atrás o simplemente no me acompañaba cuando miraba los perfiles y las distancias de cada día, mi estrategia en esos momentos era la de siempre: estar inmerso en toda la preparación para no pensar en esa depresión que se insinuaba.

    Era consciente de que iba perdiendo energías y de que, quisiera o no, debía comenzar a reconocer los límites del paso de los años. Con todo, me esforzaba por ser fiel a todas mis ideas de como debe ser un viaje en bicicleta, aun cuando algo me decía, que no estaba siendo capaz de preparar ese viaje como verdaderamente me gustaría. 

    Mi intención por cumplir todo lo que considero que debe formar parte de un viaje, por muy buena que fuera, me absorbía de tal manera que no lograba descubrir unas nuevas actitudes para afrontarlo. A veces hay que parar de organizar y escucharse, pasar unos días pensando en como afrontar el viaje.

    Al cabo de unos días me di cuenta de que existe una diferencia entre el tiempo psicológico, ese que repartimos en días, horas, minutos, y el tiempo real que existe en mi. 

    Decidí que abandonaría todo lo que tenía preparado, comenzaría de nuevo; con más días de viaje, menos kilómetros diarios, más recuperación y más tiempo para disfrutar de las cosas tan grandiosas o sutilmente bellas que hay en cualquier lugar, que me pertenecen, que han sido hechas para mi.  

    Sigo haciendo planes, proyectos y viajes, me esfuerzo en realizarlos con humana ilusión, pero evitando esa zozobra y precipitación que impide disfrutar del momento presente. 


martes, 8 de abril de 2025

Día 9 del viaje a Roma. Gava --- Canet de Mar.

     Día 9 del viaje a Roma. Gava --- Canet de Mar. 

Distancia: 70,3 km. 

Desnivel positivo: 243 m. 

Velocidad media: 15 km/h 


    Esta etapa siempre esta marcada por la necesidad de cruzar Barcelona, y la dificultad se encuentra únicamente en el itinerario que elija la aplicación para hacerlo. 

    Esta vez me ha gustado, grandes y largas avenidas que me han llevado hasta la carretera del Maresme pasando por algunos de los lugares más emblemáticos, como la Plaza de España con las torres de Montjuic  y el Arco del Triunfo. 

    Muy entretenida pero muy pesada para ir con la bicicleta cargada, muchos cruces, semáforos y pasos de peatones que no te permiten coger ninguna clase de ritmo. 

    Sé que no queda otra opción que cruzar Barcelona, sé que la vocación de un ciclo-turista es pedalear y pasar por donde sea necesario para llegar a nuestro objetivo  y, por ello, sufrir el desgaste que muchas veces eso provoca. Y por ello después de cada desgaste hay que reponerse, descansar lo necesario, alimentarse bien; pero un ciclo-viajero sabe que de nuevo regresará a los caminos y al desgaste que ellos otra vez le van a ocasionar.  Parado y descansando no sirve; «enfermo» de descanso o «anclado» en las comodidades el ciclo-viajero se deteriora: es como la vida que se pierde al conservarla.

     Aunque sea una travesía que me provoca algunos quebraderos de cabeza. Prefiero esa Barcelona accidentada, complicada y difícil para el ciclista que no está acostumbrado a los carriles bici, antes que una Barcelona tan cómoda que no cueste nada cruzarla y de la que no te deja ningun tipo de sensación ni recuerdo. 

    Recuerdo muy bien las cuatro veces que lo he hecho y cada una ha sido diferente, veremos la de vuelta que nos deparará. 


lunes, 7 de abril de 2025

Día 8 del viaje a Roma. Roda de Berá --- Gava.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton)

    Día 8 del viaje a Roma. Roda de Berá --- Gava. 

    Distancia: 60 km. 

    Desnivel positivo: 399 m. 

    Velocidad media: 15,3 km/h 

    Una vez más hemos pasado por el Garraf, una de las carreteras costeras que más me gustan. Recuerdo haberla pasado en todas las condiciones meteorológicas, y hoy con un buen tiempo y las mismas increíbles vistas, pero, hoy es domingo y lo que yo suponía que iba a ser un recorrido tranquilo ha resultado ser todo lo contrario, muchísimos coches y todavía más motos, es verdad que el día invitaba a salir a las playas pero para mí a sido un problema ya que hay que estar muy atento al espejo retrovisor e ir lo más cerca de la cuneta que se pueda y eso impide disfrutar de las vistas. 

    Por suerte existen unos lugares donde se puede parar y mirar la costa, y lo he aprovechado todos no solo por las vistas sino para que la larga cola de coches que me seguía pudiera adelantarme. 

    En estas situaciones pienso que tenemos que facilitar las cosas a los demás, en realidad las personas estamos hechas para ayudar. Hay algo en nuestro interior que nos impulsa a hacer cosas por los demás y en su inmensa mayoría para hacer las que sean buenas. Es verdad que a veces nos resistimos. Pero entonces desde lo más profundo de nuestro interior oímos una voz que nos dice que la vida no va por ahí. 

    Una de las características que tiene esa ayuda es que nos seduce la idea de que, aunque no nos lo digan (por eso de la humildad), al menos piensen con agradecimiento en nosotros. Porque llevamos dentro una voz que grita para que nuestra ayuda sea reconocida, recordada. Porque nuestra ayuda se note y se sepa.

    A mí al menos me pasa. Y en esos momentos intento poner un poco más de atención en que ese gesto sea inadvertido. Y así está bien.

    Nuestra ayuda debe ser así. Sin que se sepa y sin que se note. Sin suspirar por ser reconocidos ni recordados. Sin desasosegarnos por permanecer en la gratitud de los demás. Podemos ayudar sin necesitar ser protagonistas, sino simples participantes. 

    Podemos ayudar mucho, cada vez más, cada vez mejor… y luego desaparecer.


sábado, 5 de abril de 2025

Día 7 del viaje a Roma. Mont-roig del Camp --- Roda de Berá.

 Día 7 del viaje a Roma. Mont-roig del Camp --- Roda de Berá. 

Distancia: 51,3 km. 

Desnivel positivo: 320 m. 

Velocidad media: 16,4 km/h 


    Un día tranquilo, con una distancia y un desnivel que no han representado ningún tipo de dificultad y, al ser sábado he podido cruzar Tarragona tranquilamente. Por no decir que se trataba de un recorrido que ya conocía, aunque tengo que añadir que cada vez que cruzo Tarragona lo hago por un lugar diferente, no sé porque, pero la aplicación va cambiando la ruta.

    Supongo que revisará qué ruta se puede seguir basándose en el tráfico, la hora y el día de la semana, hoy al ser sábado ha sido muy relajado. 

    No me parecen mal esos cambios si es verdad que se basan en unos criterios reales, la clave para esto al igual que para tantas cosas en la vida es utilizar un buen criterio. Debemos de mantener en la vida las cosas, actividades, personas, que nos ayuden a mejorar. De la misma manera hay que prescindir de todo lo que vaya en sentido contrario y  añadir las que sean necesarias para seguir avanzando. 

    Por ello, cualquier momento es bueno para cambiar, para revisar qué podemos mantener, quitar o añadir de todo lo que hacemos ya sea para calcular nuestra etapa diaria y para nuestra vida.


viernes, 4 de abril de 2025

Día 6 del viaje a Roma. Ampolla --- Mont-roig del Camp.

         Día 6 del viaje a Roma. Ampolla --- Mont-roig del Camp. 

Distancia: 40 km. 

Desnivel positivo: 427 m. 

Velocidad media: 12,5 km/h 



    Si ayer me sobraba el viento de cara, hoy para evitarlo en lo posible he decidido seguir la antigua N-340, o sea la N-340 a, que me ha llevado por el interior, y, siendo verdad que las montañas han evitado el viento que soplaba al lado del mar, también es verdad que he tenido que subir un desnivel de 427 metros, que, si bien no llegan a esos 500 que ya me preocupan, pero al ser en una distancia relativamente corta, 40 km, se me han hecho duros. 

    El primer día de lo que me atrevería a decir una etapa de montaña, y me ha costado, al ser una carretera tranquila pues en el desvío de unos 15 km que han sido los que en realidad me han llevado por el interior, los he hecho prácticamente, eso me ha permitido afrontar las rampas con más tranquilidad. 

    Spes non confundit, es uno de los lemas de este viaje a Roma, “La esperanza no defrauda “,  me invita a reflexionar sobre la virtud de la esperanza en nuestra vida, pero también me ayuda en esas subidas que parecen inacabables, aunque sepas que siempre se acaban, pero en los momentos de máximo esfuerzo cuando ves que no tienes más fuerzas y no quieres poner el pie a tierra me ayuda a dar solo diez pedaladas más y después otras diez, y así llegar a la cima del puerto.  

    Ya se que no se trata de la misma clase de esperanza, pero una y la otra nos ponen en movimiento y nos anima a continuar, una a seguir adelante con nuestra vida y la otra a recorrer unos metros más con la bicicleta. No recuerdo ahora donde lo leí ni quien lo escribió, pero alguien dijo que la esperanza viene a ser como los pies para caminar, pues si no hay pies no hay forma de andar. 

    Lo complicado con la esperanza en la vida es que no puede quedarse en palabras y sentimientos, debe traducirse de alguna manera en unas pedaladas más, en unas acciones concretas que nos lleven a la cima del puerto.

    Y está es la cuestión. 


jueves, 3 de abril de 2025

Día 5 de viaje a Roma. Vinaros --- Ampolla.

  Día 5 de viaje a Roma. Vinaros ---  Ampolla. 


Distancia: 62 km. 

Desnivel positivo: 319 m. 

Velocidad media: 14,3 km/h 

    Día de mucho viento y, cuando digo esto ya supondréis que se trata de viento en contra, pues si, un poco lateral pero prácticamente de frente. 

    Ya sabéis que el peor enemigo del ciclista es el viento y más cuando las alforjas no ayudan para nada en mejorar la aerodinámica, aunque cuando sopla fuerte por un lateral es más peligroso, pero con paciencia y poco a poco hemos llegado al camping. 

    Una lástima, pues había elegido recorrer el delta del Ebro y lo tendré que intentaren en el camino de vuelta, si hace mejor tiempo. 

    El problema no es que hoy este haciendo mucho viento sino que mañana va a seguir igual, en fin, lo soportaremos. 

     Si hay algo que me ha estado dando vueltas toda la mañana son esos pinos inclinados que hay en muchas playas y que llevan años desafiando al viento, han crecido, inclinados, pero han seguido y siguen adelante.

    Estamos de acuerdo en que lo esperable es que un árbol crezca en vertical, erguido, dirigiendo su copa hacia el cielo. Pero no siempre es así: por lo visto, los vientos cuando son fuertes y constantes, hacen que muchos pinos no sobrevivían a esas condiciones, pero sin embargo algunos sí que lo hacen. Encuentran la manera de crecer cediendo ante el viento. Esas imágenes son hermosas e inquietantes al mismo tiempo, pues desafían las leyes de la naturaleza.  A modo de parábola surrealista, ha doblado el tronco y extiende sus ramas en horizontal, para seguir al viento.  «¡No me derribaréis!» parecen decir.             Aunque deformados, han hallado la forma de subsistir. 

    Lo interpreto como  un ejemplo de resiliencia.  Es una prueba material de que, a pesar de cómo sean las circunstancias,  debemos luchar por sobrevivir.

    La RAE define la resiliencia como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente o circunstancia adversa. También como la capacidad de un material para recuperar su estado inicial cuando ha cesado dicha perturbación. A mi juicio, son dos  definiciones un tanto contradictorias. 

    En todo caso, todos deberíamos seguir el ejemplo de esos pinos: las circunstancias de la vida nos empujan y presionan de mil maneras diferentes. Intentan derribarnos, vencernos y hundirnos. A veces con tanto ímpetu que no podemos volver a nuestro estado inicial. La vida, sí, nos impone la certeza de que no hay marcha atrás. Nunca volveremos a ser la misma persona que fuimos, ni regresaremos al punto de origen de nuestra existencia. Pero podemos tratar de  enfrentarnos a la realidad, por dura que sea, para adaptarnos  a las circunstancias, como hacen los pinos que nos encontramos muchas veces en nuestro litoral.

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miércoles, 2 de abril de 2025

Día 4 de viaje a Roma --- Vinaroz.

     “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton)



    Día 4 de viaje a Roma --- Vinaroz. 

    Distancia: 46,3 km. 

    Desnivel positivo: 232 m. 

    Velocidad media: 15,8 km/h 

    Otra etapa ciclista concluida, ha sido pasada por agua, pero no una lluvia fuerte sino una llovizna que no molestaba para pedalear pero que al final mojaba, pero nada, bien cubierto con la ropa de agua y a devorar kilómetros. 

    Hay veces que un pequeño inconveniente nos mantiene atentos y le da al día esa sal que se necesita para que el día sepa mejor. 

    Cuantas veces hemos criticado un día, nos quejamos de la lluvia y, sin embargo, lo damos por bueno. Protesto de lo mismo que estoy haciendo y no lo estoy pasando mal. Este ejemplo de hoy es francamente gracioso. Pero, en realidad, ¿No puedo hacer lo mismo con tantas otras cosas? Tal vez sea hora de buscar las pequeñas incoherencias cotidianas y plantarles cara. 

    A veces me cuesta darme cuenta. Parece que siempre tengo que estar sintiendo con intensidad, viviendo mucho, experimentando algo nuevo, diferente. Parece que de otro modo estoy encerrado en una vida vulgar. Pero en realidad lo que es un poco tonto es valorar solo lo especial, o creer que eso es lo que da sentido a la vida. Porque hay muchas vivencias cómo la lluvia de hoy que, si lo pienso bien, es algo grande. 

    Hay que intentar valorar lo normal, o que no sea excepcional. 

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martes, 1 de abril de 2025

Día 3 de viaje a Roma. Moncofar --- Terranostra.

     “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton)

    Día 3 de viaje a Roma. 

    Moncofar --- Terranostra. 

    Distancia: 62,6 km. 

    Desnivel positivo: 138 m. 

    Velocidad media: 15,99 km/h 

    Muy bien el día hoy, siguiendo la Euro-velo 8 y sin ningún problema, prácticamente he repetido el mismo itinerario de otros años salvo algunos kilómetros en los que han colocado carril bici y he ido por él. Pero lo mismo. 

    En lo meteorológico de momento va bien, refresca por las noches pero es lo  normal en estas fechas, parece ser que mañana puede empezar a llover, y da la impresión que puede hacerlo durante un par de días, así que mañana ya decidiré si me paro a dejarla caer o continuo. 

    No voy a hacer grandes planes para mañana, día a día. 

    Esa frase de vivir al día puede enfocarse desde una connotación negativa, o al menos denotar cierta inestabilidad. Al no saber que nos puede suceder mañana y ser conscientes de que la vida no está asegurada, que cada día trae su propia historia y que no hay que tener muchas esperanzas cuando lo que nos espera no alcanza a satisfacer las necesidades de cada momento. 

    Pero hay otra forma de entender «vivir al día», probablemente más acorde al tenor de las palabras, y que se hace más entendible cuanto más próximos estamos ante un futuro nada halagüeño. 

    Se trata de ver la vida cómo un regalo, cada mañana sale el sol de forma gratuita, aunque parezca que mañana  las nubes lo ocultarán, sin que nada ni nadie nos garantice que eso se vaya a repetir “sine die” en nuestra existencia. De hecho, la muerte, si nos la tomamos cómo el comienzo de la Vida, con mayúsculas la cosa cambia.  Si puedo Vivir al día, en lo espiritual y en lo emocional porque no también en lo material. Puedo hacer que mi forma de vida se base en esa creencia. Si se que mañana va ha ser un regalo porque no disfrutarlo venga cómo venga, estaré vivo.  

    Vivir al día de esa manera me libera del futuro, que ya vendrá, me hace dar lo mejor de mi en cada momento, no porque sea el último, sino porque es el primero de cada instante, y me hace mirar a los problemas de mañana sean los que sean, con una mirada distinta, no atenazante, sin miedo.

    Leí no sé dónde que somos “okupas del Universo”,  y mientras podamos disfrutar de esa ocupación de la vida, que nuestro estar en el mundo sea para disfrutarlo y devolver todo lo bueno que  hemos recibido. Cada mañana tenemos una nueva oportunidad de hacerlo.

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