miércoles, 13 de enero de 2021

“tú mismo te has forjado tu aventura”

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

Este pasado fin de semana no hemos realizado nuestra excursión con la bicicleta, la lluvia y las bajas temperaturas han sido las causas para este descanso. Un alto en el camino que ha servido para ir avanzando con la berlingo, ya tengo casi acondicionado el espacio de la “cocina”.

Aunque pueda parecer que todo lo relacionado con los viajes esté concentrado en la camperización de la berlingo para “subir” al Nortkapp, no es cierto. Pues en estos días de tanto frío y lluvia, en los que “quedarse en casa” se ha vuelto más necesario, he estado y estoy mirando el recorrido por Austria y tengo que decir que será, como no, interesante pues la primera parte es llana hasta Viena, pero la segunda para volver a Salzburgo a través de los Alpes ya no lo será pues resultaran alrededor de unos diez días de montaña.

Ya se que “el hombre propone y Dios dispone”, y que por mucho que ahora mire y estudie posibles etapas, después cuando llegue ese día nada será igual a como lo tenia preparado, pero al menos estaré mejor informado y eso siempre está bien.

Por lo general y en general si haces planes para realizar un recorrido estos suelen cumplirse en un tanto por ciento alto, aunque claro está, no es su totalidad pues los imprevistos son tantos en el cicloturismo que no se pueden abarcar. Y más con la covid-19 suelta por ahí.

Siempre que ejercemos nuestra libertad, y en un viaje con la bicicleta se ejerce constantemente, suele llevar consigo inconvenientes, a veces importantes, el que no está dispuesto a ello renuncia a la libertad posible. Eso explica que la libertad real sea muy exigua si nos queremos mantener en nuestra “zona de confort”, donde todo está a nuestro gusto, y tenga un sorprendente florecimiento allí donde parece improbable, donde no se la espera.

En cada elección que hacemos, en cada camino que elegimos en un cruce, en cada lugar en el que decidimos acampar, en cada parada que realizamos para admirar y fotografiar un paisaje… existe una toma de posición en la que ejercemos la libertad. Por supuesto la libertad de equivocarnos, de cometer errores y aceptar sus consecuencias.

Hay una palabra que usaba con frecuencia Ortega y que es clave de muchas cosas importantes: "insobornable". Si se la aplica, se tiene un instrumento seguro para medir la libertad, la autenticidad, la capacidad de resistencia y de permanencia en la esencia de nuestro viaje cicloturista. Estoy hablando, por ejemplo; si decidimos no comer en restaurantes, el ser “insobornable” ante las continuas tentaciones que se nos presentan para hacerlo y no tener que prepararse la comida es la medida que nos dice hasta donde estamos ejerciendo nuestra libertad.

Si analizamos un poco, si reflexionamos sobre cuando nuestra libertad ha estado disminuida veremos que más que por culpa de la opresión, salvo casos de excepcional violencia, si los hemos padecido, han sido aquellos momentos en que se aflojan los resortes, se pierde la personalidad, nos hemos plegado a las modas, a los halagos, a los reconocimientos, a las recompensas, a la docilidad, en suma.

Si nos ha sucedido, que nos ha sucedido estoy seguro en alguna ocasión, no ha sido importante nuestra protesta, ni nuestra rebeldía, que puede resultar interesante para distanciarse, para señalar una ruptura, para escapar de esas situaciones. Lo necesario no ha sido desentenderse de todo eso, sino recabar el derecho a ser quien verdaderamente se es, dedicarse al contenido real de nuestros principios ya sean los de nuestro viaje o de nuestra vida.

Tengo que recordar ahora, una vez más, aquella maravillosa frase de Cervantes: “tú mismo te has forjado tu aventura”. Expresión que muestra el sentido y la clave de la libertad. Nos hacemos a nosotros mismos; claro está que, dentro de las circunstancias, por supuesto, y con ellas; pero al final, a última hora, en el último momento el peso de toda decisión recae sobre cada uno de nosotros.

Cuando terminas un viaje y repasas las circunstancias en que se ha desarrollado vemos el precio que hemos pagado por esas decisiones complicadas, a veces hemos acertado de pleno, a veces no tanto; pero si se mira bien, descubriremos que en todo caso ha valido la pena; que ese precio era exigido y no excesivo.

Buenos días.

lunes, 11 de enero de 2021

Difuntos.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

No creo que sea algo nuevo para nadie que estamos pasando por la peor fase de la pandemia, hasta ahora, se van pulverizando los récords continuamente, cualquier indicador que miremos siempre nos lo encontramos con el signo positivo, con el aumento del porcentaje.

Sin duda el más alarmante y el que me causa más impresión es el de la cantidad de muertos, no solo los de en un día que no cesa de aumentar sino los de toda la pandemia y, hay un detalle que me llama mucho la atención; no he visto que nadie se refiera a ellos como difuntos.

Los que utilizan este término supongo que deben tener muy poca proyección mediática o están fuera de mi ámbito de información y, supongo que, por eso, tanto yo como la mayoría de la gente o no presta atención o se queda sencillamente con los muertos.

Veamos, lo que se dice morir, morimos todos. No obstante, no todos acabamos muertos. Y, es que solemos utilizar muchas palabras como si fueran sinónimos cuando no lo son.

Hay una gran diferencia entre muerto y difunto, aunque para muchos de nosotros no deje de ser una persona sin vida. Cuando se utiliza la palabra “muerto” nos estamos refiriendo a una persona cuyos signos vitales han desaparecido, es decir, su vida ha terminado; pero en cambio, cuando utilizamos el termino “difunto”, nos referimos a una persona que ha cumplido una función, pero cuya vida no ha terminado porque vive de otra manera. Supone la diferencia entre la nada o la Vida; la oscuridad o la Luz.  

Pienso que es interesante en estos días con tantas muertes resaltar esta diferencia. Hay que transmitir esperanza en medio de este inmenso dolor por el que esta pasando tanta gente. Esa esperanza lleva una alegría tranquila  dentro de ese dolor. Sirve para sentir que ese ser querido está en la Vida y que allí sigue su existencia.

Las personas, abiertos al futuro como estamos, deberíamos entender, y se nos debería explicar de forma que lo entendiéramos bien, que todo lo que poseemos en esta vida es limitado, perecedero y que por eso tiene su fin, sin embargo, como una singularidad más del cristianismo, nos aparece la esperanza, es más, es una parte de la base del hombre que le abre las puertas a un futuro sin límite.

No hay forma de vivir sin esperanza, sin ella la vida es muerte directamente. No tengo ahora tiempo para buscarlo, pero recuerdo haber leído u oído algo parecido a que “si alguien cree que cuando alguien muere se acaba, es que no ha querido a nadie de verdad”. Ya se que puede parecer demasiado drástica la postura, pese a todo, es una forma de expresar lo que representa la esperanza en ese momento: querer que nuestros seres queridos vivan.

Y es que la esperanza no va a depender de un estado emocional por el que estemos pasando y tenemos esperanza en un futuro mejor, la esperanza es propia de la naturaleza de la persona creyente, pero no depende de nosotros. Es un don, pura gracia. El cristiano lo entenderá mejor.

Hay que pasar por el duelo y no hay que intentar ignorarlo. La esperanza tiene que aparecer en ese proceso, como un bálsamo que cura la herida pero que no disimula la cicatriz. Ese dolor que se siente ante la perdida de un ser querido es una forma de recuerdo y del amor que sentimos hacia esa persona. Si somos capaces de entenderlo percibiremos que nuestros seres queridos son difuntos con nombre, no muertos con número.

Buenos Días.

domingo, 10 de enero de 2021

Desarrollo, no evolución.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton) 

Voy avanzando en la construcción del mueble que debe desarrollar el viaje al Cabo Norte y que convertirá a la berlingo en una parte de ese viaje, un crecimiento en profundidad que es el resultado de la presión que está ejerciendo la pandemia de la covid-19 sobre los viajes en bicicleta, en especial en la “subida” al Cabo Norte y que obliga a desarrollar esa ilusión.  

De momento la parte de atrás la que podría llamar la zona de “día” la tengo clara y parece que con las medidas no he cometido ningún error a menos que se mida más de 1’75 metros, que no nuestro caso. En los cajones laterales voy a intentar colocar todo lo relacionado con la cocina, y que se convierta en la “sala de estar” y comedor de este desarrollo del viaje en bicicleta.

El concepto de desarrollo es frecuentemente incomprendido y se puede cometer el error de entenderlo como lo que no es: una evolución del viaje en bicicleta.

Es importante que ahora intente resaltar enfáticamente la diferencia entre desarrollo y evolución, porque yo entiendo ambos conceptos como incompatibles. La evolución es la transformación o cambio de algo en otra cosa distinta, mientras que en el desarrollo ese algo o alguien sigue siendo lo mismo. Un ejemplo simple para entenderlo: Se podría especular que un Triceratops evolucionó en un rinoceronte, o un diente de sable en un tigre moderno (luego de haber evolucionado son especies distintas), pero no se puede decir lo mismo de un bebe que se hace hombre, que sigue siendo en sí mismo la misma persona humana, o de una semilla, que crece hasta convertirse en un frondoso árbol.

El ejemplo del niño que se hace hombre me vale, por culpa de la pandemia esa ilusión se ha ido desarrollando de bicicleta a berlingo, pero quiere ser  el mismo viaje.

Se puede alegar que cómo es posible estar hablando del mismo viaje si hemos cambiado de una bicicleta a un coche y, es verdad que es una duda realmente interesante, pero lo que ha ocurrido es que la comprensión sobre el problema de la pandemia ha crecido y, viendo cómo ha cambiado la situación y como va a cambiar hasta el verano no hay más remedio que mantener su esencia, pero sin la bicicleta. El reto ahora tiene el añadido de conseguir que la esencia sea la misma y que permanezca hasta entonces y durante todo el viaje.

La cuestión ahora es ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo realizar un viaje cicloturista sin bicicleta? La solución la voy a buscar en una rigurosa continuidad con lo que significa cicloturismo y recoger literalmente su característica en los puntos decisivos.  

Buenos Días.

sábado, 9 de enero de 2021

Dominarse a sí mismo.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton) 

Creo recordar que era Séneca el que, refiriéndose a Carlo Mango por su falta de domino sobre sí mismo, se hacía la siguiente pregunta: “¿A quién puedes admirar en mayor medida que a quien se gobierna a sí mismo, a quien se mantiene bajo su propio señorío?” y le gustaba hacer hincapié en que “dominarse a sí mismo es el mayor de los imperios” pues es más fácil regir naciones bárbaras y rebeldes que contener la propia alma y entregarla a uno mismo.

Coincido con Séneca en ese aspecto, que gobernarse a sí mismo es el gobierno más difícil y necesario. No tengo más que mirar un poco a mí alrededor para darme cuenta de que muchos de los gobernantes que nos rodean no parecen tener el control sobre uno mismo, y eso es imprescindible para ser no solo un buen gobernante sino también una buena persona y todo lo que esto representa. Resulta imposible querer ser generoso y vivir preocupado por los demás si no se pone toda la voluntad en tomar el control de los propios apetitos. Quien se deja dominar por sus instintos, quizá desee de corazón el bien a los demás, pero al final, en la mayoría de las ocasiones terminará poniendo por delante sus deseos e intereses, y se convertirá en una persona poco de fiar.

Si ahora echamos un vistazo a las noticias nacionales e internacionales comprenderemos muchas cosas y su porque, pues la persona que se deja arrastrar por la fuerza de sus pasiones ni es libre ni puede pretender trasmitir libertad a los demás, porque no hará lo que ella quiera, sino lo que espontánea y trivialmente le viene en gana. Por eso es importante darse cuenta de quien controla sus pasiones y quien no lo hace, quien pone pasión en lo bueno y siente desagrado por lo malo y quien no. Esas son señales que nos dirán quien entiende de que va esto de la libertad.

Tal vez ya no estemos acostumbrados a ver a ese alumno que pregunta cuando todos callan, o que da un paso al frente cuando se pregunta por los responsables de un destrozo; no vemos ya a personas que son capaces de  mantener la opinión o el comentario contracorriente, o asumir la cuota de impopularidad que casi siempre suponen las decisiones difíciles; no conocemos a nadie que sepa decir que no de forma razonada y constructiva al jefe, al hijo adolescente, al grupo, o a los que gobierna, eludiendo así la fácil opción de agradar cuando eso supone claudicar; todo eso, ya casi no lo vemos pero es que nosotros tampoco lo hacemos pues cuesta un esfuerzo considerable, y justamente es todo eso lo que va asentando una coherencia de vida y un carácter maduro. Sin ejercitar ese «músculo», la mejora personal no se va a producir.

No quiero decir con esto que la mejora personal, o el fortalecimiento del «músculo» de la voluntad, sea como una especie de «culturismo» psicológico o espiritual. Entre otras cosas, porque el voluntarismo o la prepotencia suelen funcionar mal. Hay que saber convivir siempre con la conciencia de nuestra propia debilidad, sabiendo que cualquier persona, en determinadas horas de su vida, y pese a su voluntad y su conciencia del deber, puede sentirse indefensa ante el poder de fuerzas misteriosas. Son momentos de gran turbación para quienes experimentaban cierto goce en juzgarse más fuertes, más morales y rectos que los demás. Pero para todos esos  momentos  nos ayudan a comprender mejor a los demás, a contar más con ellos.

En fin, lo dejo por hoy.

Buenos días.

jueves, 7 de enero de 2021

Y ahora carpintero.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

He empezado con mucha energía y determinación mi nuevo reto, ayudado por un ambiente frío y lluvioso que me permite estar más cómodo encerrado en casa, si hace buen tiempo es más duro y difícil no salir a la calle. Un desafío que lleva a convertirme en carpintero, un mal carpintero que estoy seguro mejorará, pero ya lo hará con la camperización de la berlingo terminada. Pero es lo que hay, tengo que ir aprendiendo sobre los errores que estoy cometiendo y dándome cuenta de que van a quedar a la vista, espero que, durante mucho tiempo, recordándome aquello de “zapatero a tus zapatos”.

Estoy poco a poco avanzando y ya puedo adivinar lo que imaginé que sería la berlingo, he visto tutoriales, he leído, he preguntado y me estoy dando cuenta que la carpintería esconde muchas más dificultades de las que imaginaba. Todo tiene su “porqué”, todo tornillo su misión y todo tiene que estar a “escuadra”, el ángulo recto y el nivel tienen una importancia que nunca me había imaginado y, como todo trabajo artesano presenta sus problemas.  

Buscando información sobre todo lo relacionado con la carpintería, el “señor Google” me llevo hasta este cuento que no me resisto a “copiar – pegar” para que lo puedan leer.

Dice así: “Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea: fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea decidió que tenía que renunciar. ¿La causa?: ¡hacía demasiado ruido! Y además se pasaba el tiempo golpeando. El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo: dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en el trato y siempre tenía fricciones con los demás. La lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro, que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto. En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera se convirtió en un lindo mueble.

Cuando la carpintería quedó de nuevo sola, la asamblea reanudó su deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho y dijo: "Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos. La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de su fortaleza y de trabajar juntos.” 

En este sencillo texto podemos encontrar de alguna forma nuestra aventura humana: pasamos por la vida reforzando los aspectos más significativos de nuestra personalidad, buscando en lo que consideramos “bueno” de nosotros un motivo. Si somos ordenados, nos gusta imponer el orden, si somos pacientes, imponer la paciencia, si somos enérgicos imponer una actitud enérgica en los demás. Y así utilizamos aspectos sin dudas buenos de nosotros mismos, como elementos de división y discordia entre los que nos rodean.

Como en la carpintería, dejemos que cada uno utilice su mejor aptitud o virtud más destacada, y como herramientas construir una sociedad mejor, pero claro deberemos tener un buen carpintero que nos utilice de acuerdo con esa necesidad.

No nos esforcemos en lograr un mundo formado sólo de martillos, de lijas o de serruchos, según sea que nos sentimos nosotros mismos martillos, lijas o serruchos, respectivamente. Dejemos que el carpintero haga en su taller el mejor uso de sus herramientas: seamos humildes instrumentos para conseguir una sociedad mejor.

Buenas Tardes.

miércoles, 6 de enero de 2021

¿Un mundo perfecto?

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton) 

Mientras dejo pasar las horas hasta que pueda ver si sus Majestades los Reyes Magos de Oriente me han traído algún regalo voy a mostrar cómo nos fue la excursión del domingo pasado.

Fue un recorrido interesante, con una buena mezcla entre subidas y bajadas, pues subimos a la Vall de Ebo y salimos de allí por Petracos que son unos kilómetros increíbles con una subida que nos hace disfrutar de unas vistas espectaculares y una bajada hacia Petracos, metidos en el barranco de Malafi que te dejar “helado”, y más ayer que en las bajadas se me agrietaba la cara.

Después, un suave descenso por Parcent, Alcalali, Jalon, Lliber, Gata, Pedreguer, Beniarbeig, y en vez de llegar a Pego por abajo nos gustó más la idea de volver por Sanet y Negrals, Benimeli, Rafol de Almunia y Sagra.

Doce pueblos los que cruzamos en un día lleno de un sol maravilloso pero acompañado de un viento frío que hizo que nuestros aplausos al astro rey fueran más intensos de lo normal, una jornada de cicloturismo “casi” perfecta.

Ya sabemos que no existe casi nada perfecto, ni el mundo y menos aún el hombre, aunque creo que Adán y Eva si lo fueron en algún momento, aunque esta es otra historia que merece ser recordada, y ya lo haremos en otra ocasión. 

Supongo que he podido cometer un error al decir que no existe un mundo perfecto ya que eso puede depender de lo que se entienda por un mundo perfecto. La lista de parámetros que podrían ser cambiados según el criterio de lo “perfecto” es enorme e inacabable.

También deberíamos tener en cuenta las formas y los modos de pensar de la gente que nos ha precedido y la de hoy, que pueden ser bastante diferentes, o sea que tendríamos tantos mundos “perfectos” como políticos, economistas, filósofos y hombres y mujeres de todas las maneras de pensar y de preferir.

Está claro pues que para algunos el mundo perfecto sería más caliente, y para otros más frío. Para unos permitiría vivir hasta los 90 años mientras que para otros provocaría la “muerte dulce” (eutanasia obligatoria) de todos a los 60 años. Para unos dominaría su raza y para otros la suya. Para unos se hablaría un único idioma y para otros se conservarían cientos y cientos de idiomas desaparecidos a lo largo de los siglos.

Por cierto, hay que recordar que algunos pensadores antiguos ya comprendieron, con menos adelantos, pero con un gran sentido común, que un mundo material no puede ser nunca perfecto puesto que la materia está siempre abierta a muchas posibilidades, y porque lo imprevisto forma parte de nuestro mundo.  

Y, por si fuera poco, la libertad humana exige, por su misma naturaleza, estar abierta a escoger entre un acto y el contrario, con lo que ello implica para el bien y para el mal. Si escogemos correctamente, brilla “algo” de bondad y de perfección (frágil, pero perfección) en nuestro planeta y en el universo entero. Si escogemos erróneamente, desde egoísmos despiadados o desde odios profundos, el mal avanza y los daños pueden ser más o menos dolorosos para otros.

Un mundo así, ciertamente, podría haber sido creado de otra manera, con animales de otro tipo y plantas diferentes, con más o menos estrellas, pero una cosa parece clara, todas las variantes no pueden ir contra de lo que es propia de la materia, su caducidad, ni en contra el riesgo de lo que decidan cada día los hombres y mujeres libres.

Tenemos por tanto el mundo que tenemos. Juzgarlo porque no nos gusta no resultaría sensato. Lo sensato debe ser preguntarnos: ¿qué se quiere de nosotros y que hacemos en este mundo? ¿Cuáles son nuestras responsabilidades respecto a los hombres y mujeres que viven a nuestro lado? ¿Qué sentido tiene nuestra existencia temporal y frágil?

Son las preguntas correctas que pueden orientar nuestras decisiones. Si contestamos bien, si comprendemos (a veces entre confusiones) un poco mejor el sentido profundo del vivir humano, si permitimos que se limpie nuestro corazón de todo mal, seremos entonces capaces de tomar decisiones más cuidadosas, desde un amor concreto a la verdad y a la justicia.

En fin, voy a ver si han dejado algo dentro de los calcetines y a dar las gracias a quien me ha permitido tener pies para utilizarlos.

Buen día.  

martes, 5 de enero de 2021

Feliz Epifanía de Reyes.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

Sin darme cuenta se me han pasado los días y de repente me encuentro con que esta noche es la de la cabalgata de los Reyes Magos, una noche que este año es diferente a todas las anteriores, la covid-19 tiene la culpa, pero los Reyes Magos de Oriente esta noche de alguna manera harán su trabajo.

Me parece que en España es donde la festividad de los Reyes Magos tiene una mayor importancia, si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que, en países de tradición cristiana, incluso católica, Melchor, Gaspar y Baltasar han sido apartados de las fiestas navideñas; pero en España a pesar de que la apostasía es mucho mayor los Magos de Oriente nunca han dejado de tocar los corazones y la sensibilidad popular.

Creo que podemos estar orgullosos de que nuestras familias continúan, a pesar de los ataques del globalismo, extrañamente fieles a los tres viajeros: a su estrella, a sus camellos, a su escolta de pajes, a sus ofrendas; y de todo ello hemos hecho un canto de amor a los más pequeños. Siempre he sido de la opinión de que, si la Iglesia se hubiese olvidado de establecer la fiesta de Epifanía, nuestro saber popular se hubiese encargado de crearla.

Supongo que todos conocemos la historia de la Adoración de aquellos Magos de llegaron de Oriente, por eso quiero hacer hincapié en esa historia tan rocambolesca, llena de misterios y maravillas, que deja en segundo lugar a los grandes milagros de los santos que han urdido los padres españoles para esta noche.

Así, lo extraordinario es como explican ante sus hijos que los Reyes Magos puedan repartir tantos regalos en lugares tan apartados, o que Gaspar se parezca asombrosamente al concejal de deportes de la localidad, los padres españoles ponen a prueba su sentido imaginativo. Y también su inocencia: pues llega un momento en que sus hijos ya no se creen sus explicaciones, pero fingen seguir creyendo, por temor a quedarse sin los regalos de los Reyes Magos. Así la noche de inocencia de los niños se convierte, imperceptiblemente, en la noche de la inocencia de los padres.

En todos nosotros existe una especie de línea que divide claramente nuestra vida, que aparece el día en que los Reyes Magos perdieron su corona; y todos nos deberíamos esforzar para que ese momento no se convierta en un trauma. El niño que ha salido de golpe de su mundo de ingenuidad y ensoñaciones no debería ser golpeado salvajemente por un mundo de escepticismo continuo; ya que se corre el peligro de convertirlo en un cínico prematuro, o de sembrarle una semilla de descreimiento y amargura que tal vez cuando crezca se convierta en un árbol sin sombra.

 Descubrir que los Reyes Magos han sido sucedidos por los padres no es lo mismo que afirmar que los Reyes Magos nunca existieron, o que nunca llevaron regalos. Retirar de un alma una ilusión es una operación tan delicada como retirar un vendaje de una herida. Pasar sin transición de un mundo de ilusión y maravilla a uno de negaciones y escepticismos puede ser muy traumático y dejar secuelas terribles, porque las negaciones son como los explosivos: no sólo reducen a añicos la mentira, sino que también pueden dejar maltrecha y resquebrajada nuestra confianza, magullada y estropeada nuestra capacidad de asombro.

Se trata, según pienso, de que la ilusión infantil no sea sustituida por la incredulidad desengañada, sino por el asombro curioso y agradecido de una persona siempre dispuesta a descubrir una estrella en el cielo, a seguirla, a afinar el oído para escuchar la voz de la tradición, a rehuir el camino del egoísta.  

Feliz Epifanía de Reyes.

lunes, 4 de enero de 2021

Que lo urgente no arrincone a lo importante.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)

Pasamos mucho frío ayer con la bicicleta y eso que lucio un sol estupendo, pero cuando el viento es frío la sensación en el rostro no es nada agradable si la soportas alrededor de cuatro horas. Ya hablaré de la excursión mañana, pues me acabo de levantar y me dado cuenta de que llevo cuatro días de este 2021 y como era de esperar no se han marchado los momentos difíciles que, no solo yo, estamos pasando. Alguna vez habré comentado que es bastante normal confundir lo urgente y lo importante, pero en estos momentos tan complicados, es más difícil.

Son tantas las cosas urgentes a las que tenemos que atender que se nos escapa en ellas nuestro tiempo y nuestras fuerzas, y no nos queda casi nada para dedicarlas a lo que es realmente importante. La covid-19, el confinamiento, los contagios, la tensión política y la crisis económica son situaciones que se nos presentan como decisivas y que reclaman una atención urgente. Para nuestra desgracia, todas estas preocupaciones no van a ser pasajeras y tendremos que estar pendientes de ellas aún durante muchos meses. Y, aquí nos surge un problema, en que esa atención tan necesaria nos haga olvidar lo importante, nos haga olvidar aquello en lo que nos jugamos la felicidad de nuestra vida y su objetivo final.

Tengo que recordar, según yo lo entiendo, que la felicidad, que nuestra felicidad se resuelve en nuestra capacidad de amar a los demás y en el saber, en tener conciencia de que somos amados y esto debería de prevalecer sobre cualquier urgencia. Tengo que insistir en que amar quiere decir procurar el bien del otro, no que se tenga necesariamente que sentir simpatía o algún sentimiento de satisfacción rápido. 

Es fácil, si queremos, ver en medio de toda esta crisis las señales de amor que nos vienen de los demás: de nuestra familia y amigos, de vecinos, de los que están contribuyendo positivamente al bien social con su trabajo y su empeño de hacer las cosas bien, de los que se preocupan por nosotros ya sea directa o indirectamente, pero también de los que nos están corrigiendo y perdonando por nuestros errores. No quisiera olvidarme en este rápido repaso de esos signos de amor que aparecen en nuestras vidas, que mucha gente no identifica su origen, y que no dependen de nuestra respuesta, ni siquiera de nuestra atención, que nos son dados sin nada a cambio.

El tener la conciencia de que somos queridos y estimados es lo que nos da la fuerza necesaria para corresponder de igual manera, atendiendo a las personas que nos rodean como seres humanos que necesitan recibir una atención especial, deseando y procurando lo mejor para ellos, y alegrándonos al ver que lo conseguimos.

La dificultad con la que nos encontramos estos días de pandemia es que para procurar el bien del otro se requiere forzosamente conocerle, estar con él, y el confinamiento y las restricciones nos lo dificultan, pues si en situaciones normales ya es complicado reconocer en cada uno su particularidad, porque cada uno de nosotros esconde un misterio irrepetible, ahora la tarea es mucho más complicada. No sé debe dejar de pensar que el objetivo del diálogo y de la amistad, no es otro que el de conocer al otro y procurar su bien.

En medio de las urgencias de cada día, recordemos que lo importante son las personas, y la única actitud adecuada para tratar con las personas es el amor. Incluso con los enemigos, porque desear su bien conlleva muchas veces desear su cambio de actitud.

Vamos a intentar que lo urgente no arrincone a lo importante. Lo importante es lo que cambia el mundo.

Buenos días.

domingo, 3 de enero de 2021

La cuestión era no rendirse.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton) 

Mientras espero que amanezca y salga el sol para que caliente un poco el ambiente, pues ahora hace un frío que “pela”, poder salir a realizar nuestra salida dominguera con la bicicleta voy a hablar un poco de mi proyecto estrella, que no es otro que subir al Cabo Norte en bicicleta y, al que voy a hacer unos cambios radicales.

Supongo y es muy fácil que no disponga de tiempo para realizarlo en bicicleta, la covid-19 no me va a permitir disponer de al menos tres meses para llegar, ya que considero que entrar en el círculo polar ártico con agosto ya avanzado es una temeridad al menos para un mediterráneo como yo.  

Mi previsión es que, hasta junio, siendo optimista, no se va a poder cruzar con normalidad Europa y, la verdad, no es buena idea llegar en septiembre. ¿Qué voy a hacer? Pues si no se puede salir en mayo, cambiar la bicicleta por la berlingo y dejar la subida en bicicleta para el 2022.

Para ello, he pensado, hemos pensado, que voy a intentar camperizar mi berlingo durante estos tres meses que supongo que va a durar como mínimo el confinamiento, al menos el nacional. Y si lo consigo, o lo realizo con la suficiente “maestría” para que se vea “elegante”, entonces los dos nos aventuráremos a subir por el camino más corto y bajar tranquilamente por la costa Noruega.

Así que ya tengo el “croquis” dibujado y las medidas de los tableros para la primera fase o sea para la parte de atrás en la “cesta”, y el lunes empezamos a ver como se me da la carpintería.

Después de analizar cómo puede estar la situación de la covid-19 en abril y llegando a la conclusión de que fácilmente aún nos encontremos “encerrados” en España había que buscar posibles soluciones para el Cabo Norte y la de camperizar la furgoneta ha sido la solución que he encontrado más divertida y que representa un nuevo reto.

La cuestión era no rendirse y buscar alternativas viables pues de lo contrario la “parálisis” estaba a la vuelta de la esquina. Siempre es posible seguir en camino. Porque sabemos que más allá de los problemas y de los inconvenientes que surgen existe siempre una solución.

El mundo adquiere un tono distinto cuando lo miramos todo desde la confianza y la esperanza. No hay problemas sin solución, no hay caídas sin medicina, no hay errores a los que no pueda llegar la misericordia.

Llega el momento de poner manos a la obra. El "resto" (es decir, todo) queda puesto en las manos de la providencia.

Me voy a pasar frio en la bicicleta.

Buenos Días.

viernes, 1 de enero de 2021

Proyectos 2021, ¡en marcha!

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton) 

Empiezo este 2021 con la esperanza de que todo nos ira mejor y sabiendo que solo dispondré pocos meses para poder hacer realidad cualquier tipo de viaje que dure varias semanas.

Normalmente antes de hablar del año que tenemos por delante se suele hacer una reseña del año que se nos ha ido, se hace una especie de balance de nuestra vida y se trata de averiguar cuál ha sido el signo de la cuenta de resultados. A causa de la covid-19 este sería un trabajo fácil y rápido, aunque no se trata de recontar todas las cosas que tenemos, para ver si han aumentado o disminuido, sino de enfrentarnos a nosotros mismos y, con honestidad, ver si hemos llegado a crecer, a ser “más persona”.

No se trata de averiguar si nuestros viajes han aumentado, si han disminuido nuestras pertenencias, si nuestro material para viajar a mejorado su calidad o si hemos añadido algo nuevo, pues, ser es mucho más importante que tener. Las cosas que se tienen pueden perderse, pero lo que cada uno vayamos llegando a ser, nos va a configurar para siempre.

El 2020, aprovechado o dilapidado ya es. Solo tenemos el fugaz presente para vivirlo con sentido. En el 2020 ¿hemos tratado de ser o de tener? Esta es la cuestión. Puede que no tengamos más cosas, pero puede que hayamos crecido como personas.

Si nuestra vida durante el año pasado ha estado llena del deseo de cosas, y cuando las conseguíamos ya estábamos deseando otras nuevas en una carrera sin fin, es que no hemos comprendido que vivir es desarrollarse desde dentro y no pretender aumentar de tamaño con añadidos artificiales. Ser dueños del mejor coche o de la mejor bicicleta, o ser un modesto trabajador, no nos hace ser más o menos persona de lo que en realidad seamos.

El paso de un año a otro no es solamente para celebrarlo en el aturdimiento de una fiesta ruidosa, sino para meditar si realmente hemos crecido y vivido de verdad un año más o simplemente hemos durado.

Ya tengo los “proyectos” para el 2021 en marcha, proyectos que como ya supondréis tienen pocas posibilidades de que se puedan cumplir al completo, pues todo va a depender de la evolución de la covid-19. El 2021 va a ser un año de cinco o seis meses en lo que se refiere a viajes y, todo debe de desarrollarse a la perfección para que esos proyectos se hagan realidad.

He repasado el año pasado y voy a mantener dos de los objetivos que no se cumplieron; subir al Cabo Norte y realizar el Camino de Santiago. Aunque con algunos cambios que creo van a ser necesarios para poder cumplirlos. Voy a añadir dos nuevos; recorrer Austria y llegar a Tarifa con la bicicleta.

Aunque ya he realizado todo el trabajo de logística y puedo decir que mañana ya podría empezar cualquiera de ellos, menos el del Cabo Norte por razones meteorológicas y tal vez Austria, estoy como lo estamos todos cautivos de la covid-19. Así que pienso que tengo tiempo para ir dando más detalles poco a poco y sin prisas en las próximas semanas.  

No sé hasta donde se podrán cumplir, pero si en el 2020 creo que crecí como persona y no fue solo un año más, en este 2021 voy a continuar haciéndolo, se cumplan o no mis objetivos.

Buen 2021 a todos.