lunes, 7 de septiembre de 2020

2 de septiembre 2020, sexto día.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton)


El sexto día hemos conseguido de momento la distancia más larga y curiosamente a sido tal vez el día más fácil, como digo siempre “si la bicicleta quiere deslizarse no hay ningún problema”, y así ha sido.

Estamos pues, a 2 de septiembre y es miércoles cuando nos desplazamos desde La Roda hasta las Lagunas de Ruidera.

A día de hoy todo esta funcionando bien, por eso no hay nada que destaque mucho, estoy seguro de que si algo malo hubiese sucedido o hubiese algún acontecimiento negativo este seria el protagonista.


Es así o somos nosotros así, va a ser imposible evitar algún mal momento, pero lo importante es saber afrontarlo serenamente, con la esperanza que encontraremos una buena solución. 

En este mundo no todas las personas son buenas, pero tampoco todos son malos. Así como no todas mis decisiones me llevan a tener un buen resultado, pero no todas están condenadas al fracaso.



Lo que no puedo permitir es que esas dificultades me paralicen de ningún modo, así que cuando sucedan tengo que poner en marcha mi inteligencia y mi voluntad para reconducir la situación.

Vamos a esperar que tarden en aparecer los problemas si es que aparecen.


domingo, 6 de septiembre de 2020

Quinto día. 01/09/20

 "Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ” (G. K. Chesterton). 


Pocos kilómetros los que realice durante el quinto día, fueron 46, se ve que quería empezar tranquilo el mes de septiembre y sobre todo para asegurar “que no hay quinto malo”, y así fue. 

El desnivel fue positivo, pero al no existir subidas lo suficientemente largas ni lo suficientemente fuertes para que nos agoten, la bicicleta se desplaza cómoda y eso es lo que importa. 

Como suele ser normal en Castilla la Mancha, largas rectas y mucha tranquilidad, casi no circulan coches y muy pocos camiones. Me gustan las comarcales castellanas.


Hice pocos kilómetros por culpa de Tarazona de la Mancha ya que me entretuve es esta localidad todo lo que hacía falta, que fue mucho, os dejo el enlace de todo lo que se puede ver: https://www.tarazonadelamancha.es/ , y os daréis cuenta porque estuve tanto tiempo. 

Después solo había tiempo para llegar a La Roda, dar una vuelta, y a descansar, por cierto, no probé en esta ocasión sus famosos miguelitos, necesitaba más una fuerte cena. 

Una de las cosas que me está llamando la atención estos días es la facilidad con que la mucha gente ha pasado de ver un futuro maravilloso a verlo como una pura incertidumbre y a la vez como una amenaza. 


Esto está pasando, lo adelantaba un poco ayer, por la desaparición poco a poco de la creencia que es en el futuro donde se encuentra lo mejor de nuestra vida y que no es una mera sucesión de instantes sin sentido. 

Esto se manifiesta más en estos días de pandemia. O se tiene miedo ante un futuro amenazante o confianza en un futuro donde se pueden resolver los problemas.

Una de las cosas que me gustaría resaltar para evitar malentendidos, es que tener creencias religiosas como ser católico no te va a resolver los problemas concretos. Ahora, lo que hace es ante todo ponerte en la posición óptima y darte las herramientas necesarias para poder enfrentarlos y responderlos. 

Estos días es importante que nos preguntemos con que criterio “moral” enfrentamos nuestro futuro: ¿encierra nuestro futuro una promesa de cumplimiento de que todo será mejor o es solo una amenaza de la que defenderse? Ante estos grandes criterios de la moralidad, todos nos tendríamos que retratar.

En fin, mañana un poco más, si puede ser.

jueves, 3 de septiembre de 2020

Cuarto día, 31-08-20

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton). 


       Cuarto día de este viaje, estaba en la Hunde y corría el ultimo día de agosto, a los pocos kilómetros de comenzar iba a entrar en la Comunidad de Castilla la Mancha, podía decir que ya había subido a la meseta y que las largas y duras subidas se habían terminado. 

Había acertado, buenas carreteras y un desnivel negativo hicieron que los 68 kilómetros se recorrieran casi sin darme cuenta, llegue con tiempo suficiente a Mahora para poder pasear y disfrutar de este bonito pueblo castellano y visitar la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora.

Unas horas antes había hecho una parada en Valdeganga para acercarme a la Iglesia de la Purísima Concepción. 


Paradójicamente, en estos días me estoy dando cuenta que se ve con buenos ojos al que prescinde en sus comentarios de su fe. Y por el contrario, se ve con sospecha al que igual que yo habla o escribe sobre su fe.

Hablar por ejemplo de la Virgen María y de los templos que están a Ella dedicados o de la fe personal, especialmente si es la católica, parece ser que es un tema innombrable hoy en día, si quieres avanzar en esta sociedad; y si quieres avanzar en cualquier ambiente parece que lo mejor es prescindir de nuestra fe, o resérvala como un asunto privado, como si fuese un asunto que nada o poco tiene que ver con la vida y con los asuntos sociales, oficiales o laborales etc…  


Me da la impresión, de que muchos no se dan cuenta que, al quitarle la componente de fe a la vida, la vamos a convertir, sin solución, en una vida apagada, gris, sin mucha luz, y a veces demasiado oscura. 

Ya se, que hoy, muchas personas siguen sin preocuparse de este tema, que se creen muy inteligentes porque saben algo de la vida, pero estoy seguro que les falta el ingrediente que hace posible saberlo todo. 

En fin, continuamos viaje. 

martes, 1 de septiembre de 2020

Tercer día, 30 de agosto de 2020

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton). 


El tercer día de este viaje coincidía con el 30 de agosto de 2020, y me desplace desde Enguera hasta las Casas de la Hunde, en el termino municipal de Ayora. 

Todo fue nuevo, los 68 kilómetros fueron soberbios, el paisaje y la suave cuesta que duro los 26 primeros kilómetros hicieron que tras descender hasta Ayora me encontrase pletórico, y me di cuenta que el estado mental y el físico no se miden con los mismos valores. 

Así que nada más empezar los últimos 16 kilómetros me di cuenta que no “todo el bacalao estaba vendido”, me costo llegar, pero llegue y valió la pena. 

No recuerdo haber estado nunca en Ayora, solo recuerdo haber pasado una vez camino de Cofrentes, y he visto que se merece hacerle una visita más detallada. 


No visite ni su Castillo ni la Iglesia de Santa María la Mayor que esta en la zona amurallada, solo realice una visita a su Iglesia Parroquial que esta dedicada a Nuestra Señora de la Asunción. 

Aunque para llegar tuve que pasar y ver su Plaza Mayor con la Lonja, la calle Marquesa de Zenete y la calle San José que merecen ser paseadas con más clama, a la próxima.

Me he dado cuenta que para hacer un poco de turismo hay que reducir los kilómetros diarios, sino no hay forma, llegas al camping demasiado agobiado, salvo que decida parar donde me venga bien sin ponerme un objetivo diario. 

Estoy un poco desconectado de como van los rebotes del covid-19, y no se si los municipios que voy a visitar están confinados o no, he decidido no controlarlo para ir más relajado, y es que estoy seguro de que si me detuviera a mirar bien como esta evolucionando la pandemia me volvería para casa. 

Estoy tomando todas las medidas que puedo, creo que no puedo hacer nada más, salvo tal vez volver a casa y recluirme. 

En fin, continuare informando cuando pueda. 


29/08/20. Segundo día.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton). 


Segundo día, corría el día 29 de agosto y realice unos pocos kilómetros más, 53’5.

Me desplace desde Rugat hasta Enguera, todo perfecto, sin problema, al bajar un poco la temperatura, he pedaleado mejor y he podido probar en la práctica los cambios que he realizado en la bicicleta.  

Una gran parte de la etapa de ese día ya la realizamos en julio cuando visitamos la canal de Navarres, y el cambio del casete de piños y esa talla de más del manillar ha conseguido que las subidas para llegar a Xativa y a Anna se hayan subido mejor, y el callejear por dentro del casco antiguo de Xativa se ha hecho sin ningún problema. 


Estoy llegando relativamente pronto al camping lo que me está permitiendo realizar pruebas no solo con la tienda sino que también en cual es la mejor rutina a seguir. 

Con esa costumbre que estoy intentando llevar a cabo en este viaje hasta llegar a Guadalupe, visitar los templos dedicados a la Virgen, este día visite en Luchent el templo que tiene dedicado a la Virgen María, también la Iglesia Colegial Basílica de Santa María de Xativa, al pasar por Genoves también la Ermita de la Asunción. 

Un poco de turismo y de cultura para comprobar la gran devoción que existe a la Virgen María en cualquier lugar de España. 


Hasta hoy todo era de alguna manera conocido, solo Enguera era completamente nueva y por ello dedique parte de la tarde para conocer este pueblo de cerca de cinco mil habitantes y que pertenece a la Canal de Navarres, no visite su castillo pues había que caminar y tenia que guardar fuerzas para la etapa siguiente.  


lunes, 31 de agosto de 2020

28 de agosto, primer día.

 
“Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton).

 

 Hace algunos días que comencé este viaje en el que estoy ahora, para ser exactos desde el 28 de agosto, mis comentarios van con retraso puesto que los primeros días a pesar de recorrer pocos kilómetros, como creo que debe ser, he estado muy liado, pues siempre hay que realizar algún que otro ajuste, como a si ha sido. 

Hoy cuarenta y un kilómetros desde Pego hasta Rugat, un paseo que ya conocía de sobra, pero hay que salir de Pego y las opciones no son muchas.

He probado por primera vez la tienda individual y tengo que decir que ha funcionado bien, el manillar y la tienda son las dos únicas cosas que son nuevas y de momento todo perfecto. 


Entre las actividades que voy a realizar en este viaje se encuentra la de intentar pasar por todas las iglesias que se encuentren dedicadas a La Virgen María hasta llegar a Guadalupe. No en balde el motivo de que se este celebrando el año Santo Guadalupense es el que me llevara a visitar el Real Monasterio de la Virgen de Guadalupe. 


Pues bien, en este primer día han sido tres los templos consagrados a la Virgen María que me he encontrado, el primero el de la Asunción de Pego, que nos dado la salida, después me he encontrado con la Iglesia de Santa María de Oliva y he terminado el día en Rugat con su templo dedicado a Nuestra Señora de Gracia.  

Aprovechare estos días para conocer mejor los Dogmas Marianos que sin lugar a dudas resultan interesantes.



jueves, 27 de agosto de 2020

Hasta que el covid-19 nos pare.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton).



Mañana me vuelvo a poner en marcha, esta vez en un recorrido más largo, en solitario, y con el rebrote del covid-19 amenazando con devolverme a casa. Es lo que hay y lo tenemos que aceptar. Voy a tomar, como no podía ser de otra manera, todas las medidas que haya que tomar en cada lugar por el que pase. Cinco autonomías son las que voy a cruzar lo que implica cinco normativas diferentes, que espero se resuman en tres; mascarilla, dos metros y lavado de manos.

No recuerdo haber comenzado un viaje con tanta incertidumbre, con tanto miedo a lo que pueda pasar no solo en el viaje sino también en casa, en Pego, en la familia, en los amigos y a todos con los que me relaciono.

Este tipo de miedos nos acechan de vez en cuando, es una incertidumbre, un miedo inesperado que ahora vuelve a estar presente. Es un miedo sutil que molesta pero que no aprieta y que se hace notar sin fastidiar. Un miedo con el que se puede convivir.

Desde luego con estos miedos hay que aprender a ser como los juncos, dejando pasar el agua que dobla, pero no rompe. Con este miedo no nos queda más remedio que ser flexibles y no intentar frenarlo; asustándonos y quedándonos paralizados en casa, escondidos. Ya que ha vuelto, dejemos que entre, acojámoslo y aprendamos a convivir con él. Cuando pensábamos que lo teníamos superado, ha vuelto. ¿Qué hacer? ¿No hacerle caso y olvidarnos de las precauciones? NO.

No hay que ignorarlo. Hay que decirle: “Anda, pasa. ¿Tomamos algo?” Hay que sentarse a tomar algo para charlar un poco. A este miedo hay que darle su lugar, su espacio, oír lo que nos dice, pero sin permitir que se instale en nuestro salón. Porque este tipo de miedo se agranda con facilidad y entonces se nos come la ilusión, la energía, la pasión y hasta los sueños.

Este miedo a empezar ahora un viaje en bicicleta es muy mental pues tiene que ver con situaciones imaginarias que veo como si se tratara de una película catastrófica en la que todo va a salir mal. Ya sé, lo sé, se requiere de cierta inconsciencia para empezarlo, pero si empiezo a analizar los pros y los contras, mi cabeza se llenará de contras porque a la mente no le gusta la incertidumbre, lo inseguro.

Y, inseguridades con el covid-19 hay muchas, por eso es desde otro lugar que tengo que combatir ese miedo. Es desde el impulso que siento desde el pecho, desde el alma que me dice que este miedo es una buena alerta ante el peligro de la pandemia. Que me prepara, me avisa, me aconseja para que tome todas las medidas para proteger y protegerme de un posible contagio.

En estos días que he retrasado su comienzo por culpa de la ola de calor he hecho varias veces el ejercicio de pararme a pensar qué es lo peor que me puede pasar. En el peor de los casos, si me he equivocado, si esto realmente va a salir mal, ¿qué es lo peor que me puede pasar? He contestado e incluso lo he escrito y resulta muy liberador releerlo. Es como charlar con mi miedo e incluso darle la mano y tranquilizarlo. Porque por lo general, en el peor de los casos, seguro que habrá una salida y seguiré adelante o volveré tranquilamente a casa.

Los miedos imaginarios son tan potentes que podrían incluso cambiarnos la existencia sin que hayan ocurrido, porque aún sin que se materialicen los vivimos como si ya fueran reales. Es una posibilidad que ocurra, vale, pero me hago la fotografía de este instante: hoy, en este momento; ¿ha ocurrido todo eso malo? Miro a mi alrededor y veo todo lo que me rodea y me sostiene. Respiro. Sonrío.

Buenos Días.

lunes, 24 de agosto de 2020

Ese anhelo que no me deja estar satisfecho en ningún escenario.

  “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton).


Estoy tratando de averiguar cual puede ser la evolución del covid-19 en los próximos días, y estoy llegando a la conclusión que si quiero hacer una salida en solitario con la bicicleta tendré que salir ya.

Así que, en el momento que esté preparado empezaré de nuevo.

Viendo todo lo que nos está pasando, y viendo como ese impulso interior que tengo, que no me deja estar mucho tiempo satisfecho con la situación en que me encuentre, anda estos días revuelto, he decidido moverme otra vez.

Ya se que ese impulso no lo puedo mostrar, ni puedo mostrar cual es su color, ni su olor, ni su forma, lo sé, pero existe. Todos tenemos sensaciones y sentimientos que no podemos demostrar a los demás que existen, ¿Dónde se esconde la alegría? ¿De color es el amor? ¿En qué lugar de nuestro cuerpo habitan? Entonces, no existen ni la alegría ni el amor, si no se donde están, si no se qué color tienen. Pero existen, yo se que existen.

Con esto lo que pretendo decir es que tengo sensaciones que no se demostrar su existencia, pero yo las tengo, ¿Cómo mostrar esa inquietud que no me deja estar a gusto mucho tiempo en la misma situación? ¿Cómo es ese anhelo que no me deja estar satisfecho en ningún escenario? Estoy bien aquí y ya quiero estar allí, llegó allí y quiero cambiar de lugar. ¿Por qué? Que hay aquí dentro que no para de soñar, de tener sueños, que no se rinde y vuelve a soñar.

Y todo esto tiene que ver con la vida, con lo que me enamora, también con lo que me asusta, lo que me despierta y anima, con lo que sueño, con aquello que repudio y descarto. En el fondo, ya sé que esa ansia no se detendrá, lo sé.

No me sucede solo a mí, ni es una sensación extraña para el hombre, ha existido en todos los pueblos civilizados de la antigüedad, la podemos encontrar desde los aztecas de Méjico hasta en los griegos. Aparece en las formas más diversas, pero la fórmula básica es siempre la misma: se busca una facilidad que se sabe que se perdió y se quiere recuperar, se cree que hubo una vez una época en que los hombres eran felices. Después llevaron a cabo una acción determinada y desde entonces el mundo está como es ahora.

Viéndolo así, nos damos cuenta de que es la historia clásica de la caída del hombre, del paraíso perdido, y el hecho de que aparezca en todas partes es una de las mejores pruebas de veracidad que pueda existir. En un tiempo el hombre estuvo más alto. Después cayó. Y desde entonces anhela su alta posición perdida hace tanto tiempo. El hecho de una leyenda común no es ni mucho menos la única prueba. En todo hombre de cualquier pueblo o raza habita el anhelo de la felicidad perfecta. Puede adquirir las formas más extrañas, pero ahí está.

Al menos, a mí me sucede. Quiero conseguir un objetivo, lo consigo. ¿Soy feliz? Poseo lo que anhelaba, pero a los pocos días me acostumbro y empiezo a aburrirme. ¿Por qué es así? Porque busco la felicidad, la felicidad perfecta allí donde no está. La definición de la felicidad es: “La posesión del bien deseado (material, intelectual, espiritual) sin temor a perderlo de nuevo”.

Inmediatamente comprendo que eso no puede existir en este planeta: pues cualquiera que sea el bien que anhelo, no sólo tengo el temor, sino incluso la seguridad de que lo perderé, pues he de morir. A pesar de todo, ese anhelo mío de felicidad perfecta debe de poder satisfacerse.

Esa satisfacción se debe de llamar “paraíso”, es decir la felicidad perfecta por toda la eternidad. Y, hace más de dos mil años que se sabe el camino.

Buenos Días.

sábado, 22 de agosto de 2020

Donde pongo el ojo no pongo la bala.

  “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton). 


Ya está claro, los Montes Universales deberán esperar al año que viene para recibir nuestra visita. La pieza de la Giant va a tardar unos días en llegar por lo que se nos termina agosto y las vacaciones de Carmen.  

Tengo la impresión de que este año, tal vez por la influencia del covid-19, en asuntos de viajes en bicicleta “donde pongo el ojo no pongo la bala”. En ninguno de los viajes que tenía pensado para este año, incluyendo el del Nordkapp, y de las tres salidas que hemos realizado este verano no hemos podido completar el itinerario que nos habíamos propuesto y, en esta última a los Montes Universales solo hemos realizado veintiséis kilómetros.

Ahora, debería de empezar a preparar un viaje en solitario, que en un principio estaba pensado para septiembre, pero según va avanzando el rebote de la pandemia me temo que si me espero mucho tal vez no pueda hacerlo y, es posible que si salgo enseguida me vea obligado a volver porque nos confinen otra vez con otro estado de alerta.

Si viajar fuera de España pensaba que no era lo más aconsejable, empiezo a pensar que, ahora, también lo es hacerlo por el país.

De todas formas, voy a poner el “ojo” en llegar al punto más occidental de la España peninsular; el cabo Finisterre, pasando antes por Guadalupe y por Santiago. Veremos hasta dónde llega la “bala”.

Enfado

  “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton).


Parece ser que tenemos el covid-19 descontrolado, y si Fernando Simón que es el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias nos dice que en algunos puntos la epidemia está fuera de control no me queda más remedio que preocuparme y enfadarme.

Estoy enfadado. Mucho. Y normalmente en esta situación se desaconseja hacer nada que puede repercutir en otras personas, como escribir algo sobre el tema. Por eso no voy a quejarme de los “rebotes” y sus motivos, aunque tengo que decir que según voy escribiendo estas líneas me doy cuenta de que tengo motivos más que suficientes y mi enfado va en aumento. Me contendré y me aliviare escribiendo un poco sobre el enfado, ahora que lo estoy.

Voy a recurrir a esta frase: "Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo", describe perfectamente lo que quiero decir, por supuesto la frase no es mía sino de Aristóteles en su Ética a Nicómaco.

Es complicado centrar todo el tema del enfado, que tengo por culpa de covid-19 y del hecho de enfadarse y, una vez más, es mucho más fácil escribir sobre algo que poner en práctica lo que se dice.

Para controlar cualquier tipo de emociones, y enfadarse es una de ellas, es fundamental conocerse, es decir, tener la capacidad de reconocer ese sentimiento en el mismo momento que aparece, si no lo reconocemos vamos a estar a su merced hasta que nos demos cuenta. Es por eso conveniente saber qué personas y qué situaciones nos producen sentimientos de entusiasmo, ansiedad, tristeza, alegría, etc. Por lo que se refiere al enfado, si sabemos que acudir a cierto lugar, leer algunas noticias, oír ciertos comentarios de algunas personas van a alterar negativamente nuestro estado ánimo, es ya tener mucho camino andado para controlarnos.

Pero claro, tenemos que controlar nuestras emociones una vez que las detectamos y para eso nos resulta de mucha utilidad tener una conciencia de uno mismo, si sabemos lo que queremos en esta vida y a donde la dirigimos, si sabemos lo que somos y porqué lo somos vamos a poder controlar esos sentimientos y adecuarlos en cada momento.

Enfadarse a fin de cuentas no vale la pena, pues tiene la particularidad que suele producir una conversación con nosotros mismos que nos va dando argumentos justificados para descargarlos sobre alguien. No es lo mismo, por ejemplo, de lo que ocurre con la melancolía, el enfado nos da energía y euforia para lanzarlo sobre los demás, sobre todo, si somos de sangre caliente.  

Esa conversación con uno mismo que nos va cargando de energía negativa hay que procurar desactivarla y encuadrarla en una situación más positiva, pues de lo contrario, es fácil que se enlacen sucesiva y exponencialmente enfado, rabia, ansiedad, estrés, violencia... O sea, de mal en peor. Esto es lo que ocurriría si descargo todo mi enfado sobre el control de la pandemia en estas líneas y los que las lean pueden sufrir sus efectos negativos.

A veces, no siempre, conviene distanciarse física o, al menos, mentalmente de la causa de nuestro enfado, así que voy a recurrir a esa sencilla receta que se suele utilizar cuando no controlamos muy bien nuestros sentimientos que es dar un paseo para enfriar nuestro ánimo y, eso es lo que voy a hacer, me voy a dar un paseo con la bicicleta.

Buenos Días.