sábado, 11 de octubre de 2025

Dia 89, del viaje a la maratón de Valencia. ¿Coherente o incoherente?

     Dia 89, del viaje a la maratón de Valencia.



¡¡¡Muy buenos días!!!

Algunas veces me da por repasar las entradas de este blog, y en alguna ocasión he llegado a la conclusión de que está lleno de contradicciones. Me da la impresión de estar contradiciéndome a mí mismo. No siempre me resulta fácil ver cómo pueden cuadrar todas las cosas que escribo.

Las entradas del blog pueden ser propensas a numerosas interpretaciones. Y es que no es fácil mantener una cierta coherencia en todo, y aunque en muchas ocasiones se puedan encontrar algunas incoherencias no por eso se puede pensar que no estoy intentando seguir un camino y una idea.

En algún lugar leí en tono sarcástico que la coherencia es el resultado de la cortedad de mente y de cómo son los locos los que más seguros y con más fundamento están de las cosas, y es que convencer a alguien que se cree Napoleón de que no lo es, es casi imposible. Por otra parte, la incoherencia es una señal de una amplitud de mente. Se me quedo en la memoria porque pienso que hay algo de verdad en todo eso, está claro que hay que explicarlo un poco para que sea entendido cuidadosamente.

Veamos, algunas veces alcanzamos una cierta coherencia, vemos cosas que a primera vista no tienen contradicciones, las estudiamos y no vemos nada malo en ellas, las asumimos plenamente y, podemos pagar un alto precio por ello, sobre todo si acabamos por ser intransigentes, unilaterales y reduccionistas.

Al contrario, en ocasiones, lo que parece una persona incoherente es en realidad alguien que mantiene a la vez un número de importantes verdades agrupadas para mantener una idea mayor. Esa persona puede parecer incoherente, pero lo que está haciendo en realidad es guardar varias verdades en tensión creativa que están aparentemente en oposición mutua, pero no es así. La persona que intenta este acto malabarista se encuentra muchas veces en una gran tensión, pero (metafóricamente) encontrará también que no está bloqueada, que está plenamente viva, que la sangre fluye libremente por todo su cuerpo y que es capaz de sacar provecho de cualquier circunstancia con la que se encuentre.

Mantener importantes verdades juntas en continuo movimiento para ir creciendo puede ser malentendido por muchas personas y escandalizar a cada uno de los defensores de cada verdad. Es más fácil llevar unas pocas verdades elegidas que tratar de llevarlas todas.

¿Cuáles son algunas de las verdades aparentemente contradictorias que se pueden mantener juntas en una tensión creativa? He aquí algunas, de las que es conveniente abarcar ambos aspectos de ellas.

Tener la sana capacidad de saborear la vida y disfrutarla sin culpabilidad, y al mismo tiempo favorecer una capacidad igualmente sana para el ascetismo y la renunciación. Puede ser una de ellas.

Otra podría ser la de estar siempre abierto hacia lo que es nuevo, singular, lo que me molesta, lo que es liberal, a pesar de que me apoye en lo que se conserva, en lo familiar, en mis costumbres, en lo que me proporciona un ritmo de vida y favorece la estabilidad.

Se me ocurre que poner atención a lo que me es sagrado, a la vida eterna, pero siempre unido a un amor sin fisuras por este mundo, por sus placeres, por sus conquistas y por el día a día, es sin duda otro ejemplo.

Otro, la pasión por la sexualidad y la defensa de su bondad y valor, acompañada de una igual defensa de la castidad y el decoro.

Estar atento a lo que sucede en el mundo, más allá de los límites de nuestra región, acoger cada vez mejor al extranjero y al desconocido, aun cuando permanezcamos profundamente fieles a nuestra familia y a nuestras raíces.

Unir todas estas cosas en una sola forma de vivir es complicado y trae muchos problemas, pero es tal vez la única forma de ser plenamente libres y estar plenamente vivos.

viernes, 10 de octubre de 2025

Dia 88, del viaje a la maratón de Valencia. Integridad.

     Dia 88, del viaje a la maratón de Valencia. 



¡¡¡Muy buenos días!!!

Otra vez me vuelvo a encontrar esta mañana con unas noticias de corrupción política que por desgracia se han convertido en normales en los últimos tiempos, al menos en España, de hecho, me sorprendería si no viese esa clase de noticias.

Y mientras nuestros políticos nos siguen entristeciendo con sus actuaciones, nosotros, las personas de a pie, seguimos aquí. Unos trabajando, otros estudiando, otros intentando disfrutar de la jubilación y, intentando hacer las cosas como se debe. Se nos dice que mantengamos la calma, se nos pide paciencia y comprensión antes todos estos escándalos, pero rara vez se nos responde de la misma forma.

Y ahora no estoy hablando de justicia, sino de algo diferente pero también muy importante: respeto. Porque, si lo pensamos un poco nos daremos cuenta de que al final, todo esto no es solo un problema político, sino una falta de respeto al sentido común y a la sociedad.

Yo no pido la perfección. Todos nos hemos equivocado, y continuamos haciendo algunas cosas mal. Pero una cosa es errar y rectificar, y otra muy diferente es acostumbrarse a vivir en el error, sin tomar ninguna medida, y ¿cuándo se convirtió la política en una simple profesión?

La sensación es terrible. Nos estamos quedando sin verdades ni referentes públicos. El peligro, bien real, es la intoxicación, el efecto de cuestionamiento constante a la integridad moral de las personas. Ya casi parece que lo normal es aceptar sobres, sacar provecho de mi cargo, o doparme para rendir más, y simplemente “porque lo hacen todos.”

Al final, en lo más hondo, es nuestra integridad lo que nos salva, la piedra angular del futuro. Que lo haga mal todo el mundo duele y decepciona, y cuando es en cargo público cabrea e incluso indigna. Pero nunca puede ser excusa. Al final, nada de esto debe restar el valor del esfuerzo, honestidad, austeridad, solidaridad y justicia como valores sobre los que se construye una sociedad. Así que sigamos exigiendo la integridad de nuestros representantes, pero también por nuestro compromiso personal, pues sólo así, desde la opción y los valores individuales, podremos reconstruir una sociedad en que cada vez quedan menos estructuras en las que depositar la esperanza.

Gobernar requiere de servicio, es servir, y no servirse. Y aunque el desencanto y rabia es general, este país merece más. Y nosotros, como ciudadanos, también.

jueves, 9 de octubre de 2025

Dia 87, del viaje a la maratón de Valencia. Quizá por ahora no sea posible.

     Dia 87, del viaje a la maratón de Valencia.

¡Buenos días!


    Ayer por la mañana mientras corría se acababa de realizar una pintada en el carril bici dando una opinión sobre lo que debería de suceder en Oriente Medio, y me preocupé por la forma de reflexionar de algunas personas.

Y recordé casi inmediatamente el homenaje que se hizo al recientemente asesinado Charlie Kirk. En el mismo acto y ante una multitud de gente, dos personas hablaron y mostraron dos maneras muy diferentes de actuar ante la violencia.

Y es que las personas nos quedamos atónitas ante la violencia, mejor dicho, nos deberíamos de quedar atónitos, está claro que él que quiere asesinar o realizar un acto violento no lo ve de esa manera. Pero a mí, lo que más me preocupa, y lo digo de un modo intencionadamente paradójico, no es tanto la violencia de este momento sino el odio y el rencor que genera.

Veamos, en ese acto la viuda de Charlie Kirk se refirió a las palabras de Cristo en el Gólgota: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” y a continuación perdonaba al asesino de su marido. Después habló el presidente americano y aunque pidió excusas por contradecir a la viuda, dijo: “Odio a mis oponentes y no deseo lo mejor para ellos”.

Las palabras de la viuda emocionan, pueden parecer cursis en esta época que estamos viviendo, pero para decirlas hay que asumir una misión yo diría que sobrehumana, sin embargo, las palabras del presidente eran más “humanas”, pues, en efecto, la reacción “natural” ante quien nos ataca o nos perjudica y mucho más ante quien nos mata a una persona querida es el odio, que es para empezar una respuesta instintiva y lo peor es que después de ese acto automático puede ser razonada y llegar a pensar que es plenamente lógica. Responder al odio con amor, perdonando, se trata en cambio de una respuesta de naturaleza sobrenatural, que sólo se puede adoptar venciendo el instinto y contrariando la lógica. Es una respuesta que exige la ayuda de la gracia divina, pues es demasiado laboriosa para las limitaciones de la naturaleza humana.

Y, aquí nos encontramos con el meollo de la cuestión, ese: “amar al enemigo” del Sermón de la Montaña que es una de las bases de nuestra moral cristiana. Que no es lo mismo que predicaba Confucio ni Buda e incluso la ley mosaica que nunca había extendido el amor al prójimo a los enemigos.

Por supuesto, amar al enemigo no significa amar la injusticia que el enemigo ha cometido. Y, desde luego, amar al enemigo y perdonar el daño que nos ha infligido no significa anular la exigencia de reparación.

Si amar al enemigo es un trabajo penoso que exige mucha entereza y negación de nuestros instintos, renunciar a una parte de nosotros y soportar el dolor que conlleva darlo, el odio en cambio es algo básico y facilísimo. Sin duda, el odio es una reacción mucho más “natural” que el amor, mucho más directa, que no exige ningún esfuerzo, que no necesita enfrentarse a nuestros instintos ni corregir la lógica; y, en unos tiempos tan despreciables como los que ahora estamos viviendo, es una pasión infinitamente más gratificante.

La cuestión que es que no basta con ser sólo justos, sino que hay que ser inmensamente caritativos para amar al enemigo; sin embargo, para odiarlo ni siquiera hay que ser justo, no es necesario, basta con ser justiciero y un matón.

En fin, lo único que puede mejorar el mundo, cambiándolo, se encuentra en las palabras estremecedoras y dolientes de la viuda de Kirk; las palabras pintadas en el carril bici sólo resumen la miseria humana de siempre que se fortalece irritando la miseria del prójimo; y envueltas, para más inri, en el orgullo del fanfarrón.

Las muertes y las agresiones está claro que deben detenerse, pero con los fanáticos no creo que se pueda hablar. La cuestión es que la fuerza, por sí sola no resuelve el problema. Hay que pensar no sólo en cómo detener a los violentos, sino también en qué hacer después.

Nuestra moral sobre el perdón pienso que puede ser la solución, pero no sé cómo se puede realizar en este momento. Quizá por ahora no sea posible. No puede hablarse de justicia sin hablar de perdón. Pero quizás este, repito, no es el momento. Hay que esperar en silencio.

Cuando hay gritos es imposible escuchar al que habla. Hay un momento para todo, dice el Eclesiastés, pero en este tiempo de tan gran mal y dolor, es difícil hablar de perdón. Pero debemos mantener la perspectiva, esa es nuestra tarea.

miércoles, 8 de octubre de 2025

Dia 86, del viaje a la maratón de Valencia. La Europa que puede ser

     Dia 86, del viaje a la maratón de Valencia.

¡Buenos días! 



Si miramos todo lo que sucede a nuestro alrededor no es difícil pensar que el mundo no es que esté cambiando, sino que ha cambiado, sí, ha cambiado, no es el mismo de hace unas décadas. 

Y como europeo que soy, y que me siento, siempre he pensado en las ventajas de ser y sentirse europeo, creo que Europa es lo que tengamos el valor de hacer posible los europeos, todos los europeos.

Si miro hacia Estados Unidos veo que nuestra relación es más complicada que antes, la guerra en Ucrania nos está mostrando cuan dependientes somos de Rusia, la situación en Gaza nos muestra cuanto necesitamos una Europa más fuerte que pueda promover la paz, y es que la fuerza económica de nuestra vieja Europa y nuestro poder político ya no bastan para garantizarnos el que sigamos siendo un líder global.

Ya sé que Europa aún no está definida. No está completa. Pero el destino de este proyecto que me atrevo a considerar único ahora mismo en el mundo depende de cada uno de nosotros. Por eso hay que creer en Europa, luchar por ella, no rendirse ante cualquier dificultad y no subestimar todo lo que podamos llegar a ser y representar.

Conformarse en cómo estamos ahora los europeos es de alguna manera rendirse, significa dejar a Europa fuera de todas las decisiones importantes, y Europa nunca ha sido hasta ahora una espectadora en el mundo, y no debemos acostumbrarnos nunca a serlo. Somos referentes. Solo hay que tener el valor de tomar las decisiones necesarias.   

Ahora es el momento de olvidarnos de ver a Europa como es y empezar a trabajar en la Europa que puede llegar a ser, el mundo está cambiando rápidamente y nosotros debemos hacerlo igualmente.

Yo solo veo dos caminos: un camino que nos lleve a un cambio rápido y valiente u otro camino más lento y tranquilo pero doloroso que nos llevará hacia la irrelevancia. Mi opción es el primero, el que nos debe llevar a cambiar. Sé que no va a ser fácil ya que eso va a implicar hacer algunos sacrificios.

Unos sacrificios que como en la mayoría de las ocasiones implica hacernos preguntas difíciles, cuyas respuestas es necesario responder: ¿quiero que mi país sea capaz de defenderse? ¿Quiero realmente integrar mi economía y desbloquear el gran potencial que tenemos? ¿Quiero apoyar a nuestras empresas, a nuestros emprendedores? ¿Quiero garantizar nuestro modelo de libre empresa y de redes de protección social?

Si en realidad eso es lo que quiero, entonces, yo solo veo una respuesta: Europa. No está Europa sino la Europa que puede ser. La Europa que debemos empezar a construir.

Es verdad que nos estamos enfrentando a desafíos impensables hace años, pero son reales, y estamos comprobando que para responder a ellos Europa debe cambiar. Si no somos líderes, seremos seguidores. Hay que ser más ágiles, más rápidos, más justos, ser capaces de dar respuestas concretas a las personas, saber aprovechar al máximo todas las herramientas que tenemos y tener la fuerza para crear otras nuevas cuando todavía no las tenemos. Todo lo anterior, lo que quiere decir es que las cosas no pueden continuar como ahora, tenemos que reconocer que con lo que nos sentíamos cómodos y que garantizó todos los cambios que hemos alcanzado hasta ahora, ya no es suficiente.

La política y nuestros políticos parece que saben que hay que cambiar, pero pocos están realmente dispuestos a hacerlo, y es que el coraje es una palabra que no se usa mucha en nuestra política.

Si repasamos nuestra historia vemos que por naturaleza los europeos somos innovadores, constructores, emprendedores, que nos gusta crear y siempre aspiramos a la excelencia. Lo que nos ha hecho ser una avanzadilla del progreso global y de las revoluciones industriales. Hemos creado arte, cultura, empresas y hemos sido capaces de llevar a generaciones de la guerra y la pobreza a la prosperidad. Y los españoles sabemos mucho de eso.  

En definitiva, si como europeos queremos la paz, debemos protegerla. Si queremos el crecimiento, debemos hacerlo posible. Si queremos la confianza, debemos merecerla. Y si queremos liderar, entonces debemos cambiar – con leyes más inteligentes, políticas más coherentes y el valor de actuar.

lunes, 6 de octubre de 2025

Dia 84, del viaje a la maratón de Valencia. La incertidumbre.

     Dia 84, del viaje a la maratón de Valencia.

¡Buenos días!


        Después de muchos meses, para ser sincero creo que demasiados, ayer corrí camino de la maratón de Valencia la media maratón del Kaki en la Alcudia. Y estuvo bien, mejor que bien puesto que la pude terminar con un tiempo inferior a lo que pensaba, solo con recordar que en los tres últimos años por estas fechas no me atrevía con una media maratón me hace estar más animado y con un poco más de seguridad de cara a la maratón.

No nos tiene que sorprender que a pesar de la buena impresión que he sentido al terminarla el resultado de la maratón es incierto. No se puede saber muy bien qué es lo que vendrá en estas nueve semanas que aún quedan de entrenamiento.

La maratón y sobre todo su entrenamiento pone de manifiesto una gran verdad sobre el mundo de la carrera a pie: nuestra vulnerabilidad. Que ningún entrenamiento es capaz de asegurar nuestro éxito.

El saberse vulnerable nos puede llevar aun situación de miedo que debemos aprovechar como el motor que nos debe llevar a ser mejores corredores. Justo antes de cada maratón, la incertidumbre emerge como la única seguridad. Todo corredor tiene que recordar que todo es incierto, lo que le descubrirá una nueva manera de entender los entrenamientos para una carrera. Cuidando su alimentación, protegiéndose de la infecciones y enfermedades, de las lesiones, porque, en realidad, lo único que verdaderamente tiene es a sí mismo y a su libertad para cuidarse.

La incertidumbre es lo único seguro que siempre hemos tenido los maratonianos. Aunque suene paradójico, es la única certeza, la tierra sobre la que tienen que transitar nuestros entrenamientos y proyectos.

domingo, 5 de octubre de 2025

Dia 83, del viaje a la maratón de Valencia. ¿Por qué no?

     Dia 83, del viaje a la maratón de Valencia

¡Buenos días!



Una de las consecuencias de escribir en un blog e intentar hacerlo de hábitos y cosas objetivamente buenas, es que nos guste o no, nos podemos convertir en espejos en los que alguien se puede mirar, aunque no seamos conscientes.

Esa entrada de ayer sobre cómo actuar en política puede ser la chispa para que otro decida actuar de esa manera. Hay que reconocer que toda persona lleva dentro un mecanismo personal y muy potente, que no se alimenta de ningún combustible sólido. Su alimento es un orgullo mal entendido que nos empuja a preguntarnos: “Si él puede, ¡por qué yo no?”. Y entonces alguien puede levantarse y empezar a preparar una maratón o un viaje en bicicleta. Mis hábitos, mi vida, sin darme cuenta, pueden ser la chispa que encienda la motivación de los demás.

Y, es que disfrutar de lo que hacemos es contagioso. Y lo he comprobado personalmente. Cuando un corredor me ve emocionarme al cruzar la meta de una maratón le puede picar la curiosidad de saber qué me emociona tanto. Puedo afirmar que: una emoción no solo se transmite, se contagia.

De la fuerza que tiene un ejemplo y del poder de contagio se desprende que está bien compartir los hábitos buenos que nos fortalecen, nos hacen sentir bien y nos motivan. Hablar de un viaje que nos hizo felices, hablar de esa opción que nos ayudó a superar un momento difícil y, sobre todo, por encima de todo, compartir lo que sucede cuando reflexionamos, y que a pesar de que nuestros problemas puedan seguir exactamente igual, nuestra fuerza interior y la manera de enfrentarlos ha cambiado. Tenemos una verdadera obligación moral de transmitir, contagiar, con sencillez, este gozo a quienes nos rodean.

¿Por qué no?

sábado, 4 de octubre de 2025

Dia 82, del viaje a la maratón de Valencia. ¿Cómo debo actuar en política?

     Dia 82, del viaje a la maratón de Valencia.   

¡Buenos días! 



En muchas ocasiones, en mi quehacer diario mis opiniones e ideas pueden chocar con otras formas de ver la vida. Entonces, me veo obligado a tener que contar con ellas, o, dicho de otro modo, a contar con la realidad.

A veces esta presencia de otras ideas conduce a tener que realizar un esfuerzo, una adaptación e incluso un enfrentamiento por defender mi manera de ver las cosas, según cuál sea la realidad y el momento en el que me encuentre.  

Por ejemplo, cuando miro el espectro político, tengo que contar con la gran cantidad de ideas y propuestas, representadas por los diferentes y, a veces, distantes partidos y, por eso, muchas veces no es posible en estos terrenos que mis ideales se puedan llegar a realizar totalmente. En política hay que respetar las posiciones del otro y, a veces, hay que negociar con propuestas diferentes a las que uno defiende. Soy consciente de que mi propuesta moral es una más en el concierto de aportaciones a una sociedad abierta, libre y compleja. ¿Cómo se hace entonces para llevarla a término?

Dicho de otra manera: ¿cómo debo actuar en política? Indudablemente, buscando el bien y aponiéndome al mal. Pero, a veces, en las condiciones inevitables de este mundo, me veré forzado a buscar maneras para que lo que este mal no se haga dueño de la situación. Es como en el campo donde crecen el trigo y la cizaña. El dueño del campo les deja crecer, a la espera del momento oportuno de separarlos y de quemar la cizaña. Mientras tanto, tienen que convivir el trigo y la cizaña. Por eso, la presencia de mis ideas se debe de realizar en ocasiones de forma parcial. Esto se traduce de muchas maneras: mal menor, objeción de conciencia, o bien posible.

En mi libertad y en mi conciencia, debo valorar, por ejemplo, a qué partido votar teniendo en cuenta la realidad del momento, las posibilidades limitadas del bien en un momento concreto. Mi bien deseable o el bien mejor puede no ser posible en una situación enredada. Buscar mi bien ideal puede ser un modo de perder el bien posible y encontrarme con un mal mayor.

Es la tentación de los fundamentalismos. De ahí la necesidad de analizar bien los signos de los tiempos, porque este buen análisis me ayuda a entender y aplicar mis principios en el aquí y ahora concreto de una situación.

viernes, 3 de octubre de 2025

Dia 81, del viaje a la maratón de Valencia. Necesidad del hombre.

     Dia 81, del viaje a la maratón de Valencia.   

¡Buenos días! 



Siempre está bien y resulta interesante hablar de la persona, y a la vez resulta dramático pues existe una “necesidad del hombre”.

Hoy el hombre se encuentra en una situación, podríamos decir que, de emergencia, no sólo cuando en algunos lugares se amenazan sus condiciones elementales de libertad y supervivencia, sino también cuando los deseos más profundos del hombre que se encuentran en su corazón corren el riesgo de ser anestesiados y censurados en las comunidades donde se garantizan las libertades democráticas.

Uno de nuestros mayores problemas que nos aquejan es el debilitamiento del deseo y de ese impulso hacia lo ideal, el contentarnos con los productos que la sociedad pone a nuestra disposición. Y pone muchos que pueden satisfacer cualquier clase de instinto humano.

Sin embargo, cuando el alma del hombre, que está hecha para la grandeza y que no puede renunciar a buscar el sentido de la vida, se encuentra frenada e igualada a todo lo demás, antes o después se rebelará. Puede hacerlo trágicamente con comportamientos violentos o fenómenos de autodestrucción. O, más simplemente y menos dramáticamente, pierde el gusto por la vida.

Esta situación de emergencia la vemos y la vivimos continuamente, está a la vista de todos. Nuestros deseos más profundos se están quedando en el fondo de nuestro corazón.

No quiero, ahora, lanzar un grito de alarma, lo que pretendo es mostrar que puede volver a emerger lo humano, que en cualquier lugar hay hombres que han hallado una insospechada energía en esa chispa que es el deseo. Ese deseo que se vuelve a avivar a partir de un encuentro, un hecho o una circunstancia concreta.

De lo que se trata es de ver cómo la libertad del hombre se puede manifestar en la necesidad de observar la realidad, de juzgarla y de realizarla, no según los esquemas y proyectos que se nos imponen desde el exterior, sino a partir nuestras necesidades y deseos.

Vamos a desear que las diferencias culturales y de tradición sean tan sólo una expresión de los modos diferentes con que cada persona y cada pueblo ha tratado de relacionarse y ha tratado de afrontar lo que es la vida y que han dado una respuesta razonable a ese deseo de verdad que aparece en el corazón de cada uno.   

jueves, 2 de octubre de 2025

Dia 80, del viaje a la maratón de Valencia. Estar quemados.

     Dia 80, del viaje a la maratón de Valencia.   

¡Buenos días! 



Al conversar con algunos de mis amigos que aún se encuentran en el mercado laboral me he dado cuenta de un detalle que me preocupa y que también puedo observar en muchas personas que tienen aún años de vida laboral por delante.

Se trata de una sensación, solo de una sensación, pero que me preocupa. Muchos trabajadores me parece que sienten que no se les valora en su trabajo y terminan por no estimar ese trabajo que en otro tiempo buscaron y consiguieron con ilusión. Se apartan de esa ilusión del principio y vienen a pensar: “al fin y al cabo es un trabajo, sin más, hago lo que tengo que hacer, me pagan y luego vuelvo a mi vida”.

Todos saben que esa conclusión es falsa. Y es que la mayor parte de nuestra vida, de nuestra semana…, la vamos a pasar en ese puesto trabajo y que no es posible refugiarse en la indiferencia.

Se puede levantar una barrera entre nuestras pasiones e ilusiones en el trabajo y lo que se tiene que hacer en él, pero eso no funciona. Las horas cada vez nos van a parecer más largas. Ya no se buscan los desafíos que antes apasionaban cuando se iba a trabajar, solo queda criticar a los jefes o a los encargados pues se piensa que ya no te entienden, que no te motivan. Cada vez aparecen con más asiduidad unos pensamientos autocompasivos. Se duerme mal. En fin, se está laboralmente quemado.

He visto en alguna encuesta que nueve de cada diez jóvenes y no tan jóvenes son infelices en el trabajo. Los que están más cerca de jubilación sufren menos.

Y yo veo ahí un problema. Se piensa mucho en los problemas que tiene la economía mundial como la guerra comercial, la inestabilidad que presentan muchos países, la transición energética, el desafío de la Inteligencia Artificial. Pero eso me parece poco si se lo compara con lo que amenaza su base: el trabajo. El profundo malestar y la falta de satisfacción de la persona que trabaja pone en peligro los cimientos de nuestra economía. Al final siempre aparece el problema de la persona.

¿Por qué los jóvenes se sienten más quemados en el trabajo? La respuesta más sencilla es echar la culpa a las nuevas generaciones por haber “perdido los valores” y la capacidad de sacrificarse: decir que cualquier tiempo pasado fue mejor es un acto de pereza intelectual y de falta de aprecio por el presente.

Decir que las generaciones que nos preceden no ven la realidad que les rodea y por eso no tienen una buena relación con ella es demasiado fácil. No basta con decir que pasan demasiado tiempo ocupados en el “yo” y que ese narcisismo impide que se relacionen bien con el resto de la sociedad. No es eso.

Yo lo veo al revés, el estar quemados en su trabajo es el mejor ejemplo de que han descuidado el “yo”. Mi falta de compromiso con mi deseo de realizarme en mi trabajo y mi falta de autoestima es lo que me impide tener paciencia, no cansarme, no dejarme robar la energía por unos jefes y encargados ineficientes, injustos o desconsiderados. Es el amor al “yo” lo que me permite soportar ese cansancio y el ser libre respeto a cierta idea de lo que debo ser como trabajador. Lo que yo deba ser como trabajador es la gran trampa.

Hay quien piensa que aumentando mis pretensiones va a solucionar el problema, pero es que aumentando la distancia que hay entre mis pretensiones y lo que en realidad soy no va a solucionar nada. Es precisamente lo contrario: solo se trabaja bien cuando esa distancia se reduce a cero.

Desear ser valorado, buscar la satisfacción en lo que se hace, no es un problema, es nuestra naturaleza y la fuente de nuestra energía. Conocerse, mirarse y estimarse es la forma de no caer en la mezquindad y en la incapacidad que nos puede bloquear. Estamos quemados porque hemos descuidado ese yo.

Me viene ahora a la memoria: “El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismoPues ese “como a ti mismo” implica conocerse, y es lo que muchas veces nos falta en nuestro día a día.

miércoles, 1 de octubre de 2025

Dia 79, del viaje a la maratón de Valencia. ¡Entrenamos!

 Dia 79, del viaje a la maratón de Valencia.   

¡Buenos días!



Vamos a entrar en octubre, un mes que voy a utilizar para acumular kilómetros con la idea de ir aumentando mi resistencia para poder estar 4 horas corriendo.

Me gusta esta fase del entrenamiento porque va a consistir en utilizar la carrera continua a ritmo estable como base principal y lo voy a hacer a un ritmo que debe estar un poco por debajo de mi ritmo de maratón. Y es lo que pienso yo, si las series cortas a ritmos rápidos me van a dar un aumento de mi velocidad, pero que voy a ser incapaz de sostener en los 42195 metros, para que la quiero. No me interesa arriesgarme a una lesión en esas series si no las voy a aprovechar.

Y si voy a correr a un ritmo que se encuentre muy por debajo de mi ritmo de maratón y lo voy a hacer durante muchos kilómetros lo que vienen a ser los largos o los larguísimos, es verdad que voy a mejorar y mucho mi habilidad para el consumo de grasas, pero esto no me va a asegurar que pueda correr una maratón rápida, o al menos a la velocidad que me gustaría.

Lo que voy a intentar es correr algunos días a un ritmo que se sitúe alrededor del 103% de mi ritmo de maratón unos pocos kilómetros y otros lo haré al 97%, los restantes días me conformare con un ritmo del 85%.

Después de este poco de teoría sobre cómo voy a entrenar este mes me he dado cuenta de una característica que tenemos muchos corredores a la hora de entrenar. Resulta que muchos de nosotros no diferenciamos bien entre salir a correr y entrenar.

Cuando nos incorporamos a este mundo de la carrera a pie solemos cometer ese error, que en algunos casos dura demasiados años.

La sucesión de nuestros entrenamientos se podría resumir de esta forma: empezamos a correr y salimos 3,4 o 5 veces en la semana y lo hacemos a un ritmo que podemos soportar tranquilamente, y en una distancia que resistimos sin problemas, y van pasando los meses y vamos notando una mejoría en nuestro estado de forma, los kilómetros y el ritmo que llevamos siempre es el mismo, en unos meses nos damos cuenta de que estamos estancados, no mejoramos y decidimos hacer lo que nos parece más lógico aumentar un poco los kilómetros y nuestra velocidad, pasan unas semanas y empezamos otra vez a mejorar, pero después de unos meses nos volvemos a estancar y volvemos a decidir aumentar los kilómetros y el ritmo, y volvemos a mejorar pero el error se encuentra en que no podemos continuar aumentando los kilómetros y la velocidad continuamente porque llegaríamos a necesitar muchas horas en el día y esto nos llevaría seguramente a una lesión o un estancamiento para después caer en una fase de fatiga crónica.

Llegado a ese punto inevitablemente ya no encontramos ningún beneficio al estar corriendo tantos kilómetros y es entonces cuando no nos queda más remedio que salir a entrenar.

Hay muchas definiciones del que es entrenar, pero podríamos decir que es un proceso en que aplicamos una serie de estímulos para conseguir una mejora en la condición física.

En nuestro mundo de corredor se podría resumir de una forma muy breve y sencilla de la manera siguiente: el ritmo de los entrenamientos no será nunca constante, variará, tendremos ritmos para carrera lenta, ritmos para carrera media, ritmos para diferentes tipos de distancia, carreras en progresión, subidas y sobre todo diferentes tiempos de recuperación según sea el ejercicio que estemos realizando, después de una sesión de entrenamiento dura tendremos otra de recuperación, así como después de algunas semanas fuertes nos tomaremos otras de descanso para que nuestro organismo se regenere, en fin como veis muchas cosas.

En este punto es donde entra la habilidad del corredor a saber organizarse y variar sus entrenamientos teniendo en cuenta tres aspectos importantes (intensidad, cantidad y clase de recuperación).

En definitiva, de salir a correr pasamos a entrenar, a tener una organización adecuada en la forma y en los tiempos a fin de conseguir mejores resultados con menos esfuerzo.

Si queremos mejorar nuestros tiempos no nos queda otro remedio que ser un poco esclavos de nuestro entrenamiento.