lunes, 19 de febrero de 2024

¡Buenos días! Una economía ilógica.

     “Hay gente incapaz de distinguir entre la instintiva omisión de lo irrelevante, que es simplemente el arte de contar historias, y la introducción de ingeniosos y muy elaborados detalles que es el arte de contar mentiras”. G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!! 


Tengo claro que la economía no entra entre una de mis pocas habilidades, sin embargo, administro como puedo mis bienes, así como la pensión que recibo cada mes, por eso puedo atreverme a hacer algún comentario muy básico sobre la economía que nos envuelve a la mayoría de nosotros.

Lo primero que observo es que estamos en una economía ilógica, a primera vista me resulta llamativo que mientras se desperdician alimentos y mucha gente padece de obesidad, no muy lejos, hay personas que mueren de hambre o tienen una alimentación de supervivencia. Solo por eso ya creo que se puede llamar, al menos, que nuestra economía es irracional.

Si ahora me voy al diccionario y busco la palabra economía me encuentro, que, resumiendo, viene a decirme que se trata de administrar los recursos que sean escasos para satisfacer las necesidades de las personas. Esa es un economía lógica y racional: administrar recursos para satisfacer necesidades. Pero la mayoría de los que estáis leyendo esto sabéis que en gran parte de nuestro sistema económico no sucede esto. Lo que vemos es que se están creando necesidades para aumentar las ventas de productos. Y este me atrevo a decir que es un orden irracional, o sea, administrar las necesidades para vender recursos.

Ya se que se me puede replicar con mucha facilidad, y que, los economistas de carrera van a poder usar la repetida teoría de que las necesidades de las personas son ilimitadas y por eso nunca puede decirse que existen recursos en abundancia, ya que siempre serán escasos con relación a las interminables necesidades de las personas.

Pero me surge rápidamente una pregunta ¿cómo se sabe que las necesidades de las personas son interminables? No hay duda de que cualquier respuesta tiene que ser atentamente examinada.

La respuesta que más se lee es que las necesidades de las personas son infinitas porque no tienen fin, o sea, se repiten. Por ejemplo: yo puedo comer una barra de pan ahora, pero mañana volveré a tener hambre y necesitaré comprar otra. Esto es verdad, pero lo cierto es que sí tiene fin, pues los muertos no comen. Ya se que puede haber sido un ejemplo muy tonto, pero pensemos en lo siguiente: en toda mi vida llegaré a sumar una cantidad infinita de consumo. De hecho, en cada momento solo podré consumir una cantidad determinada de bienes. No necesito infinidad de comida para estar satisfecho. Con uno o dos platos de comida bien servidos voy a tener suficiente.

Me he encontrado con otra respuesta, me han dicho que las necesidades son ilimitadas en número por su gran variedad, pues necesito comida, ropa, casa, educación, sanidad, etc. Pero esto no resulta elemental. Si bien hay muchas clases de necesidades, no veo clara la justificación de que la diversidad de categorías es interminable. Y si a lo que me quieren decir es que las necesidades espirituales del hombre son infinitas, no tengo más remedio que responder que: en tanto nuestro sistema económico se orienta en una dinámica materialista de satisfacciones materiales bien se le puede calificar de irracional por despreciar las espirituales.

Ahora bien, es importante que haga una aclaración: no estoy diciendo que el 100% de la economía, en cada transacción, es irracional. Es claro que es racional que una familia vaya a comprar pan cada día. A lo que me refiero con una economía ilógica es a esa manipulación de mis necesidades para vender más. Lo que quiero decir es que se pone a las personas al servicio de las cosas. Por supuesto, que existe una economía racional donde se administran los recursos para satisfacer las necesidades. Pero lo que quiero resaltar es que esa economía ilógica cada día tiene más influencia y relevancia en nuestra economía de cada día, especialmente a partir del fenómeno de la globalización.  

En fin, si tuviera más conocimientos de economía podría seguir pues el tema es inagotable y sin duda hay varios sistemas económicos, así que lo dejo por hoy para no complicarme mucho más en este espinoso tema.

Aunque volveré sobre él, estoy seguro.

domingo, 18 de febrero de 2024

¡Buenos días! ¡Conmigo que no se cuente!

     “No discutamos si es mejor ir hacia adelante o hacia atrás, sino discutamos cuál es el mejor sitio al que debemos ir. No discutamos si es mejor permanecer donde estamos sino si realmente hemos encontrado el mejor lugar para permanecer en él”. G. K. Chesterton)


¡¡¡Buenos días!!!

Tenemos la impresión, al menos yo la tengo, de que los remedios que se están tomando en muchos de los problemas que padecemos son insuficientes o inadecuados.

Nos damos cuenta, a veces con un poco de exageración, de los males que nos acechan, pero los remedios suelen ser poco eficaces. Podemos ver como cada día se hacen protestas, manifestaciones, se condenan hechos, lo que, por supuesto puede estar bien y ser digno de elogio, pero su eficacia está lejos de ser evidente.

Se nos dice y vemos que hay graves problemas sociales, muchos de ellos, me atrevería a decir que son morales, pero se los estudia, se los analiza y se intentan superar casi sin buscar el origen, el lugar en el que aparecen y nacen, y donde podría estar el remedio. En ese lugar no se mira, es más se aparta la vista y me atrevo a decir que por miedo a descubrir las verdaderas causas, o a molestar a los que participan en ellas. O sea, buscamos las soluciones en un lugar donde nunca han estado los problemas.

Sabemos que existen muchas conductas indebidas, inconvenientes, que son dañinos y resueltamente inmorales que se deben a una pérdida de la moralidad; pero poca gente se atreve a hablar de ello, por miedo a enfrentarse con la verdadera cuestión y darse cuenta de que no están de acuerdo con las ideas que defienden. Habría que pasar algún tiempo mirando algunas actitudes que son aceptadas por la mayoría de la opinión pública pero que son constantemente puestas en ridículo por grupos que cuentan muy poco, pero que imponen sus criterios.

Si se quiere lograr la solución de muchos de esos problemas tendríamos que dirigir nuestros esfuerzos en centrarnos en las personas, en su realidad, sobre su inteligencia, su capacidad de razonar, su ignorancia, que por muy inmensa que pueda ser siempre es superable, su sentido moral que seguramente se encuentre adormecido o aletargado por la propaganda. Es desde aquí donde se puede hacer que cada persona sea capaz de ver su realidad, llevarla a que se descubra a sí misma, a que sepa rectificar, a vivir desde sí misma y no desde lo que le dicen a través de los grandes recursos de propaganda, que dicho sea de paso son los más grandes que han existido nunca para manipular a las personas.  

Ya sé que las personas organizamos y acudimos a protestas multitudinarias, y que son difícilmente objetables, pero nos tendríamos que preguntar si sirven de mucho, o al menos de algo y, si no son muchas veces una fiesta que sirve para adormecer nuestra sensibilidad o conciencia moral e intelectual.

Cuando analizamos las causas de muchos problemas sociales pensamos en las personas o grupos que los “hacen” y se nos olvida lo que puede ser más importantes: los que “los hacen posibles”. Se nos pasa por alto, se olvida lo está en el centro del problema. Hay que evitar relacionarse con lo que es la causa de lo que nos hace daño, de lo que nos causa problemas, nos oprime o nos destruye. Este debería se el punto de partida para solucionar el problema. Cada una de nuestras vidas, por poca importancia que parezca que tenga, tiene que evitar toda conexión, participación o apoyo con lo que nos parece indeseable.

Aislar las causas, y personalmente no relacionarnos con ellas y sus orígenes es de las pocas cosas que pueden eliminar las consecuencias. No sirve decir que no somos importantes, estoy convencido de que la mía tiene una importancia casi nula, pero al menos no voy a colaborar, conmigo que no se cuente.

viernes, 16 de febrero de 2024

¡Buenos días! ¿Cómo saber quién es de fiar?

     “No discutamos si es mejor ir hacia adelante o hacia atrás, sino discutamos cuál es el mejor sitio al que debemos ir. No discutamos si es mejor permanecer donde estamos sino si realmente hemos encontrado el mejor lugar para permanecer en él”. G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!

Aunque intentemos que cada día sea diferente al anterior la verdad es que tenemos algunas costumbres y pensamientos que vuelen a aparecer con cierta rutina. Uno de ellos, que aparece muchas mañanas es mi convencimiento de que este mundo no esta tan mal como nos parece a veces y que muchas personas no cesan de admitir y repetir que estamos mal.  

Pienso que no es casualidad que yo tenga un cierto optimismo, estoy casi seguro de que se debe a la calidad más que aceptable de todas las personas que me rodean, aunque generalizar puede resultar un poco peligroso.

Siempre he sido de la opinión que la capacidad y por supuesto la voluntad de diferenciar a las personas es clave. En realidad, no resulta tan complicado, solo hay que prestar atención y tomar en serio lo que se ve y obrar en consecuencia. Claro, por supuesto que se tienen decepciones, seguramente debido al no haber hecho el suficiente caso a lo que estábamos viendo, también puede haberse dado el caso de habernos dejado llevar por opiniones dominantes que no hemos querido analizar. Se me olvidaba mencionar otras decepciones que se debieron al cambio producido en las personas, ya sea para bien o para mal.

En nuestro círculo más cercano todo lo anterior es esencial, pues ahí se encuentra en cierta forma el haber conseguido un cierto grado de felicidad. Pero, en cambio, en lo que se refiere a nuestra vida pública se trata de algo más importante. ¿Cómo saber quién es de fiar? ¿Qué persona tiene el suficiente talento o decencia?

Aquí no contamos con el trato personal para sacar conclusiones, nos tenemos que contentar con los medios que tenemos a nuestro alcance, televisión, redes sociales, opinión publica… Es verdad que en muchos de ellos podemos ver los rostros, los gestos y oír sus voces, y podemos sacar alguna conclusión, sin embargo, es mucho más complicado.

Lo que tengo claro es que cuando veo a alguien que trasmite serenidad, educación, claridad de pensamiento y palabra, noto una confianza y esperanza, y cuando alguna de estas cualidades falta, empiezo a ponerme nervioso y mi inquietud aumenta. Pero cuando me encuentro con alguien que miente, que falta a la verdad, que falsea los hechos o lo que otros han dicho, que calumnia e insulta, mi descalificación es rápida e inmediata pues se trata de alguien de quien no puedo fiarme, en quien no voy a poner mi confianza.

Algo muy parecido me sucede cuando me encuentro con personas dominadas por el odio, por el rencor. La grosería, la mala educación, la cólera desatada contra los adversarios o contra los que no piensan como ellos, indica una calidad humana lamentable.

A veces vemos cambios en las personas que nos resultan poco explicables: algún escritor o político que me había demostrado ser competente de repente vuelve la espalda a todo lo que pensaba antes y empieza a decir o hacer cosas que nada tienen que ver con lo que yo esperaba de él. Y sin embargo nos cuesta quitarle nuestra confianza.

La cuestión está en que, si yo pudiera exigir una “calidad personal”, si tomara en serio lo que veo, lo que sé, me equivocaría menos con las personas. Conozco personas que se ganaron mi estima a primera vista, otras a las que he excluido por haberlas visto mentir, insultar, calumniar o ser patentemente hipócritas.

Ahora pensemos como sería nuestro país si tuviéramos en cuenta lo que vemos cada día y lo que sabemos por haberlo visto, si dejáramos que esos sentimientos se expresaran libremente en vez de quedarse dentro de nosotros. Está claro que no ocurre así, nuestro criterio en lo que podríamos llamar la vida real o público no coincide muchas veces con nuestro criterio íntimo, personal.

Y, ¿Por qué sucede esto? Buena pregunta y muchas respuestas. Una podría ser nuestra falta de atención en lo que vemos y oímos, nos da igual, no le damos importancia; también parece que tengamos muy mala memoria, ya no nos acordamos de la buena o la mal impresión que nos causó una actuación o una declaración. Damos por supuesto muchas veces que “todo vale”; igualamos lo que es “frecuente” con lo “normal”, lo “normal” con lo que es “licito” y esto con lo “moral”.

Tenemos un lio tremendo con nuestras ideas, vamos desorientados y por eso es tan difícil ver con claridad como son las personas en realidad y tenerlo en cuenta a la hora de tomar decisiones es muy importante.

miércoles, 14 de febrero de 2024

¡Buenos días! Nos “hacemos” a través de nuestros actos.

     “No discutamos si es mejor ir hacia adelante o hacia atrás, sino discutamos cuál es el mejor sitio al que debemos ir. No discutamos si es mejor permanecer donde estamos sino si realmente hemos encontrado el mejor lugar para permanecer en él”. G. K. Chesterton) 

¡¡¡Buenos días!!!

Si sigo por la misma senda que viene de la entrada de ayer tengo la impresión de que me llevará a cuestionarme el: ¿Para qué utilizo mi libertad? Una libertad que poseo por ser dueño de mí mismo y, en consecuencia, ser dueño de mis manifestaciones y acciones, que al final son guiadas por mi voluntad. Cuando aplico mi voluntad lo que estoy haciendo es ejercer mi libertad.

Veamos, tengo la capacidad de decidir, de hacer planes y cumplirlos, pero, en cambio, si evito tomar decisiones concretas y comprometedoras, no soy yo quien escribo mi historia ya que me dejo llevar por las circunstancias, no ejerzo mi libertad.

Todos tenemos alguna idea general sobre nuestra vida, aunque nunca nos hayamos parado a reflexionar sobre ella. Todos, de alguna manera, tenemos un proyecto existencial, puede darse el caso de que sea muy profundo o tal vez superficial, pero en él figuran nuestras ideas sobre la familia, la cultura y la política, nuestros principios morales y creencias religiosas.

Entonces lo que solemos hacer es utilizar nuestra libertad para alcanzar nuestro proyecto existencial, pues en caso contrario solo la utilizaremos para cosas insignificantes. Una libertad cuyo único argumento consiste en la posibilidad de satisfacer necesidades inmediatas, no es una libertad humana, se parece más a unas tomas de decisiones que se quedan en el ámbito animal y que solo se usan para sobrevivir. O sea, nuestra libertad, la libertad en general se mide por aquello a lo cual van dirigidas todas sus decisiones. Por lo tanto, cuánto más grande sean nuestras aspiraciones, más grande es la libertad.

Somos felices y nos sentimos realizados cuando hemos conseguido acercarnos a nuestra verdad personal, a nuestro proyecto de vida. Nos “hacemos” a través de nuestros actos, pero de nuestros actos libres. Nosotros pintamos el cuadro de nuestra vida, no solo hacemos cosas, sino que nos hacemos a nosotros mismos.

Si lo pensamos, veremos que nuestra vida no es algo que nos han regalado una vez y ya está. Es un quehacer diario, un proyecto, que tenemos que conseguir alcanzar. Por eso es tan importante tener un buen proyecto de vida o mejor dicho un gran proyecto de vida. Y un gran proyecto de vida implica hacer las cosas bien y hacer el bien no solo para nosotros si no para todos los que nos rodean y por lógica cuanto más hacemos el bien, nos hacemos más libres.

lunes, 12 de febrero de 2024

¡Buenos días! ¿Qué pinto ahí fuera?

     “No discutamos si es mejor ir hacia adelante o hacia atrás, sino discutamos cuál es el mejor sitio al que debemos ir. No discutamos si es mejor permanecer donde estamos sino si realmente hemos encontrado el mejor lugar para permanecer en él”. G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!

Las primeras horas del día suelen ser generadoras de preguntas si consigues relajarte antes de ver todo lo que tienes que hacer. Si puedes sentarte tranquilamente con un café en la mano sin ninguna pantalla delante y puedes mirar por una ventana como va apareciendo el día, puedes, si te escuchas, hacerte muchas preguntas que por lo general son bastante difíciles de responder en ese momento.

Una que aparece bastantes veces es la de ¿qué pinto ahí fuera? ¿soy uno más? Se trata de esa sensación de no importar mucho, de ser del montón y de pensar de que si desapareciera el mundo seguiría funcionando con normalidad.

Creo que es una situación normal si aparece de vez en cuando y de la que no hay que preocuparse salvo que vivas tu vida son esa continua sensación. Si no nos quitamos esa sensación de encima estamos cometiendo un error al entender el sentido de nuestra vida, habremos perdido la alegría de sabernos pensados. Si pensamos que tenemos que estudiar porque así nos lo dice la sociedad o que trabajamos sólo porque necesitamos ganar dinero para vivir, es que no hemos comprendido nada.

No hemos comprendido que la persona no se reproduce, sino que se procrea y, esto es importante para seguir con el tema. Cada uno de nosotros nos tendríamos que recordar cada día cual es la gran diferencia que hay entre reproducir y procrear, nosotros no nos reproducimos, sino que nos procreamos.

Si lo pensamos un poco veremos que cuando hablo de “procreación” no hablo de una simple reproducción. Es otra cosa, existe tanta diferencia que son dos palabras distintas y con distinto significado. Y tiene un porqué.

Veamos, al reproducir lo que estoy haciendo es realizar una copia de algo, duplicarlo, producir algo igual que lo que ya estaba. Con las personas, la situación es muy distinta: yo no soy una copia de mi madre o de mi padre, aunque, claro está, tengo mucho en común con ellos. Mi cuerpo es una unión del material genético de mis padres; pero mi espíritu, mi personalidad, mi modo de ser, es peculiar, es único. Por eso el ser humano procrea, no se reproduce.

Si entendemos esto, si vemos desde esta perspectiva lo que significa estar vivos nos daremos cuenta de la grandeza de cada persona. Llegaremos a conclusión que no somos una posesión de nadie. Ni siquiera somos un bien de nuestros padres, sino más bien lo contrario, somos un bien para ellos pues somos un regalo que les han hecho.

Por lo tanto, si nuestro ser es único solo puede ser libre, fuimos creados libres pues es la única manera de ser un regalo. Lo nuevo, y cada persona lo es, siempre aparece como un milagro. No sabemos como vamos a ir evolucionando en nuestra vida, qué llegaremos a ser o para qué utilizaremos nuestras capacidades. Va a ser complicado, pues no sólo estamos dotados de la capacidad de proponernos un objetivo, sino también de ser nuestro propio objetivo: estamos llamados a hacernos a nosotros mismos.  

Pero no podemos olvidar que también cada uno de nosotros tiene la misión de mostrar algo nuevo. Con cada nacimiento, algo singularmente nuevo comienza en el mundo. Podemos convertir nuestra existencia y a nosotros mismos en algo realmente grande. Cabe esperar de nosotros lo inaudito, lo inesperable.

El mundo va a ser lo que nosotros hagamos de él. Al menos, el mundo que nos rodea es lo que hacemos de él. Nuestra vida es lo que hacemos de ella.

No debemos convertirnos en robots, sin rostro ni originalidad. Nadie ha nacido para ser un “hombre del montón”. Hoy, en estos días, es más urgente que adquiramos conciencia de lo grande que es la vida humana y nos centremos en buscar las formas de ser “más” personas, y no unos hombres remisos, asustados y tristes.

sábado, 10 de febrero de 2024

¡Buenos días! El fantasma del totalitarismo.

     “No discutamos si es mejor ir hacia adelante o hacia atrás, sino discutamos cuál es el mejor sitio al que debemos ir. No discutamos si es mejor permanecer donde estamos sino si realmente hemos encontrado el mejor lugar para permanecer en él”. G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!! 

Algunos días al levantarme miro con cierta preocupación el presente y todas las nuevas ideas populistas junto con la crisis de los valores democráticos que nos llevan a las crisis institucionales y sociales que estamos padeciendo, y, veo un posible y creciente establecimiento de un cierto totalitarismo, lo aprecio en sus primeros síntomas como en la creciente polarización y la sacralización del Estado.

Me parece recordar haber leído en alguna parte que los totalitarismos se establecen en sociedades que previamente ya presentan unos rasgos y características para su implantación y mantenimiento. Entre esas condiciones previas podríamos destacar el declive de la esfera pública que nos lleva a un creciente aislamiento social y a unas vidas superficiales sin ningún sentido.

No hay duda, lo vemos cada día, tenemos un crecimiento del individualismo que ya supera en importancia a la esfera pública y a la acción ciudadana. Es normal ver cada día a más personas despreocupadas de la vida pública y centradas en sus intereses privados, preocupados solo por su seguridad a cualquier precio. Esta persona es indiferente hacia la vida política, se queda en sus intereses de confort y consumo, lo que la convierte en el terreno adecuado para que se instale en un lamentable conformismo social y político.  

Este exceso de individualismo está llevando a las personas a la más absoluta soledad y aislamiento, perdidos y sin los otros, sumergidos en el alienante anonimato de la masa y viviendo solo para sí. Esta forma tan individualista de vivir está curiosamente llevándonos a que nos encontremos con la contradicción de tener que vivir juntas, pero sin tener nada en común, sin ningún interés que compartir y este aislamiento hace desaparecer la pluralidad, pues ya no existe una vida en común donde poder relacionarse con los demás y compartir una vida común siendo distintos.

El resultado es una sociedad triste, desoladora, que ya no es plural y por lo tanto se ve como si toda la realidad fuese homogénea. Y es que cuando renunciamos a la vida con los demás, a hacernos cargo de lo que nos es común estamos entregando nuestra libertad para no perder nuestra seguridad personal, y es en esta situación cuando es fácil terminar con la vida pública.

Cuando se aísla a las personas lo que se esta haciendo es conseguir que renuncien a su libertad de pensamiento pues su razonamiento no va más lejos de ellos. Lo vemos en los emigrantes que no consiguen pertenecer al lugar donde viven.

Pertenecer a la sociedad en la que se vive es un paso más para encontrar un sentido para vivir, es el principio para formar nuestra identidad y con ello llevarnos a tener esperanza. Por ello, sin pertenencia, sin sentirnos parte de una comunidad, todo lo que vamos a encontrarnos nos resultará absurdo. Una vez que nos acostumbramos a mirar a los demás como si no fueran seres humanos, como si no fueran personas, como si tuvieran menos dignidad, es fácil tratarlos como cosas, como vidas sin valor, o valorarlos según su utilidad. Qué es lo mismo que decir que no tienen dignidad. Y será esta forma de superficialidad la que nos encontramos ya en muchas partes de nuestra sociedad.  

Cuando nuestra sociedad termine con la solidaridad habrá logrado una complicidad con la violencia hacia los que no importan a nadie, se habrá destruido la singularidad de cada persona y su dignidad y a partir de aquí el valor de la vida humana ya no importará y el fantasma del totalitarismo se nos aparecerá por las esquinas.

jueves, 8 de febrero de 2024

¡Buenos días!!! ¿Progresismo?

     “No discutamos si es mejor ir hacia adelante o hacia atrás, sino discutamos cuál es el mejor sitio al que debemos ir. No discutamos si es mejor permanecer donde estamos sino si realmente hemos encontrado el mejor lugar para permanecer en él”. G. K. Chesterton) 


¡¡¡Buenos días!!!

Es muy fácil y recurrente hablar de “progresismo” ya que parece que es una palabra mágica, una especie de llave maestra que sirve para muchas cerraduras. Parece normal que todos nos queramos subir al tren del progreso y de lo que supone un avance. El “pero” nos aparece cuando intentamos averiguar si es verdaderamente progresivo, y no lo contrario, y si aumenta también en perfección.

El ejemplo del precipicio me viene bien, si estuviera al borde de un precipicio lo normal y lógico sería no dar un paso al frente y por lo tanto retroceder, por lo que no debería de progresar hacia el abismo si no retroceder si quiero progresar. Lo que nos sucede es que, si el poder que tiene en nosotros el lenguaje nos dijera que un retroceso nunca puede ser progresista, entonces, muchos, no harían caso de su sentido común y se despeñarían.  

Y es que las palabras tienen mucha importancia si se juntan con otras que nos llenan la cabeza de ideas confusas, sobre todo si se asocian con el bienestar. Y la palabra “progresismo” es una de ellas. Nos seduce, nos lleva a imaginar cosas buenas pues suponemos que siempre nos vamos a dirigir hacia situaciones que consignan que las cosas sean mejores, más buenas para todos.

Muchas ideas que se autodenominan progresistas no aportan nada bueno ni a esta sociedad ni a la que aspiran más adelante, tenemos que estar atentos, pues el adjetivo progresismo se nos ha colado, como de estraperlo en nuestras conciencias y va adormeciendo nuestro conocimiento sobre el bien y el mal, va anestesiando nuestra capacidad de reflexionar sobre la bondad y la verdad de las cosas.

Y, corremos el peligro de que nos empujen a dejarnos caer en el abismo.

miércoles, 7 de febrero de 2024

¡Buenos días! ¿Somos libres al elegir?

     “La riqueza y el poder es lo que consideran respetable aquellos que no tienen otra cosa que respetar”. G. K. Chesterton)


¡¡¡Buenos días!!!

Hay un tema que he visto que me resulta muy recurrente por las mañanas, me pregunto muchos días si realmente en el mundo occidental las elecciones son libres. La pregunta, aunque recurrente no deja por eso de ser retórica. ¿Cuándo votamos somos libres al elegir?

Parece a primera vista que nuestra libertad es real, pero en cambio nuestra capacidad para ejercer nuestra libertad no lo es tanto, ya que la capacidad de nuestra mente para conocer y comprender todas las leyes y cuestiones que nos rodean no lo es tanto. Hay quien insinúa que no tenemos capacidad para provocar nada pues somos una consecuencia de todo lo que nos rodea, como puede ser nuestra infancia o los factores medioambientales que nos rodean y que explican nuestro comportamiento. Por lo que resulta que nuestras elecciones no son en realidad elecciones, son consecuencias necesarias de situaciones previas.

Pero eso no impide constatar que las decisiones que se toman en una misma situación no se limitan a responder de una forma previsible. Tomamos decisiones a veces de forma impulsiva, otras las meditamos con cuidado y, es verdad que a veces nos viene predeterminada por alguna circunstancia especial. Tomamos muchas decisiones en función de lo que los entendidos suelen llamar “necesidades electivas”, o sea en función del deseo que pensamos que es más importante o prometedor por lo que hemos vivido, por nuestra experiencia ya sea por nuestras alegrías o nuestras penas. Lo que pienso es que no somos como las máquinas que respondemos automáticamente ya que comprendemos significados y sobre todo porque somos capaces de ayudar a otras personas con nuestras decisiones. 

Si lo pensamos, nos daremos cuenta de que tomamos nuestras decisiones por lo que conocemos y lo que amamos. Y, amamos lo que nos satisface. Nuestra decisión se basa en lo que aparece ante nuestra libertad como deseable, buscamos aquello que ya nos ha producido satisfacción, buscamos lo que nos puede dar satisfacción. Resumiendo, deseamos.

Si queremos que nuestra respuesta a la primera pregunta sea positiva, vamos a tener que ser irreductibles, es decir personas que se muevan en la búsqueda de los significados, que sepan cooperar y sobre todo personas que tengan los deseos bien educados.  

viernes, 2 de febrero de 2024

¡Buenos días! Salir de nuestra comodidad.

     


“Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton) 

¡¡¡Buenos días!!!

Han pasado varios meses desde que escribí algunas palabras sobre viajar, sobre todo en bicicleta y, va siendo hora de volver a pedalear para ir preparando los viajes que podamos hacer esta primavera y sobre todo en verano.

Por mucho que lo preparemos un ciclo-viaje siempre estará envuelto en el misterio. Entre las circunstancias que hay en cada viaje y aquellas cosas que no dependen de nosotros siempre hay un algo desconocido que hace que el viaje y que el mundo que lo rodea tenga su propio encanto.  

Todos los viajes van a ser así. Viajamos en un espacio que ya ha sido dispuesto por otros, y a nosotros nos toca descubrirlo. Lo averiguamos en nuestra primera excursión, y el asombro ante el encanto de lo real nos maravilló, disfrutamos más que cuando lo imaginábamos, era real. Cada uno de nosotros tiene ante un recorrido un viaje propio que le toca descubrir. Esos caminos, esas carreteras, los senderos, todos esos kilómetros que combinamos para formar nuestros itinerarios, están dispuestos para todos los ciclo-viajeros, pero de tal manera que hasta habría valido la pena crearlos para que tan solo un ciclista los recorriera.  

El encanto que trae el misterio de nuestro viaje, del viaje personal, es algo que el ciclo-viajero siempre está buscando porque su viaje, además de suceder en un lugar ya establecido, también discurre en un tiempo limitado en el que se enfrenta a sufrimientos, a situaciones abiertas a lo que no esperábamos, y en ese tiempo, en esas circunstancias el ciclo-viajero tiene la tarea de realizar su propio viaje.

La actitud de descubridor que aprendimos en nuestro, ya lejano, primer viaje, puede ir menguando con los años y corremos el peligro de dejarlo un poco de lado. Si lo propio de esta actitud consiste en estar abierto a conocer lo insospechado, estar dispuesto a la aventura, con el tiempo el ciclo-viajero puede abocarse hacia todo aquello que domine, que le de confort y seguridad.

La confianza que teníamos en el misterio de cada viaje, que estaba por descubrir, corre el peligro de ser reemplazado por la confianza en la razón. El ciclo-viajero moderno parece que ya no quiere pensar en lo que escapa de sus manos, ya no se abandona ante su insignificancia. Pero cuando todo depende de nosotros se escapan de nuestro radar aquellas situaciones que superan nuestra razón y, qué al mismo tiempo, encantan nuestra vida.

Lo que tenemos que hacer es salir de nuestra comodidad, desafiar nuestra razón y nuestro afán de seguridad y comenzar a confiar en que encontraremos al què me ayude a descubrir lo que le da encanto al mundo y a mi propia vida.

jueves, 1 de febrero de 2024

¡Buenos días! ¿Persona mayor?

     “La mujer es solo inferior a un hombre en la materia de no ser tan masculina. No es inferior en nada más. Si todo intentase ser verde, algunas cosas serían verdes que otras, pero hay una igualdad inmortal e indestructible entre el verde y el rojo”. G. K. Chesterton) 


¡¡¡Buenos días!!!

Tengo una edad en la que me encuentro en una categoría tan vaga como la de los “mayores”, es tan amplia y diversa que necesito poner mucha atención para situarme y apreciar las diferencias. Nuestra sociedad tiene unos convencionalismos y prejuicios que tiende a contemplarnos de una forma muy generalizada.

Cuando hablamos de nuestro padre, por ejemplo, en que categoría lo colocamos, una persona mayor. Una persona mayor no es una categoría. ¿No es una categoría relativa? ¿Mayor que quién? ¿Acaso queremos decir jubilado? Es verdad que la edad de jubilación responde a un criterio bastante claro. Sin embargo, una gran mayoría de personas cuando se jubilan gozan de buena salud y son perfectamente autónomos y cuentan con la energía e ilusión suficiente para seguir participando en la vida social.

No tenemos dudas de que la discriminación por edad persiste, algunas diferencias como las de raza o de género han dejado de constituir criterios públicamente determinantes en la mayoría de los puestos y profesiones. Sin embargo, la edad se mantiene como uno de los últimos reductos donde la igualdad y libertad no se aplican como debería.

Es cierto que existen llamadas a eliminar las barreras que puedan impedir la discriminación social de los “mayores”. Sin embargo, en la medida en que en nuestra sociedad todo lo que es moderno nos habla del prestigio de lo nuevo frente a lo antiguo, la relación de lo moderno con la edad es bastante más complicada. Tenemos que fijarnos en que algunas maneras de entender y promover el “envejecimiento activo”, se entiende, como normal, que lo ideal es mantener la juventud durante el mayor tiempo posible. Ahora bien, ¿no es esto también una forma implícita de discriminación? Pues se elige la edad joven como pauta a seguir y la ancianidad como objetivo a combatir.

Tarde o temprano vamos a morir y, lo normal, en la última fase de nuestra vida es que vamos a ser muy frágiles y vulnerables, lo que contradice el optimismo moderno que ya no se puede entender en términos de “envejecimiento activo”. Por eso, en esa edad en la que percibimos que nuestro tiempo es un bien escaso hay que dotarlo de contenido y de sentido. Vamos a ser frágiles, pero no es necesariamente algo negativo pues puede ir acompañado de una mejora en otros aspectos que nos hagan más humanos, como la comprensión o la gratitud, la serenidad o la sabiduría.

Aunque la vejez puede experimentarse con pesadumbre, esa edad conlleva unas ganancias como la sabiduría, prudencia, autoridad, y que deben prepararse desde la juventud.

En fin, veo que el tema da para mucho más, mañana si es posible, intentaré continuar.