lunes, 25 de diciembre de 2023

¡¡¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!!!

 

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

Una ¡Feliz Navidad!, estoy seguro de que todos tenemos con mayor o menor conciencia de lo que significa esta expresión, la hemos repetido y oído infinidad de veces estoS días. Muchos miles de whatsapp y SMS se han enviado formulando este mismo deseo. Por lo tanto, es normal que sepamos la respuesta a esta sencilla pregunta: ¿Qué tiene este día que no tengan los demás?

Somos felices y deseamos felicidad, damos lo que tenemos. Somos felices hoy, no hay que avergonzarse de la palabra felicidad. No caigamos en la tentación de pensar que se trata de un término “rosa” que nos resulta inalcanzable. Digamos con pleno sentido: ¡Feliz Navidad para todos!

He leído estos días una reflexión interesante sobre la felicidad; si hay una puerta de la felicidad se abre hacia adentro, no hay que empujarla pues entonces no la abriremos nunca, hay que retirarse para que la podamos abrir. En estos días toda la parafernalia que se orquesta no hace, sino que empujemos con fuerza la puerta, y de esta forma se cierra con más fuerza a la felicidad. Por el contrario, en el día de hoy no hay que “empujar” la puerta, sino que hay que dejar sitio, para que ésta pueda retroceder; de forma que la abramos y nos abramos a la felicidad.

La felicidad de hoy no será perfecta hasta que no la compartamos, por lo que no hay que cansarse de desearla y ofrecerla. Es más aún, nuestra libertad para desearla sin parar no es otra cosa que felicidad.

Y dado que uno de los más claros indicios de la felicidad es el agradecimiento, hay que dar gracias a Dios por permitirnos ser felices.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!!!

domingo, 24 de diciembre de 2023

¡¡¡Buenos días!!! ¡“Currit, volat, laetatur”!

     “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton) 

    ¡Buenos días!


Durante unos meses he dejado a un lado los viajes en bicicleta. El entrenamiento y la participación en la Maratón de Valencia han sido los causantes de ese pequeño desvío. Sin embargo, siempre ha estado ahí el viaje para el año que viene, han sido muchas tardes las que he dedicado a planear las etapas, y no de uno, sino que han sido varios los trayectos.

Por fin, hace unos días me he decidido, por uno de largo recorrido y dos de una semana.

Elegir y preparar, sobre todo elegir un destino para un viaje de largo recorrido siempre me ha causado muchas deliberaciones, sobre todo porque elegir es renunciar. He renunciado para el 2024 a dos viajes de largo recorrido que tienen todo lo necesario para haber sido los elegidos y, sin embargo, para el año que viene les falta o me falta a mi algo, y van a tener que esperar.

La problemática se centra, en mi caso, en esa famosa frase: “currit, volat, laetatur”, corre, vuela, disfruta. Para elegir un destino el significado de esa frase se tiene que cumplir. Voy a intentar explicarlo con un ejemplo: Si me preguntan: ¿Conoces Venecia? Y respondo sencillamente, sí. Esto significa que Venecia ha entrado de alguna manera en mi mente; Venecia sigue en el mismo lugar, pero su imagen ha impreso en mi interior una clase de retrato suyo intelectual. En cambio, si me pregunto: ¿Amo Venecia? Y llego a la conclusión que así es, esto quiere decir que esa imagen me empuja desde dentro y me obliga a moverme, casi como que me lleva, me hace caminar con el alma hacia Venecia que se encuentra ahí fuera. O sea, mi destino en un viaje me tiene que obligar a viajar, a correr primero con el corazón hacia él. Tengo que amar primero para después ponerme en marcha, si amo mi destino: “currit, volat, laetatur”.

La vida, en la mayoría de las ocasiones nos mueve rápido y no nos deja reflexionar excesivamente sobre ciertas cosas, sin embargo, para elegir un viaje de largo recorrido, soy de la opinión que hay que pararse y ser conscientes de algunas cosas: Una es que debemos saber que no nos encontramos ante un examen con las respuestas por detrás, ni de una guía que nos llevará a una elección perfecta. Otra que hay que verlo como un viaje imprevisto pero soñado alguna vez, de un reto al que me he propuesto dedicarle tiempo y resolverlo. Otra, que hay que decidir, hay que tomar una decisión, sin más.  

Después, hasta el día de la primera pedalada nos surgen infinidad de preguntas: “¿Vicent, ¿dónde vas?”, “¿Cómo sabré si he elegido bien?”. Puede que no encuentre una respuesta clara como me gustaría, y, sin embargo, es más que probable que encuentre la confirmación en gestos que seguramente nunca habría imaginado. Algunos me harán entender que me fie de un falso sentido, que mi razón no estaba donde yo lo intuía, que no sirve decidir en base a criterios de tranquilidad o de relativa comodidad o el miedo. Otras será la confianza en mi experiencia la verdadera razón, el deseo de salir de casa, la alegría de viajar, y, así se ira confirmando.

Busca, compara, …y discierna. El viaje ideal no siempre está en las ofertas.

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sábado, 23 de diciembre de 2023

¡¡¡Buenos días!!! Navidad, un desorden del universo.

     “Todos sentimos que los niños deberían escuchar la verdad y ninguna otra cosa: las mentiras las inventarán ellos mismos”. (G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!


Van pasando los años y parece que no hay nada nuevo acerca de la Navidad. Desde que se terminaron de escribir los evangelios no hay nada que añadir. Pienso que eso es lo bueno, no se necesita añadir nada más. Sin embargo, se tiene una necesidad de revalorizar la historia, la memoria y la tradición, pues si no se tienen raíces no se puede crecer.

Ahora bien, esto no significa quedarse en la autoconservación, sino decidirse por una vida en continuo desarrollo. La memoria y la tradición no son fijas sino dinámicas. La tradición es una garantía de futuro y no la conservación de las cenizas.

Existe una frase de Newman que dice: «Aquí sobre la tierra vivir es cambiar, y la perfección es el resultado de muchas transformaciones”. Este cambio, siempre necesario, siempre hay que ser más sencillos, más humildes, más caritativos, más resignados, más alegres y estar más cerca de Jesús en la Navidad, ya que este es el tiempo de la inocencia, de la pureza, de la ternura, de la alegría y de la paz.

Si nos fijamos un poco en todo lo anterior es fácil verlo simbólicamente como un camino, como un movimiento continuo que nos lleve a ser más, que nos lleve a ponernos en marcha para así poder permanecer fieles a nuestra doctrina.

En uno se sus artículos sobre la Navidad, Chesterton decía que en estos días se celebra un trastorno del universo. Antes de la Navidad, adorar a Dios significaba levantar la mirada hacia un cielo inabarcable que nos estremecía por su extensión; a partir de la Navidad, adorar a Dios significa dirigir la mirada hacia el interior de un portal, para darse cuenta de la fragilidad de un niño que llora. Y, es que, las inmensas manos que habían diseñado el universo se convierten, de golpe, en unas manos diminutas que tiemblan con el frío como las de cualquier niño.

Hasta ese momento hablar de divinidad era todo lo contrario de hablar de fragilidad, pero la Navidad los obliga a juntarse, es una contradicción en nuestras mentes que hace tambalear nuestras certezas. Los hombres, que desde el principio de la historia de arrodillaban ante la fuerza abrumadora de los dioses, deciden arrodillarse de repente ante un recién nacido. Ante una tempestad o una lluvia de estrellas uno puede arrodillarse con miedo; ahora, ante un niño que ha nacido en una cueva, uno sólo puede arrodillarse con amorosa y emocionada piedad.

Todos los años en estas fechas esta especie de contradicción pone a prueba nuestra creencia. Nos surge una pregunta muy Chestertoniana: ¿En qué cabeza cabe que un Dios que hasta entonces había sido invisible e incorpóreo, omnipotente y glorioso, tome la apariencia (y no sólo la apariencia, sino también el cuerpo y el alma) de un niño? Semejante idea sólo podría ocurrírsele a un Dios que estuviese loco de remate; ya que no hay una locura más rematada que la locura de amor. Al tomar Dios la fragilidad de la naturaleza humana comenzó una nueva época de la Humanidad, que desde entonces pudo entender mejor el sentido sagrado de la compasión; pues, desde el momento en que Dios se había hecho frágil como nosotros mismos, resultaba más fácil abrazar la fragilidad del prójimo, volviéndonos nosotros también locos de remate (y, en efecto, la caridad siempre ha parecido una forma insufrible de locura a quienes no la sienten).

Por eso la Navidad puede considerarse una fiesta de locos rematados; y por eso, cuando falta el manantial originario de esa locura, se convierte en puro sentimentalismo vacío. Pues deja de ser verdadera fiesta, para convertirse en un aspaviento disfrazado de algarabía, atracón de turrones y fiesta nocturna; un festival consumista, aderezado con unas dosis de humanitarismo de baja intensidad.

G. K. Chesterton tiene otra frase que nos lo resume; «Quitad lo sobrenatural y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural». Si le quitamos a la Navidad su explosión sacra, ese trastorno del universo del que hablábamos más arriba, y no encontraremos la verdadera fiesta, sino su parodia más triste y antinatural: consumismo, humanitarismo de pacotilla, en fin, una torpe satisfacción de los placeres primarios, un “quiero y no puedo” que no lleva a ninguna parte.

jueves, 21 de diciembre de 2023

¡¡¡Buenos días!!! ¡Honestidad y Sinceridad!

     “No podía vivir de sueños como no podía alimentarse de un libro de cocina”. (G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!

Estamos ya en Navidad, son días en los que nos esforzamos por ser mejores personas, por ser buenas personas y, a veces no es nada sencillo. Realmente, ser buena persona es difícil. Es encontrarse en medio de una lucha entre el amor a las personas y la honestidad.

No nos equivoquemos, estar cediendo siempre ante los demás no es ser buena persona. Pues, también, debemos defender nuestra Verdad y Dignidad y, por supuesto la de los demás. Ser buena persona no quiere decir que se deba sufrir en silencio, callarse ante las injusticias… Un hombre bueno es aquel que, sencillamente, intenta vencer el mal haciendo el bien.

Una vez que hemos llegado a este punto, estaréis de acuerdo conmigo, en que hay que reflexionar un poco sobre la sinceridad y la honestidad.  

Si alguien pone su confianza en nosotros, debemos de cuidad siempre en no defraudar ni perder esa confianza. Y, es que, perder esa confianza y defraudar es muy decepcionante. Por eso debemos ser honestos, pero para ser honesto se necesita ser sincero, primero con uno mismo y después con los que confían en nosotros.

A partir de aquí es ya un encadenado de actos que tenemos que realizar si queremos llegar a ser buenas personas. Y es que, para ser honesto, no tenemos más remedio que reconocer cuales son nuestras limitaciones y aceptar nuestros errores. Por supuesto tenemos que saber que tal vez la mayor de las deshonestidades es la mentira. Una mentira pone en entredicho todas nuestras verdades. Mentir va a conducirnos con el tiempo a que se descubran todas nuestras falsedades. 

Para lograr la confianza de una persona, es necesario ser honesto, porque no olvidemos que después de la primera mentira toda verdad se convierte en duda. Y cuando se miente con frecuencia se llega a creer que la mentira es la verdad.

Me atrevería a decir que ser honesto es actuar de la misma forma cuando estás en medio de mucha gente que cuando estás solo. Es tener la conciencia en paz.

Por lo tanto, la honestidad no la vamos a encontrar solamente en las palabras y discursos, sino en las actitudes. Y, es que ser honesto es ser sabio.

martes, 19 de diciembre de 2023

¡¡¡Buenos días!!! Qué sea un martes de bromas y humor.

     “Hablar de la igualdad de los hombres es una doctrina que es, en sí misma, una distinción: distinguir el alma humana a pesar de sus muchos disfraces, como quien reconoce un rey bajo unos andrajos. Pero muchos hombres asumen que todos los hombres son hermanos bajo el principio de que todos los gatos son pardos en la oscuridad y que por eso no hay distinción entre un gato atigrado y un tigre”. (G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!

Hace unos días hice un comentario para una foto de un almuerzo en el que no había ni vino ni cerveza, quería expresar la falta que puede hacernos un vaso de vino o de cerveza en determinados momentos de nuestras vidas, para hacer surgir las bromas y el humor.

La cerveza y el vino no son algo que necesite nuestro cuerpo para alimentarse y mantenerse vivo, no forma parte de una dieta esencial para la vida. Son un extra, que nos da algo que es especial para la salud de uno. Tomados con tranquilidad y moderación, nos pueden ayudar a levantar el ánimo, nos pueden aliviar el corazón y caldear una conversación. Son como un aceite que puede ayudar a engrasar una conversación, una comida o una cena social para que discurran más agradablemente. 

Nos olvidamos muchas veces de las bromas y del humor en nuestra vida y sobre todo en nuestras relaciones. Una broma, como el vino, si se toma con el temple apropiado y moderación, puede también levantar el ánimo, aliviar el corazón, avivar una conversación y rebajar las tensiones en una reunión.

Por norma general, cuando nos paramos a pensar en el amor, pensamos en muchos de sus aspectos, pero nos olvidamos de un componente como la broma y el carácter juguetón. Identificamos normalmente el amor con una obsesión emocional, una atracción sexual, con el cuidado, la amistad y el altruismo. Pocas veces nos fijamos en el lugar y la importancia que también tienen la broma, o el carácter juguetón, o la travesura sana, o el humor, cuando son con frecuencia el aceite que en engrasa todos los demás componentes.

Durante mi vida, me he relacionado con diferentes grupos de personas, equipos de futbol, comparsas, corredores, ciclistas, montañeros… todos con nuestras diferentes personalidades y diferentes excentricidades. Esto puede ser una forma para que pueda existir en algún momento algo de tensión, y, aun así, por lo general, funciona, es divertido y existe un apoyo y compañerismo. ¿Qué es lo que le hace funcionar? ¿Por qué no acabamos matándonos unos a otros? ¿Cómo es que lo pasamos (por lo general) agradablemente juntos, a pesar de nuestras diferencias, inmadureces y egos?

Está claro, que en todos esos casos existe un punto en común que nos mantiene juntos y, lo más importante, existe una actividad que ayuda a que todo vaya mejor. Pero, muy importante, hay bromas, jovialidad, travesura sana y humor que, como el vino y la cerveza en un almuerzo mesa, ayudan a suavizar las cosas y mitigar la tensión inherente a nuestras diferencias. Un grupo que no se mantiene alegre a base de bromas, jovialidad y travesuras sanas vendrá a ser en definitiva todo lo que no sea alegre, esto es, pesado, monótono, lleno de tensión y pomposo. En todos los grupos sanos en los que he estado, una de las cosas que los hizo sanos fue la broma, la jovialidad, la burla cariñosa y el humor.  Estos son los generosos vinos que pueden alegrar la mesa de cualquier familia y cualquier grupo.

Desde luego, que al beber cerveza o vino nos podemos extralimitar y utilizarlos para huir de conversaciones más espinosas, que necesitan hacerse. Al igual, la broma puede mantenernos fuera de la realidad. El humor, la broma al utilizarlos es necesario saber cuándo decir ¡basta! y cuándo pasar a una conversación seria. El riesgo de extralimitar la broma es real, aunque tal vez un riesgo mayor estriba en tratar de mantener una relación en su ausencia.

La broma, la jovialidad, la travesura cariñosa y el humor no sólo nos van a ayudar a relacionarnos por encima de todas nuestras diferencias; también nos ayudan a deshinchar la pomposidad que es la compañera de la exagerada seriedad.

domingo, 17 de diciembre de 2023

¡¡¡Feliz domingo!!!

     “El Fundamentalista se contenta con el texto desnudo de la Escritura -la traducción de una traducción que le ha llegado a él por la tradición de una tradición- sin aventurarse a preguntar cuál es, o de dónde viene, su autoridad original”. (G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!

La tarde de un sábado suele ser muy movida, sin embargo, la de ayer fue tranquila, y tuve tiempo para dedicarla a repasar esos comentarios que con las prisas del día a día no hay tiempo para atender.

Mientras atendía uno que se refería a la búsqueda de la verdad, llego a mi memoria una reflexión de Antonio Machado que decía así: "Tu verdad no, la Verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela". Lo que centró mi atención fue el “ven conmigo a buscarla”. Es este un punto de vista que no aprecie cuando pensaba en la Verdad.

Recordé también haber leído que la verdad vale por sí misma, la diga quién la diga. Y este aspecto es interesante tenerlo presente en estos días pues he visto y leído como se desacredita la verdad solo por qué la ha dicho tal persona o tal partido político. La verdad no la podemos sacrificar a intereses personales o a lealtades institucionales. Y es que solamente, si ponemos la verdad por encima de intereses particulares será posible establecer un diálogo, no solo para poder entenderse sino para construir una auténtica democracia.

Muchos días tengo la impresión de que la verdad no importa, solo interesa la defensa de determinados intereses, sean perjudiciales para muchas personas o se hagan falseando la verdad. El asunto no siempre esta claro, pues no hay nadie que se ponga a defender como bueno algo que se ve claramente que es falso, entonces, esos intereses son capaces de mover todo tipo de información para mostrar esa mentira como si fuera verdad. Uno de los sistemas que mejor funcionan es darle importancia a quién dice o defiende esa supuesta verdad que, en realidad, es una gran mentira.

Cuando se consigue que lo que realmente importa es “quien lo dice” y no prestar atención a “lo que dice”, entonces, la verdad queda aislada de la realidad y del bien, y pasa a depender del mandamás de turno. O sea, del que tiene el poder para servirse a sí mismo. Esto es interesante. Así la verdad se presenta en función del interés: aquello que tiene interés para el que manda es la verdad. De esta manera se nos muestran narraciones, entrevistas y documentales que buscan justificar ciertos comportamientos inmorales, abusos de poder o decisiones interesadas. Vemos en el Congreso con demasiada frecuencia una lucha de “verdades” que niegan o enmascaran los hechos reales y donde la verdad es la que “los míos” postulan.

No recordamos que la política debería servir al bien común, a la fraternidad social y a la paz, pues solo la vemos convertida en una búsqueda del poder. Y, como para conseguir el poder de una forma legal es necesario tener el mayor número votos, los candidatos prometen cosas que ellos y sus propios votantes saben que no podrán realizar. Lo más lamentable de todo es que estos votantes están dispuestos a aceptar todas las mentiras con tal de que vengan “de los míos”, de los que me resultan más simpáticos y cercanos. El criterio del voto ya no es la verdad, sino la emoción o el sentimiento, a veces el sentimiento favorable que me produce al que ofrezco mi voto o el desagradable que me produce aquel al que no voto.

Recuerdo ahora, que Tomás de Aquino ya nos decía, con toda razón, que los argumentos son válidos “no a causa de la autoridad de quienes lo dicen, sino a causa de la razón de lo dicho”. Pues de lo que se trata no es de saber quién dice las cosas, “sino en qué consiste la verdad de las cosas”.

En fin, vamos a disfrutar de este increíble domingo, que nos sirva para escuchar a los demás, llegar un poco más lejos de nuestros propios pensamientos y de nuestros intereses más inmediatos, y así iremos por el buen camino hacia la verdad.

viernes, 15 de diciembre de 2023

¡¡¡Buenos días!!! ¡Ya estamos en viernes!

     “El hombre libre no es aquel que piensa que todas las opiniones son igualmente verdaderas o falsas, pues eso no es libertad sino debilidad mental”. (G. K. Chesterton)


¡¡¡Buenos días!!!

Ayer, después de una estupenda mañana, me pase la tarde leyendo e intentando aclararme un poco con todo lo que nos está pasando a los españoles. Pensaba que hemos entregado una autorización para que nos representen a unas personas, le hayamos votado o no, cuya misión es recoger el acta de diputados o senadores, sentarse en el sillón de las cámaras donde ya no son candidatos de unas siglas para ponerse al servicio de cada ciudadano. Claro que esto es la teoría.

La realidad es que no son independientes, no tienen libertad para votar según su conciencia, por lo que mi acto libre de colocar la papeleta en la urna ha perdido su finalidad; que ese voto continue libre hasta la próxima votación. Da miedo y estupor, y algo de desencanto haber dejado la papeleta en la urna.

Da tristeza ver un pleno en el Congreso y no distinguir la libertad que deje en la urna, ver como la mayoría de los congresistas no tienen otra atribución que calentar el asiento, aplaudir a su jefe de grupo y pulsar el botón indicado.

Al final lo comprendo, puedo entender que para un militante de base al que le cae semejante trabajo, el interés nacional, el bienestar y la seguridad física y jurídica de los ciudadanos no debe importarle nada ante la amenazadora presencia del jefe. Si hay orden de votar “sí”, se vota “sí”. Si hay orden de votar “no”, se vota “no”. Si al día siguiente hay que renegar de lo que se apoyaba públicamente veinticuatro horas antes, se reniega con toda la tranquilidad del mundo. Ya se encargará el partido de pasarles unas fotocopias con un argumentario embaucador. Y si con esos papeles no consiguen salvar la cara, a ponerla dura. 

Al fin y al cabo, se les pide obedecer sin chistar, aplaudir como marionetas de feria cada vez que ese jefe que se siente emperador enfatiza el discurso, manotea el aire mientras exclama con voz pretendidamente dolorida, o compone un gesto de sufrimiento ante todos aquellos a los que acusa de insultarle, de ser poco demócratas y de seguir colgados en el fascismo.

Si no fuera por el daño irreparable que se está haciendo a nuestro país, del odio que se han encargado de levantar, de su conciencia envenenada, de su obsesión por fiscalizarnos hasta cuando dormimos, de sus habilidades para imponer lo que tenemos que pensar, decir y obrar, de su nefasta habilidad para lavarse las manos ante el mal cometido, de su retorcimiento de la verdad, de su falta de palabra, es decir, si el resultado de semejante espectáculo no fuera desolador, podríamos reírnos de este vodevil sobre la democracia.

No quiero ni pensar hasta dónde se puede llegar en España con tal de seguir poniendo en riesgo nuestro presente y nuestro futuro. Amparándose en un sistema que se adapta a la perfección al capricho de cada César pasajero. Y no quiero ni pensar, ahora que nada pasa por casualidad sino por unos intereses perfectamente enlazados hacia dónde nos dirigimos, viendo en qué clase de fuerzas se apoya nuestro gobierno para mantener el anhelo de hacer y deshacer la legalidad.

jueves, 14 de diciembre de 2023

¡¡¡Buenos días!!! ¡Feliz jueves!

     “No se puede tener un ideal, del tipo que sea, sin desear establecerlo, y, si lo estableces, sin desear defenderlo” G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!

Ayer, antes de acostarme, pensaba en lo que había sucedido el martes por la tarde en nuestro Congreso de los Diputados, la verdad es que no me atrevo a decir con rotundidad, pues no soy jurista, si lo que se está haciendo con la amnistía es una ilegalidad, pero lo que en realidad no me dejaba conciliar el sueño era que fuese una injusticia, que fuera injusto lo que se está haciendo.

La diferencia entre legal y justo es importante, y merece un momento de nuestro tiempo para pensarlo. Hay que empezar pensando que las leyes son lo que marca el origen de la legalidad o ilegalidad, están hechas en las Cortes o sea Poder Legislativo que en España está unido al Poder Ejecutivo, y se aprueban simplemente por la mayoría en el Parlamento. O sea, los parlamentarios que votan las leyes en el Legislativo las hacen cumplir en el Ejecutivo.

Hasta aquí todo parece claro, si una ley cumple todos los requisitos anteriores podríamos decir que es legal. Pero vayamos a lo que es justo o injusto. Hay una definición de ley que nos viene a decir, es: “Ordenamiento de la razón para el bien común, promulgada por quien está al mando de la comunidad”, en esta definición nos damos cuenta de que se hace énfasis en la necesidad de bien común que es lo que determina la justicia o injusticia de una ley.

Pero, y aquí la dificultad, para saber si se dirige al bien común hay que conocer previamente qué es tal bien y para eso son imprescindibles unos principios.

¿Existen ahora esos principios? Según mi opinión, no los veo claros, vivimos en una sociedad que se encuentra tranquila ante una doctrina en contra de la vida; no se altera ante la manipulación a la que esta sometida la Justicia y el Tribunal Constitucional; asiste impávida ante la multiplicación de los sexos por ley; la máxima autoridad del Estado es ignorada y vejada por unos y otros sin que pase nada. En fin, unos ejemplos que unidos a reclusión de la religión a lo más profundo del ámbito privado hace que nadie se aclare en lo que está bien y lo que esta mal.

Es verdad que el Parlamento puede cambiar las leyes y modificar con ello la legalidad, pero no puede hacerlo con la ley natural que tenemos impresa dentro de nosotros.

Por eso no asombra que se pueda decir una cosa y hacer la contraria; qué se prometa algo y se falte a la palabra dada y que “Donde dije digo, digo Diego” sin que tenga ningún coste político, es una incoherencia, pero así es.  

miércoles, 13 de diciembre de 2023

¡¡¡Buenos días!!! ! ¡Ya es miércoles!

 “La seriedad no es una virtud. Decir que la seriedad es un vicio sería una herejía, pero una herejía de lo más sensata” G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!

Me temo que no se a percibido bien eso de qué no todo es blanco o negro, buenos y malos. No se comprende bien que alguien pueda pensar reflexionado sobre varios aspectos del mismo tema. No importa de qué cuestión estemos hablando, se nos obliga a estar en un extremo o en el otro y, lo peor es que en demasiadas ocasiones se juzga nuestra altura moral y nuestra inteligencia solamente con nuestra postura en un solo tema.

Ese reduccionismo a los dos extremos nos hace mucho daño. Nos hace mal a todos los que queremos pensar mejor, con mayor rigor y profundidad, hace mal al que quiera entender a los demás y salir de la cómoda posición de lo políticamente correcto. Por ejemplo, si yo me pronuncio sobre el beso de Rubiales diciendo que no tengo una posición clara y que tendría que estudiar un poco el tema, la mayoría de la gente ya creerán saber qué es lo que pienso y por qué no me atrevo a decirlo. Todos ya creen saber qué pienso y por qué lo pienso.

Por comodidad, por no intentar escuchar otras ideas disonantes con la que esta de moda se elige el camino de etiquetar ideológicamente al otro. Lo vemos constantemente, se tiende a no dar ninguna posibilidad de expresar ideas que no concuerden con las de turno, tratando de convencer a quien lo ha intentado de que sus ideas son “ofensivas, o no “construyen”. Cuando lo que son puntos de vista diferentes.

Al final nos autocensuramos, se nos fuerza a elegir posturas y a colocarnos del lado del pensamiento de moda, porque si no lo hacemos corremos el riesgo de que se nos coloque en el bloque opuesto. Es tan fuerte esa presión que en muchas ocasiones nos vemos obligados a pensar igual que nuestros amigos y defender cosas con las que discrepamos porque tenemos miedo.

Muchas veces he visto como causa extrañeza y se quedan descolocadas personas a las que he mostrado que en mi conviven ideas, creencias y valores que no son capaces de ubicar en el mismo patrón ideológico en el que están ubicados, porque no encajan todas en el mismo grupo ideológico. Nos autocensuramos y nos engañamos pensando que lo hacemos por una mal entendida tolerancia en ciertos temas, que nos hace no discutir debido a que alguien podría sentirse ofendido. Nos autocensuramos no porque pensemos que es un ataque personal sino porque vemos que nuestra idea le molesta, le pone incómodo.

Conozco a demasiadas personas que, por falta de argumentos, no porque sus ideas no los tengan, sino por pereza intelectual intentan ocultar su propia incapacidad caricaturizando a los que pensamos diferente, colocándonos la etiqueta de “intolerante” o “fanático”, cuando en realidad lo que pretendo es mostrar mis argumentos y entrar en debate. Lo que hacen sin darse cuenta es evitar la molestia de tener que argumentar racionalmente. En el momento en que me estigmatizan, me dejan fuera del debate y así pueden aplicar una visión única y por tanto incuestionable.

Estoy seguro de que se puede sentir admiración a las personas con las que no se está de acuerdo, distinguiendo los diferentes aspectos de su vida y pensamiento. Se puede aprender de ellos, aunque no estemos en todo de acuerdo con sus posturas o con su estilo de vida.

Tener amigos y conocidos que piensan distinto me ayuda a pensar, a revisar mis ideas, a crecer, a expandir mi horizonte y a saber convivir con la diferencia.

martes, 12 de diciembre de 2023

¡¡¡Buenos días!!! Un gran martes nos espera.

 “No hay nada más extraño hoy que la importancia de las cosas poco importantes. Excepto, naturalmente, la poca importancia de las cosas importantes” G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!  


He repasado por encima la entrada de ayer y me deje algunas cuestiones por abordar, cuestiones lo suficientemente interesantes para seguir un día más con el mismo tema.

Si no recuerdo mal, terminaba ayer con el problema que nos puede surgir cuando encasillamos a las personas en totalmente “buenas” o totalmente “malas”, si miramos con tranquilidad este encasillamiento veremos que de alguna manera hemos convertido a las personas en cosas y, esto como bien comprendéis nos puede complicar la vida.

No hay, por mucho que nos pueda parecer, personas enteramente “buenas” y otras totalmente “malas”. Nuestra realidad no es nítida ni específica, si lo es la manera que tenemos de movernos por ella, necesitamos “detener” la realidad, definirla, estudiarla y catalogarla. Al hacer esto establecemos categorías en las que colocamos a todos lo que cumplen algún requisito. Pero la realidad que nos rodea es sumamente compleja. Las personas somos por lo tanto complejas. En los hombres siempre hay algo bueno y algo malo, el punto que tenemos que averiguar es en qué proporciones. De acuerdo con nuestro comportamiento, a nuestra educación, cultura o idiosincrasia, tenemos la libertad de inclinarnos más o menos hacia un tipo de bien o mal, pero en nosotros hay muchos aspectos que se pueden observar.

Veamos, yo puedo ser un buen amigo, pero ¿qué significa buen amigo?, ¿ser un amigo perfecto?, ¿y cómo se llega a eso? Uno tiene buenos y malos comportamientos como amigo; pero también tiene buenos y malos comportamientos como trabajador, o como padre. Y puede ser más buen padre que malo, pero más mal trabajador que bueno, etc. Esto se puede complicar infinitamente…

¿Qué está pasando? Lo que sucede es que hoy en día existe una tendencia a simplificar las cosas y aprovecharse de ello. Muchos líderes políticos para mover a la gente, para ponernos en acción, lo que hacen es simplificar su realidad y enseñarla como una cosa buena, pues ya sabemos que nuestra voluntad se inclina hacia lo bueno, pero al mismo tiempo lo que hacen es presentar a la oposición como algo “enteramente” malo. Intentan que nuestro juicio solo se centre en lo simple, bueno o malo, ya que resulta más fácil aceptarlo o rechazarlo.

Si lo pensáis veréis que ese el motivo por el que lo tópicos tienen tanto éxito, son explicaciones simples de realidades complejas, que, por supuesto no explican, sino que toman la parte por el todo y reducen dicha realidad. Es un tipo de sofisma. ¿Quién se niega a eliminar algo malo?, si es malo, es que no tiene que estar allí en nuestra presencia.

Si juzgamos a una persona como mala, inmediatamente tomamos una postura con respecto a ella. Lo malo no nos atrae, ni nos gusta, ni nos conviene. Hay que evitarla, apartarse de ella. Es el “enemigo”, es “el ladrón”. Pero ¿es del todo mala una persona? A veces nos negamos a oír lo que pueda decir porque ya le hemos encasillado como “mala”.

Pero ¿qué pasa si no advertimos el valor de una persona? Si juzgamos a las personas de forma superficial y sólo nos detenemos en un solo aspecto que puede ser negativo, si solo juzgamos ese aspecto negativo casi sin darnos cuenta lo habremos hecho extensible a todo su ser, y entonces la veremos como una “persona mala”. Ya sé que este es un impulso frecuente en todos nosotros, pero se corrige con argumentos, ¡ah!, pero para eso hay ponerse a pensar y razonar. Sin embargo, cuando se nos impide reflexionar se nos puede radicalizar fomentando un odio visceral hacia esa persona. Es el mecanismo que utilizan muchos fanatismos.

No hace falta ahora repasar algunos genocidios que hemos visto en la historia para que sepamos que sucedieron porque se simplifico el tema, se clasifico solamente como “malo”, “pésimo”, “aborrecible”, “indeseable”. El tema en cuestión pudo haber sido no estar de acuerdo con una idea, de alguna creencia, por tener un color de piel o rasgos determinados, o por pertenecer a una cultura diferente, o peor todavía, por pertenecer a un “partido político”. Basta eso para dividir la sociedad en “buenos” y “malos”. Las etiquetas nos ciegan ante la realidad de una vida humana.

Al realizar esa reducción, es muy fácil encontrar una justificación para atacar esa cuestión, que más bien son excusas: he eliminado algo malo. Pero ¿en realidad lo era?, más bien he pensado que lo era. Lo he percibido como una amenaza, como un daño público, como el mal encarnado. Así los hombres nos degeneramos moralmente. Muchas veces instigados por las mentiras de los poderosos, muchas veces forzados para sobrevivir, para que no sufran daño nuestros seres queridos... hay muchas maneras, pero siempre se reduce a la triste dicotomía: hombre bueno - hombre malo.

La verdad, reflexionémoslo, es que no hay hombres “buenos” y hombres “malos”; todos somos “buenos y malos” en algún sentido, y nuestra lucha consiste en acoger interiormente cada vez más cosas buenas, en todos los aspectos y facetas de nuestra vida; y dejar poca margen a las cosas malas. Más que “hombres buenos” hay “buenos hombres”, cuando en esa lucha interior ganan las virtudes y los valores que lo perfeccionan como ser humano; y hay “malos hombres” cuando tienen muchas batallas perdidas y dejan de luchar por crecer en el bien. El buen hombre es el que pelea por evitar cometer actos malos y mantenerse en la búsqueda y consecución de lo bueno; aunque también tenga cosas malas, que seguro las tiene.