domingo, 31 de marzo de 2024

¡Buenos días! Adoración de latría.

     “La doctrina y la disciplina católicas pueden ser muros, sí, pero son los muros que protegen el patio del recreo”. (G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!  

Me he dado cuenta por algunos comentarios que muchas personas no entendieron lo que significa la Adoración de la Cruz. Es verdad que visto por encima es una cuestión que parece preocupa más a los no católicos y que se merece una aclaración, aunque sea la que pueda dar yo.

¿Cómo comprender que no se trata de un culto dirigido a un objeto de madera? Que no se trata de un acto de idolatría. Diciendo de que se trata de un acto de veneración podríamos zanjar el tema rápidamente, sin embargo, se usa una terminología, que puede parecer incluso como blasfema y que clarísimamente parece que va contra el primer mandamiento de la Biblia.

Lo primero que debería de hacer ahora es, ante todo, intentar aclarar la terminología. Si miro la palabra adoración veo que es genérica y como sucede con toda cosa genérica requiere de una especificación. Y aquí empieza a complicarse el tema. Veamos, cuando la veneración se dirige a Dios esta adoración se llama de latría y si esa adoración se dirige a ciertas creaturas esta adoración se llama adoración de dulía.

Por lo tanto, ya nos encontramos con dos formas de adoración que hace unos momentos no conocíamos, para intentar ser precisos, nos encontramos con una adoración de latría que es sólo para Dios y una adoración de dulía, para las creaturas racionales. Vemos entonces que el sentido vulgar de la palabra adoración se identifica con aquello que hemos llamado “adoración de latría”. Nos estamos dando cuenta que nos estamos olvidando de las creaturas materiales e irracionales que sin embargo vemos que también son adoradas, y lo pueden ser debido a la naturaleza racional. Voy a aclarar esto último, esto podemos hacerlo de dos modos: el primer modo es en cuanto el objeto insensible representa a la persona; el segundo es en cuanto la materia insensible está unida a la persona.  

Y llegado a este punto tengo que pedir ayuda a Santo Tomás de Aquino. Que nos dice: “De ambos modos debe ser venerada por nosotros la cruz de Jesús. Del primer modo, en cuanto representa para nosotros la figura de Cristo extendido sobre la cruz. Del segundo modo, a causa del contacto que tuvo la cruz con los miembros de Cristo y porque fue bañada con su sangre. Por lo tanto –continúa diciendo Santo Tomás- de ambos modos la cruz es adorada con la misma adoración que recibe Cristo, es decir, adoración de latría”.

Si releemos lo anterior vemos que no damos a la cruz (objeto de madera) el culto de latría en cuanto objeto de madera sino en cuanto representa a Cristo y en cuanto estuvo en contacto con su cuerpo y con su sangre, es decir, debido a Cristo. Esto quiere decir que la adoración de latría va dirigida a Cristo y no a un pedazo de madera. Evidentemente nos hemos dado cuenta de que el punto clave es aquí la distinción, dentro de la adoración de latría, entre latría absoluta y latría relativa: latría absoluta es la que se da a una cosa en sí misma (por ejemplo, a Dios, a Jesucristo, etc.); latría relativa es la que se da a una cosa no por sí misma sino en orden a lo que es representado por ella (las imágenes). Por tanto, si bien la cruz no es adorada con culto de latría absoluta, sí lo es con el de latría relativa.

Pero no esto no termina con el tema, todo lo anterior estaría bien si estuviésemos delante de la verdadera cruz, ¿qué sucede con las cruces que nosotros tenemos ahora? Estas cruces son imitaciones de la “vera cruz” de Jesús, cruces hechas de piedra, de madera o metal. La respuesta a esta pregunta pienso que aclarará un poco más nuestro tema.

Hay que tener presente que estas cruces de las cuales hablamos no son otra cosa que imágenes de Jesús, es decir, tratan de representar al Dios encarnado, al Verbo hecho hombre. Tengo que apoyarme otra vez en Santo Tomás, es necesario, respecto a la actitud que nosotros debemos tener hacia las imágenes pictóricas de Cristo: “Podemos considerar las imágenes en general en dos sentidos. Primero, en cuanto es una cierta cosa, hecha con un material determinado. Segundo, en cuanto es imagen de una realidad, la cual se configura como ejemplar o modelo de dicha imagen. En el primer sentido, esto es, en cuanto es una cosa cualquiera, a las imágenes de Cristo (y también a las cruces hechas actualmente; por ejemplo, de madera esculpida o pintada), no se les debe dar ninguna reverencia, porque solamente debemos dar reverencia a la creatura racional. Por lo tanto, a las imágenes de Cristo (y también a las de los santos), tomadas en este primer sentido, no debe brindárseles ni adoración de latría, ni dulía, ni siquiera veneración.

En el segundo sentido la cosa es diferente. Porque cuando yo me dirijo a una imagen en cuanto representa otra realidad y me la recuerda, no me estoy dirigiendo a la imagen misma sino a la realidad que representa. Es en este sentido que nosotros presentamos honor y obsequio a las imágenes de Cristo (y a las cruces). Por eso, en este sentido, damos a las imágenes de Cristo la misma reverencia y veneración que damos a la persona de Cristo. Y dado que a Cristo lo adoramos con adoración de latría, en consecuencia, a su imagen debemos adorarla también con adoración de latría. Para ser más exactos digamos que también a las imágenes de Cristo las adoramos con latría relativa.”

Resumiendo: adoramos las imágenes de Cristo y las cruces en cuanto son símbolos de una realidad ulterior y divina.

Me parece que me falta aclarar la prohibición que hay en el Antiguo Testamento de hacer y adorar imágenes, hay que tener en cuenta que en el Antiguo Testamento esta prohibición adquiría un sentido especial porque el verdadero Dios se había revelado como un ser espiritual e incorpóreo y, por lo tanto, no era posible hacer alguna imagen corporal que expresara adecuadamente a ese Dios incorpóreo. Pero dado que en el Nuevo Testamento Dios se hizo hombre, puede ser adorado en su imagen corporal. Por lo tanto, vemos que ni en el acto de adoración de la cruz ni en la terminología usada para expresarlo hay algo que se oponga a la revelación del Antiguo o del Nuevo Testamento. Al contrario, el Nuevo Testamento, al revelarnos la encarnación de Dios, nos autoriza a adorarlo en su imagen corporal.

Hay muchos misterios en nuestra religión que no son fáciles de entender en el primer intento. Necesitan una explicación llena de ciencia y caridad, es decir, con la capacidad de adaptarse a las condiciones de cada uno de nosotros. Esa es la tarea de la Iglesia.

Uno de los problemas más graves de nuestro tiempo es el dramático alejamiento y posterior ruptura entre Evangelio y cultura. Por eso hace falta afrontar una evangelización profunda, que llegue hasta los fundamentos culturales de las distintas sociedades.

sábado, 30 de marzo de 2024

¡Buenos días! Todos nos vamos a morir.

     “Si prometo ser fiel, debo ser maldecido si soy infiel, o no hay gracia ninguna en prometer nada”. (G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!  

Supongo que van a ser muy pocas las personas que no sepan que ayer fue Viernes Santo, y pienso por lo tanto que también muy pocas personas no sabrán que además de la Adoración de la Cruz se habló mucho de la muerte.

Suena un poco dramático, pero es así. En algún momento, todos nos vamos a morir. Y, si algo sabemos a ciencia cierta es eso. Y, a pesar de tenerlo todos tan claro, no nos resulta fácil hablar de la muerte.

Enfrentarse con la muerte no es fácil, por eso ayer fue un día tan complicado, nos resulta embarazoso hablar de ella e intentamos utilizar palabras como “fallecer”, “dejar este mundo”, “irse” o “apagarse”, entre otras muchas para no tener que nombrarla. Como consecuencia de la dificultad de afrontar la muerte, hay personas que la ignoran y viven con la sensación, especialmente cuando eres joven, de que esto va a durar para siempre, de que tendremos tiempo para hacer muchas cosas en el futuro... pero no. Porque la muerte es inevitable y nos suele sorprender.

Si bien es comprensible que en este mundo casi ya postcristiano y desesperanzado no quiera hablar de la muerte, no debería de suceder lo mismo entre los católicos. Creo, no obstante, que los cristianos somos unos afortunados porque podemos mirar a la muerte de frente. ¿Por qué? Porque podemos mirarla con esperanza, con la certeza de que la muerte no es el final del camino sino la puerta hacia la vida eterna. Jesucristo nos precedió en la muerte, y volvió para decirnos que no tuviéramos miedo. El hecho de asumir con entereza que nos vamos a morir nos puede ayudar a vivir de una manera más auténtica e incluso más alegre, pues nos conecta con nuestra realidad de seres finitos.  

Puedo ahora nombrar algunas consecuencias positivas de acoger la muerte como parte de la vida. Una es que la muerte nos hace ser agradecidos: cuando somos conscientes de nuestra muerte, nos damos cuenta de que estar vivo es un verdadero milagro que no hemos hecho nada por merecer, y que cada instante de vida debe ser vivido como un regalo que tenemos que aprovechar, pues no sabemos cuándo terminará. Otra consecuencia positiva es que la muerte pone las cosas en su sitio: nos descoloca, sí, pero también recoloca. Nos hace darnos cuenta de qué es lo importante en nuestra vida y lo que de verdad merece la pena. Pone en su lugar la forma en cómo nos relacionamos, cómo usamos las cosas, el dinero, nuestra soledad, etc.

Y, podría añadir también de que la muerte nos ayuda a tomar decisiones y a comprometernos. Si antes de tomar una decisión nos imaginamos estar justo antes de morir y pensar qué decisión nos gustaría haber tomado. Esa decisión nos lleva irremediablemente a un compromiso de por vida, puesto que nos hace conscientes de que la vida pasa, y pasa rápido, y no queremos quedarnos a merced de sus caprichos, sino que decidimos poner toda nuestra vida en un proyecto que le dé sentido y nos implique totalmente.

En fin, no podemos esperar al último momento para pensar en la muerte, porque la preparación para bien morir es la vida misma.

viernes, 29 de marzo de 2024

¡Buenos días! ¿sería bueno no trabajar?

     “Si prometo ser fiel, debo ser maldecido si soy infiel, o no hay gracia ninguna en prometer nada”. (G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!  

La pregunta que dejé ayer en el aire presenta varias dificultades, la recuerdo: ¿por qué no podemos dejar que trabajen las máquinas aprovechando su trabajo para que nosotros vivamos mejor?

Veamos, hay que tener en cuenta que nuestro trabajo se encuentra penalizado con los impuestos y costes frente al trabajo de la maquinas. Pagamos seguridad social, impuesto del trabajo, sin olvidar los impuestos sobre la renta que pagan los trabajadores humanos y que no pagan las máquinas. Si, por ejemplo, estos impuestos se establecieran sobre los beneficios de la empresa y no sobre los sueldos, tendríamos recursos económicos para mantener un estado de bienestar, aunque trabajasen solo las maquinas. Pero esto no sucede así. En el sistema actual, las máquinas ocupan nuestro trabajo y no contribuyen con las prestaciones subsidiarias que ofrece el estado como el paro, pensiones, sanidad… que se alimentan del impuesto sobre la renta, los impuestos al trabajo y las cuotas a la Seguridad Social.

Si ahora nos pusiéramos a articular una reforma fiscal sobre ese escenario podríamos conseguir que las máquinas trabajasen para todos nosotros, siempre y cuando articulásemos el reparto de sus contribuciones entre los que se han quedado sin trabajo. Esto, ya supondréis que no es para nada fácil, pero sería posible. Ahora bien, esto nos deja otra pregunta: ¿sería eso algo bueno?

¿Qué problema nos deja el razonamiento anterior? Pues, principalmente, que hemos reducido el trabajo a una sola dimensión, la económica. Por lo cual lo deberíamos de denominar empleo más que trabajo. En realidad, el trabajo debería ser el esfuerzo que realizamos para poder transformar el mundo, pues se trata de una actividad necesaria para el hombre y para nuestro desarrollo como personas. Todos tenemos la necesidad de sentirnos útiles y de conseguir algún reconocimiento por eso.

Se debe de trabajar, aunque no generemos ningún beneficio económico o, aunque lo genere otro o una máquina y el subsidio que recibiríamos para vivir no llena ese hueco. Aunque se tenga dinero, una sociedad sin trabajo es una sociedad que tiene unas relaciones entre sus miembros muy débiles y un alto riesgo de deteriorarse. Debemos reflexionar sobre el concepto del trabajo y que entendemos por un trabajo realmente humano.  

En nuestra sociedad no se encuentra ese equilibrio. No tenemos bien nivelado el trabajo y el empleo. La virtud del trabajo se debe mantener alejada de sus extremos, debe huir de la pereza y de la obsesión por trabajar. La tecnología, hasta ahora, no siempre nos ha ayudado a mantener el sentido humano del trabajo: mejorar el mundo y ayudar a las personas, empezando por mejorar y ayudarnos a nosotros mismos. Tendremos que preguntarnos el porqué.

jueves, 28 de marzo de 2024

¡Buenos días! ¿Cuál es el objetivo de la tecnología?

     “Sin la doctrina de la caída original toda idea de progreso deja de tener significado”. (G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!  

Existe un tema bastante interesante que nos rodea y al que no solemos dar mucha importancia, se trata de la utilización de la tecnología. La tecnología que nos rodea se puede utilizar de varias maneras y es sugestivo averiguar cual es nuestra visión.

Así por encima, podría decir que el objetivo principal de la tecnología que estamos usando todos los días debería ser hacer el trabajo más llevadero y así potenciar nuestras capacidades humanas. Veamos, si pongo la inteligencia al servicio de mi trabajo, para empezar, me llevaría a hacer lo mismo con menos esfuerzo, y, además, si lo considerará necesario, hacer más trabajo con el mismo esfuerzo, o también una mezcla de los dos casos. Sin embargo, lo vemos cada día, no es esa la experiencia que tenemos de la tecnología.

Por desgracia, lo que estamos haciendo con la tecnología es desplazar la necesidad de trabajo, estamos eliminando puestos de trabajo de baja cualificación y potenciando otros de mayor nivel añadido. O sea, estamos identificando la tecnología como un medio o una herramienta para reducir costes laborales.

Voy a poner un ejemplo sencillo: un artesano que fabrica bastones de madera para caminar y los vende a distintas tiendas. Los fabrica con herramientas manuales y es capaz de producir 5 bastones al día durante sus ocho horas de trabajo. Si esta persona comienza a usar herramientas eléctricas, puede producir con facilidad el doble, o sea 10 bastones.

Ha pasado del trabajo manual al eléctrico y, tiene que tomar una decisión, si produce el doble de bastones o si, mantiene el nivel de producción o sea 5 bastones y trabaja la mitad del tiempo o sea 4 horas. Y, es aquí, en esta elección donde se va a ver el valor que este artesano le dé a su tiempo y al dinero. Decisión muy importante, aunque nos parezca lo contrario.

Pero la cosa se complicaría un poco más si nuestro artesano tuviera cuatro trabajadores, pues puede producir el doble con los mismos empleados trabajando todo el día, producir lo mismo con los mismos empleados trabajando la mitad de las horas o producir lo mismo con la mitad de los empleados trabajando todo el día.

Existe aún otra situación, que sería automatizar todo el trabajo. En este caso, sería una máquina la que fabricara los bastones, de forma más rápida y precisa que los trabajadores manuales, produciendo, supongamos, el doble de figuras que en la opción anterior.

Nuestro artesano tendría la posibilidad de despedir a todos los trabajadores y mantener una producción cuatro veces superior a la que tenía en el escenario de partida. En ese caso, la tecnología no se ha limitado a aliviar la carga de trabajo, sino que ha contribuido a excluir al trabajador de su medio de subsistencia. ¿Era ese el objetivo de la tecnología?

En fin, como siempre, tenemos que responder, y estoy seguro de que a continuación nos surgirá otra pregunta, si en realidad unas máquinas pueden hacer nuestro trabajo, ¿por qué no podemos dejar que trabajen ellas y nosotros vivir mejor?

Mañana intentaré continuar con una respuesta.

miércoles, 27 de marzo de 2024

¡Buenos días! Un tema cíclico.

     “Un político en la oposición es un experto en los medios que hay que poner para lograr algo, pero si está en el poder es un experto en los obstáculos que se lo impiden”.  G. K. Chesterton) 

¡¡¡Buenos días!!!  

Cada mañana me levanto con preguntas, no lo puedo evitar, preguntas que aparecen muchas veces como recuerdos de razonamientos no terminados del día anterior. Hoy una pregunta retórica: ¿Quién soy yo para determinar que unas vidas valen más que otras?

Si ahora empiezo a hablar de la vida de una persona podrá parecer que voy a meterme en un tema ideológico, pero en realidad se trataría de hablar de la dignidad de la persona. ¿Cómo voy a justificar una muerte o un derecho a vivir con la escusa de defender una supuesta libertad? Y es que en esta cuestión no entra en juego mi libertad, está en juego el valor de la vida, y, es más, de la vida de una persona en particular, en cada una de sus formas. No puedo menospreciar el valor de la vida con el pretexto de que es necesario para que nuestra sociedad progrese, no se puede llegar a la conclusión de que de esta manera se gana libertad. Y es que la libertad va unida al bien, es inseparable de él.

Si lo pensamos veremos que la probabilidad de que estemos vivos por lo pequeña que es, parece un milagro, y si lo consideramos bien veremos de qué se trata de nuestro bien más preciado y lamentablemente en estos días el desprecio hacia la vida se está convirtiendo en una tendencia.

Se trata de un tema que cíclicamente vuelve a mi cabeza, y vuelve una y otra vez porque quizás es uno de los puntos en los que no solo se confrontan las ideologías, sino que se trata de una de esas ocasiones donde se ven las propias y múltiples contradicciones de nuestro tiempo.

No habéis notado cómo muchas veces nos fijamos más entre lo que un juez o una mayoría decide o sea si es legal o ilegal y nos preocupamos de si se trata de algo bueno o malo en sí mismo. Lo que en realidad estamos haciendo es olvidarnos de hacernos preguntas más importantes, no nos interesa saber si la libertad puede estar a favor o en contra de la vida. No nos interesa responder a ¿qué vale más: la vida de un no nacido o la posibilidad de decisión de una madre? No somos capaces de ver una incompatibilidad en llevarnos las manos a la cabeza por el desprecio a la vida que estamos viendo cada día en las guerras y olvidarnos por completo de las futuras personas que pueden vivir en nuestra sociedad.

Sin darnos cuenta, poco a poco hemos convertido a las personas en un cuerpo que no tiene dignidad y polémica tras polémica y ley tras ley no hemos olvidado de que somos personas con cuerpo y alma, y que la vida no puede basarse sobre dimensiones únicas como la libertad o el placer, por muy importante y necesarias que puedan ser.

En fin, nos encontramos delante de un sistema que es capaz de poner fin a vidas humanas escondiéndose detrás de valores como el derecho, la ley o la libertad.

martes, 26 de marzo de 2024

¡Buenos días! Al menos dos cosas: tiempo y silencio

     “Un radical es un hombre que piensa que puede arrancar la raíz sin que eso afecte a la flor”.  G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!  

En nuestra vida y con la historia de la humanidad existen numerosas preguntas referentes a muchos hechos que muchos de nosotros ni nos planteamos contestar, tal vez porque los consideremos como un capricho de la naturaleza y sea cual sea la explicación de estos, nos puede resultar irrelevante y nos conformamos solo con la constatación del dato.  

Sin embargo, siempre existe alguien que se planteará ir más allá del hecho y buscará una explicación racional de los mismos. La aventura de pensar lleva acompañando a las personas miles de años y ha merecido la pena: el desarrollo científico y tecnológico, el bienestar social, la democracia, los derechos humanos, y un largo etcétera como bien sabemos y disfrutamos.

Nos suele ocurrir a las personas que cuando tenemos los estómagos demasiado llenos nos cuesta pensar. Algo parecido está ocurriendo en nuestra sociedad pues vemos como se tira mucha comida y las modas nos obligan a cambiar cada temporada…

Resulta, al menos curioso, que en una sociedad que gracias a Dios ha conseguido tener acceso gratuito y obligatorio a la escolarización, que ofrece casi de forma gratuita todo tipo de información, este produciendo a la vez aburrimiento, hastío, objetores y fracaso escolares en cifras inasumibles, así como un cierto pasotismo intelectual y una banalización de la información.

Algo está contagiando nuestras mentes que nos produce una desgana intelectual, a pesar de que disfrutamos del acceso universal y gratuito a todo tipo de conocimientos gracias a internet, nos hemos vuelto anoréxicos intelectuales: no queremos pensar, incluso nos atrevemos a decir que no es necesario y, además, nos encontramos a gusto asimilando la opinión mayoritaria que puede ser producto de las redes sociales y, quién sabe, si de ciertos poderes fácticos y ocultos.

Podría afirmar que estamos saturados de información, tenemos tanta información que por la forma de recibirla y acceder a ella nos impide que la podamos estudiar con un poco de detenimiento. Es como si ya no nos interesase lo que en realidad está sucediendo sino lo que nos importa es la representación de esa realidad, elegimos ver el mundo a través de la pantalla, mientras lo que sucede a mi lado, en mi calle, se ignora.  

No tenemos tiempo ni gusto para contemplar el amanecer, ni la puesta de sol. Hoy nos gusta ver y mostrar la puesta de sol captada en la pantalla, aunque para conseguirla nos perdiésemos el instante real de esos momentos mágicos.

Vivimos en la sociedad de la información, de la opinión mayoritaria, a veces despótica, que no acepta matices. No importa la reflexión, se huye del silencio, se detesta la verdad.

Ya no estamos en la sociedad del conocimiento, ya no sabemos qué es el hombre, ni el bien, ni la verdad, ni la belleza. Se nos dirige y se nos aconseja que no nos atrevamos a pensar, tenemos que dejar otros piensen por nosotros y apoyar la respuesta mayoritaria. “Nosotros pensamos por ti: tu descansa”, parece ser el eslogan de moda.

Es necesario hacer algo contra tanta anestesia. Hay que rescatar la admiración y buscar razones profundas que nos permitan, además del conocimiento, la sabiduría de saber quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.

Pensar no es un antojo ni algo irrelevante sino algo que sólo el ser humano puede y debe hacer para vivir como tal. Pero pensar requiere al menos dos cosas: tiempo y silencio.

lunes, 25 de marzo de 2024

20 de marzo de 2024. Peniche - Ericeira.

     20 de marzo de 2024.

“Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton) 



Peniche - Ericeira.

Distancia: 58,82 km. Media: 12,41 km/m. Altura: 702 m.

Seguimos un día más admirando la costa portuguesa, es verdad que durante las duras subidas nos cuesta mirar todo lo que nos rodea y sin embargo somos capaces de percibir la belleza.

Un día de cicloturismo es como un mosaico de situaciones diversas, que implican que demos contestación a todas las que podamos. Hay que estar atentos a lo que nos rodea, para saber valorar de forma clara, cada situación, pero para ello hay que tener una correcta idea de lo que buscamos. La admiración, sería la respuesta de sorpresa delante de todo aquello que nos parece magnífico o extraordinario.

Es fácil que en la admiración se encuentre con mayor claridad, como va nuestra forma de ver no solo un vieje en bicicleta sino también nuestra vida. Porque con frecuencia admiramos lo que no es admirable... admiramos personas que no merecen tal admiración, paisajes que son el resultado de desastres ambientales, monumentos y arquitectura que se han hecho sin respetar el derecho de las personas, etc. Una buena forma de ver nuestra vida nos debería de llevar a valorar aquello que realmente tiene valor. Este sentimiento es necesario para el desarrollo humano de una sociedad.

Cuando nos detenemos delante de una gran mansión o de alguna finca de algún personaje famoso, resulta interesante hacerse la pregunta: ¿Qué estamos admirando? ¿Nos deslumbra tanta riqueza? ¿Estamos valorando lo que realmente tiene valor?  

En fin, seremos adultos e inteligentes cuando sepamos rechazar lo rechazable y admirar lo verdaderamente admirable.

miércoles, 20 de marzo de 2024

Sobreiro – Peniche. (19 de marzo de 2024)

 19 de marzo de 2024.

“Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton)



Sobreiro – Peniche.

Distancia: 69,12 km. Media: 11,98 km/m. Altura: 788 m.

Segundo día de ciclo-viaje, y aunque las piernas deberían ir mejor, no ha sido así, las agujetas de la media maratón de Lisboa del domingo y las fuertes subidas de Sintra de ayer han sido las causantes de que estuviera mejor pedaleando que caminando, lo que unido a lo duro del recorrido de hoy, me hace decir que hoy ha sido un día difícil pero con un paisaje esplendido.

Por lo tanto de magnífico podría clasificar este día, un día con una excelencia singular que reúne muchas de las mejores cualidades del ciclo-viaje: lugares espectaculares que admirar y una meteorología aceptable.

Los que andamos metidos en este mundo de los viajes en bicicleta, nos damos cuenta de que, de cuando en cuando, nos invade la necesidad de sorprender a lo grande, a lo espectacular, y así mantener despierto el «deseo de más». No es de extrañar: esto es el claro reflejo de lo que hoy vivimos. En cuanto llevamos muchos años viajando en bicicleta, llega un momento en que nos asalta el tedio. Entonces sentimos que hay que buscar otra sensación que nos devuelva la ilusión. Pasa igual con las relaciones, con los compromisos… Es la era del «saltar de acá para allá»: de post en post en las redes, de canal en canal en la tele… Nos enganchamos a lo sorprendente, lo nuevo, lo variado, lo que nos cambie el rumbo de golpe.

Todos los años, próximos al verano, nos devanamos los sesos para ver a dónde vamos a llevar nuestra bicicleta para vivir una experiencia que no olvidaremos jamás, que nos remueva todo como nunca, que nos despeine el alma, nos descoloque…Nos convertimos de alguna manera en locutores entonando el «¡más difícil todavía!».

Por una parte, es normal que actuemos así. No podemos venir con el mismo viaje de siempre creyendo que lo que funcionó va a seguir funcionando tal cual. Hay que innovar, actualizar, revisar.

Pero otra parte de mí piensa que, de esta forma, nos olvidamos de recordar que también en lo pequeño y repetitivo de cada día reside la belleza de la vida. Es fundamental empezar a ver lo esplendido de un viaje en lo rutinario. Opino que gran parte de nuestra misión como personas está también en llenar nuestra rutina diaria con las sensaciones de un viaje en bicicleta.

domingo, 10 de marzo de 2024

¡Buenos días! Pasión y coraje.

     “Lo ideal sería que el poeta pusiera su mensaje más y más en el lenguaje de la gente y que la gente disfrutase más y más del mensaje del poeta”.  G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!! 

Que yo ahora, en esta mañana de domingo me ponga a dibujar una silueta del hombre, puede ser poco interesante y aleccionador, pues marcar la línea de lo que es el hombre hoy en día va a servir de muy poco pues el hombre es muy complejo y lo que realmente sería interesante es el relleno de esa silueta. En cuanto más grande fuera esa silueta más grande iba a ser el relleno y muchas más palabras para llenarla.

Todos lo sabemos, tenemos una sobrada experiencia de lo complejos que somos, somos conscientes de estamos llamados a la vida y esta, sin lugar a duda, se encuentra llena de matices. Unos buenos párrafos, ahora, escritos sobre el hombre, incluso siendo buenos, no dejarían de ser una simple aproximación, podría conseguir expresar un rasgo característico de algún hombre, pero eso no lo define.

Las personas somos cuerpo y alma; voluntad e inteligencia; pasión y sentimiento; acción y pensamiento. Las cosas nos afectan lo que nos muestra que somos sensibles. No somos insensibles y tampoco lo deseamos: no somos estatuas inertes, muertas y sin vida.   

Muy bien, lo anterior nos podría servir para aproximarnos al hombre, y sin embargo nos muestra de lo que el hombre actual parece que está huyendo. Estamos huyendo de los sentimientos como la pasión y el coraje. Buscamos no ser la nota discordante, no buscar en nuestros sentimientos sino conformarnos con el pensamiento único y con lo políticamente correcto. Un ejemplo ya muy manido lo podemos encontrar en “haz el amor y no la guerra”, que está muy bien, claro que sí; lo mismo que ser pacifista, pero no dejan de ser frases que solo resaltan una buena acción, son una silueta, pero no dejan ver todo el relleno que hay dentro ya que dejan fuera la compleja realidad.

Controlar completamente todas nuestras emociones estoy seguro de que está muy bien y puede que sea una gran meta para un monje budista, pero no para una madre que ve cómo se va destruyendo su hijo, como lo ve desmoronarse en un mundo que no entiende. La pasión, el coraje, la ira tiene su papel para la supervivencia.

Pongamos ahora el ejemplo de la ira; por un lado, puede resultar positiva al reaccionar ante la injusticia, el mal, la opresión. Por otro, tiene el gran peligro de la ofuscación, de una reacción descontrolada, de la pérdida del control.

Si ahora analizo el coraje puedo ver que se podría tratar de una clase positiva de ira, pues es una emoción positiva que aparece cuando nos encontramos ante una situación difícil. Nos da fuerza para seguir adelante. El coraje nos ayuda a actuar con valentía y tomar buenas decisiones, reaccionado ante la injusticia y nos pone en acción, o sea nos activa poniéndonos en movimiento. En nuestras venas no corre horchata, corre sangre y aunque seamos o pretendamos ser buenas personas, reaccionamos.

Se tiene que reaccionar ante las cosas mal hechas, ante las injusticias no deberíamos de poner cara de circunstancias ya que pensar que todo vale y todo es lo mismo que caer en la “dictadura del relativismo”.

sábado, 9 de marzo de 2024

¡Buenos días! Igualdad.

     “El verdadero poeta es el hombre que dice lo que los demás hombres no pueden decir, pero no lo que los demás hombres no pueden creer”.  G. K. Chesterton) 

¡¡¡Buenos días!!!

Yo, como todos, hemos estado estos días escuchando con más asiduidad de lo normal la palabra igualdad, hemos oído como casi todos dicen luchar por la igualdad. Se repite este vocablo como si se tratara de una virtud superior. Se ha constituido en, algo así como, un monumento a la verdad inmaculada.

Ahora tengo que añadir algún “pero” a esa igualdad de la que tanto hablan y, es que si lo pensamos un poco se trata de la característica que menos representa a la especie humana. Los individuos no somos iguales en casi nada. Si algo nos distingue, son nuestras diferencias, aquello que nos hace naturalmente distintos. Pensad un poco y veréis que no nos parecemos ni físicamente, ni en nuestra personalidad, mucho menos en las personales vivencias que nos tocan en suerte. Todo, absolutamente todo, nos hace seres infinitamente distintos, y esa desigualdad, resulta de sí que es una cualidad, una característica única e irrepetible.

Han sido nuestras diferencias, las que nos hicieron progresar y sobrevivir como especie. Es justamente eso lo que nos ha permitido evolucionar. No es la igualdad, sino justamente su opuesto, la desigualdad, lo que mejor describe nuestros talentos y mayores virtudes. También es ella la que identifica claramente nuestros peores defectos, y nos posibilita la ocasión de ocuparnos de ellos.

No somos iguales, y creo que no deberíamos querer serlo. Sin embargo, una corriente cada vez mayor nos dice lo políticamente correcto, nos dice pretender igualar y ajustar lo que nos presenta como desvíos. Resulta deseable que todos nos rijamos por las mismas reglas. Se puede pretender cierta igualdad ante la ley, frente a los objetivos criterios que rigen la convivencia humana, pero solo eso, solo esa cuestión de rutina, que es casi una cuestión de sentido común.

En todo lo demás creo que tendremos que entender que las diferencias deben ser bienvenidas. Por eso, resulta difícil entender como esa palabra, igualdad, ha pasado a ocupar un lugar de privilegio en los discursos, y como su implementación efectiva ha significado despojarnos de nuestra propia singularidad. La sociedad parece aclamar la destrucción de todas las diferencias. Supone que se puede igualar a una comunidad, por medio de leyes, decretos y normas. Esto parece haber venido para quedarse. Se trata de prácticas que celebran políticos y votantes al unísono. Parece que una parte se la humanidad está dispuesta a aceptar que nos igualen por abajo.

Ninguna ley funcionará como los políticos y muchos ciudadanos suponen. Las normas podrán quitar a unos para regalar a otros, pero no crearán talento allí donde este está ausente o simplemente dormido. Tampoco generarán creatividad, en ese espacio en el que ellos mismos se ocuparon de apagar la voluntad. Esos atributos, la creatividad, el talento, la perseverancia, el esfuerzo, la capacidad, el esmero no son solo cuestiones innatas, la mayoría de ellas se desarrollan y se alcanzan solo cuando se atraviesan momentos difíciles, verdaderas crisis, situaciones que requieren de retos frente a los problemas que nos propone siempre el presente.

Si eliminamos las diferencias, si seguimos venerando la homogeneidad, estaremos condenándonos a pedirle a los que se destacan, a que ya no lo hagan y a los peores, a despreocuparse por la ausencia de habilidades, pues algún político, apoyado por la inmensa mayoría de ciudadanos, pondrá las cosas en su lugar.

Parece claro que la humanidad ha aceptado esta falsa ilusión de que la igualdad es un objetivo en sí mismo. La fantasía de la igualdad parece estar apoderándose de nosotros sin resistencia alguna y con una implícita aprobación ciudadana que explica el discurso de los políticos, que es solo una herramienta para conseguir votos y no su verdadera causa.