sábado, 15 de febrero de 2025

Buenos días. 15/02/25.

 Buenos días.

 Desde Roda de Bera, donde me da la impresión de que hace más frío, no lo puedo comprobar numéricamente pero creo que es así.


    Hoy es pura sensación pues no puedo tener una confirmación plena, no tengo ningún termómetro en el que poder confirmarlo y esto me confunde. Estoy tan acostumbrado a seguir y a fiarme del termómetro que he perdido la confianza en mis sensaciones.

    Me he escondido tanto en lo que me dice y en comunicaros fielmente lo que me indicaba que me he olvidado de hacer mis propias valoraciones, y eso poco a poco se va transformando en una falta de confianza en mis propias sensaciones.

    En la vida cotidiana me puede pasar lo mismo, supongo tantas cosas, doy por sentado tantas situaciones que ya no me molesto en comprobarlas, en verificarlas y eso me hace ir a ciegas sin darme cuenta.

    Pensad ahora que estáis caminando con los ojos vendados, por un lugar donde, sabéis que el piso no es seguro. Qué miedo, ir caminando así, intentando tantear a cada paso, queriendo adivinar que habrá debajo de nuestro pie en la próxima pisada. Entonces, cada paso en el que no caes se acaba convirtiendo en una victoria, pero el preludio del siguiente paso es un nuevo momento de angustia.

    Ahora imaginad que, sin saberlo, porque sigues caminando a ciegas, llegas a un terreno firme donde ya no hay obstáculos. Pero vosotros no lo sabéis. Y en vuestra ceguera, seguís caminando con miedo de que el siguiente paso os haga caer. Y no sabéis que, si nos quitamos la venda de los ojos, nos daríamos cuenta de que el camino difícil ya ha quedado atrás, y que además en realidad es fácil detectar los problemas y encontrar las soluciones cuando te fías de tu experiencia y vas aprendiendo del camino previo –que es nuestra historia–.

    Algo así ocurre con mis inseguridades. Es un terreno donde quizás alguna vez me he visto vulnerable. Quizás en alguna ocasión he pisado mal y he caído. Y en algún momento empecé a sentir que, lo ocurrido antes, podía volver a ocurrir. Fui perdiendo la confianza: en mi, en el mundo, y en aquellos que quizás podrían servirme de guía y de apoyo.

    No queda más remedio que quitarse la venda y mirarme en el espejo cada mañana no solo para darle consejos a ese yo de hace veinte años que me imagino ver muchas veces sino también concentrarme en esa mirada que me muestra mi verdad más profunda, la que me permite comprender mi historia, mi vida, lo único que soy, mi lugar en el mundo, en fin, ver también este presente que ya es pasado.


lunes, 10 de febrero de 2025

Mi sistema.

     “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton) 

Cada ciclo viajero tiene una manera de organizar sus etapas y de preparar sus itinerarios, son costumbres que vamos adquiriendo y que nos cuesta abandonar por más que nos expliquen nuevas formas.

Mi sistema, creo que yo lo habré explicado alguna vez, es simple. Busco un camping que se encuentre a unos 50 kilómetros de donde he dormido y coloco la ubicación en Bikemap, elijo que tipo de recorrido prefiero y lo sigo.

Por ejemplo, siempre utilizo la opción solo asfalto porque, aunque en cualquier opción me evita todas las carreteras transitadas, en esta me evita los posibles senderos y caminos de piedras, aunque cuando le añado por carriles bici puedo encontrarme con algunos tramos de tierra. Lo que tengo claro es que la distancia nunca será la más corta, pues esa manía que tiene esta aplicación de huir del tráfico me hace dar muchos rodeos. Pero si veo que la distancia total no se excede mucho suelo seguir el itinerario que me muestra. Normalmente le añado algunos puntos de paso en los que existe algo interesante que ver, algún supermercado o algún lugar por el que necesite pasar.   

Como veis no utilizo ya los mapas de papel, la última vez que los use fue cuando subí a Nordkapp, no me fiaba de tener siempre datos para internet, y tengo que decir que los mapas completos de Noruega, Suecia, norte de Finlandia, Alemania y Francia pesaban lo suyo, por lo que se quedaron repartidos por media Europa. País que terminaba de pasar, mapa que se quedaba en el próximo camping.

https://www.instagram.com/vicent1956/?hl=esv

miércoles, 5 de febrero de 2025

Los primeros cambios.

     “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton)

He cambiado la configuración del porta-alforjas trasero en lo referente al banderín para aprovechar mejor el material. Y, es que una de las necesidades para viajar en bicicleta al estilo clásico es que todo debe servir para varias cosas.

La asta del banderín en este viaje va a servir como palo para el toldo y este a su vez como cubre bicicleta, he añadido utilidades rebajando peso que también es una necesidad.

La bolsa para la bicicleta la he sustituido por un toldo para que me pueda servir en caso de necesidad como techo en el que estar cocinando, escribiendo o pasando las horas leyendo si hace mucho sol o, todo lo contrario. Ya veremos como va la experiencia, si es que la llego a utilizar. En mi caso cuando pienso en viajar en bicicleta siempre pienso en el buen tiempo, nunca me planteo viajar en invierno, una de las ventajas de ser mediterráneo o no, pues no me apetece sufrir el mal tiempo encima de una bicicleta.


 Siempre estoy modificando con la esperanza de que el viaje sea mejor, el hornillo también lo voy a cambiar para que me sirva en el caso de que no encuentre los recambios del gas con la misma rosca, y es que si no tiene tubo para el gas en muchas bombonas de gas resulta muy inestable al tener que añadirle el acoplador.

En fin, de momento estos son los dos únicos cambios para el viaje a Roma además de ese año que tengo que sumar a los que ya tengo. Pero eso ya viene sucediendo hace tiempo.

https://www.instagram.com/vicent1956/?hl=esv 

jueves, 23 de enero de 2025

Pedaleando hacia Roma.

     “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton) 

No se trata de la primera vez que me embarco en una peregrinación, lo he hecho una vez a Santiago de Compostela y otra a Guadalupe. Esta será pues mi tercera peregrinación y una ocasión más para obtener la indulgencia plenaria. Por lo tanto, el objetivo es poder atravesar la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro en Roma, principalmente, aunque también serviría al menos a una de las otras tres Basílicas Papales Mayores: Santísimo Salvador en Letrán, Santa María la Mayor o San Pablo Extramuros.

Desde el punto de vista simbólico, la Puerta Santa adquiere un significado particular por el lugar en el que se encuentra y todo lo que conlleva encontrarse en el Vaticano.

En un viaje y si cabe aún más en una peregrinación nos llevamos con nosotros esa búsqueda de la felicidad que, a fin de cuentas, es el máximo deseo de nuestra vida. Por eso se dice tantas veces de que se trata de un viaje hacia lo que tenemos dentro, un viaje hacia nuestro interior en busca de esa ansiada felicidad. El lugar al que vayamos o en el que nos encontremos por el motivo que sea no importa mucho, lo realmente importante es que viajamos en busca de ser felices.

De ahí la importancia de transmitir a los demás lo que vivimos y lo que contemplamos en esa búsqueda. ¿A qué me refiero? Pues a comunicar la riqueza de los viajes que realizamos.

No sé si los demás ciclo-viajeros hacen lo mismo, pero a mi me gusta preparar los viajes con bastante antelación, no solo la logística sino también leer la historia de los lugares por donde voy a pasar, nutrirme durante meses y, luego, ¡a pedalear!

Todo con gran naturalidad, sin forzar nada.

https://www.instagram.com/vicent1956/?hl=esv

martes, 21 de enero de 2025

Nos ponemos en marcha.

     “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton)

Mientras voy cambiando la configuración del porta alforjas para llevar el banderín de una forma más visible, ya tengo todo el recorrido hasta Roma organizado y las etapas programadas con los campings en los que voy a dormir. En total, si todo sale bien, van a ser entre ida y vuelta con salida y llegada a Pego un total de 49 días, tengo que añadir que en la vuelta tengo pensado viajar desde Civitavecchia a Barcelona en barco.

La pasión por los viajes en bicicleta ya pide que me ponga en marcha y que supere algunos límites. Cuando viajo en bicicleta, de hecho, no cambio solo de lugar, sino que se produce una transformación. Por eso, hay que prepararse, planificar e intentar tener la máxima información posible sobre a donde vamos y como vamos.

El ciclo-viaje se caracteriza en que comienza meses antes del propio viaje, la primera pedalada se da en el momento en que se toma la decisión de hacerlo. El ciclo viajero siempre está en marcha se podría decir, cuando no pedalea, planea.

Un viaje se construye poco a poco, sucesivamente, paso a paso: siempre hay caminos por elegir, lugares por descubrir, situaciones que abordar y nuevos contenidos que nos van a enriquecer. Disfrutar de todo lo que nos vaya sucediendo, contemplar todo lo que nos vaya rodeando también forma parte de todo viaje, es el viaje.  

Se trata de una conversión, de un cambio de nuestra existencia cotidiana orientada hacia la búsqueda de una vida mejor, de mejorar como personas, siempre se trata de irse para volver mejores.

 https://www.instagram.com/vicent1956/?hl=esv

viernes, 17 de enero de 2025

Aceptar mis limites.

     “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas”. (G. K. Chesterton) 

Cuando comience el viaje a Roma me encontraré a unos días de cumplir los 69 años y eso plantea algunas preguntas: ¿Cuántas veces habré pensado que no tenía límites? ¿Cuántas veces creí que podía conseguirlo todo? O ser más, sin saber muy bien qué. Lo estoy viendo en mis viajes, me siento cómodo y voy estirando mis posibilidades. No es algo malo porque estoy hecho para desear, a dar lo mejor, a intentarlo y no ser conformista, ya que es mejor ser un fracasado que un mediocre, porque me gusta soñar e imaginar horizontes amplios.

Sin embargo, por mucho que me esfuerce llegare a la frontera de mi vida. Me encontraré con recorridos en los cuales no podré ya seguir pedaleando o mi físico no dará para realizar tantos kilómetros. No tengo ya las capacidades suficientes para alcanzar todas las posibilidades que me gustaría y la actitud siempre supera a la aptitud y eso empieza a preocuparme. Hay momentos donde veo que mi salud ya no llega tanto como antes. Pero no son solo los límites de mi cuerpo ni de mi cabeza lo que me preocupa pues a veces las relaciones personales no son ya como quisiera, y duele, porque por mucho que lo intento me doy cuenta de que la cosa ya no puede mejorar mucho más.

Llegado a este punto, donde ya adivino mis fronteras tengo dos opciones. Una es la de no querer aceptarlo, negar que tengo un fin y empezar a pelearme con todos los obstáculos con la excusa de la perseverancia, y no avanzar mucho más. Para terminar frustrado y con la sensación de haber perdido el tiempo.

Me queda la otra alternativa, la de aceptar mis limites, a pesar de que a veces es complicado y tal vez injusto. Sin embargo, la realidad es cruda, aunque pueda mejorarla, es implacable. No estoy diciendo que tenga que conformarme, sino, aceptar. Esto lo tengo que tener claro, aceptar que los años pasan, pero no conformarme con ello. La respuesta se encuentra en querer nuestra imperfección y comprenderla. Desde este aceptar voy a comprender que todos tenemos unas aptitudes y unas ilusiones que son un regalo que hemos recibido y no una deuda que nos queramos cobrar.

Voy a continuar montando el viaje a Roma, aunque en realidad sea una peregrinación.

https://www.instagram.com/vicent1956/?hl=esv

miércoles, 8 de enero de 2025

Roma, Jubileo 2025

     “Amar significa amar lo que no es amable; o no es una virtud de verdad” (G. K. Chesterton) 

Una de nuestras aficiones es la de querer saber nuestro futuro, somos así, hemos sido engendrados con esa curiosidad, es más nos gusta saber cuál será nuestro futuro incluso cuando ya no podamos estar en el. A las personas el hecho de conocer el futuro nos da seguridad.

En estos días de principio de año muchos de nosotros necesitamos tener un esbozo de nuestras previsiones, saber dónde tenemos que ir, como vamos y cuando nos vamos a poner en marcha. Pues bien, ya tengo ese esbozo y como todo esbozo es un plan para seguir que nos puede salir bien o no.

Se dice que todos los caminos conducen a Roma, vamos a ver cuanta verdad hay en esa afirmación, vamos a peregrinar a Roma con motivo del Jubileo 2025.

Cuando visualizo un deseo espero que sea bueno y, por eso, en ocasiones me aferro a un optimismo blando. A ese optimismo blando que me dice que todo va a salir bien y que voy a llegar a Roma. Pero sé que muchas veces las cosas no van a mejor, no todos mis objetivos consigo alcanzarlos. Hay, sin embargo, una clase de optimismo más tonto que se me aparece muchas veces, me refiero al optimismo que se basa en mi voluntad. Me quiero convencer de que a pesar de que algo me salga mal soy capaz de sacar conclusiones que me garantizaran que al final lo voy a conseguir. Convierto mis emociones en gasolina para hacer que alcance mis objetivos. Quiero alcanzar ese futuro que anhelo, pero lo estoy haciendo sin presente. Me digo continuamente que hay que asumir un gran sacrifico en el presente para alcanzar un paraíso que se convierte, a menudo, en un infierno.

Y me coloco en una situación rara. No puedo dejar de pensar que el futuro va a ser bueno y sé que solo con mi voluntad no lo puedo conseguir. Todo lo que tengo a mi alcance no me da la plena esperanza en que lo vaya a conseguir. Porque al final de lo que estamos hablando es de la esperanza. Es el presente lo que me da la seguridad de que todo lo que sé, de todo lo que he vivido y he sido no va a perderse como un sueño. Necesito un presente fuerte con el que poder afrontar el futuro. Y es que la esperanza no es el convencimiento de que algo va a salir bien, sino la seguridad de que algo tiene sentido salga como salga.

En fin, conozco el sentido de mi futuro viaje a Roma y tengo la esperanza de que salga como salga va a ser para bien.

https://www.instagram.com/vicent1956/?hl=esv

miércoles, 1 de enero de 2025

Deseos nuevos.

     “En el momento en que nos ponemos de acuerdo para hacer algo es cuando empezamos a estar en desacuerdo” (G. K. Chesterton)

Hace unas pocas horas que nos encontramos en 2025 y muchos de nosotros habremos hecho un recuento de todo el año pasado y habremos pensado lo que nos gustaría que sucediera en este 2025.

Estoy seguro de que al mirar este año nuevo hemos pensado en nuestros deseos y los hemos expresado en voz alta o los hemos escrito y al hacerlo nos hemos dado cuenta de que nadie nos los ha cuestionado.

Hemos llegado a la conclusión de que los deseos de las personas, sobre todo si son de los llamados “profundos”, son convenientes y buenos. Podemos desear cualquier cosa que no encontraremos a nadie que ose rechistar.

Sin duda hay que reconocer y conectar con nuestros deseos y más aun con los más profundos. Hay que llegar al fondo, allí donde esta ubicada nuestra verdad más sincera. Sin embargo, la mayoría de las veces se nos olvida  que esos deseos por profundos que sean nos los tenemos que poner en cuestión, los tenemos que discernir. Nos tenemos que preguntar si son deseos o meros caprichos. O lo que pensamos que es un pensamiento profundo al final nos resulta bastante superficial.

Nuestros deseos pueden llegar a ser esa rendija que nos pasa desapercibida por donde se nos cuelan muchas tentaciones, muchas autocomplacencias y muchas falsas liberaciones.  Sospechemos de los deseos, por profundos que sean, cuando notemos que no se dejan poner en cuestión, cuando no nos permitan confrontarlos, cuando se saturen una y otra vez y nos lleven a olvidarnos continuamente de lo maravilloso que es el mundo.

Eso sí, hazles caso si te muestran nuevos horizontes, si te llevan a lo infinito, si te acercan a los demás y a quererlos. Pero a quererlos de verdad. Con ese amor más profundo que a veces nos cuesta encontrar, no a un capricho superficial.

lunes, 16 de diciembre de 2024

Recordar es necesario.

     “Dios sabe que no aspiro a ser santo, pero hasta un canalla tiene a veces que combatir en el mundo a la manera de un santo” (G. K. Chesterton) 

He preparado la Peugeot, en realidad siempre esta preparada para salir a rodar, lo que sucede que cuando la utilizaba para viajar con las alforjas le quite el plato grande pues cargada no lo podía utilizar, no tengo fuerzas. Ahora sin las alforjas ya era hora que volviera a su estado original.

Voy a guardarme la Specialized para los viajes y alguna salida esporádica para no perder el habito de utilizar el cambio en las manetas. Cuando estaba volviéndola a su estado original inevitablemente he vuelto a echar la mirada hacia atrás para recordar lo que hemos hecho juntos. Por miedo a perderlo he pasado algunos momentos rellenando esas pequeñas lagunas que solemos tener en nuestra memoria.

Recordar es necesario. Así que vaya por delante que es bonito viajar al pasado, evocar y visitar lugares, momentos y edades. Sin embargo, hay un peligro, que es el de engancharse a algunos episodios de ese pasado. En ocasiones la memoria nos quiere encerrar en unos recuerdos y vuelve sin cesar a aquella situación que nos marcó y querríamos revivir, pero sabemos que no va a ser posible. Ya no voy a viajar más con las alforjas en mi Peugeot. La memoria se convierte en un laberinto cuando la nostalgia, lejos de ser una mirada agradecida y evocadora, se convierte en cadena que no nos permite pasar página.

Quizás lo más duro, pero lo más necesario, sea aceptar. Aceptar que el pasado no se puede cambiar, pero tampoco se puede apresar. No es que lo hayamos perdido, forma parte de nuestro equipaje. Pero debemos saber ponerlo en su sitio. También es fundamental saber agradecer lo bonito, o reconocer lo que hay de derrota y equivocación, y tanto éxitos como fracasos, aciertos como errores, saber convertirlos en escuela. Pero lo que nunca debemos hacer es dejar de mirar adelante. No se trata de olvidar (seríamos unos necios si eligiésemos ese camino), pero sí de negarnos a quedar encerrados en los recuerdos. Porque la vida sigue. Siguen los anhelos, proyectos, nombres, e historias. Siguen los caminos y la vida, más allá de los laberintos de dentro.

https://www.instagram.com/vicent1956/?hl=esv

martes, 10 de diciembre de 2024

¡Buenos días! Ya pensamos en el próximo viaje.

         “En pocas palabras, la caridad significa una de estas dos cosas: o perdonar lo que es imperdonable o amar lo que no es amable” (G. K. Chesterton)

Pensar en los viajes que aspiramos realizar no debería de ser complicado, porque todos hemos viajado y más o menos sabemos de qué va el asunto. Pero pensar no es lo mismo que saber. Cada año nos surgen las mismas preguntas y como ya conocemos las respuestas ya no nos preocupan. 

Da la impresión de que nos lanzamos a viajar con la idea de que hay que aprovechar el momento, que hay lugares por descubrir y que tenemos que conquistar, pero sabemos que nos darán las mismas sensaciones y satisfacciones que nos dieron los que visitamos el año pasado, y nos damos cuenta porque nuestra experiencia nos lo recuerda de que el lugar importa poco, es nuestra disposición a sentirlas las que nos hará que disfrutemos más o menos.  

Volvemos a viajar para encontrar lo que ya sentimos en el viaje anterior con la esperanza de que esta vez consigamos que se mantenga más en el tiempo. Esa alegría, esa felicidad que sentimos al recordar los viajes anteriores queremos trasladarla al presente, no nos basta con sentirla en nuestro interior cada vez que la sentimos al recordarla, necesitamos hacerla presente, aunque sepamos que volverá a nuestros recuerdos en cuanto volvamos a casa.  

Todo lo anterior es cierto en parte, sin embargo, no está completo. En realidad, no tenemos un título que acredite la propiedad sobre esa posesión en que hemos convertido nuestra alegría y satisfacción ante cada viaje. De hecho, durante todos nuestros viajes solo las manejamos y las sentimos unos pocos días. Ni cuando preparamos y organizamos, ni muchas veces cuando ya hemos llegado a ese ansiado lugar podemos hacer uso de esa presunta propiedad a voluntad. No decidimos por ejemplo el día ni el momento en que nos vamos a alegrar y a ser felices. Al final, resulta ser un misterio para nosotros su control y lo vamos manejando poco a poco mientras viajamos y nuestra experiencia nos va indicando.

La alegría que sentimos al viajar por lo tanto no es nuestra, nos es dada, es un préstamo, una realidad que comprobamos en cada instante y que no trasciende a sí misma, no se da a sí misma significado. No es una “cosa”.

La cuestión es que mientras estoy preparando el próximo viaje para la primavera ya siento esa alegría y esa felicidad, ahora bien si consigo que se haga presente entonces todo habrá salido perfectamente.

https://www.instagram.com/vicent1956/?hl=esv