lunes, 16 de octubre de 2023

¡¡¡Vamos a por el lunes!!!

 “Un clásico es un autor al que se cita en vez de leerlo”. (G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!

Me sorprendió ayer por la tarde una expresión, que me costó entender su significado, la “cultura de la muerte”, y es que, si llamamos cultura a todo un conjunto de modos de vida y costumbres que se dan en una época o en una sociedad y, oigo decir que estamos rodeados por una “cultura de la muerte” de entrada me preocupo.  

¿Existen motivos para que me preocupe? ¿existe una visión social que considera la muerte de las personas con cierto favor? ¿tenemos una serie de actitudes, comportamientos, instituciones y leyes que favorecen y provocan que se puedan suprimir algunas vidas humanas? Interesantes preguntas que nos pueden llevar a respuestas sorprendentes.

De entrada, me sorprende el que me pueda encontrar con personas que defienden una “cultura de la muerte”, entendida según la acabo de definir. Pero, esas personas me dicen que existen.

La pregunta obligada ahora es ¿qué actitudes y que comportamientos, incluso qué leyes promueven esta “cultura de la muerte”? Puedo pensar rápidamente en esos grupos de personas que aceptan la violencia gratuita como esos hinchas de algunos equipos de fútbol. O en esos grupos que deciden, la eliminación de personas inocentes, como ocurre con los grupos terroristas. O en esos locos del volante que conducen temerariamente elevando el riesgo de accidentes mortales.

Estoy seguro de que la mayoría de nosotros rechazamos esas actitudes, tan reales y que las vemos constantemente. Sin embargo, el problema de apreciar una “cultura de la muerte” aparece ante temas como la pena de muerte, el aborto, el suicidio o la eutanasia, lo cual nos muestra cómo en estos ámbitos la “cultura de la muerte” ha logrado esconderse y avanzar enormemente en las últimas décadas.

¿Qué hacer ante este avance? Según mi parecer, con el respeto a la verdad. Tenemos que ser capaces de ver las cosas como son y averiguar las injusticias que pueden existir en muchos actos que son defendidos y promovidos por personas que ven que exista una “cultura de la muerte” en, por ejemplo, el aborto o en la eutanasia.  

Hay que reconocer la verdad respecto al aborto: en cada aborto se suprime la vida de un ser humano en sus momentos iniciales. Negar este dato es un acto de deshonestidad intelectual, es un abuso lingüístico de quien defiende la mentira para eliminar a hijos no nacidos. Igualmente, en la eutanasia, entendida como acto o como omisión programada directamente para provocar una muerte que no ocurriría sin ese acto, un ser humano elimina (mata, podríamos decir de modo explícito) a otro ser humano, con la excusa de que se quieren evitar sufrimientos “inútiles” o insoportables.

En estos dos casos (aborto y eutanasia) se toma una opción contra una vida en función de ciertos intereses.

¿Cómo ha sido posible un avance tan significativo de la “cultura de la muerte”? ¿Puedo decir entonces que existe la posibilidad de que exista una “conjura contra la vida”?

Tenemos que pensar un poco más sobre este tema, no está bien que vivamos en una sociedad en la que algunas personas no quieren que otras puedan nacer, vivir o morir de modo digno. Esas personas a las que no se las quiere vivas, merecen respeto y amor, sencillamente porque son seres humanos como nosotros, tal vez débiles, quizá estén sufriendo, y, por ello mismo, están más necesitados de nuestro apoyo y compañía.

¡Ah! Después de todo lo anterior, tengo que concluir que la “cultura de la muerte” no puede ser una verdadera cultura (en la segunda acepción del término), sino anticultura, pues sólo hay verdadera cultura allí donde hay humanización, respeto a todos los hombres y a cada hombre, comenzando, precisamente, por ese bien que posibilita la convivencia de la sociedad: el de la vida de cada uno de nosotros.

domingo, 15 de octubre de 2023

¡¡¡Buen domingo!!!

 “Lo más increíble de los milagros es que ocurren” (G. K. Chesterton)

¡¡¡Buenos días!!!

Ayer por la tarde me sentía especialmente contento, no por nada en concreto, pero lo estaba, así que se me ocurrió mirar lo que me tenía que decir el Diccionario de la RAE sobre la palabra “contento”. Y, me encontré con dos adjetivos; alegre y satisfecho. Normal. Y, claro, ¿Quién no prefiere la alegría y la satisfacción a sus contrarios, la tristeza y la insatisfacción?

El problema puede aparecer cuando ese “estar contento” se convierte muchas veces en el principal o incluso único criterio para hacer las cosas y tomar decisiones sobre ellas.

Hay una frase que nos puede indicar que no estamos aprovechando bien ese “estar contento”, y es; “si tú estás contento…”. De seguro que esa frase la habremos dicho o nos la habrán dicho en más de una ocasión. No quiero decir que no esté bien dicha ni bien aplicada, sino que muchas veces es incompleta.

Si observamos, cuando la usamos notamos que nos encontramos ante una decisión que hemos tomado o que han tomado: “este fin de semana me voy a…” Si tú estás contento… Oye, pues si no tienes otros compromisos y puedes, ánimo.  

¿No nos hemos detenido a pensar que hay otros factores más importantes que el mero contento personal a la hora de tomar una decisión? Seguro que sí, seguro que lo hemos pensado muchas veces, pero ¿los tenemos en cuenta? O solo los miramos de reojo.

¿Cuál es la verdadera alegría y el verdadero contento? Aquí se nos abre mucho el tema, pero yo veo tres cosas que son necesarias para sentirse alegres, veamos, alguien a quien querer, algo que hacer y algo en que esperar. Sin amor está claro que no puede haber alegría pues el rencor y la alegría son incompatibles. Sin querer hacer algo con entrega y amor no va a salir ningún tipo de alegría de nosotros.  Del no hacer nada y no ser útil a nadie, no nace alegría sino aburrimiento.

He aquí una pequeña guía: hacer las cosas con amor y así llevar un poco de alegría a nuestro alrededor, mientras esperamos la alegría final. 

sábado, 14 de octubre de 2023

¡¡¡Por fin es sábado!!!

 “El hombre que mata a un hombre mata a un hombre. El hombre que se mata a sí mismo mata a todos los hombres, por lo que a él respecta” (G. K. Chesterton) 

¡¡¡Buenos días!!!

Hoy en día parece que ante acontecimientos como los que están sucediendo en Tierra Santa nos tenemos que posicionar al momento de que sucedan, sin reflexionar pausadamente durante unas horas o días, esta sociedad propicia esa prisa en tomar un bando.   

En realidad, ante estos hechos, no necesito tanto tiempo, pero la pregunta es obligada de todas formas ¿dónde debo posicionarme? ¿Qué bandera debo levantar? Pues lo tengo muy fácil, tengo que mirar los hechos desde la misericordia. Sí, la misma con la que me acerco a toda persona que sufre en este mundo y que no tiene en cuenta la clase de persona que sea ni se deja guiar por criterios políticos ni ideológicos ni económicos. Efectivamente, la misma que me dice que toda vida humana vale. El resto es política, tal vez necesaria, pero política.

En este caso particularmente conviene recordar que las religiones tienen un peso específico en el problema, y qué si todos nos sentimos hijos de Dios, y lo experimentamos como una relación de amor, nuestro enemigo se convierte automáticamente en nuestro hermano, por muy diferente y ruin que nos pueda llegar a parecer.

Resumiendo, los cristianos buscamos la fraternidad, y para que esto suceda es preciso comprender que la oferta cristiana pasa por vivir todos como hijos de un mismo Dios. Un Dios, que no haría falta recordar que es amor.

Así de fácil, así de sencillo y así de complicada es la solución a todo lo que está pasando en Tierra Santa. 

viernes, 13 de octubre de 2023

¡¡¡Feliz viernes!!!

 “La finalidad principal de la vida del hombre es mirar las cosas como si no las hubiese visto nunca”.  (G. K. Chesterton)  

¡¡¡Buenos días!!!

Si pensamos que cualquier información o cualquier afirmación que un Estado da a sus ciudadanos tiene que poder ser discutida, estamos diciendo que se trata de un Estado que se considera democrático, en caso contrario pondríamos poner en duda la democracia, pues bien, tenemos ahora que reflexionar en lo que estamos observando a nuestro alrededor.

Pensando de esa manera nos encontramos en que es necesario, entonces, que se garantice la capacidad libre e informada de disentir sobre cualquier asunto, incluso admitiendo opiniones que puedan molestar al Estado. La fuerza de una democracia radicaría en aceptar, más aún, en propiciar, la discusión permanente de las decisiones que adoptan y ejecutan quienes tienen legitimidad para hacerlo.

Ahora bien, en el debate público, junto al intercambio de ideas, se produce en numerosas ocasiones una transmisión de información o se expresan ideas que se sustentan en hechos que pueden ser veraces o no. Esto puede suceder ejerciendo la libertad de información, cuando se están transmitiendo opiniones que se basan en supuestos deliberadamente falsos. Ahora tendremos que preguntarnos si la libertad de expresión nos permite mentir, me refiero a expresar críticas, defender y propagar ideas basándose en hechos que faltan a la verdad, incluso a veces, son radicalmente falsos.  

Ahora, una buena pregunta podría ser; ¿cuándo podemos decir que se ha cruzado esa línea roja que separa lo que cabe considerar crítica, o defensa de puntos de vista discrepantes u opiniones políticas sustentadas en hechos veraces, de las opiniones o informaciones que manipulan los hechos que transmiten e incluso incurren en la falsedad o en la mentira, en lo que ha venido a denominarse desinformación?

Si estamos constantemente recibiendo mala información no vamos a ser capaces de ponernos de acuerdo ni siquiera en aspectos básicos, lo que impide construir una democracia que funcione. Y es que, la democracia se debe de asentar sobre un debate público que sea plural e informado; no solo en la libre opinión, sino también en que la información sea veraz. Se precisa tener una información completa y verídica.

En definitiva, lo que interesa es aclarar si hay afirmaciones, ya sea del gobierno o de ciudadanos o de asociaciones o partidos políticos, no importa, que, por su absoluto desprecio al rigor informativo o por su manifiesta intención de engañar, no son admisibles. La democracia reclama libertad informativa y de expresión, pide participación y debate, pero en esa interacción hay unas mínimas reglas de juego que deben respetarse cuando ciertas expresiones o la comunicación de determinados hechos falaces confrontan con derechos constitucionalmente protegidos.

Posiblemente es hora de que debamos determinar cuáles son esos mínimos exigibles para una pacífica convivencia, si queremos hablar de una garantía democrática básica.

jueves, 12 de octubre de 2023

¡¡¡Buenos días jueves!!!

 “Una disculpa fría es un segundo insulto”.  (G. K. Chesterton)  

¡¡¡Buenos días!!!

Creo que nunca nos deberíamos de cansar de escribir y hablar en contra de las guerras y de la violencia que generan. La violencia ejercida en una guerra y en un acto terrorista es, si lo pensamos un poco, el lenguaje de los débiles, de los que no tienen inteligencia y se dejan llevar por sus instintos más básicos.

Todo lo anterior no quita que la legítima defensa se ejerza ante una agresión pues el agresor injusto debe ser repelido. Sin embargo, ¿Cómo hacer compatibles esos dos aparentes planteamientos contrarios? Creo que solamente con la educación de nuestra conciencia, con la espiritualidad y subiendo lo más posible el nivel de consciencia de las personas. Pienso que no hay otra solución a los conflictos que nos rodean.

Hay que proteger la dignidad de las personas, tenemos que mejorar esa educación de las consciencias y establecer un sistema jurídico supranacional que proteja esa dignidad, un sistema judicial que no tenga intereses de ningún tipo, solo el de proteger esa dignidad de las personas.

Si nos paramos ahora y pensamos, rápidamente nos daremos cuenta de que el lugar donde personas que no se conocen ni se odian y que se matan entre sí por la decisión de otras personas que sí se conocen y se odian, pero no se matan es en una guerra.

Nuestro sentido común nos dice que muchos conflictos no se van a solucionar ni en el mismo lugar ni por las mismas personas que los provocaron, y que es necesario acudir a una instancia superior para que ayude a resolverlo; instancias que existiendo se han de remodelar o actualizar y se fuese necesario crear unas nuevas, pues visto lo visto hay que regular mejor toda la legislación internacional.

En todo caso hay una regla, que no se si está escrita, pero que debe cumplirse a rajatabla y que no puede negociarse es el asalto a la población civil. Si como hemos visto hace pocos días es necesaria una intervención humanitaria por parte de países de manden ejércitos para contener la masacre. ¿De qué manera, y a partir de qué momento crítico? En los últimos casos, creo que la situación fue clara. Por tanto, el espíritu de no violencia ha de compaginarse con la justicia, cosa también difícil en el nivel de consciencia de muchos de los protagonistas.

La cuestión es complicada, sobre todo para un católico; una nación tiene derecho a la legítima defensa, pero Jesús no tomó las armas para ir contra el invasor romano. No aportó una doctrina clara al respecto, nos dejó libertad para aplicar criterios prácticos de actuación, pero de sus palabras podemos tanto defender la teoría de la no violencia o resistencia pacífica ante la agresión, como también la defensa legítima tanto individual como de la nación: cuando se amenaza el bien común de un modo grave, en el marco del respeto de los derechos humanos y el derecho de Internacional Humanitario.

Como veis hay mucho de qué hablar. 

martes, 10 de octubre de 2023

¡¡¡Buen martes!!!

 “No necesitamos una religión que tenga razón en lo que nosotros tenemos razón. Lo que necesitamos es una religión que tenga razón en lo que nosotros nos equivocamos”.  (G. K. Chesterton)  

¡¡¡Buenos días!!!

Viendo lo que hay y escuchando lo que llega a nuestros oídos me acuerdo de una reflexión de Sócrates que conserva para mí toda su validez. Resulta que Sócrates unas pocas horas antes de morir le digo a sus amigos: “no os fijéis en que yo digo esto, sino considerar si es o no es verdadero”.

Porque la amistad o simpatía que sentimos hacia una persona no debe ofuscarnos en la búsqueda por la verdad. Es fácil cometer el error en una discusión de empezar a criticar también a quien está defendiendo una idea diferente a la nuestra o aceptar simplemente sus postulados porque es un amigo nuestro. Y, esto provoca distorsiones en los debates, sobre todo cuando ponemos más atención en los defensores de cada idea y menos en los argumentos de defienden.

Por eso, una discusión bien llevada no debe perderse en ataques o en alabanzas a las personas, sino que deben ir al fondo de cada cuestión, aunque para ir avanzando en el debate tengamos que dejar a un lado las opiniones de un amigo.

Con todo lo anterior no estoy diciendo que se tenga que olvidar que todas las ideas tienen su origen y sus defensores en persona concretas y que a veces las defienden como si tratasen de forofos de un equipo de fútbol.

Sin embargo, a pesar de toda esa dificultad, no nos debemos cegar en el debate. Porque si discutimos como personas es porque pensamos, al igual que Sócrates, que un diálogo bien llevado nos debe servir para desenmascarar los errores y acercarnos a la tan buscada meta donde se encuentra la verdad. 

sábado, 7 de octubre de 2023

¡¡¡Feliz sábado!!!

 Es curiosa la prontitud con la que saltan algunos ante lo que uno dice, y la lentitud con la que comprenden lo que uno ha dicho”.  (G. K. Chesterton)  

¡¡¡Buenos días!!!

Si yo digo ahora que echo de menos la capacidad de discutir. Estoy seguro de que algunos lectores me querrán decir que no hay que discutir, sino dialogar. Sin embargo, me reafirmo: ¡A veces hay que discutir! Desde siempre he apoyado y apoyo el diálogo como una forma de llegar a un encuentro con los demás. Pero a la vez quiero defender la discusión como una forma de sostener el desacuerdo, que no es necesariamente desencuentro.

Y, es que ya no se sabe discutir. Se está perdiendo la facultad de degustar de verdad un buen debate, con una controversia viva en la que yo defiendo una cosa y el otro la contraria. En la que no se pretende llegar a un punto común, sino convencer –o demostrar la razón con mis argumentos–. Y, ¿por qué digo que estamos perdiendo esa capacidad? Porque la gente, cada vez más, termina convirtiendo una discusión en algo personal, que más pronto que tarde deriva en un ataque, en insulto o la descalificación: Si defiendes esa opinión es que eres… (un talibán, un fascista, un ignorante, un chiflado), y así hasta la extenuación.

Tal vez por eso ya casi no nos atrevemos a discutir de política, de religión, de deporte, de educación… porque casi sin darnos cuenta lo volvemos todo personal. Porque parece que el desacuerdo implica enemistad.

La botella está medio llena. O, lo que es lo mismo, está medio vacía.

Una misma realidad puede ser vista de muchas maneras. Decir que la botella está medio llena o medio vacía depende de perspectivas, de valoraciones, de experiencias pasadas, de preocupaciones presentes.

La discusión surge, en parte, desde las perspectivas adoptadas por cada persona. Otras veces, el origen de la discusión está en el mayor o menor conocimiento de datos: quien tiene más elementos de juicio llegará a una conclusión diferente que quien tenga menos información en su poder.

En las miles de situaciones en las que tenemos diferentes puntos de vista y empezamos a discutir, siempre es posible tomar una actitud sana que permita una discusión constructiva.

jueves, 5 de octubre de 2023

¡¡¡Buenos días!!! Y feliz jueves.

 “<<Bueno es una experiencia>>, dice la gente para indicar que algo es irremediablemente desagradable”.  (G. K. Chesterton)  

¡¡¡Buenos días!!!

En pocas semanas, hemos presenciado unas escenas bochornosas en la política española. En las Cortes Valencianas, en el hemiciclo nacional, en las Cortes de Aragón y en el Ayuntamiento de Madrid.

La cortesía y el respeto siempre deben prevalecer, tanto en la vida como en la política, por encima de las diferencias ideológicas y de fobias personales. Me está preocupando que entre nuestros parlamentarios cada vez sean más frecuentes la falta de educación y de modales, lo que nos muestra una degradación institucional que está lastimando nuestra democracia.

¿Es la política española un fiel reflejo de la sociedad? Creo que no, pero los incidentes de estos días tendrían que mantenernos alerta.

La buena educación, la cortesía, es esencial para relacionarnos con los demás, especialmente entre las personas que son diferentes o con modos distintos de pensar. No es extraño que otro de sus nombres sea “urbanidad”, es decir, la virtud propia de los que viven en urbes, en ciudades, en el sentido de que, cuanto más próximos vivimos a los demás, más necesaria es la buena educación, que hace de lubricante para que no resienta la convivencia.

Las personas con las que coincido en mi quehacer diario serán, según los casos, más o menos democráticas, tolerantes, pluralistas, y modernas. La verdad, no lo sé. En cambio, lo que sí se puede notar enseguida es cuando carecen de educación.

Lo que me parece que si que tenemos es un problema de mala educación, de no saber estar, de no entender lo que quiere decir vivir en sociedad.

A muchas personas les parece ridículo lo que en mi juventud se llamaba “urbanidad y buenas costumbres”, que no es otra cosa que conocer el arte de saber hacer agradable la vida a los demás. Y, es que de eso se trata la buena educación: el arte de la agradable convivencia. Y si la buena educación es menospreciada, ya no quiero ni pensar en cosas como el protocolo, que también nos enseña a saber relacionarnos los unos con los otros de forma respetuosa y conveniente.

El problema es que nos hemos empezado a creer los reyes del universo y sujetos de todos los derechos, de tal modo que en lugar de ser yo el que se esfuerza por los demás, deben ser los otros los que han de amoldarse a mis caprichos. Así nos va. El protocolo y la educación hablan de hacer la vida agradable a los otros, norma de profunda sensibilidad humana, por la cual uno es capaz de renunciar a sus apetencias por querer hacer la vida más fácil a los demás.

La buena educación, es, en fin, una caridad de andar por casa, ya que equivale a ponerse siempre en el lugar de los demás. Es decir, es una forma muy básica y puramente natural de ama a tu prójimo como a ti mismo. Por algo se empieza.

¡Ah! Y no se te ocurra decir nada, por ejemplo: pedirle a una persona que le ceda el asiento a una embaraza, porque en ese caso se volverán contra ti todas las iras: intolerante, irascible, retrógrado, carca e insoportable.

Buena educación. Nada más (y nada menos).

miércoles, 4 de octubre de 2023

¡¡¡Buenos día!!! Con la amnistía desayunamos hoy.

 La prueba de la democracia no es si la gente vota o no, sino si la gente gobierna o no. Los votos pueden ser una forma de conseguir esto último o no”. G. K. Chesterton.

¡¡¡Buenos días!!!

No queda más remedio que pronunciarse sobre la posible ley de amnistía, y es que muchas personas no se dan cuenta de lo que esto significa, muchas personas piensan que de lo que se trata solo es terminar con el problema de la independencia de Cataluña, conseguir los votos en congreso para ser presidente y ya está, pero es mucho más.

Según mi entender con el indulto a los responsables de la proclamación de independencia catalana y de todo lo que ello conllevo estaba ya demostrada la incapacidad del gobierno para solucionar este problema, pues hay que recordar que no hubo en ningún momento arrepentimiento. El indulto no me pareció bien, pero hay que admitir que es una facultad que tiene el gobierno. Hay que recordar que el indulto no elimina el delito solo la sentencia.

Ahora se está intentando dar un paso más, creo que, en la dirección equivocada, y es que, si pensamos un poco, recordaremos que la última amnistía en España fue la de 1977 y fue alcanzada por un amplio consenso de las fuerzas que estrenaban la democracia y, supuso el cuestionamiento del sistema jurídico de la dictadura franquista. La verdad, es que, toda amnistía supone una condena del régimen jurídico anterior, es una forma de forzar un cambio. 

Sánchez sabe que esta nueva amnistía va a ir más allá de lo que marca la constitución. Pero le da igual. Le da igual porque la mayoría del Tribunal Constitucional está de su parte. Y no tiene miedo porque se siente apoyado por los resultados electorales.

EL gobierno, lo hemos leído en varios lugares, argumentan que tiene el respaldo de la voluntad popular. Es verdad, se puede conseguir el apoyo de una mayoría de los votantes para conseguirlo. Pero seamos sensatos, es una mayoría de poco más de la mitad de los votos, la minoría en contra es de poco menos de la mitad de los votos.

De todas formas, la amnistía no es una cuestión de mayorías. Estamos hablando del corazón del sistema democrático y del contrapeso de las instituciones.

Me parece muy bien todo lo que se está diciendo por parte de los “viejos” socialistas, los constitucionalistas, la derecha y muchos intelectuales que critican lo que consideran una profunda traición al Estado de Derecho. Lo repiten una y otra vez que hay que denunciar la invasión de las instituciones y muestran lo que creen que de verdad está ocurriendo. Y la mayoría de los socialistas responden repitiendo los números del resultado electoral.

El resultado de las últimas elecciones no sirve para aprobar la amnistía. Pero nos está diciendo que una parte muy grande de nuestra sociedad no percibe ninguna amenaza en el deterioro del sistema democrático, no ven ningún problema en la ausencia de contrapesos en las instituciones. Y por eso no es suficiente proclamar el error que se está cometiendo. Esto, por ejemplo, no lo entienden los “viejos” socialistas pues también han manifestado que votaron PSOE.

Lo que hay que preguntar a la sociedad para que lo entienda es: ¿Cuál es el contrapeso cuando el contrapeso institucional desaparece? Solo queda la fuerza moral de la sociedad por el bien del otro y que hace posible que la democracia sea algo más que el juego de las mayorías. Pero esa fuerza moral falta y no se va a recuperar simplemente diciendo lo que es justo y legal.

No es admisible enarbolar la voluntad popular a través de una Ley aprobada por el Parlamento como una manifestación absoluta del principio democrático que queda exenta de cualquier control jurídico. Un Estado democrático no es tal si no es, al mismo tiempo, un Estado de Derecho, que se ajuste a Derecho, con sus reglas y sus instituciones de control independientes. Esto es lo que está en juego.

Ya se que Pedro Sánchez esta justificando todas sus decisiones, muchas de ellas contradictorias, apelando a la sabiduría de que “se trata de un cambio de opinión”, remite ahora toda decisión futura a garantizar que todo estará dentro de la Constitución. Pero esto es un juego de palabras de los que tanto gustan a los progres ¿En concreto qué significa?  

Lo normal y razonable sería pensar que se trataría de hacer un esfuerzo para que esa ley fuese perfectamente constitucional y que solo, algún error de enfoque o de matiz, resultasen inconstitucionales. Pero en el actual estado de las cosas, viendo los antecedentes de este gobierno con la unidad de poderes que han formado, será la Constitución la que se adapte al interés del parlamento que, a su vez, obedece al mandato del gobierno que, a su vez, obedece a Pedro Sánchez.

Pero claro, para conseguir esto se requiere antes una cosa: que el Tribunal Constitucional deje de serlo para convertirse en un simple servidor del gobierno, y esto es lo que se consiguió en la última renovación con la incorporación de una mayoría gubernamental militante.

La oposición, el PP, se queja de lo partidista que es el Tribunal Constitucional, pero hay que recordar que este partido se calló, no formuló ninguna queja, no promovió ninguna vía para acudir a Europa ante el escandaloso abuso de la justicia constitucional con la sentencia del aborto. Tengo que recordar que los jueces que intervinieron, cuatro estaban contaminados porque habían intervenido antes en esta materia manifestando sus posiciones, Lo cual es un motivo claro, objetivo y bien tasado para que no puedan participar en la decisión del tribunal. Pero, naturalmente, los jueces facción gubernamental, empezando por el presidente del Tribunal, afirmaron que tal incompatibilidad no existía y asunto zanjado. La ley del aborto fue aprobada por mayoría y se acabó el asunto

Bien, pues ahora el PP y el resto de nuestra sociedad pagará las consecuencias y el Constitucional determinará, como antes ya lo ha hecho la Fiscalía, otro organismo colonizado por el gobierno, que lo que se decida sobre la amnistía es constitucional.

Además no puedo dejar de añadir que el gobierno no puede presentar una ley porque está en funciones, pero no importa, se ha hartado de utilizar la vía de que sean los partidos afines quienes lo hagan, porque de esta manera se ahorran comparecencias y consultas obligadas que pueden poner en evidencia el desastre sobre lo que se va a legislar.

Como no están constituidas las comisiones del Congreso y como se tiene prisa pues hay que cerrar los acuerdos para poder formar gobierno, lo que se va a hacer es aprobar la ley directamente por el plenario y en lectura única. Sería o será una brutalidad jurídica, primero porque se trata necesariamente de una Ley Orgánica y esto requiere atención y debate en Comisión y la recepción de opiniones solventes externas a los partidos. Segundo, porque los letrados del Congreso ya manifestaron en su momento, cuando Esquerra y Junts presentaron una ley de este perfil, que no era constitucional y esto exige prestar mucha atención.  Pero, no importa, se resolverá en un “visto y no visto”, se enviará al Senado, éste lo rechazará, volverá al Congreso, se aprobará definitivamente y amnistía resuelta

Entonces, Vox y el PP lo enviarán al Tribunal Constitucional, y éste hará un nuevo alarde de derecho creativo y determinará que es perfectamente constitucional porque éste es el interés del Gobierno. Asunto resuelto.

Y, si por alguna razón el Tribunal lo rechazará, el gobierno ya habría sido elegido y explicaría que ellos han hecho lo que han podido y que no pueden ir en contra del Tribunal ni de la Constitución, pues son un partido de Estado con lo que sus votantes continuaran igual, o más contentos y satisfechos.

Y así no se pueden hacer las cosas en una democracia, ni en una democracia ni en la vida.

He dejado muchas cosas por aclarar y explicar pero tiempo y lugares habrán para seguir con el tema si al final se aprueba la ley.

lunes, 2 de octubre de 2023

¡¡¡Buenos días!!! lunes

 “Hay un motivo para usar algunas cosas y un motivo para destruirlas. Pero no lo hay para la moda actual de preservarlas y destruir su uso.” (G. K. Chesterton)  



¡¡¡Buenos días!!!

Existe una inquietud dentro de cada uno de nosotros que nos mantiene continuamente expectantes. Siempre he sentido esto, en esta vida te das cuenta con el paso de los años de que todo lo que alcanzamos es insuficiente, falta algo.  

Esa inquietud que no nos deja encajar tranquilamente en el ritmo de las cosas y que no nos deja estar plenamente en el momento presente porque quisiera estar en todas partes al mismo tiempo es, a fin de cuentas, nuestro mayor atributo.

Se trata de esa casi certeza de que lo mejor está por venir, como si supiéramos que hemos conocido algo mejor y estamos continuamente intentando volver allí. ¿Como intuir que existe algo mejor si no lo hemos conocido? ¿No es posible que nuestra Alma sí que lo haya conocido y haya estado allí y ahora esté intentando volver? Y si es así ¿cómo la podemos ayudar?

Supongo que al llegar aquí algunos estarán pensando que todo esto son imaginaciones que no llevan a ninguna parte, ideas imposibles, pero ¿Por qué? ¿Por qué no puede ser así?

Darse cuenta de que algo en nuestro interior nos está diciendo que no estamos bien en ningún lugar ni en ninguna situación demasiado tiempo y pensar que existe ese lugar o esa situación es una forma de interpretar la vida. No se trata sólo de una forma iluminadora que nos muestra el camino a seguir, sino también la única que es verdaderamente alentadora. Esta forma de interpretar la vida nos muestra también que tenemos un mundo bueno que hemos infrautilizado, y que no nos hemos enganchado simplemente en uno malo. Nos da a entender que las cosas malas proceden del uso equivocado del bien, y que puede ser solucionado.

Todas las demás formas de ver la vida no plantean sino una cierta forma de rendirse frente al Destino. Al interpretar la vida de esta forma nos encontramos con visiones más claras en muchas cosas sobre las que las éticas progresistas no tienen nada que decir. Por ejemplo, que la felicidad no es sólo una esperanza, sino una extraña forma de memoria; y que todos somos reyes en el exilio.

Podemos recordar y comentar la expresión de “lo mejor está venir” y veremos que nuestra vida no debe concentrarse en sí misma, buscando una imaginaria perfección pues está destinada a ir más allá y, los católicos sabemos que ese más allá está después de la muerte, porque la muerte es un paso. Nuestro lugar estable, nuestro punto de llegada no está aquí.

La vida es una iniciación para una realización definitiva. Y lo mejor está por llegar.