sábado, 29 de noviembre de 2025

Día 139, del viaje a la maratón de Valencia. Lágrimas.

     Día 139, del viaje a la maratón de Valencia. Lágrimas. 



¡Buenos días!

Estos días me estoy dando cuenta de que, en mi vida, en mi historia, las lágrimas son una parte de ella, están en ella.  

He llorado de emoción, de alegría, de satisfacción, ante la vida y ante la muerte, y ante el dolor. Con las lágrimas se muestra uno de los lados más humanos de nosotros, que no es otro que el de demostrar que aquello que deseamos que se haga posible, eterno, e imposible, que nos conmueve y se remueve en nuestro interior no puede ser, aun queriendo, ser guardado. No puede quedarse en nuestro interior.

Reconozco que, aunque me gusten las fiestas donde todo es alegría y esperanza, no pretendo negar el dolor que trae su ausencia. Estamos en una época del año que tiene algo de perdida, de ausencia, de nostalgia. Lo vemos en los árboles que dejan caer sus hojas, los días son más cortos y más largas las noches. Sin que yo pueda hacer nada para impedirlo. Es una muerte anticipada de una vida que pensaba en ser eterna. Las calles se llenas de hojas muertas. Y nuestro ánimo sufre.

A veces, cuando acepto una pérdida, quiero consolarme y consolar con palabras que en la mayoría de las ocasiones no consuelan. Se que no lo hacen y por eso muchas veces intento seguir mi camino sin mirar a los lados, pero se me escapan palabras de consuelo. No te preocupes. Déjalo pasar. No le des importancia. La vida sigue. El tiempo ayuda…

Como si mis palabras tuvieran el poder de cambiar el ánimo, aliviar un corazón roto, sanar esa herida que duele. Como si esas palabras pudieran cambiar el pasado, el presente o el futuro. No lo logran. Son o quieren ser palabras de consuelo. Sólo eso.

No puedo remediar el llanto, evitar el dolor, secar las lágrimas, eludir la angustia. No sólo es que no pueda, en realidad, si lo pensará bien, es así como debería de ser. Porque algo bueno debe de haber en echar de menos, perder y llorar, dejar de hacer y sufrir, no estar y lamentarlo, tener nostalgia y añoranza, no poder ir y sufrir por ello.

Es bueno y nos debe ayudar el saber lamentarse en las pérdidas, llorar en las muertes, angustiarse en la enfermedad, en esa situación que no controlo, ante lo que está por venir y que se me escapa. La vida está basada en esa unión imperfecta de llanto y alegría, de noche y día, de oscuridad y luz.

La vida es así, entonces no debería molestarme aceptar el dolor en mi vida ni en la de nadie. Tendría que sonreír al día y abrazar la noche. La oscuridad también forma parte de mi vida. No la eludo. Recibo la luz y la oscuridad. No voy a poder evitar la muerte, así como no puedo negar la vida. No puedo quedarme sólo con una parte, sino también con la otra. Las dos forman parte de mi vida. Si no aprendo a sufrir la oscuridad de la noche, no disfrutaré nunca de la luz del día.

Si amamos vamos a sufrir mucho más en la vida. No hay amor sin pérdida. Por eso comprendo al que no quiere amar, al que no quiere establecer lazos, al que no quiere apegarse a nada. Lo comprendo. Amar duele. Perder hiere… Se puede pasar a hurtadillas por la vida sin hacer ruido. Amando poco. Para no sufrir. Para estar siempre de paso. Tal vez se pueda. Pero no es lo que yo quiero. Me apasiona la vida por lo que tengo que aceptar la muerte. Aunque me duela el corazón.

Amar la vida con pasión implica sufrir las pérdidas con toda el alma. No voy a evitar ese dolor. No quiero ocultarlo como si me avergonzara de mis lágrimas. ¡Qué difícil cuando no puedo dejar que mis lágrimas muestren todo lo que me duele! Hace bien sufrir. Hace bien tocar con las manos temblorosas la oscuridad de la noche.

Y, llegamos a la pregunta: ¿por qué tenemos que sufrir? ¿por qué es necesario? Pienso que ante esta clase de preguntas no existe una respuesta humana y me sirve lo que decía el papa Francisco en Cracovia: “¿Dónde está Dios, si en el mundo existe el mal, si hay gente que pasa hambre o sed, que no tienen hogar, que huyen, que buscan refugio? ¿Dónde está Dios cuando las personas inocentes mueren a causa de la violencia, el terrorismo, las guerras? ¿Dónde está Dios, cuando enfermedades terribles rompen los lazos de la vida y el afecto? ¿Dónde está Dios, ante la inquietud de los que dudan y de los que tienen el alma afligida? Hay preguntas para las cuales no hay respuesta humana. Sólo podemos mirar a Jesús y preguntarle a Él. Y la respuesta de Jesús es esta: Dios está en ellos, Jesús está en ellos, sufre en ellos, profundamente identificado con cada uno”.

En fin, saber que en esos momentos de dolor nunca vamos a estar solos es un gran consuelo.

jueves, 27 de noviembre de 2025

Día 137, del viaje a la maratón de Valencia. Los medios no justifican el fin.

     Día 137, del viaje a la maratón de Valencia. Los medios no justifican el fin.

¡Buenos días!



Estaba pensando que existe una regla que todos tenemos admitida, al menos en nuestro entorno. Un viejo principio que aplicamos a nuestra conducta: el fin no justifica los medios. Además, para ser justo, debería de añadir otro principio, tan acertado como el anterior y mucho más simple: los medios no justifican el fin.

Digo todo lo anterior al ver que muchas personas piensan que cualquier opción política, solo por el hecho de ser reconocida como democrática, es desde ese instante admisible y lícita para un ciudadano. También veo que mucha gente considera que toda nueva normativa, con tal de que sea establecida por un procedimiento legal democrático, resulta también moralmente lícita y puede seguirse con la conciencia tranquila. Sin embargo, no creo que las cosas sean exactamente así.

Si volvemos, una vez más, sobre el concepto de la democracia veremos que se trata sobre todo de un método, un procedimiento, en el que establecemos unas reglas de juego para que nos sirvan para movernos en la vida pública que, si se siguen lealmente, nos van a producir muchos beneficios: eliminan movimientos violentos en política y garantizan que las alternativas entre varias opciones que con el tiempo pueden ir apareciendo no terminen nunca en un camino sin retorno. Sin embargo, la democracia, como medio, no justifica los fines que por ella se alcancen, porque no es una lavadora que limpia y desinfecta todo lo que toca. Un mal, como, por ejemplo, el aborto, establecido por un procedimiento democrático, no por eso deja de ser mal y para mi seguirá siendo siempre moralmente ilícito; y hay opciones políticas que una legalidad democrática puede reconocer y que son absolutamente incompatibles con mi forma de entender el país.

La democracia, en suma, no me dispensa del deber de ejercitar mi facultad de discernimiento, que es arte de distinguir entre el bien y el mal y de acertar con el camino recto.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Día 136, del viaje a la maratón de Valencia. ¿Adónde nos conducirá todo esto?

     Día 136, del viaje a la maratón de Valencia. ¿Adónde nos conducirá todo esto?

¡Buenos días!



Ayer por la tarde me acordé de un artículo de prensa que escribió Chesterton allá por el año 1916 en el que hablando de los políticos de su tiempo decía lo siguiente: “No siempre podemos decir cuando nuestros gobernantes están contradiciendo los hechos, pero sí podemos decir cuando están contradiciéndose a sí mismos”

Parece ser que, con el paso de las décadas, al menos en nuestro entorno, las personas hemos perdido la facultad de analizar lo que hacen y porqué hacen lo que hacen nuestros políticos. Y es que se contradicen constantemente y aquí no pasa nada, nos engañan, nos mienten y da la impresión de que estemos anestesiados.

No creo que seamos indiferentes ante lo que estamos pasando, sino de que estamos huérfanos de ciudadanía: vemos que se nos está destruyendo el entramado democrático y a la vez tenemos un sentimiento de impotencia ante ello. Nos preguntamos: “¿Qué puedo hacer?”. Cuando no encontramos liderazgos morales, ni estructuras organizadas que encaucen nuestro descontento, nuestra indignación termina por disolverse en el desencanto y el silencio. Nuestra pasividad ante todo lo que nos está sucediendo no tiene porque ser resignación, tengo la impresión de que se trata más de puro desamparo.

Se puede observar como la imagen que nos dan nuestras instituciones no es solo un relato de lo que hacen y deben de hacer, sino una historia construida para conectar emocionalmente con su público y que en la mayoría de las ocasiones está vacía de contenido. Nuestra democracia permanece en sus formas pues su estructura legal se sostiene, pero tiene una cáscara muy fina. La esencia misma del sistema ha sido corrompida. No porque hayamos sufrido un golpe de Estado que la haya derrocado, sino porque lentamente, paso a paso, ha sido minada desde dentro, bajo el paraguas de una legalidad manipulada por personas siempre dispuestas a mancharse con el polvo del camino, y de una propaganda llena de engaños y falsedades.

Nuestro actual gobierno es un claro ejemplo: mintió para llegar al poder, una mentira calculada, una estafa electoral y sigue mintiendo incluso cuando balbucea excusas, porque la mentira es más que un recurso político. No gobierna: es el símbolo de la división, el improperio y la confrontación; donde había que levantar puentes que condujeran al diálogo y el entendimiento, alzó el muro de la marginación; sustituyó la palabra por la afrenta y la mano tendida por el puño de la calumnia. Pregonó miel y nos vendió hiel. Prometió regeneración democrática, y nos hundió en el lodazal de la inmoralidad. La corrupción ya no es un accidente del sistema es el ADN de todo nuestro sistema político.

Y no se dan explicaciones o se asumen responsabilidades, sino que se parapetan en el viejo recurso de buscar el enemigo externo: todo es un complot, un montaje, una cacería. Nos dicen que solo ellos, el gobierno, dice la verdad. Qué sólo el gobierno es el ejemplo vivo de la integridad y la honradez.

Y ahora, debemos preguntarnos, con urgencia y eufemismos: si seguimos así, ¿adónde nos conducirá todo esto?

martes, 25 de noviembre de 2025

Día 135, del viaje a la maratón de Valencia. Nuestros ancestros.

 Día 135, del viaje a la maratón de Valencia. Nuestros ancestros. 

¡Buenos días!



Hace un momento he repasado lo que escribí ayer y me he dado cuenta de que si bien somos originales también de alguna manera somos muy poco originales. Y es que en realidad ninguno de nosotros ha surgido de la nada. O sea, antes de que pueda decir yo y que se forme eso tan impreciso que llamo mi identidad, la casi totalidad de mi ser se me ha entregado.

 O sea, que, si quisiera ser justo, lo primero que tendría que hacer es dar las gracias, la primera palabra que tendría que pronunciar, sería gracias.  

Para que yo esté vivo, para que exista, han tenido y tienen que existir otras muchas personas. Si observamos, nos daremos cuenta de que nuestra vida es un amplio entramado de lazos, de conexiones, que detrás de cada característica que nos parece única hay una red de interconexiones, por lo que si vemos el simple aspecto o apariencia de una persona no vemos nada. Cualquier vida, cualquier sustancia, si se descompone, nos mostrará un entramado solidario.

Si miramos un árbol y lo observamos con una visión profunda, nos daremos cuenta de que está formado por elementos que no son el árbol: el sol, la lluvia, los minerales. El árbol no podría estar de pie en un bosque sin todos esos elementos que no son él y le han dado la vida. El árbol, entonces no puede considerarse como una identidad separada. A nosotros nos pasa igual. Nuestro cuerpo, sin ir más lejos, es el resultado de una asombrosa cooperación de vidas invisibles para el ojo.

Esta mañana pensaba también que al ver con qué dificultad va acostumbrándose una persona a la ausencia de un ser querido, en adelante, cada vez que la vea, ya no la veré del mismo modo. O, mejor dicho: ya no la veré solo a ella. Veré a su ser querido con ella, vivo en una trasparencia que cubre todas sus expresiones. Esa sensación de frío que puede reconocerse en quien ha sido visitado por la muerte de un ser querido. Seguramente, no puedo saberlo, su ser querido viva también en la mirada, en la risa, en la manera de sentarse. Una resurrección poco espectacular, menos épica, más discreta, si se quiere, pero no por eso deja de ser milagrosa. Es hermoso el hecho de que llevemos acuestas a nuestros ancestros en nuestra manera de habitar en el día a día.

Así, me pregunto en esta mañana cuántas personas han existido antes que yo para que esta persona que soy ahora tenga unos gestos, unos movimientos de una forma determinada, única, como solo yo gesticulo. Cuántas personas han hecho falta para definir mi tos, una tos que puede parecer mía, pero que es uno de los muchos regalos que he recibido desde el día de mi nacimiento. Y cuánto de mí se puede perpetuar en mis hijos. Y cuánto de mis hijos en mis nietos.

Cuando me encuentro con alguien, entonces, debería de ser consciente de que no estoy solo frente a una persona, la que me habla y me escucha. En esa persona hay una multitud invisible. Nada se extingue nunca y nadie desaparece con la muerte. La vida encuentra modos de perpetuarse, no se interrumpe. Hay una continuidad en todo lo que nos rodea, de la que somos parte. Y es maravilloso haber nacido, y ser partícipe de este movimiento bien orquestado al que llamamos realidad.

Ahora, dentro de un momento, cuando mire conmovido la salida del sol, se que mis ancestros se asoman a mis ojos para mirar tanta belleza.

lunes, 24 de noviembre de 2025

Día 134, del viaje a la maratón de Valencia. Nuestra "casa".

     Día 134, del viaje a la maratón de Valencia. Nuestra "casa". 

¡¡¡Muy buenos días!!!



Entre las muchas particularidades que tenemos los hombres, una es la de que todos nacemos como originales. Y por eso es una lástima que no lo aprovechemos, dedicándonos solamente a ser unas copias.

Si por el motivo que sea una persona no quiere o no puede utilizar uno de sus cinco sentidos como puede ser por ejemplo el oído, en un primer momento la podemos considerar “rara” o posiblemente enferma; pero si no quiere usar su entendimiento para pensar, ni su voluntad para decidir, ya casi no somos conscientes de su anomalía, porque nos hemos habituado a no utilizar nuestras mejores posibilidades para vivir, y es que ya no nos damos cuenta de que no utilizamos nuestra libertad.

La verdad es que no debemos convertirnos en un “robot” fabricado solo para realizar una serie de actividades de la misma manera y forma. A veces, nos conviene acordarnos de cuando éramos niños y todo lo que nos encontrábamos era una novedad y descubríamos el desafío que resultaba cada situación nueva. El mundo será lo que nosotros hagamos de él y nuestra vida es lo que hacemos de ella.

Nuestra sociedad posee numerosas “cadenas” que nos tienen atrapados. Lo comprobamos con la uniformidad de las costumbres y la tiranía que ejercen las masas. Tendemos buscar la igualdad, a ser iguales a los demás. Cantamos al unísono las mismas canciones, nos vestimos con la misma ropa, recurrimos a los mismos argumentos prefabricados, utilizamos las mismas palabras y los mismos gestos.

Nos encontramos con personas que no se dan cuenta de esas conexiones. Se acomodan al criterio general que les parece indiscutible. Sin embargo, lo que sienten, piensan o dicen no es suyo; son las ideas, pensamientos y frases hechas que leen en los periódicos y revistas, en la televisión y cada vez más en las redes sociales. En el momento en que alguien comienza a actuar por cuenta propia y a pensar una opción divergente de la que esta aceptada simplemente se le rechaza.

A pesar de todo somos libres, a pesar de las circunstancias adversas que nos pueden rodear e influir. Y no sólo tenemos el derecho, sino también el deber de ejercer nuestra libertad.

        Justamente en estos días es más necesario que nunca que tomemos conciencia de la gran riqueza de nuestra vida y busquemos caminos para llegar a ser «más» hombres.

Con los años nos vamos dando cuenta de que poseemos en nuestro interior un lugar, un espacio, que de alguna manera se encuentra solo a nuestra disposición. Nos damos cuenta de que, esencialmente, no depende de nadie, no depende de los medios de comunicación ni de la opinión pública. Nos damos cuenta de que se trata de un espacio en el que nos encontramos solos con nosotros mismos, donde realmente somos libres. Nos hemos dado cuenta entonces de que tenemos un mundo interior, poseemos nuestra propia intimidad.

Y es que ese espacio íntimo sólo lo conocemos nosotros. Podemos entrar en él, y ahí nadie puede capturarnos.

En ese lugar, es fácil darse cuenta de lo innecesario e incluso ridículo que es buscar la aprobación de los demás, no dependemos de las alabanzas ni de los gestos de la confirmación que nos puedan dar o no.

La persona es más de lo que vive en el exterior. Existe un espacio en nosotros al que no tiene acceso nadie más. Es nuestra “casa”, un lugar de quietud y silencio. Hasta que no lo localicemos vamos a vivir de una manera superficial y confusa, buscando consuelo en el mundo exterior, donde no lo hay.

La persona es libre, cuando vive en su propia casa. Un problema que por desgracia tiene nuestra sociedad es que hay demasiadas personas que no han descubierto su casa interior, sino que siempre viven en la de los otros. No saben ir a descansar a su intimidad.  

viernes, 21 de noviembre de 2025

Día 131, del viaje a la maratón de Valencia. Rescatemos la vejez.

     Día 131, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!



Hace ya bastantes años no pensaba en que la vejez iba a llegar, sin embargo, los años han ido pasando y aquí estamos, ya somos personas mayores. Sucedió lo mismo con el año 2000, cuando era joven pensaba que estaba muy lejos; pero llegó, y curiosamente no pasó nada. Seguí siendo el mismo, es verdad que con unos años más, con más conocimiento y más experiencia. Y, contrariamente a lo mal que veo que funciona el mundo, me gusta pensar que algo hemos aprendido.

Parece ser que viviremos más años, pero lo bonito no es solo vivir más, sino hacerlo mejor. Lo cual no indica que vayamos a dejar de envejecer, ni que debamos dedicarnos a disfrutar desenfrenadamente, ni que la vida consista en fingir una eterna juventud. Lo que quiere decir es que debemos aprovechar la oportunidad de seguir creciendo, de ayudar, de exprimir lo bueno que la vida aún nos pueda ofrecer.

Los años van pasando y, a pesar de que ciertas cosas vamos a tener que dejar de hacerlas, siempre se pueden encontrar actividades nuevas o recuperar aficiones. Al final, de lo que se trata es de enfrentarnos a los cambios como todo en la vida: de la mejor manera posible, aprovechando lo buena que cada edad nos ofrece.

Ese culto al cuerpo que últimamente esta tan de moda, provoca que esta nueva etapa se sienta como un problema a superar, en lugar de disfrutarlo como lo que debería ser, una fase de mayor seguridad y tranquilidad. Nuestros rostros nos dicen lo que hemos vivido, las arrugas nos lo muestran y nos dicen lo que somos, nuestra cara no merece ser una imagen falsa en la que apenas nos reconocemos. Se trata de disfrutar de una nueva etapa precisamente por la experiencia de lo vivido porque se suelen tener más cosas resueltas, y se debería haber aprendido a no caer en la inquietud o inseguridad propia de la juventud.

En fin, deberíamos de darle valor a la vejez como símbolo de la autoridad y sabiduría que dan los años vividos, necesitamos rescatarla. Solo así podremos saber vivirla y aprender de ella.

jueves, 20 de noviembre de 2025

Día 130, del viaje a la maratón de Valencia. Hablemos de Paz.

     Día 130, del viaje a la maratón de Valencia. Hablemos de Paz.



¡¡¡Muy buenos días!!!

Leí ayer que el próximo 30 de noviembre León XIV viajará al Líbano y, he estado pensando que no se trata de un país tal y como lo entendemos nosotros, con un Estado soberano que tiene el control del territorio y el monopolio del uso de la fuerza, tampoco entendemos muy bien el sistema de reparto de cuotas de poder que tiene para garantizar la tutela de las diferentes minorías y aunque el país en sí no está en guerra, tampoco está pacificado.

La cuestión es que no hay paz en el Líbano y aunque el viaje del Papa es apostólico no se va a poder excluir la vertiente política, y es que la búsqueda de la paz en la zona va a estar sin duda presente.

Hablar seriamente de paz es complicado, no solo en Oriente Medio, sino también en cualquier lugar. No es lo mismo pregonarla desde una tribuna, tras una pancarta, en un púlpito o en redes sociales, que negociarla contrarreloj para acordar un alto el fuego o firmar un armisticio mientras se bombardean infraestructuras civiles en tiempo real.

Cuando estamos tranquilamente sentados en nuestra casa o en el bar tomándonos un café es sencillo confeccionar argumentos, indignarse y exigir soluciones ideales. Pero en una negociación diplomática cada palabra pesa: cualquier error puede costar vidas humanas. Cada compromiso se convierte en un acto de responsabilidad extrema.

La teoría nos dice que existen unas reglas en las relaciones internacionales, pero pocos las cumplen. El derecho internacional existe, y se vulnera a diario sin consecuencias. Lo vemos constantemente, los países agresores se sientan a negociar con la sonrisa mafiosa y la pistola sobre la mesa. Parece claro que el orden internacional liberal a desaparecido. No sé cómo y el porqué, pero hemos llegado a la conclusión de que ese orden basado en reglas que rigió en los últimos ochenta años a desaparecido.

Así que, parece complicado que podamos confiar solamente en el buen resultado de unas negaciones. Una paz duradera no se limita al cese de los ataques militares. Requiere justicia y reconciliación, no supremacía ni silencio de las víctimas.

Hoy, la Paz se entiende de muchas formas, Vladimir Putin no se va a sentar en una mesa a negociar una paz como la entiendo yo. Se va ha sentar en una mesa a imponer su poder, consolidar su hegemonía y hacer desaparecer los crímenes de lesa humanidad con la excusa de volver al orden y a la tradición rusa. Donald Trump, por su parte, concibe la paz solo si beneficia a los intereses nacionales de EE. UU., mientras presume de abandonar organismos multilaterales, impulsa el rearme occidental, alimentando una carrera sin límite que solo beneficia a la industria armamentística.

Esta forma de buscar la paz es más una propaganda supremacista que traiciona la paz de los pueblos, enquistando los problemas en lugar de resolverlos. Se trata por lo tanto de una paz impuesta, fugaz y efímera.

No es fácil dar una respuesta adecuada ya que las guerras de agresión son intrínsecamente inmorales, y los estados agredidos, junto con la comunidad internacional, tienen el derecho y el deber de organizar la defensa, incluso mediante el uso legítimo de la fuerza. Por lo tanto, cuesta que las balas dejen de volar.

Una vez empezada una guerra cuesta mucho que cese la violencia, tal vez lo que deberíamos de intentar antes de que comience otra, es construir una sociedad internacional donde las relaciones de fuerza sean sustituidas por la cooperación orientada al bien común. Y donde vuelva el orden y las reglas necesarias para una paz duradera.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Día 129, del viaje a la maratón de Valencia. Es profundamente antinatural

     Día 129, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!

Cada día muere gente, “se” muere la gente. Lo tenemos asumido y no nos afecta especialmente. Ese “se” es impreciso, impersonal. La gente que “se muere” no la conocemos, no hemos tenido relación. Lo que nos afecta de la muerte es que también muere la gente que conocemos y amamos. Y con ella morimos también un poco nosotros. Muere una parte del proyecto que teníamos en nuestra vida, queda truncado.

Pocas cosas podemos encontrar en la vida tan difíciles como la muerte de una persona que estimamos y de la que nunca nos habíamos planteado su pérdida, una herida que con frecuencia no cicatriza con facilidad. Incluso con el consuelo de la fe la huella de la herida no desaparece.  

Hay una razón por la que esta herida es tan persistente, y no radica tanto en una falta de fe, sino en cierta carencia en la propia naturaleza. La naturaleza nos prepara para la mayoría de las situaciones, pero no nos prepara para enterrar a una persona que tiene toda una larga vida aún por delante.

La muerte siempre es dura. Es definitiva e irrevocable y nos rompe el corazón. Esto es cierto incluso si la persona que ha muerto era anciana y había vivido una vida plena. En última instancia, nada nos prepara del todo para aceptar la muerte de quienes amamos.

Pero la naturaleza sí nos prepara mejor para afrontar la muerte de nuestros mayores. Estamos destinados a enterrar a nuestros abuelos y padres. Así está dispuesto el orden natural de las cosas. Los padres están destinados a morir antes que los hijos, y generalmente así ocurre. Esto trae su propio dolor. No es fácil perder a los padres, a los abuelos o a los amigos. La muerte siempre pasa factura. Sin embargo, la naturaleza nos ha dado recursos para afrontar esas muertes.

Al final, la muerte de una persona mayor se limpia con el tiempo y la normalidad regresa, porque es natural, es el modo de la naturaleza, que los adultos mueran. Ese es el orden correcto de las cosas. Una de las tareas de la vida es enterrar a nuestros mayores.

Pero no es natural que enterremos a personas con toda una vida aún por vivir. Así no lo dispuso la naturaleza, y no nos ha equipado para esa tarea. En este caso, a diferencia de la muerte de nuestros mayores, no se trata simplemente de un proceso de duelo, paciencia y tiempo. Cuando muere una persona joven a la que amamos, podemos llorar, ser pacientes, dejar pasar el tiempo… y aun así descubrir que la herida no mejora, que el tiempo no cura y que no podemos aceptar del todo lo sucedido.

Además, incluso entender que es profundamente antinatural tener que enterrar a una persona joven no la devuelve, ni restablece la normalidad, porque es anormal que se nos vaya tan pronto.

No obstante, esa comprensión puede darnos una idea de por qué el dolor es tan profundo y persistente, por qué es natural sentir una pena tan intensa y por qué ningún consuelo fácil o reto moral resulta realmente útil. Al final del día, la muerte de esa persona no tiene respuesta.

Nos puede ayudar saber que nuestra fe en Dios, aunque fuerte e importante, no elimina esa herida. No está hecha para hacerlo. Cuando se muere una persona así, se ha roto algo de una manera antinatural, como si nos amputaran un brazo. La fe en Dios nos va a ayudar a vivir con ese dolor y con lo antinatural de ser ahora menos completos, pero no nos devolverá el brazo ni va a restaurar completamente nuestro cuerpo.

 En efecto, lo que la fe puede hacer es enseñarnos a vivir sin el brazo, sin esa persona, a abrir esa rotura irreparable de la naturaleza a algo y a Alguien más grande que nosotros, para que esta perspectiva más amplia, nos dé el valor para volver a vivir con salud… con una herida antinatural.

martes, 18 de noviembre de 2025

Día 128, del viaje a la maratón de Valencia. Responsable.

     Día 128, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!



La mayoría de nosotros pensamos que una de las cualidades que toda persona debería de tener es la de ser responsable, se trata por lo tanto de una de las características que nos permite poder vivir en sociedad.

Pero claro, ser responsable indica una persona que responde y por lo tanto lo hace ante preguntas, sobre las cuales necesita pensar antes de responder. Nuestra sociedad nos da todos los días respuestas muy fáciles a la gran mayoría de cuestiones, y nos hace creer que con ellas podemos dar respuesta a todas las interrogantes que se nos puedan presentar y que por lo tanto no hace falta indagar más.

Una de las características de la sociedad moderna es que nos da unas respuestas que nos permite controlar todo lo que nos rodea. Para esa persona que cree tener el control de su vida, pues tiene una solución para cada uno de sus problemas y puede controlarlos, piensa que la realidad está ahí, en todo lo que controla. Sin embargo, un día se va a dar cuenta de que esa realidad, su realidad, la que controla, es una realidad muy reducida, que no es toda la que hay.  

El problema que aparece para esta sociedad moderna cuando somos nosotros los que pensamos en las respuestas, es que nos damos cuenta de lo reducida que es nuestra vida y que hemos dejado fuera demasiadas cosas. Pensar implica ver un mundo más amplio, muchas veces desconocido, cuyo enigma tiene un riesgo y puede provocarnos algo de miedo.

Pensar, en este sentido, no se trataría tanto de algo intelectual sino más bien en algo vital, algo necesario para vivir. Pues descubrir la verdad, la belleza y el bien que nos rodea conlleva que nos situamos ante la realidad y ante nuestra vida. Se trata pues de la respuesta o la solución que cada persona logra dar a su vida, y dar al mundo con su vida.

 Es pues, salirse de las respuestas fáciles con las que se contenta el mundo actual: ganar dinero, disfrutar, instalarse en la comodidad, y procurar no comprometerse ni profundizar en las relaciones o en el conocimiento de la realidad, etc.

Existe como temor a sacar lo que tenemos dentro y enfrentarnos con lo desconocido, tal vez por el peligro y el miedo a no tener todo controlado. Quizás en este siglo XXI el exceso de racionalización, en vez de hacer un mundo realista y encantador, ha hecho un mundo idealista y frenético con el solo objetivo de alcanzar una zona cada vez más amplia de confort con la que uno se pueda sentir seguro materialmente, se sienta el dueño.

Pero intentar individualizar la belleza de nuestra vida y de la realidad en todo lo que podamos conseguir se ha convertido hoy en algo prohibido y enfermizo. Esto hace que mucha gente termine amargada. Tarde o temprano nos damos cuenta de que ante la inmensa realidad que descubrimos más que seguridad material nos hace falta seguridad existencial, es decir: alguien en quien confiar.

 El problema de pensar es que te das cuenta de lo pequeña que es nuestra realidad, de lo reducida que es esa zona de confort que nos hemos construido y que tan bien controlamos, de los ejemplos tan limitados con los que buscamos dominar la cada situación.

Recuerdo ahora la alegoría de la caverna de Platón, donde en una cueva donde viven un grupo de hombres atados a unas cadenas, ven solo lo que otros les proyectan en una pared, ven sombras. Y cuando uno que ha conseguido salir, vuelve y se les acerca, les dice: “hay más”, ellos deciden hacerlo callar: “aquí estamos muy cómodos, déjanos en paz”.

            Una vuelta a la realidad, una vuelta a la experiencia debe pasar primero por no conformarnos con las respuestas fáciles, sino a encontrar respuestas que atrapen la belleza de lo real y del verdadero sentido de la vida. Solo esto podrá ayudarnos a cambiar un estilo de vida basado en el confort, por un estilo de vida diligente.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Día 124, del viaje a la maratón de Valencia. El perdón es otra cosa.

 Día 124, del viaje a la maratón de Valencia.

¡¡¡Muy buenos días!!!



No será la última vez que intente hacer comprender a la persona que acaba de decir: ¡perdono, pero no olvido! De las nefastas consecuencias de esa actitud.

Y es que aquí de lo que en realidad estamos hablando es de resentimiento, un sentimiento que nos puede amargar la vida si no somos capaces de buscar contrarrestarlo a base de inteligencia y voluntad. Estamos hablando también de egocentrismo, pues cuando se está centrado en uno mismo se reacciona negativamente ante cualquier hecho que se considere un agravio o una ofensa, dándole una importancia desproporcionada que guardamos en nuestro interior, a veces hasta mucho tiempo después del suceso. Al no ser capaz de dominar el propio yo, el resentimiento controla la situación, y nos aleja de la felicidad a la que sin duda aspiramos.

Todos hemos podido comprobar que hay casos de personas que no se dirigen la palabra durante años y años por algún conflicto pequeño o no tan pequeño, aunque repitan para justificarse: “perdono, pero no olvido”. Y es que el perdón es otra cosa.

Nos podemos encontrar a veces con personas que recogen todos los momentos que consideran que las hieren y los guardan en su mente, bien para “rumiarlos” una y otra vez, agrandando su importancia, o bien para, “soltárselos,” en cuanto tengan ocasión, a la persona o personas que se los provocaron. Veréis que no resulta fácil el trato con estas personas, porque hay que pensarse las palabras que se le dirijan para que no se molesten.

Es verdad que muchas veces, aunque queremos olvidar una ofensa, no lo conseguimos y acudimos la frase: “perdono, pero no olvido”. Sin embargo, podemos decir que, si el perdón es auténtico, el deseo de olvidar también lo será, y la ofensa irá, con el paso del tiempo, perdiendo fuerza hasta extinguirse.

Y, llegados a este punto el tema se nos complica, pues el perdón no es un asunto sencillo, con muchas aristas y muchas preguntas: ¿Hay que olvidar las ofensas que nos hacen, o no?

Pues bien, no es fácil la respuesta: Sí, en el sentido de no guardar rencor, primero porque es perjudicial para uno mismo, y segundo porque el perdón es transformar la ofensa en compasión. Sin embargo, no podemos olvidar haciendo desaparecer de la memoria aquello.

 Además, no olvidar es creativo y la memoria constituye nuestra identidad, cada recuerdo es un paso más hacia la madurez. Perdonar es superar la ofensa y poder recordar sin rencor. El perdón no requiere olvido.

Como veis no es fácil buscar ese equilibrio, sucede además que no se puede controlar la memoria con la inteligencia, es una facultad distinta que obra independientemente de nuestra voluntad y de la inteligencia. La prueba es que, de hecho, a veces quisiéramos recordar algo y no podemos; y otras veces desearíamos olvidar ciertas cosas y no se logra. Se trata, de recordar un suceso sin faltar a ese amor que le debemos a todos y a todas las cosas.  

 El perdón es una decisión que tomamos, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Y olvidar es un método erróneo de conseguir una paz interior.

Si olvidamos una ofensa o un agravio sin hacer desaparecer el resentimiento es como si enterrásemos algo en el jardín, lo único que conseguimos es que no se vea. Se queda enterrado en el consciente, pero permanece vivo bajo tierra y se va a manifestar en nuestra forma de actuar y en nuestros sentimientos.

Las ofensas hay que perdonarlas con amor. Es una forma de decir: “Voy a prescindir de ellas, no voy a amargarme y voy a seguir queriéndote de todos modos”.