martes, 19 de septiembre de 2023

¡¡¡Buenos días!!!

 “Demasiado capitalismo no significa demasiados capitalistas, sino demasiados pocos capitalistas” (G. K. Chesterton)  


¡¡¡Buenos días!!!

Estoy empezando, poco a poco, a volver a integrarme en la vida cotidiana, esa de cada día que nos lleva sin querer a estar pendiente de la actualidad, de toda la actualidad. A volver a ver como todo a mi alrededor tiene prisa por conseguir que tome una posición en cada uno de los temas que, parece ser, más interesan a la sociedad.

Veo que se quiere que me sitúe rápidamente en el mapa de la actualidad y que tome partido, se me pide que tenga unas ideas determinadas y sin embargo no se me argumentan, no se me argumenta nada, solo que acepte unos principios y basta. Y si no se argumenta ni se razona vamos a estar en un estado de conflicto permanente pues muy poca gente puede defender con argumentos su postura, lo que nos lleva rápidamente a la descalificación.

Y claro, te paras a pensar y ves que en la mayoría de las ocasiones son solo sentimientos y si uno hace caso a los sentimientos llega a la peor conclusión. Cuantas personas, por seguir sus sentimientos en un momento de confusión, malestar o inquietud han tomado decisiones de las que luego se arrepienten cuando ya no hay marcha atrás. La cabeza tiene también bastantes argumentos y hay que escucharlos.

Cuando una opinión publica pone demasiado acento en los sentimientos se puede acabar convirtiendo en sensualista incapaz de funcionar cuando el sentimiento empieza a flaquear. Y claro, el problema es que el sentimiento es muy volátil. Todos estamos ávidos de entusiasmo y emoción, y es bueno aceptar ese impulso, el sentimiento y la pasión que a veces nos llevan a hacer locuras, hay que correr algún riesgo que es la materia de lo que están hechos muchos sueños; pero a la vez hay que tener calma para el análisis, para la serenidad del pensamiento, la cordura en las decisiones y esas enseñanzas tranquilas que tenemos en nuestra pequeña historia.

El origen del estado de conflicto permanente en el que estamos desde hace años tiene mucho que ver con que hayamos dejado de ser personas para ser individuos que defienden identidades abstractas. Nuestras reflexiones no tienen en cuenta la experiencia de la sociedad en la que vivimos y esa consideración sin carne es la que utilizamos para establecer cuál es nuestro rival, cuál es el enemigo que impide que nuestros intereses, principios, emociones y deseos no prosperen. Creemos estar defendiendo una forma de vida y estamos parapetados detrás un cadáver.

Estamos en un buen momento para hacer una reflexión crítica sobre qué nos puede hacer vivir en un estado que no sea el de conflicto. Esa reflexión equivale a volver a conectar con la vida, con el mundo de la VIDA, sí en mayúsculas. Hay que ser capaces de superar esas conclusiones inducidas por los lideres políticos, los intelectuales de turno y esos medios de comunicación tan sesgados.

En el momento en que se vuelve a conectar con el mundo de la vida empezamos a ver con facilidad que el gran problema político que existe en estos días no es si la izquierda está haciendo desaparecer una tradición occidental casi desaparecida o si la derecha tiene o no tiene, defiende o no defiende ciertos valores y libertades. La primera libertad que debo tener es la de que no me estén llevando continuamente a un enfrentamiento, la de no obligarme a estar situado en determinada posición. La principal libertad, la primera obligación política, es una sociedad en la que se pueda reconocer la valía del otro. 

domingo, 17 de septiembre de 2023

Sabiñanigo --- Jaca. 22/08/23

 “Lo de comportarse “como un caballero” en los momentos importantes no tiene mucho sentido: un hombre se comporta “como un caballero” en los momentos que no son importantes. En los importantes tendría que comportarse muchísimo mejor” (G. K. Chesterton)  

 Sabiñanigo --- Jaca. 22/08/23

Distancia: 19, 30 km. Media: 16,45 km/h. Altura: 97 m.

Ya ha finalizado este paseo alrededor de la península Ibérica, han sido 87 días de pedaleo en los que hemos recorrido un total de 4320 km en 318,49 horas pedaleando y hemos subido 46314 metros. Los números no pueden mostrar todo lo que ha sido esta nueva experiencia, tampoco es su misión, sin duda, los números ayudan, pero no son suficientes como para describir y descifrar una realidad.

Quizás aún estamos a tiempo de hacernos preguntas sin tener en cuenta todos estos datos antes de llegar a una conclusión definitiva de cómo ha resultado este viaje viendo, analizando el cuentakilómetros. Gracias a los datos podemos creernos que hemos llegado a una conclusión. Caemos en la tentación, pues nos estamos acostumbrando a no razonar sino y a utilizar la informática para crear estadísticas, gráficos y ecuaciones para ver cómo ha sido el viaje y muchas otras cosas en nuestra vida.

La revolución informática permite que con un ordenador se pueda transformar casi cualquier actividad humana en estadísticas, gráficas y ecuaciones. Lo inquietante es la ilusión de pensar que se pueden analizar todas nuestras actividades y sensaciones solo matemáticamente. Porque depositar nuestra fe en los números sería conformarse a considerar al ser humano como nada más que una cadena de información genética condensada en una molécula llamada ADN.

Si no queremos mirar los datos y escribes o pretendes relatar como ha sido un viaje se tiene la sensación de que tenemos que expresar todo lo que llevamos dentro, a no guardarnos nada. Porque creemos que merecemos que se sepa lo que pensamos. O porque ser sinceros parece convertirnos automáticamente en coherentes.

Sin embargo, ¿no sería también bueno callarnos muchas cosas de vez en cuando? Me refiero a callar ciertas formas de entender la realidad, proyectos. ¿No son a menudo nuestras tristes reflexiones extractos de soberbia, por mucho que las maquillemos de análisis clarividentes, de lúcidos discursos o de palabras proféticas? ¿No terminan esas “confesiones” por esclavizarnos? ¿No se habrán apoderado ya de nuestra memoria, nuestro modo de pensar, sentir, desear, determinarnos, amar?

Frente a la costumbre de sincerarnos en nuestros escritos, necesitamos recuperar una sana lealtad a nuestras palabras. Nos tocará ser asertivos, sin duda; pero también con nosotros mismos y nuestras derivas. Vencerse a uno mismo exige aún el esfuerzo de callarse por momentos las críticas y las quejas. Esto no implica resignarse a ser espectadores ciegos, ni fingir que todo vale, que no hay verdad, ni bien, ni bondad. Tampoco es convencernos de que calladitos no molestamos y estamos más guapos. Ni renunciar a hablar las cosas con quien las pueda solucionar.

Pienso que una de las cosas que me ha enseñado este viaje, que por cierto ya sabía, es la necesidad de verme con perspectiva. No solo por higiene mental, sino más bien para percibir la vida de un modo distinto. Recordar el pasado, agradecer el ahora y soñar el mañana. No sé, en ocasiones tengo la impresión de que nuestra mirada cortoplacista nos lleva a sacar conclusiones precipitadas, porque nos quema la impaciencia y las ganas de vivir y, nos topamos con nuestros propios muros. Tener una panorámica deformada nos hace alimentar fantasmas y luchar contra gigantes olvidando las batallas que realmente merecen la pena. Quizás ahora, cuando he vuelto a lo cotidiano y empieza a pesar tanto el paso del tiempo, hace que reajuste el enfoque de las cosas y vea que lo importante es simplemente la vida, la de otros y la mía.

Cuántas veces, en estos últimos días habré pensado qué hare ahora, esperando un futuro que no acaba de llegar. Puede que este tiempo de viaje me haya facilitado el poder separar lo superficial de lo profundo y lo accesorio de lo imprescindible. En un mundo en el que nos pueden las prisas, conviene recordar que nuestra historia es mucho más que el ahora y que la muerte puede llegar en cualquier momento, que lo único urgente son las personas.

Ojalá que dentro de unos días siga buscando nuevas perspectivas como quien otea el horizonte, para examinarme de principio a fin y descubrir que por momentos no soy capaz de concebir con nitidez mi propia realidad.

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viernes, 15 de septiembre de 2023

Laruns --- Sabiñanigo. 21/08/23

 “Hay quienes tienen la noción de que, cuanto más atrás en la historia, más bárbaros debieron ser los tiempos. La falacia es igual a la del hombre que al amanecer dice que, como cuatro horas antes estaba oscuro, catorce horas más atrás debería estar mucho más oscuro todavía” (G. K. Chesterton)  

 Laruns --- Sabiñanigo. 21/08/23

Distancia: 71, 61 km. Media: 11, 33 km/h. Altura: 1340 m. 

Hemos vuelto a España, con los años hemos perdido esa sensación de alegría que nos producía volver a casa, a nuestro país y, es que los tiempos al igual que nosotros hemos cambiado. Aunque pensándolo un poco no es del todo cierto o tal vez nada cierto.

Pues bien, el principio que aquí nos interesa sobre todo es éste. AL pasar esa puerta que hay en el col du Portalet hemos entrado en nuestra casa, y a los que son imaginativos les gusta mirar a través del marco de una puerta. Pero nuestra casa es mucho más grande que la puerta. La verdad es que hay quienes prefieren quedarse en la puerta y nunca dan un paso más allá, se quedan con ese pequeño sentimiento de alegría, se quedan jugando con esa sensación. De cualquier forma, lo cierto es que esa sensación puede ser usada con seriedad para construir algo o con frivolidad para echarlo todo a perder, y mucha gente parece preferirlo cuando echa algo a perder y no cuando lo construye.

Es indudable que un país, una patria, una nación, un hogar o una familia son contemplados ahora mismo solo en sus desventajas, se les ve ahora mismo luchando por su existencia y casi hechos pedazos por las fuerzas materialistas de nuestra sociedad. No diré que esas instituciones no están en su mejor momento porque supongo que nunca lo están. Siempre se quedan cortas viendo hasta donde pueden llegar.  Diría que nunca han estado peor que ahora, pero se debe principalmente a que sus enemigos han hecho todo lo peor que podían contra ellas.

Pienso que poner nombre a las cosas es el comienzo para darles una presencia real, para comprenderlas y aceptarlas o no. Lo que sí noto es que andamos muchas veces más preocupados en nombrar la palabra y en empeñarnos en su uso antes que en averiguar lo que hay detrás de ella. La recalcamos, reinventamos, modificamos, tergiversamos a veces, renombramos, manipulamos (por qué no decirlo), pero al utilizarlas ¿logramos lo que pretenden?

A veces, esas palabras provocan el efecto contrario: nos dividen, nos separan, resquebrajan una convivencia que cada vez nos resulta más difícil que sea pacífica. Quizás lo que falla es que nos hemos olvidado de lo que hay detrás de esas palabras.

Un ejemplo son estas tres palabras: país, nación y patria. Un país es el espacio geográfico, la nación la forma el armazón institucional. La patria, en cambio, es lo que hemos recibido de nuestros padres y lo que hemos de entregar a los hijos. Un país puede ser mutilado, la nación puede transformarse (en las posguerras del siglo XX hemos visto tantos ejemplos de esto), pero la patria o mantiene su ser fundante o muere; patria dice a patrimonio, a lo recibido y que hay que entregar acrecentado, pero no adulterado.

Patria dice a paternidad y filiación. Sí, patria supone soportar lo recibido no para guardarlo en conserva sino para entregarlo íntegro en su esencia, pero crecido en el camino de la historia.

Patria necesariamente entraña una tensión entre la memoria del pasado, el compromiso con la realidad del presente y la utopía que nos lleva hacia el futuro. Y esta tensión es concreta, no sufre intervenciones extrañas, no se extrapola en la confusión de la realidad presente con la memoria y la utopía engendrando fugas ideológicas esencialmente infecundas.

Leí el otro día leí que “La política está para hacer progresar el país, consolidar la nación y hacer crecer la patria”. Y, esto último es lo más difícil. La patria no es lo que yo quiero, sino lo que hemos recibido y tenemos que transmitir a nuestros hijos. Muchas veces se olvida o no se quiere recordad que la patria no es un proyecto inventado según una ideología, pues las ideologías sectarizan y deconstruyen la patria. Es muy triste cuando las ideologías se apoderan de la interpretación de una nación, de un país, y desfiguran la patria.

Hemos vuelto a nuestra Patria. Donde hemos nacido, donde se encuentra nuestra gente, nuestro folklore, nuestras costumbres, así como nuestra historia pasada y presente.

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martes, 12 de septiembre de 2023

Arrens-Marsous --- Laruns. 20/08/23.

 “Las aventuras suceden en los días aburridos, y no en los luminosos. Cuando la cuerda de la monotonía se tensa al máximo, entonces vibra en un sonido como una canción” (G. K. Chesterton)  

 Arrens-Marsous --- Laruns. 20/08/23

Distancia: 36,19 km. Media: 10,05 km/h. Altura: 902 m.

Col du Soulor y col du d’Aubisque han sido los verdaderos protagonistas del día de hoy, sin ellos este día no hubiera sido tan espectacular, pues en ellos hemos disfrutado de unas vistas extraordinarias. Aunque tendría que dar las gracias, para ser justo, a la climatología que nos ha permitido disfrutarlos.

Disfrutamos de dos momentos inolvidables. Uno de los secretos para conseguir que un viaje sea apacible y feliz es aprender a vivirlo momento a momento, día a día. Son los instantes demasiados largos los que nos cansan. Pensamos en un viaje como un todo y no podemos estar continuamente durante tres meses en momentos inolvidables.

De hecho, cuando pensamos en el viaje, es fácil pensar en todo sucediendo al mismo tiempo. Sin embargo, nunca es así. Porque cada momento pasa, y debemos preocuparnos primero por ese único momento.

Es un bendito secreto este, de vivir al día. Cualquiera puede pasar un día pedaleando, por duro que pueda ser, hasta la noche. Cualquiera puede ser un ciclo-viajero, por difícil que pueda ser, por un día. Cualquiera puede disfrutar de un momento impresionante hasta que se ponga el sol. Y esto es todo el viaje para mí, solo un pequeño momento cada día.

Si podemos concentrarnos en el día de hoy, entonces podremos disfrutar del viaje más fácilmente. Si bien debemos tener en cuenta cómo esos momentos afectaran al resto del viaje, debemos darnos cuenta de que este tipo de viaje no está bajo nuestro control y que pensar demasiado en las próximas etapas puede distraernos.

Terminemos la etapa de hoy, tenemos la noche para cerrar cada día. No podemos ver más allá de ellos. Los horizontes cortos hacen la vida más fácil y nos brindan uno de los benditos secretos de una vida verdaderamente feliz.

Todo podría cambiar mañana. Lo que debemos hacer es cumplir con las responsabilidades y los objetivos de hoy y confiar en que la Providencia se encargará del resto.

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lunes, 11 de septiembre de 2023

Esterre --- Arrens-Marsous. 19/08/23

 “La principal diferencia entre los hombres y los animales es que todos los hombres son artistas; aunque la inmensa mayoría de nosotros seamos malos artistas” (G. K. Chesterton)  

 Esterre --- Arrens-Marsous. 19/08/23

Distancia: 32,96 km. Media: 11,81 km/h. Altura: 504 m.

Hoy ha sido un día de relativo descanso, pues los 504 metros de ascensión en solo 33 kilómetros son para mí muchos metros, es más, yo diría que demasiados ya que los hemos ascendido en la parte final. Había que tomarse el día con tranquilidad después del día de ayer.

Según mi manera de plantear las etapas y, siempre que sea posible, procuro no repetir durante más de dos días seguidos esfuerzos intensos. Es ya una tradición en mis viajes; empezar a pedalear cada mañana lo más descansado que pueda. Un día fuerte debe tener un día fácil que le siga.

Es una tradición que es muy complicada que se rompa, y pienso que es fundamental que se mantenga para continuar viajando. Sin esa tradición no existirían desde hace años mis viajes, no se podrían entender ni los pasados ni los que pueden venir.

Con esto de la tradición tenemos un problema, pues desgraciadamente, a veces se confunde tradición con tradicionalismo. El tradicionalismo es el estancamiento de la tradición, es convertir la tradición en métodos inamovibles o en cosas intocables. Muchas personas condicionadas por esta confusión catalogan a las personas como conservadoras o progresistas, como si las primeras despreciasen las actualizaciones necesarias que necesita cada presente y las segundas solo valorasen las ocurrencias actuales olvidando el pasado que nos ha conducido al presente. Y es que todos somos herederos de un pasado. ¿Qué seríamos si fuéramos reducidos a contar solo con nosotros mismos? Por otra parte, no conviene olvidar que una buena acogida del pasado exige acomodarlo y actualizarlo a las nuevas necesidades del presente.  

Mi forma de viajar y de entender el ciclo-viaje es tradicional, con alforjas en todos los lugares donde sea posible y llevando todas las comodidades que puedan entrar en ellas, desde que lo descubrí he ido aprendiendo de todos los ciclo-viajeros que me han precedido, y junto con ellos he ido mejorando, ya sea en distribución, material y recorridos. Pero el ciclo-viaje se va renovando y obliga a seguir estando atento a todas las novedades que van surgiendo. Por eso, el ciclo-viaje es siempre actual, pero teniendo siempre como referencia el mismo espíritu.

El que yo tenga las raíces en el ciclo-viaje tradicional no excluye que pueda expresar una forma original de viajar, nueva y mirando hacia el año que viene. Yo no me limito a repetir los viajes que vi en mi juventud. Ahora la respuesta a las distintas dificultades que van surgiendo son diferentes. Ser fiel al tradicional ciclo-viaje comporta tener en cuenta dos aspectos que son complementarios: uno la conservación y otro la evolución. Añorar el pasado no sirve si uno no es capaz de hacerlo revivir en lo que se crea nuevo.

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viernes, 8 de septiembre de 2023

Beaudean --- Esterre. 18/08/23

 “Cualquier cosa hermosa siempre significa más de lo que dice” (G. K. Chesterton)  

 Beaudean --- Esterre. 18/08/23

Distancia: 43,91 km. Media: 8,51 km/h. Altura: 1385 m.


Hoy ha sido uno de esos pocos días en los que un ciclo-viajero se tiene que enfrentar a un puerto de una cierta entidad. Si hace unos días pasamos por el puerto de Somport, hoy lo hemos hecho por el Tourmalet y, aunque prácticamente no llevaba comida en las alforjas para reducir el peso al máximo, he de decir; que se puede subir, es duro, pero se puede subir.

Me emocione al llegar arriba, estos momentos tienen para mí algo que los hace únicos, son especiales porque soy incapaz de describirlos, nunca encuentro las palabras para expresarlos. Y, es que cuando hace 82 días empecé este viaje no podía imaginar que subiría el Col du Tourmalet, no entraba en mis planes adentrarme en los Pirineos y mucho menos enfrentarme a estas pendientes, que son duras no por su inclinación sino por su longitud.

Es verdad que había imaginado hacer más o menos este recorrido por los grandes puertos del Tour de Francia y de la Vuelta a España, pero siempre, en mi imaginación, los subía sin alforjas. Tal vez mi imaginación ya se encuentre atenuada por los años. Es posible que con el paso de los años empiece a tener miedo de utilizar la imaginación para pensar en el futuro. ¿Por qué? Ya sé que la palabra imaginación puede despertar connotaciones sospechosas: ¿no se tiene la idea de que es “cosa de niños”, o “del loco del pueblo”, como si estropease el trabajo de la comedida y siempre sensata razón? ¿No se cree que con el paso de los años la sensatez va atenuando la fantasía, cosa que, además de ser falsa, resulta ser una gran perdida en nuestra vida?

Pero privarse de la imaginación y de su amiga la fantasía supone echar el cierre a la creatividad y olvidar el camino que nos llevaba a ser más productivos en nuestros proyectos. Porque, en realidad, la imaginación es la auténtica “madre del cordero”, el centro oculto de la realidad, la chispa que enciende ese amor que no se cansa, la que proporciona la audacia para cambiar el agua en vino…

Atreverse a imaginar, como cualquier viaje, se comienza con inquietud, pero se termina con nostalgia. Y, además, no estamos solos en esto, no olvidemos que todo lo que existe para nosotros en este mundo comenzó porque Alguien lo imaginó primero. Bueno, entonces… ¿te atreves?

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miércoles, 6 de septiembre de 2023

Lourdes --- Beaudean. 17/08/23

 “El mal de la aristocracia es que lo deja todo en manos de una clase de personas que puede infligir lo que ella no sufrirá nunca”. (G. K. Chesterton)  

 Lourdes --- Beaudean. 17/08/23

Distancia: 70, 70 km. Media: 12,07 km/h. Altura: 1281 m.

Seguimos en Francia, por donde estaremos los próximos días, nos encontramos en una de las regiones donde el ciclismo de carretera tiene uno de sus santuarios.

Esta tarde no hemos podido evitar subir el Col d’Aspin, aunque sin alforjas pues no nos venia de paso. Había que jugar un poco a ciclistas, cosa que es casi obligatoria en esta zona. Mañana ya será otra historia pues nos está esperando el Tourmalet y con alforjas.

Mientras subía estaba pensando en que lo que se busca en este tipo de actividades, como el ciclismo de ruta con las subidas a estos puertos míticos, así como en los viajes en bicicleta es ser un poco más felices, dejar de lado lo gris de lo cotidiano y despejar nuestra cabeza de las preocupaciones del día a día.

Sin embargo, no puedo dejar de pensar en cómo poco a poco se va imponiendo lo artificial, lo prefabricado, lo sintético. Se nos olvidan las circunstancias que provocan ser un poco más felices y nos quedamos solo con lo esencial, el estado de felicidad. Es como si pudiéramos convertir lo bueno de la vida en pequeñas pastillas y consumirlo cuando lo necesitemos.

Es verdad que necesitamos lugares de expansión, de divertimento y ser un poco más felices, ¿pero los tenemos que vivir basándonos en la lógica del consumo? Creo que la auténtica felicidad está más relacionada a la gratuidad que al bienestar. Se trata de estar bien con uno mismo. Y todo se ordena a ese fin. Si conocemos las claves de la química cerebral y las podemos manejar para sentir felicidad, ¿por qué no? ¿qué hay de malo?

Echo en falta muchas veces una tranquila reflexión sobre qué nos da la felicidad, la auténtica. La que permanece. No la que pasa tras el tiempo que he pagado o la que se me escapa una vez que vuelo a la normalidad, a la vida cotidiana. Porque esa felicidad, la verdadera, no es sólo una experiencia personal, solitaria, que puedo tener a voluntad. Está relacionada con la vida en compañía. Con los momentos agradables con los amigos. Con los recuerdos de los buenos momentos y la consolación en los peores. Y sí, es una cuestión de química, al final. Pero no solo.

No podemos embotellar y vender felicidad, porque no podemos envasar y vender la vida. Aunque a veces nos vendan la idea contraria.

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martes, 5 de septiembre de 2023

Iseste --- Lourdes. 16/08/23.

 “Entre todos los cuentos de hadas no existe ninguno que contenga una verdad moral tan vital como esa vieja historia de La Bella y la Bestia. En ella ha quedado escrita la verdad eterna y esencial que consiste en que hasta que no amamos una cosa en toda su fealdad no podemos convertirla en algo bello” (G. K. Chesterton)  

Iseste  --- Lourdes. 16/08/23

Distancia: 50,63 km. Media: 12,86 km/h. Altura: 520 m.



Continuamos un día más recorriendo el sur de Francia y, como no podía ser de otra manera, había que hacer escala en Lourdes, así que hemos pasado la tarde recorriendo esta particular ciudad. Es este un lugar que ya visité hace dos años y ya pude observar la enorme diferencia que existe entre el pueblo y el santuario.

El pueblo me recuerda cualquiera de los pueblos costeros que tan bien conozco, llenos de tiendas de recuerdos, bares y restaurantes. La diferencia es que en Lourdes todos los regalos y recuerdos giran alrededor del tema mariano.

Otra cosa bien distinta es el Santuario. Nada más entrar en la rampa que da acceso a la explanada, se entra en otro mundo. Las tiendas, los regalos, el comercio, todo eso se queda fuera. Una de las cosas más increíbles es ver la cantidad de nacionalidades que hay allí. Franceses, españoles, mejicanos, argentinos, polacos, italianos, chilenos, colombianos, irlandeses, alemanes, norteamericanos, etc, etc….

Y, a pesar de toda esa cantidad de gente, te encuentras con una paz como pocas veces en mi vida he llegado a experimentar. Impresiona el silencio y la sacralidad de este lugar. Las dos veces que he estado aquí he tenido la sensación clara y nítida de que me encontraba en un lugar santo. Es complicado para mi ir más lejos con las palabras, es difícil expresar lo que se siente y vives en esos momentos.

Probablemente muchos juzgarán este testimonio desde muy diferentes perspectivas, pero sin duda es un lugar para pensar y llegar a conclusiones que para muchas personas resultaran cruciales. Es muy fácil reflexionar sobre uno mismo y darse cuenta enseguida de que no me he hecho a mí mismo, de que nadie me ha preguntado si quería existir o si hubiera preferido no hacerlo. De repente, aparecí. Hoy, mañana o pasado concluirá mi vida. También todo lo que me rodea dejará de existir en algún momento. Y, sin embargo, soy capaz de pensar en lo infinito, es decir, en algo que existe y que nunca pasará. Aunque me encuentro rodeado de cosas pasajeras, me siento atraído hacia lo infinito e imperecedero. Me gustaría que algo de mi permaneciese. Sería muy triste que todo el hermoso mundo fuese solo una instantánea tomada sin más y que pudiera simplemente caer en la nada.

Cualquier esquina del santuario sirve para meditar y encontrar respuestas a cuestiones que nos son vitales, y darse cuenta de porque Santo Tomás de Aquino tenía razón cuando dijo: "Tres cosas le son necesarias al hombre para su salvación: el conocimiento de lo que debe creer, el conocimiento de lo que debe desear y el conocimiento de lo que debe cumplir"

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lunes, 4 de septiembre de 2023

Urdos --- Iseste. 15/08/23.

 “Puede ser que los amigos deban pasar la fase en que sean inseparables, para poder llegar a aquella fase en que pueden ser separados sin peligro” (G.K. Chesterton)  


Urdos --- Iseste. 15/08/23

Distancia: 55,38 km. Media: 15,55 km/h. Altura: 419 m.

Primer día completo en Francia y en la “cara” norte de los Pirineos, que decir que no se haya dicho ya para describir esta naturaleza que hoy hemos tenido la suerte de disfrutar, sencillamente aconsejar que en el momento que se pueda, venir a experimentarla.

¿Quién amaría más un paisaje: un ciego de nacimiento que conociese todas las explicaciones y descripciones que se han hecho sobre lo que tiene delante y todas las alabanzas que le han tributado, o ese campesino que con vista clara lo percibe cada mañana? Aquel tiene mayor conocimiento, y este mayor goce; el goce produce una sensación más viva que el simple conocimiento que adquirimos con el raciocinio, porque la experiencia de una cosa buena o hermosa nos lo hace infinitamente más amable que todo lo que nos puede dar la ciencia moderna.

¡Cuántas veces lo hemos experimentado nosotros! De hecho, nos pueden decir que tal paisaje es único; nos lo describen… Pero sólo cuando lo visitamos y lo vemos podemos decir cómo es y disfrutarlo.

En los viajes pasa lo mismo. Puedo haber preparado y ordenado mis etapas para recorrer un lugar, saber de memoria todas las guías que se han publicado. Pero sólo cuando estoy pedaleando por ese lugar, cuando lo tengo delante de mí, cuando me detengo y me siento sin hacer nada, solo observarlo, es cuando puedo decir: ¡realmente me impresiona este lugar!

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domingo, 3 de septiembre de 2023

Jaca --- Urdos. 14/08/23

 “Mucha gente cree que discrepa de los demás y lo que pasa es que no tienen valor para hablar unos con otros” (J. H. Newman)

Jaca --- Urdos. 14/08/23

Distancia: 47,55 km. Media: 11’50 km/h. Altura: 872 m.

Un día interesante, otro más, en el que hemos vuelto a salir de España para pasar a visitar el sur de Francia, he vuelto por lo tanto a cambiar la ruta original.

Y es que, podemos cambiar muchas cosas, somos libres. Sin embargo, no se puede cambiar todo, ya que no somos omnipotentes. Puedo cambiar el recorrido de todas las etapas que me quedan, o el objetivo final de este viaje, o lo que tengo que comer hoy. Pero, no puedo cambiar la fuerza con la que el sol brilla esta mañana, ni lo que decida otra persona sobre la que no tengo ninguna posibilidad de influir.

Lo que lleva a la conclusión de que lo que sucede a mi alrededor puedo modificarlo en una parte relativamente pequeña, pero en su mayor parte me va a resultar inalterable. Reconocer esto no implica que me tenga que sentir preso de un extraño fatalismo, como si viera las situaciones como inmodificables, ni con fanatismo, como quien se arroja a cambiarlo todo a costa de crear daños incalculables.

En cambio, sí puedo valorar cada una de mis acciones para dirigirlas, de la mejor manera posible, hacia la consecución de cosas buenas que se encuentren al alcance de mi libertad. Sin lugar a duda, por mucho cuidado que ponga, nunca podré controlar completamente las posibles consecuencias previsibles e imprevisibles de mis acciones, pero ello no significa que tenga que cruzarme de brazos y no hacer nada.

Hay muchos aspectos de la realidad que escapan a mi control, mientras que otros aspectos empiezan a cambiar hacia lo mejor gracias a mis pequeñas e insignificantes acciones. Hay una diferencia fundamental entre la actitud tranquila y serena de quien decide desde una buena voluntad, a la actitud de aquellos que viven bajo un posible fanatismo y cinismo.

Cuando se busca el bien, se actúa pensando en que el bien lleva al bien, al menos en general y a largo plazo. Y es entonces cuando tiene sentido realizar acciones buenas, solamente así no se destruye el camino hacia al que debe dirigirse el mundo. Pero solo podemos creer esto si creemos a la vez que el mal no va a conseguir imponerse; que es el bien quien se impone, ya que de otro modo quedaría definitivamente frustrada nuestra buena intención. Se tiene que estar convencido, por eso, de la idea de que las malas intenciones deben transformarse a la larga en sus contrarias y colaborar al bien.

Tenemos que actuar con firmeza, pero aceptando la marcha de las cosas, y esto permitirá a la vez hacer muchas cosas y sus posibles fracasos, ya que no es por nosotros y por nuestras acciones por lo que la razón penetra en el mundo. Si comprendemos esto, viviremos más serenos lo que nos permitirá tomar decisiones valientes, pero siempre con una confianza que nace de la certeza de que no estamos solos en esta labor, alguien más vela por el bien de cada uno de nosotros, y va su ritmo.

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