miércoles, 8 de febrero de 2023

¡¡¡Gracias por este miércoles¡¡¡

 ¡¡¡Buenos días!!!

Mientras tanto, continuaré con mis “sermones” de todas las mañanas. Si miramos un poco el que ha sucedido a lo largo de la historia nos resultara fácil darnos cuenta de que en toda nuestra existencia los hombres hemos estado de acuerdo en algunas cosas que harían que nuestras sociedades fueron mejores, por ejemplo; a tratar de ser personas más justas, a ser lo más prudentes que podamos, a ser moderados con nuestras manías o vicios y a hacer todo el posible para vencer nuestros miedos y a la vez huir de la temeridad.

Veamos, cuando he dicho que buscamos ser prudentes el que estoy diciendo es que hay que tomarse el trabajo de pensar en el que estamos haciendo y en lo que pasará si lo hacemos. Ya sé, que hoy en día esta actitud no está de moda y que pensar para hacer las cosas bien no sé ve como una buena cualidad. De hecho, porque se nos dijo que solo podríamos conseguir el reino de los cielos haciéndonos como niños, muchos cristianos y no cristianos han llegado a la conclusión de que mientras seamos buenas personas no importa que seamos imbéciles.

Pero esto es un malentendido. Para empezar, no se dijo que teníamos que permanecer como niños en cuanto a su inteligencia, por el contrario, se nos dijo, creo recordar, que fuéramos no solo “inocentes como palomas” sino también “cautos como serpientes”, no sé si las palabras son exactas, pero más o menos.

Hay que tener un corazón de niño, pero una cabeza de adulto. Tenemos que ser sencillos, coherentes, cariñosos y estar preparados para aprender, como son los niños buenos, pero también debemos tener toda la inteligencia que podamos para estar alerta en todo lo que hacemos. Mirad, por el hecho de que estéis colaborando o dando dinero a una obra de caridad no significa que no necesitáis averiguar si esa obra de caridad es un fraude o no.

Bien, mañana continúo que ahora no puedo “rematar” el tema.

martes, 7 de febrero de 2023

Vida al aire libre

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton).


Una de las características de los ciclo-viajes es la vida al aire libre, sobre todo si los realizamos con tienda de campaña y nos preparamos nosotros la comida. Y ese estar todo el tiempo en contacto con el ambiente cambiante de la naturaleza que nos va rodeando es a lo que más cuesta acostumbrarse cuando eres un hombre de ciudad.

Estar en contacto con el sol o con su ausencia, con el calor o con el frío, con la lluvia o con el viento, sentir todos los fenómenos naturales en primera persona y sin filtros es lo que más tememos al comenzar, y lo que en muchas ocasiones más satisfacciones nos da.


Lidiar con la siempre cambiante meteorología es un ajuste gradual, en múltiples aspectos. En parte, supone aprender qué tipo de ropa me mantiene abrigado (¡más o menos!) y al mismo tiempo me permite pedalear. Otra parte, sin duda, es un ejercicio de superación del miedo al frío y de desarrollar una mayor apertura psicológica y aceptación en la gestión de los extremos, frío y calor.

Entre las muchas lecciones, aprendes que, según vas adquiriendo un mayor conocimiento, una buena preparación y vas adaptando tu mentalidad, puedes aprender no sólo a tolerar temperaturas más extremas de lo que pudiéramos pensar, sino que aprendemos a disfrutarlas.

Lo realmente sorprendente y uno de los múltiples y geniales regalos que nos aporta el ciclo-viaje, aunque tengo que decir, que requiere de una cierta organización, preparación y planificación, es la cantidad de beneficios que nos otorga, además de mantenernos activos, es el tiempo. A pesar de todo el ajetreo que a primera vista nos pueda parecer, la cantidad de tiempo que nos da para centrarnos en otras cosas y en nuestras vicisitudes es definitivamente uno de los auténticos regalos de viajar con la bicicleta.

Las oportunidades que se nos brinda para la alegría y para estar en paz, que, aunque están siempre presentes en nuestra vida, si no dedicamos tiempo y esfuerzo en considerarlas, a menudo se encuentran ocultas e inaccesibles, y es durante las horas de pedaleo y de descanso, después del esfuerzo de muchos kilómetros, cuando las vemos con más claridad.

Otro regalo son esos pequeños cambios de hábitos y formas de ver todo lo que nos rodea y que pueden crear enormes cambios en nuestra salud, armonía y felicidad. Nunca se me hace esto más evidente que durante cualquier etapa de un viaje.

Y ya solo me queda dar las gracias por tener la oportunidad de hacerlo. 

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¡¡¡Feliz martes!!!

 ¡¡¡Buenos días!!! 

En fin, vuelvo hoy a la misma senda que estoy siguiendo desde hace días. Recordemos las tres cosas que tenemos que pensar para que nuestra sociedad o nuestra querida comparsa desfilen y vayan por un buen camino. Una es clara, que son las relaciones entre una persona y otra, lo qué hay dentro de cada persona y las relaciones entre esa persona y el poder que lo creó, si es que piensa que su vida es un regalo que le han hecho.

Con el primera no tendremos demasiados problemas, es fácil llegar a acuerdos. Con la segunda las cosas ya se complican, y estos problemas se hacen realmente serios en la tercera.  

Si lo pensamos, solo por encima, ya nos daremos cuenta de que es en la tercera donde aparecen las grandes diferencias, entre si asumo que mi vida es un regalo o no lo es, y si esto fuera verdad o no lo fuera. Hay grandes diferencias entre una manera y otra.

Continuaré en los próximos días asumiendo el punto de vista de que mi vida es un regalo, y explicando todo el panorama tal como seria si fuera verdad.

lunes, 6 de febrero de 2023

¡¡¡Buenos días!!! Hace poco fue 9 de febrero.

 ¡¡¡Buenos días!!!

El pasado nueve de febrero nuestra sociedad dio un paso más, otro paso hacia adelante y para muchos, ese paso, nos ha llevado a caer en el precipicio, ya veremos con que resultado cuando lleguemos abajo.   

Me parece que no entendemos, no hemos terminado de entender el término y el concepto de libertad, lo que ha provocado que se haya convertido en una palabra vacía de contenido. Con la palabra derecho ha sucedido lo mismo pues se está usando cada vez más para expresar, justamente, lo que no es el derecho, o de lo que no se tiene derecho.

Creo que la libertad es un derecho del hombre, y los derechos humanos están situados en el interior de cada ser humano, lo que según mi entender no los hace depender de las ideas arbitrarias del gobierno de turno ni de ningún parlamento, ni por supuesto de ningún ministerio de justicia.

El derecho inalienable a la vida y, por lo mismo a la libertad es, esencialmente, el derecho de estar libre de recibir agresiones, y es el Estado quien debe garantizar, con sus leyes, dicho derecho fundamental. Por lo tanto, para mí, sin respeto por la vida no existe la libertad. Y es que, si lo analizamos con tranquilidad nos daremos cuenta de que donde no existe respeto por la vida humana, se podrán cometer los crímenes más atroces y, lo más espeluznante de todo eso es que esos crímenes se van a cometer en nombre de la libertad.

Si existe algún lugar donde no se reconozca en otra persona, se encuentre donde se encuentre, su eminente dignidad humana, se cae en la falacia de que hay seres humanos que merecen vivir y otros que merecen morir. Y, sin duda, este es el mayor fracaso social y a la vez político de ese lugar.

Con el aborto sucede lo mismo, es decir, se libera a las personas de la responsabilidad que siempre va a suponer traer un nuevo ser humano a esta vida, que no es otra cosa que hacer que ese ser humano pague con su vida la irresponsabilidad, pero sobre todo con el egoísmo de los que lo provocan.

No me he cansado de decirlo en muchas ocasiones: el aborto no es un acto de libertad, aunque tengo que decir que, para perpetrarlo, alguien hace un mal uso de su libre albedrío, que no es lo mismo que hacer uso de libertad.

Hay que distinguir esa diferencia, hay que ver con claridad lo que es libertad y lo que es libre albedrio. Hay que preguntarse si: ¿sabemos lo que es libre albedrío y lo que es libertad? La respuesta se sabe si sabemos cómo responder a esta sencilla pregunta: ¿Libertad “para”, o libertad “de”?

Una pequeña ayuda si tenéis alguna duda. Un ladrón se siente “libre de robarle” la cartera a un peatón, se siente libre para disponer libremente del dinero que ha robado. Pero la libertad, la verdadera libertad, la libertad moral, se usa “para” e insisto “para” hacer el bien.  

La verdadera libertad, la libertad moral, se usa “para” hacer el bien. Sin respeto por la vida humana, no hay verdadera libertad.

Muchos de vosotros, ahora, pensareis que mi argumento no sirve contra ese argumento de: “nosotras parimos, nosotras decidimos”. Pues bien, mañana intentaré decir como lo veo yo, cual es mi punto de vista. 

¡¡¡Bueno días lunes!!!

 ¡¡¡Buenos días!!! 


Así que continúo con lo de ayer, ya sé que estáis pensando que la parte final de ayer es un enfoque cristiano, pero es que estamos en un entorno cristiano y no puedo obviarlo. Igual que esa afirmación de que todo hombre vivirá por siempre jamás, muy cristiana también, que, tiene que ser falsa o verdadera. Si pienso que viviré por siempre jamás, me comportaré diferente de que, si pienso que mi vida se acaba en los ochenta años, ¿no es verdad?

Hay muchas cosas sobre las cuales no me haría falta preocuparme si fuera a vivir solo ochenta años, pero por las cuales tendré que hacerlo, y mucho, si viviré eternamente. Es fácil que con la edad mi carácter esté siendo cada día un poco más insoportable, tan insoportable que su aumento a lo largo de ochenta años tal vez no sea demasiado evidente. Pero podría ser un verdadero infierno dentro de mil años si no parara de aumentar.

Por cierto, me viene ahora a la cabeza otra diferencia, la diferencia entre la democracia y el totalitarismo. Si las personas solo viven ochenta años, una nación o una civilización, que pueden durar más de mil años, son más importantes que una persona. Pero si la doctrina cristiana tiene razón, la persona no es solo más importante sino incomparablemente más importante, puesto que la persona es eterna, y la vida de una nación o una civilización, comparada con la suya, es solo un momento.

¿Es curioso verdad?

domingo, 5 de febrero de 2023

¡Feliz domingo!

 ¡¡¡Buenos días!!! 

Decía ayer que teníamos que pasar a la segunda cosa, que no se trata de otro tema más que de la moralidad dentro de la persona, pero lo he estado pensando un poco y creo que no podemos detenernos aquí.

Y es que estamos en un punto en el cual las diferentes creencias que existen sobre la vida nos llevan a tener formas de comportamiento diferentes. Para empezar, está bien que me detenga en mi razonamiento y que continue mostrando las clases de moralidad en las cuales todos los hombres sensatos están de acuerdo.

¿Pero puedo hacerlo? Os aviso que esto inevitablemente nos lleva a hablar de religión, y esto implica unas series de afirmaciones sobre algunos hechos que necesariamente tienen que ser falsos o verdaderos. Y, si son verdaderos, ciertas conclusiones nos llevarán a guiar a nuestra comparsa en una dirección correcta; y, si son falsos, las conclusiones serán completamente diferentes.

Os dais cuenta del problema, vuelvo a aquella persona que nos decía que una cosa no puede estar mal a menos que perjudique a otro ser humano. Este hombre sabe y comprende que no tiene que dañar al resto de componentes de la comparsa, cree sinceramente que lo que él haga con su persona es asunto suyo.

¿No veis una diferencia en el hecho de que yo sea, por así decirlo, el dueño de mi mente y de mi cuerpo, o que sea solo un alquilado, responsable solo ante mi verdadero amo? Y es que si pienso que alguien me ha creado no es normal que piense también que lo ha hecho con algún fin y, si es así no tendré yo muchos deberes que cumplir, deberes que no tendré si sencillamente me perteneciera a mí mismo.

Apreciáis los matices que tiene el asunto.

sábado, 4 de febrero de 2023

¡¡¡Feliz sábado!!!

 ¡¡¡Buenos días!!!


Continuo con el mismo tema de estos días, y es que, ¿de qué sirve enseñarles a los componentes de una comparsa a no chocar entre ellos si están en tan mal estado qué no pueden mantenerse en pie? ¿De qué sirve hacer normas para que nos comportemos bien si sabemos que, de hecho, nuestra avaricia, nuestro egoísmo y nuestra vanidad nos impedirán que las cumplamos?

No estoy diciendo de ninguna forma que no tendríamos que pensar, y hay que hacerlo y mucho, como mejorar nuestro sistema social y económico. Lo que quiero decir es que todo esto no servirá de nada salvo que nos demos cuenta de que solo el valor y la generosidad de las personas conseguirán que nuestra sociedad funcione correctamente.

Es relativamente fácil eliminar o controlar la clase de delitos y avasallamientos que tienen lugar en esta sociedad, pero mientras los hombres sean tramposos o avasalladores encontrarán siempre una nueva manera de llevar a cabo sus abusos. No se puede hacer buenos a los hombres por ley, y sin hombres buenos no es posible una sociedad buena.

Por eso pienso que tenemos que pasar a la segunda cosa que tiene que suceder para que nuestra comparsa desfile como es debido y que no es otra cosa que la moralidad dentro de la persona.

Pero esto, ya será, si no pasa nada, mañana.

viernes, 3 de febrero de 2023

¡¡¡Buenos días!!!

 ¡¡¡Buenos días!!! 

Continuaré con mis reflexiones e intentare aclarar algo más todo el lio de estos últimos días.

¡Mirad! Cuando se dice y a veces, incluso, se insinúa que cuando nos esforzamos para conseguir la solidaridad y la justicia entre las personas y las naciones se está siguiendo la moral cristiana, lo que en realidad se está haciendo es seguir la primera causa para desfilar que nombraba ayer. Cuando alguien dice: “No puedo ser malo, porque esto no le hace daño a nadie”, solo está pensando también en esa primera causa. Piensa que no importa cómo se encuentre él como componente de la comparsa siempre que no choque con el del lado.

Es normal, cuando empezamos a pensar en la moralidad, empezamos por la primera causa, por las relaciones sociales. Es evidente que si no funcionan bien las relaciones sociales tendremos muchos problemas: la guerra, la pobreza, las mentiras…

Si solo nos quedamos en la primera cosa habrá poco desacuerdo en cuanto a la moralidad. Casi todas las gentes de todos los tiempos han acordado (en teoría) que los seres humanos tienen que ser honestos, amables y serviciales los unos con los otros. Pero, aunque es natural empezar con esto, si nuestras ideas sobre la moral se detienen aquí daría el mismo que no las hubimos tenido.

Salvo que avancemos a la segunda causa solo nos estaremos engañando a nosotros mismos.

En fin, mañana veremos si puedo aclarar por qué creo que es así.  

jueves, 2 de febrero de 2023

¡¡¡Buen jueves!!!

 ¡¡¡Buenos días!!!

    Como esta noche ha sido de dormir poco, cometí el “error” de tomarme un café pasada ya la media tarde, he tenido tiempo para buscar un buen ejemplo que intente aclarar lo que decía ayer. Y, creo haberlo encontrado en una Comparsa de Moros y Cristianos.

Si ahora pensamos en todos nosotros, en nuestra sociedad, y nos viésemos como una Comparsa en perfecta formación. El desfile que realizáramos será un éxito solo si, en primer lugar, no chocamos los unos contra los otros o no nos cruzamos en nuestra trayectoria y si, en segundo lugar, si cada uno de nosotros estamos en buen estado para desfilar. De hecho, no es posible tener una de estas dos cosas sin la otra.

Si no hacemos más que chocar los unos contra los otros no podremos avanzar. Por otro lado, si no nos encontramos bien o estamos desorientados no podremos evitar estar tropezando los unos con los otros.

Pero hay una cosa que todavía no hemos considerado. No hemos preguntado dónde se dirige la comparsa. Puede ser que todos estemos bien, en forma, pero así y todo el desfile podría no ser un éxito si unos marcar un paso moro y otros el cristiano. Y por bien que nos encontremos todos y marcamos el mismo paso, si en la próxima esquina unos van a la derecha y otras quieren ir a la izquierda, tampoco vamos a desfilar bien.

La moral, por lo tanto, es lo que se ocupa de estas tres cosas. La primera, de la armonía entre los componentes. La segunda, mantener en condiciones a los componentes para que puedan desfilar. Y la tercera, del objetivo final, del rumbo que tendría que seguir la comparsa para acabar con éxito el desfile.

Lo que sucede en nuestra sociedad es que casi siempre se está pensando en la primera cosa y se olvida de las otras dos.


miércoles, 1 de febrero de 2023

¡¡¡Buenos días!!! ¡Bienvenido febrero!

 ¡¡¡Buenos días!!!

Me temo que algunos de vosotros habéis visto una serie de problemas para aceptar la existencia de una autoridad dentro de nosotros, a la cual alguno de vosotros le ha dado el nombre de “moralidad”, si esto fuera así, no sería en todo caso un problema sino más bien unas instrucciones para manejarnos como personas.

La moralidad no es una cosa que obstruye, no es algo que nos impide pasarlo bien. En realidad, todas las reglas morales son guías para impedir un desarreglo, un problema en nuestro funcionamiento. Por eso al principio nos dan la sensación de que están interponiéndose en nuestras inclinaciones naturales. Cuando explicaba el funcionamiento de una lavadora siempre procuraba hacer hincapié en las cosas que no se tenían que hacer, porque, por intuición las personas tendemos a ver las cosas de una determinada manera sin embargo hay funciones y características que no son tan obvias y que te las tienen que explicar y enseñar.

Y ahora casi no queda más remedio que avanzar unos días más por este camino. Veo, principalmente, dos maneras por las cuales las relaciones entre las personas se estropean. Una de ellas me parece clara, ocurre cuando los hombres se apartan, se separan los unos de los otros o chocan entre si causándose mal, engañándose o agrediéndose. La otra, no tan a la vista, cuando las cosas se estropean dentro de la persona, cuando hay un enfrentamiento entre lo que nos dice nuestra moral y lo que quieren nuestros deseos.  

Buscaré algún ejemplo para que podáis haceros una idea bastante clara del que quiero decir.