miércoles, 11 de enero de 2023

¡¡¡Buenos días!!! Ya es miércoles.

 ¡¡¡Buenos días!!! 

Ya es miércoles, y con ganas de empezarlo para ver que me deparará. Pero antes tendría que aclarar algo que veo que no se entendió bien ayer. He visto que alguno de vosotros a confundido la palabra “caridad” por la de “solidaridad”.

Yo dije “se someta a la ley de la caridad” no “de la solidaridad”. ¿Por qué? Sencillamente porque la “caridad” incluye y enriquece la “solidaridad”. El diccionario nos dice de la solidaridad: “Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”.

Según esa definición además de los que procuran ayudar a los otros, pueden vivir la solidaridad entre ellos los componentes por una banda de mafiosos, por ejemplo; y son igual de solidarios los que se confabulan para defraudar y enriquecerse a base de corrupción. Todas estas personas han borrado del horizonte de sus vidas hasta el más mínimo señal de caridad. Y es que la caridad lleva consigo un amor sincero y profundo a todos los seres humanos. ¿Merece la pena sustituir una palabra por la otra? ¿No empobrecemos profundamente el lenguaje cuando lo hacemos? Caridad- Solidaridad. Dos palabras diferentes y con diferente significado. No pretendamos dejar de hablar de Caridad y reducirlo todo a Solidaridad.

La Caridad llega al corazón de los hombres que se ocupan, en cuerpo y alma, del bien humano, material y espiritual, de los otros. Caridad, solidaridad. Cada palabra en su lugar. La caridad siempre es solidaria porque transmite el amor de Dios. La solidaridad, en la gran mayoría de los casos consigue, si quizás, transmitir un poco de amor sencillamente humano.

martes, 10 de enero de 2023

A quien corresponda:

 A quien corresponda:

La única excusa que hay para escribir esta larga nota es que se trata de la respuesta a un reto. Cuando hace ya un tiempo escribí algunas entradas en este blog se me hicieron algunas aclaraciones. Tal vez, esas personas, pecaron de incautas al hacerle semejantes aclaraciones a alguien dispuesto a escribir una larga contestación a la mínima sugerencia. En fin, aunque esas personas han inspirado las siguientes líneas no tienen por qué leerlas. Si lo hacen, se darán cuenta de que en mis párrafos intento ampliar nuestros puntos en común más que mostrar nuestras diferencias…

Si algo tengo que agradecer a toda esta larga colección de líneas es que me ha permitido repasar y repetirme cosas que ya sabía, y que estoy seguro de que debería de repasar con más asiduidad. Y es que por muy clara que tengas una idea siempre hay que estar repasándola.

Mirad, como ya sabéis, existe una diferencia entre hacer una cosa justa y ser un hombre justo. Existe una diferencia entre hacer una cosa bien y ser una buena persona. Podría seguir, pero me parece que no hace falta.

Aclaro un poco más, un hombre que insiste en hacer no una sino muchas buenas acciones, adquiere al final una cierta cualidad de carácter y puede llegar a ser una buena persona. Y entonces es esa cualidad, antes que, a sus acciones en concreto, lo que le hace ser un hombre bueno. Lo mismo sucede con la justicia.

Si yo pensara solamente en lo que hago bien, podría estar dando a entender varias ideas equivocadas: Podría pensar que, siempre que hiciera lo correcto, no importara el cómo o el por qué lo hago: si lo hiciera voluntaria o involuntariamente, alegre o disgustado, por miedo a la opinión pública o por el hecho en sí mismo.

Pero la verdad es que las buenas acciones que ya hago si las realizo por motivos equivocados no me ayudan a construir la cualidad interna que me hace ser buena persona, y es esta cualidad o característica la que importa realmente.

Puedes pensar que Dios solo quiere la simple obediencia a un conjunto de reglas que nos ha dado, pero lo que quiere es una persona de una determinada manera de ser, que tenga una serie de cualidades.

Y esto me lleva al siguiente punto. Mucha gente a menudo piensa en la moral cristiana como una especie de trato en el que Dios dice: “Si guardáis una serie de reglas os recompensaré, y si no las guardáis haré lo contrario”, pero yo no creo que esta sea la mejor manera de verlo.  

Yo prefiero decir que cada vez que tomamos una decisión, cada vez que hacemos una elección estamos trasformando nuestra cualidad interior de lo que somos en algo ligeramente diferente de lo que éramos antes. Y si consideramos nuestra vida como un todo, con todas sus innumerables elecciones y decisiones, a lo largo de toda ella estamos transformando nuestro ser interior en una criatura buena o en una criatura mala: en una criatura que está en armonía con Dios, con las demás criaturas y consigo misma, o en una criatura que está en un estado de guerra con Dios, con sus congéneres y con ella misma. Cada uno de nosotros, en cada momento, avanza hacia un estado o hacia otro.

Lo que hace la cuestión realmente interesante es que nosotros no podemos averiguar en cada acción que realizan las personas hacia donde se dirigen, pues nosotros solo vemos el resultado de esa decisión no vemos en su interior que marca ha dejado, si buena o mala.

Mirad, un hombre puede estar situado en una posición que, si sufre un ataque de rabia o de ira cause el mal a miles de personas, y otro puede estar situado de otra posición que su ataque de rabia o de ira solo consiga que se rían de él. Pero la marca en su alma podría ser más o menos la misma en ambos casos. Cada uno de ellos ha sido incapaz de controlar su rabia, y según se arrepienta o no, hará que su marca interior le dirija en una dirección o en otra. De ahí que se nos diga que no juzguemos pues las personas solo vemos el resultado exterior. La importancia o insignificancia de lo que hacemos, vista desde fuera, no es lo que realmente importa.

Yo puedo ver que estás realizando una buena acción con una persona, pero al final, no vas a ser juzgado por lo que yo he visto si no por la marca o señal que esa acción está marcando en tu interior.

Y, a partir de aquí voy a referirme a los últimos comentarios que se me hicieron, y no tengo más remedio que escribir que alegremente puedo trasmitir estos conceptos a todos, sean creyentes o no, tengan Fe o no la tengan, y creo que puedo hacer algo más que dar buen ejemplo. Y lo voy a hacer desde el punto de vista cristiano y acerca de lo que los cristianos llamamos la fe.

Si después del párrafo anterior veis que no hay nada interesante ni significativo para vosotros, si tenéis la impresión de que voy a intentar dar respuestas a unas preguntas que nunca os habéis hecho, es mejor que lo dejéis aquí.

Por lo general los cristianos utilizamos la palabra fe en varios sentidos. El sentido más fácil de entender es el que significa simplemente creencia: “yo creo”, aceptar o considerar como verdad las doctrinas del cristianismo. Pero lo que confunde a la gente es el hecho de que los cristianos consideren a la fe en este sentido como una virtud. Como un Don.

Se preguntan: ¿cómo puede ser una virtud? ¿Qué hay de moral o inmoral en creer o en no creer un conjunto de afirmaciones? Son buenas preguntas. Pues se puede pensar que un hombre cuerdo acepta o rechaza cualquier afirmación, no porque quiera o no quiera, sino porque tiene evidencias suficientes o insuficientes. Si esa persona se equivoca acerca de la validez o invalidez de esas evidencias, eso no significaría que era un mal hombre, sino solo que no era muy inteligente. Y es que, si pensará que esa evidencia era insuficiente, pero intentará obligarse a creer en ella a pesar de todo, eso sería simplemente una estupidez.

Es así, pero lo que mucha gente no ve y no se da cuenta pues piensa que si asumimos una vez que algo es verdad seguiremos automáticamente considerándolo como verdad, hasta que aparezca alguna razón para reconsiderarlo. De hecho, se asume que la mente está completamente regida por la razón. Pero esto no es así. 

Por ejemplo, yo puedo estar completamente convencido porque mi razón me lo dice por las evidencias válidas que ha comprobado; veo todos los días a ciclistas pasando por delante de mí y que se puede mantener el equilibrio sobre dos ruedas. Mi razón sabe perfectamente que el cuerpo humano puede mantener el equilibrio sobre la bicicleta. Pero la cuestión está en si seguiré creyéndolo cuando la persona que me esté enseñando me suelte y me deje solo encima de la bicicleta… o si dejaré súbitamente de creerlo, me asustaré y caeré.

No ha sido la razón lo que me ha quitado mi fe en el equilibrio: por el contrario, mi fe está basada en la razón que poseía. Han sido mi imaginación y mis emociones las causantes de mi perdida de fe. El enfrentamiento se ha producido entre la fe y la razón por un lado y la imaginación por el otro.

Si pensáis un poco en lo anterior os encontrareis con muchos ejemplos. Como el nadar o el enfrentarse a una operación y dejarlo todo en manos del anestesista y del cirujano.

Con el cristianismo ocurre lo mismo. Yo no le pido a nadie que acepte el cristianismo si su mejor razonamiento está contra él y si dice que tiene las suficientes evidencias para ello. Ese no es el punto en el que entra la fe.

Vamos a suponer que alguno de vosotros basándose en sus evidencias decide que está a favor del cristianismo. Yo puedo decirle lo que le pasará dentro de algunas semanas. Llegará un momento en que tenga un problema, o se encuentre viviendo entre personas que no creen en cristianismo, y de pronto sus sentimientos se rebelarán y empezarán a atacar su creencia, o tal vez vea la oportunidad de ganar un poco de dinero de una manera que no es del todo ortodoxa: un momento, de hecho, en el que sería muy conveniente que el cristianismo no fuera verdad. Y una vez más sus deseos y aspiraciones se rebelarán contra él.

No estoy refiriendo a momentos en lo que aparecen auténticas razones en contra del cristianismo. Esos momentos ha de ser enfrentados y eso es un asunto diferente. Estoy hablando de momentos en los que un simple cambio de humor se rebela contra él.

Pues bien, la fe, en el sentido en el que utilizo ahora esa palabra, es el arte de aferrarse a las cosas que nuestra razón ha aceptado una vez, a pesar de nuestros cambios de ánimo. Ya que el ánimo cambiará, os diga lo que os diga vuestra razón. Lo sé por experiencia. Esta rebelión de los estados de ánimo contra nuestro autentico yo va a ocurrir de todas maneras. Y precisamente por eso la fe es una virtud tan necesaria.

Pero claro para que esto suceda primero tendremos que reconocer el hecho de que nuestros estados de ánimo cambian y de que, si hemos aceptado el cristianismo, algunas de sus principales doctrinas van a ser deliberadamente puestas en duda a nuestras mentes todos los días. Y tendremos que recordarnos continuamente aquello en lo que creemos. Ni el cristianismo ni ninguna otra creencia permanecerá automáticamente viva en nuestra mente, hay que alimentarla.

Voy terminando, hay ciertas cosas en el cristianismo que pueden ser comprendidas desde fuera, antes de ser cristiano. Pero hay muchísimas otras que no pueden ser comprendidas hasta que no se lleve caminando por este camino cristiano durante algún tiempo. Son cosas sencillamente prácticas, aunque no lo parecen. Son instrucciones para tratar con diferentes problemas y obstáculos, y que no tienen sentido hasta que no hemos llegado a ellos.

Cada vez que me he encontrado con algún escrito cristiano o con una afirmación que no he comprendido, he llegado a la conclusión de que no debo preocuparme. La dejo reposar. Y siempre ha llegado el día, en que súbitamente me he dado cuenta de lo que significaba, y tengo algunas en que ese momento aún no ha llegado.

Se que ha sido largo, pero no se reducirlo más y también se que hay muchas cosas por aclarar, y eso es lo que lo hace más interesante, pues el cristianismo no es la solución para todos los problemas pero creo que es la herramienta que nos permite afrontarlos con una cierta garantía. 

¡¡¡ Qué gran martes se nos presenta!!!

 ¡¡¡Buenos días!!! 

Empezamos este día con la esperanza de que este sea un día especial. Veremos si nos aclaramos un poco y vemos con un poco de claridad por qué la idea de patria es un acto de voluntad que nos nace desde dentro y que nos lleva a ser sus servidores y no sus esclavos. Si comprendemos esto comprenderemos que el nacionalismo de derecha no se opone como podríamos pensar y a veces suponer al antipatriotismo de izquierda.

El que yo me considere un servidor de mi patria resulta tan extraño y sorprendente para un militante de izquierdas como a uno de derechas. Según cómo lo ven uno y otro, la nación no es la patria, es el Estado. Que yo me considere enamorado de mi tierra natal o adoptiva es un sentimiento que consigue que quiera servirla, ayudarla, hacerla más bella. Es ese el espíritu que genera el lugar de nacimiento, sus gentes y su territorio el que cuesta entender, se trata de un sentimiento que tiene que nacer desde dentro del mí hacia fuera no al contrario.

La izquierda sabe muy bien, en un momento dado, como servirse del Estado como de un aparato indispensable para controlar y vencer la resistencia de las personas porque sienten la obligación de estimar a su nación, por lo cual es tan nacionalista como lo pueda ser un nacionalista de derecha. Lo que se detesta de la idea de patria es que sea tan humana que solo se someta a la ley de la caridad. Tomemos nada más un ejemplo, el principio del reclutamiento obligatorio, es a mi manera de ver monstruoso y a la vez ridículo. Al decretar el reclutamiento obligatorio, se traiciona a la civilización y se inaugura el mundo totalitario. Desde el momento en que es necesario un decreto para que todos los ciudadanos pertenezcan en el Estado, ¿por qué no pertenecer a él por siempre jamás, desde el nacimiento hasta la muerte? He aquí por qué un antipatriota puede muy bien convertirse fanáticamente en nacionalista, sin dejar de ver en la patria más que una superstición peligrosa, capaz de limitar los derechos del Estado.

lunes, 9 de enero de 2023

Cubiertas nuevas.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton).

El día de Reyes, sus Majestades los Reyes Magos tuvieron la amabilidad de traerme a casa las cubiertas con las que este año voy a viajar. Todos sabemos lo importantes que son las cubiertas para un viaje cicloturista pues ¿quién no se ha quedado tirado alguna vez en la carretera por culpa de un pinchazo?

A todos no ha sucedido en alguna ocasión, lo hemos solucionado y adelante. La verdad es que no recuerdo la última ocasión en la que pinche, desde luego en esta etapa de pensionista no lo hecho. Han sido tres años en los que, durante los viajes a Galicia, a Venecia y en este último a Nordkapp no lo he hecho.

Las cubiertas, la suerte, no lo sé, pero no solo se pinchan las ruedas de la bicicleta cuando viajamos, se nos pincha un sueño cuando más lo estamos disfrutando, una ilusión se nos pincha y nos venimos abajo, pinchamos muchas veces en nuestra vida.

Cada pinchazo es un fiasco y un contratiempo que lo mínimo que provoca es un pequeño ataque de rabia, por la impotencia que te deja el no poder continuar. Quizás le podemos poner un parche y podemos seguir, sin embargo, ya sabemos que esa cámara ya no es la misma y ya no se ha quedado igual. Es así, en la vida nos sucede lo mismo y, cuando ocurre, vamos aprendiendo a desinflarnos sin perder la calma, a funcionar con parches hasta que lo podemos solucionar completamente, a tirar adelante con menos aire, pero sin parar.

No cada vez que pinchamos se produce un problema, hay pinchazos que nos solucionan algunas dificultades, el pinchazo que el médico nos sabe dar para cuando ya no soportamos más el dolor, o ese pinchazo que sirve para que nos podamos vacunar.

En fin, dentro de nada comenzaremos los rodajes con la bicicleta y las cubiertas nuevas ya con la vista puesta en los próximos viajes. 

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¡Por fin es lunes! ¡Buenos días!

 ¡¡¡Buenos días!!!

Ya sé que no dije ante ayer lo que somos nosotros, o como me considero yo al menos, pero era para no hacerlo tan largo, pues, aunque és en estas horas donde uno se encuentra con las ideas más claras también es verdad que es cuando más cosas tiene que hacer. Yo aconsejo tomarse un tiempo para tranquilamente beber sorbo a sorbo un café, y el día empieza mejor.

Me gustaría pensar que nosotros y por tanto yo, somos un ser moral que tiene derechos y deberes, que puede pedir todo, pero que no podría pretender exigir todo en nombre de la misma ley con la cual se rigen los animales. No soy como un niño de pocos meses que tenga la obligación de llevarme a la boca lo mejor posible y engordar. No pienso que el mejor de los mundos o al menos el menos malo, como piensan los nacionalistas, sería aquel en el cual cada hombre o nación, agrandada el más posible, con el estómago lleno, dijera con aires de superioridad a los otros por encima de sus fronteras: “Lo estoy haciendo bien, me comporto bien…”. Muchas personas y naciones lo hacen y por lo tanto lo admiten sin ningún rubor, y lo hacen porque no se creen llamados a otra cosa, lo admiten para ellos, no lo admiten para los demás. Y esta contradicción nos muestra donde finalizarán esas ideas.

Veamos, nosotros, así como nuestro país deberíamos tener una vocación universal. El egoísmo no puede ser el principio en el cual se basan todas nuestras acciones, ni nuestro país tiene que seguir políticas nacionalistas, porque todo esto es un engaño y nos equivocaríamos totalmente. Mirad un ejemplo muy próximo, mientras los nacionalistas de derecha, por ejemplo, que aborrecían la Rusia soviética, proclamaban en el siglo pasado la pretendida cruzada franquista con la excusa de la primacía absoluta del interés nacional, ahora, que hacen hoy los rusos sino retomar, en favor de la expansión rusa, los argumentos con el que los pobres necios de derecha nos invitaban con su espíritu realista en el siglo pasado, a la expansión fascista y nazi. Y es que hoy nuestros dirigentes aun no tienen claro el significado de patria y de nación.

En fin, mañana un poco más.

sábado, 7 de enero de 2023

¡¡¡Buenos días¡¡¡ !!!sábado!!!

 ¡¡¡Buenos días!!! 


Tal vez ayer pudisteis pensar que estaba lanzando un mensaje demasiado nacionalista y todavía más pesimista, pero ya sabéis el que pienso del pesimismo. No, no tenéis que pensar de ninguna forma que los acontecimientos que nos están ocurriendo nos sobrepasan, como si no nos quedara más remedio que sufrirlos.

Todo lo que nos está pasando no tiene ahora más importancia de la que tuvo hace siglos, somos nosotros, los hombres actuales los que nos hemos devaluado, no estamos a la altura. ¡No esperáis ahora que nuestros dirigentes lo reconozcan! Piensan que no se han hecho más pequeños si no que los acontecimientos son ahora de dimensiones más grandes. Pero no es verdad. No se atreverán nunca a confesar que han perdido nivel, lo que prefieren hacer es vengarse con la historia que se lo demuestra día a día. Son cada vez más propensos a negar la historia, a no ver en ella nada más que un conjunto de fatalidades históricas.

Está llegando el día en que el más pequeño texto o frase sacado de entre los más clásicos, los más tolerantes, los más humanos de nuestros pensadores – Unamuno, por ejemplo, u Ortega- resonará como un trueno en sus oídos como una voz de alarma en las cabezas de los políticos mostrándoles lo incompetentes que son.

Alguna vez habré pasado, creo que erróneamente, por un panfletario porque las ideas que propongo, por muy modestas que sean, no me ha sido suministradas por ningún gabinete político ni órgano de propaganda de ninguna ideología. He sido yo el que ha salido a buscarlas, las podéis encontrar un poco rústicas, poco elaboradas, pero las expongo tal cual las siento, desearía hacerlo sin ninguna intención, aunque esa segunda intención fuera la de convenceros. Las muestro con toda la humildad de la cual soy capaz.

En realidad, una persona razonable hoy en día no puede hacerse demasiadas ilusiones de poder utilizar su poder sobre las conciencias, porque hay una técnica para mentir, pero la verdad no tiene ninguna técnica, frente a la colosal industria propagandística.

viernes, 6 de enero de 2023

Otra vez ¡¡¡Buenos días!!!

 ¡¡¡Buenos días!!!

Vuelvo a donde lo deje hace días y, tengo que decir que, aunque nunca he salido de Europa, intuyo por los medios que tengo a mi alcance que Europa está presente en una gran parte del mundo. Puedo adivinar que en muchos de los pequeños pueblos esparcidos por el mundo de los cuales ni siquiera encontráis el nombre en el mapa se habla o se piensa de Europa. 

Repito que Europa está presente en cada uno de estos pueblos porque ha sido siempre para ellos la hija mayor de la Iglesia o la Emancipadora del género humano, a elegir entre una u otra según se prefiera. Sí, sí, encontraréis esto un poco a cuento, pero es así, ¿qué queréis que os diga?

Probablemente estas personas se sienten heridas en el más profundo de su ser al ver lo que nos está pasando en Ucrania, y no han comprendido ninguna de nuestras excusas, estoy seguro. Sí, tengo que decíroslo. Es necesario que lo sepáis. Haríamos bien de repetirles que ellos, en nuestro lugar, habrían hecho lo mismo, pero ellos no tienen por costumbre ponerse en nuestro lugar. Nunca se han puesto en el lugar de un pueblo que cuenta con gran número de santos y héroes, en el lugar de la Europa de Carlomango, de San Lluís, de Juana de Arco, del Grand Emperador, de Santo Tomas... nunca se atrevieron.

 Sí, gran parte del mundo está asistiendo de lejos el hundimiento de Europa. Empiezan a no creer a Europa, pero creen todavía en nosotros y no desean nada más que depositar sobre nosotros esa fe que, por otro lado, no han entregado nunca total y confiadamente a Europa.

 Efectivamente, durante años y años nuestros rivales en Europa se esforzaban a presentarnos como un pueblo decaído, que andaba lentamente y como a disgusto por la vía del progreso, y ese progreso tan enaltecido acaba de deteriorarse. Saben muy bien que ese progreso no es el nuestro, que no era el tipo de progreso que nosotros habíamos anunciado a la humanidad, cuando en el momento más alto de nuestro prestigio y de nuestro poder nuestro país lanzaba en el mundo su gran mensaje de esperanza y fraternidad.

Consideran que España no puede haber dicho todavía su última palabra. Que depende solo de ella volverse contra un orden que es en realidad la dictadura de un progresismo delirante, poseedores de inmensos recursos espirituales acumulados a lo largo de siglos y con los cuales contamos todavía ahora. Dicen que este orden no es español, que España ha intentado en vano configurar con él su libre genio, agotándose despacio en esa lucha impotente contra sí misma; que su misión histórica es, a partir de ahora, no solo rechazar este orden, sino pensar otro -sí, pensar otro-, pensarlo con esa sensibilidad prodigiosa de una inteligencia que la ha conducido siempre a ideas vivas, que la ha llevado a una verdadera encarnación del pensamiento. 

martes, 3 de enero de 2023

¡¡¡martes!!! ¡¡¡Buenos días!!!

 ¡¡¡Buenos días!!!


Empezamos un día nuevo, lleno de proyectos e ilusiones, así que el primer proyecto será retomar el tema que dejé a medias ayer.

Si ahora os digo que existe una Europa visible y una Europa invisible, sabríais decirme cual sería la diferencia, como es la diferencia entre sus ciudadanos y el espíritu europeo. Parece claro que los que pertenecen a la parte visible tienen derecho al nombre de europeos y a todas las ventajas que este nombre lleva en el inmenso y soberbio mundo. En cambio, la Europa invisible es la Europa de los grandes europeos, la del espíritu europeo. Entonces, si la Europa de las grandes personalidades europeas es realmente el alma de Europa, la Europa visible sin ella no sería sino como un cuerpo sin alma.

No estoy enfrentando a estas dos Europas. Lo que quiero decir es que existen millones de hombres alrededor del mundo que, al haber conocido y estudiado nuestra concepción tradicional de Orden y Libertad en el momento más importante de nuestra tradición cultural, se dan cuenta, casi sin saberlo, que les gusta el espíritu europeo y son participes de la civilización occidental, y no como simples imitadores, sino como culturalmente occidentales.

Quiero decir que existen millones de hombres en el mundo que no han leído, ni leerán nunca a los grandes filósofos y pensadores europeos como lo hacían hace solo un siglo nuestros ascendientes, pero que guardan de Europa esa imagen que tantos de nosotros hemos perdido y que no hemos reemplazado por otra.

Naturalmente, no podría exigir de vosotros que me creáis, no puedo demostrar lo que acabo de deciros. Pero sabéis muy bien que no soy una de esas marionetas políticas que intenta vender una ideología, sino solo mostrar una idea.

lunes, 2 de enero de 2023

¡¡¡Buenos días!!!

 ¡¡¡Buenos días!!!

Nos falta imaginación, nos falta muchísima imaginación. Creímos que después de la guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial todo iba a ser más tranquilo y sin más guerra en nuestra querida Europa. Os creéis, por ejemplo, que en una Europa donde Rusia ataca Ucrania provocando una guerra que se podría transformar en nuclear, podréis llevar a partir de ahora la misma vida que estáis llevando. ¡Qué optimismo! Europa corre estos días un gran riesgo y tiene la mejor oportunidad de su historia. Esta es para mí una verdad que me gustaría, si pudiera, trasladaros.

Estoy seguro de que os gustaría que hablara más de la “mejor oportunidad de su historia” que de la que está “corriendo un gran riesgo”, pero las dos vienen a ser la misma, al menos, estas dos verdades están unidas. Precisamente porque Europa corre un riesgo muy grande, tiene ahora su mejor oportunidad. Vosotros veis, nada más salir de vuestra casa, por todas partes, la civilización europea. Veis sus obras. Nos encontramos con regiones muy grandes de la tierra donde es imposible ver esas obras, pero su espíritu se encuentra por todas partes.

Sí, hay miles o millones de hombres para los cuales la civilización europea es un bote salvavidas, una protección, o, mejor dicho, una patria celestial. Lo digo así porque lo creo de verdad. Lo digo todavía a riesgo de que algunos de vosotros se encojan de hombros y crean que les estoy comiendo el “coco”. Desde hace mucho tiempo esos millones de hombres se dieron cuenta de que sobre el mundo planeaba una amenaza de humillación y sumisión. Ellos no sabían aclarar ni precisar muy bien esa amenaza. La sentían simplemente como se siente la proximidad de una tormenta. Los cristianos veían en esta amenaza una amenaza contra la Iglesia y todos los valores espirituales de la cristiandad. Los otros no pensaban sino en la libertad.

Pero unos y otros se imaginaban la civilización europea como un muro infranqueable. Aquí estaba ese pensamiento europeo, confundido en todas partes con la libertad de pensamiento. Aquí estaban nuestra tradición y nuestros grandes hombres. Aquí estaba nuestra historia, tan humana, y nuestra leyenda, más humana aun que nuestra historia.

Ahora, esos millones de hombres han intuido de repente el peligro que planea sobre lo que ellos estimaban. Al hilo del fúnebre presentimiento que los ha invadido de repente, se han dado cuenta por primera vez que Europa no solo ocupaba un lugar importante en el mundo, sino que tenía también en sus conciencias un lugar no menos importante, y han medido al mismo tiempo la profundidad de la esperanza que habían puesto en nosotros.

En fin, tal vez mañana, continúe con el tema.

domingo, 1 de enero de 2023

¡¡¡2023, Buenos días!!!


 ¡¡¡Buenos días!!!

Después de cumplir con las obligaciones de ayer, tengo que volver un poco al mismo tema, porque están surgiendo dudas sobre el que se entiende o di a entender por civilización. Todos entendemos, más o menos, lo que es una civilización: un conjunto de costumbres, saberes y artes propio de una sociedad humana. Nos dice el diccionario.

Podemos imaginar una civilización como un hogar, una casa. Como un lugar donde se reúnen personas que tienen los mismos intereses y objetivos. Hasta ahora casi todas las civilizaciones han sido tradicionales. Eran una obra que se hacía entre todos. Ya sé que todas las civilizaciones han tenido y han producido injusticias. Sin embargo, esas injusticias se producían por las decisiones de las personas basadas en unos principios morales. Lo que unas personas habían hecho, otras personas podían deshacerlo. Lo que le está pasando a nuestra civilización es que se está transformando en una civilización mecanizada, técnica, informatizada y basada en algoritmos.

Si esta civilización tan técnica y basada en porcentajes, beneficios y perdidas, tiene una moral, esa moral no podrá nunca parecerse a la moral tradicional, a la moral de las personas. Un ejemplo: tenemos un sistema de protección y asistencia a los débiles, enfermos e inválidos de todas clases. Pero, desde el punto de vista de una civilización técnica que mira costes, ventajas y desventajas, tarde o temprano intentará suprimir a las personas que producen esos costes sin beneficios. Y esto se hará lentamente, despacio y buscando que esas ideas entren en nuestras conciencias.

Y casi sin darnos cuenta estaremos aceptando que el destino del hombre tiene que estar sometido al determinismo de las leyes económicas. Quizás no hemos visto ya como para mantener el precio de un producto tan indispensable para la vida como es la leche, los ganaderos la echan en el río. ¿Quizás nos parece una cosa tan extraordinaria que se destruya? ¿Quizás esto nos indigna?