viernes, 13 de marzo de 2020

Un antes y un después.

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Viernes 13 de marzo de 2020, muy mal día, han aplazado la maratón de Boston para el 14 de septiembre o lo que es lo mismo la han suspendido para mí, seguramente ya no correré esos 42195 metros, en fin que le vamos a hacer. Si el día empezaba mal ha terminado peor, el Gobierno de España ha decretado a partir de mañana el estado de alarma por culpa del coronavirus.
Dos hechos que de ninguna de las maneras hubiera imaginado cuando empezó este 2020, cuando entre los proyectos para este nuevo años tenía la maratón de Boston, el viaje al Cabo Norte así como el Camino de Santiago. El primero ya esta fuera, el segundo corre un serio peligro y el tercero espero con ilusión que no tenga ningún problema.
Tengo que decir que al principio infravalore un poco el coranavirus o como se le esta llamando también Covid-19, y veo que ya ha cambiado mi vida y me esta suponiendo varios problemas añadidos.
A mi juicio, hemos entrado en una nueva fase, lo que está pasando estos días no es un hecho transitorio sino un acontecimiento, algo que va a marcar sin medias tintas un antes y un después.
Lo primero que tendríamos que hacer es reconocer la importancia de este acontecimiento. Obviamente, como todo acontecimiento dramático, el segundo paso es una cuestión de la confianza, hace falta fiarse de algo. Ante un caso epidemiológico, lo que se impone es la medicina: de los médicos hay que esperar que la política, la economía y la sociedad tomen sus consejos para el bien común porque es de naturaleza médica lo que está sucediendo.
Lo que pasa esos días es un hecho sanitario y debemos mirar a los médicos con simpatía y disponibilidad. Lo digo porque creo que estos días, en los que se han dicho tantas cosas muestran en pocas palabras dos resultados nada desdeñables. Por un lado, estamos viendo como tenemos una economía que no esta pensada para el hombre. Por primera vez desde la caída del muro de Berlín, se tiene que elegir entre la salvaguarda del propio sistema económico, financiero y productivo, y la supervivencia concreta de la gente.
Es verdad que no es la primera vez en que nos enfrentamos a esta disyuntiva, pero en el pasado siempre ha habido algún espejismo ideológico que nos impedía ver lo que estaba en juego. Eso ya no existe. Es evidente que cerrar un país o una región significa claramente condenar económicamente a la zona que se cierra, pero también está claro que una economía que fracasa porque debe detenerse para salvar vidas humanas es una economía que ya ha fracasado porque está en contra de lo humano, contra el motivo por el que nació: el bien de todos.
Cuando acaben estos meses, serán nuestras ganas de vivir lo que volverá a poner en marcha la economía, igual que – al final de cada día – es nuestro deseo de vida y de decir sí al futuro lo que hace de ese día un tiempo vivido y no un tiempo perdido. Será nuestro sacrificio, nuestra voluntad para atender con seriedad, sobriedad y humildad todas las indicaciones sanitarias y civiles que se nos den para que el ataque de este virus llegue a ser el inicio de algo nuevo, el camino para poder volver a empezar, para descubrirnos en el fondo cambiados, más sinceros, más alegres, más libres y más dispuestos a sacrificarnos.  

Buenas Noches.

jueves, 12 de marzo de 2020

Que lo urgente no nos quite lo importante.

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton) 


Hace dos días que no doy las “Buenas Noches”, y no es porque me distraiga leyendo la gran cantidad de noticias sobre la epidemia y ahora también pandemia del coranavirus, no, ha sido por otros motivos, entre los que cabe destacar el cansancio acumulado por el entrenamiento para la maratón de Boston, que de momento no está suspendida.
Quién hubiera podido pensar que un microscópico virus puede derrumbar todo el bienestar y la tranquilidad que estamos disfrutando, como íbamos a imaginar que tendríamos esta clase de problemas por desear y tener un mundo sin fronteras.
Estamos viendo casi al minuto como se nos hacen trizas muchos de nuestros logros, como asistimos al cierre de fronteras, a nuestra fragilidad humana que nos recuerda que somos mucho más vulnerables de lo que pensábamos. ¡Cuántas lecciones podemos sacar de este problema si, en verdad, sabemos interpretarlo como un signo de los tiempos!
Menos mal que no estamos a la intemperie, que tenemos raíces, que poseemos puntos de referencia y unos vínculos sólidos, que sabemos cuales son nuestras obligaciones en estos casos de incertidumbre y que las vamos a cumplir.
Comentaba esta mañana que todas estas incomodidades que vamos a pasar no podrán calmar jamás las ansias profundas de felicidad que están inscritas en nuestro corazón. Esta “peste” pasará, como pasaron todas las pestes que conoció la humanidad. Pero nuestros principios y nuestra idea de entender y ver la vida como un don no pasarán. Por eso nos conviene entender, de una buena vez, que gracias a nuestra forma de ver la vida, nos movemos y existimos.
¿Qué hacer, entonces, frente a esta emergencia? Lo que nos dice nuestra conciencia y nuestro sentido común; si la vida es un don, defendámosla. Hagamos todo lo que nos digan para defender nuestra salud, estemos disponibles siempre para ayudar, y tengamos una caridad exquisita con los infectados.  
En fin, el coranavirus podrá enfermar nuestro cuerpo pero no debe alterar nuestra alma. Cuidado y prevención, por supuesto, con todos los medios a nuestro alcance. Pero que lo urgente no nos mate lo importante.

Buenas Noches.

lunes, 9 de marzo de 2020

Insisto: el tema es serio.

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton) 


Parece cada vez más claro que vamos a tener que relacionarnos de alguna manera con el coronavirus, si es que no lo estamos ya, tenemos que estar preparados para enfrentarnos a situaciones que van ha ser extrañas para nuestra forma de vida.
Lo estamos viendo, cada hora cambia la situación y esta mañana me planteaba cómo aceptaría una cuarentena, por supuesto preferiría que fuese en casa pero se podría dar la circunstancia que tuviese que realizarla en cualquier otro lugar, por ejemplo: en un aeropuerto, hospital, hotel o en otro país. Tengo que correr la maratón de Boston el 20 de abril.
No estaría mal que ahora que aún estoy a tiempo me planteara cómo vivir una cuarentena.
Lo primero que se me ocurre es intentar ver el lado positivo, complicado verlo hoy pues va a depender del lugar, pero si fuese en casa, estoy seguro que realizar una limpieza a fondo del piso sería una opción que me mantendría ocupado una parte importante del aislamiento. Voy a tener que echar un vistazo a ver si tengo paracetamol o ibuprofeno y localizar el termómetro, por si las “moscas”.
Como no podría salir ni a correr ni a tomar mi café tendría la ocasión para pensar y reflexionar un poco más y así poder realizar estas “Buenas Noches” con un poco más de sentido, y supongo que también serían más largas y por lo tanto más pesadas.  
Pero lo importante es que nos tenemos que tomar en serio al nuevo coranavirus, ya sea como pandemia o no. No hay que quitarle importancia. Pues en menos de dos meses hemos visto como se ha extendido por todos los continentes. Por eso es fácil que ya estemos en una pandemia, ya que esto implica una transmisión sostenida, eficaz y continua de forma simultánea en más de tres regiones geográficas distintas. Pero eso no quiere decir desastre, ni es sinónimo de muerte, pues la pandemia no se refiere a la mortalidad sino a su trasmisión y extensión por el mundo.
Lo que sin duda sí hay es una pandemia de miedo. Por primera vez en la historia estamos viviendo una epidemia a tiempo real: todos los medios de comunicación, varias veces al día, todos los días, en todo el planeta, hablan del coronavirus. Seguimos el goteo de cada uno de los casos en directo.
Insisto: el tema es serio. Hay que informar de lo que está ocurriendo, pero también necesitamos buenas noticias.
Por ejemplo; sabemos lo que es, esta identificado el virus. Sabemos cómo detectarlo ya que las pruebas y los análisis funcionan perfectamente. El 81% de los casos son leves y en el 14% puede causar neumonía grave y en un 5% puede llegar a ser crítica o incluso mortal.
No se suele decir mucho pero la gente se cura, solo se dice el aumento del número de casos confirmados y el número de fallecimientos, pero la mayoría de la gente infectada se cura. Hay 13 veces más pacientes curados que fallecidos, y la proporción va en aumento.
Otra cosa interesante es que en poco más de un mes ya se pueden consultar 164 artículos en PubMed sobre COVID19 o SARSCov2. Son trabajos preliminares sobre vacunas, tratamientos, epidemiología, genética y filogenia, diagnóstico y aspectos clínicos. Estos artículos están elaborados por cerca de 700 autores repartidos por todo el plantea. Es ciencia en común, compartida y en abierto. En 2003, cuando ocurrió lo del SARS, se tardó más de un año en obtener menos de la mitad de artículos. Además, la mayoría de las revistas científicas han dejado en abierto sus fondos sobre los coronavirus.
Nuestra capacidad de diseñar nuevas vacunas es espectacular. Ya hay más de ocho proyectos contra el nuevo coronavirus. Hay grupos que trabajan en proyectos de vacunas contra otros virus similares y ahora tratan de cambiar de virus. Lo que puede alargar su desarrollo son todas las pruebas necesarias de toxicidad, efectos secundarios, seguridad, inmunogenicidad y eficacia en la protección. Por eso, se habla de varios meses u años, pero algunos prototipos ya están en marcha.
Las vacunas son preventivas. Más importante aún son los posibles tratamientos de las personas que ya están enfermas. Ya hay más de 80 ensayos clínicos para analizar tratamientos contra el coronavirus. Se trata de antivirales que se han empleado para otras infecciones, que ya están aprobados y que sabemos que son seguros.
En fin, debemos ser optimistas, la pandemia de gripe de 1918 causó más de 25 millones de muertos en menos de 25 semanas. ¿Podría volver a ocurrir algo similar hoy en día? Muy probablemente no. Nunca hemos estado mejor preparados para combatir una pandemia.
Buenas Noches.

domingo, 8 de marzo de 2020

8 de marzo.

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Domingo 8 de marzo, Día de la Mujer, se nos marcha este día en el que los grupos feministas, políticos, intelectuales y todos nosotros nos hemos llenado la boca de reflexiones y demandas, aunque tengo que decir que algunas de ellas “contra natura”, reivindicando los derechos de la mujer.
Sin embargo, he echado en falta algún razonamiento sobre la identidad de la mujer, su dignidad, su distinción y complementariedad con nosotros; en definitiva, por el hecho mismo de ser mujer.
No soy feminista, en el sentido actual y distorsionado que se esta dando a la palabra. Sin lugar a dudas, defiendo el derecho de las mujeres a trabajar y a cobrar de la misma manera que los hombres, a desarrollar sus capacidades y que destaquen en todos los campos que hasta ahora han sido invadidos por los hombres, desde siempre, como el mundo de la ciencia, la tecnología, la medicina, la política y los negocios.
Por supuesto que me siento satisfecho cuando una mujer es reconocida por su esfuerzo, las mujeres tienen la misma inteligencia para dirigir una empresa o un hogar, sólo cambia el estilo.
Sin embargo, creo que no es justo el modo en como se maneja este Día por parte de muchos medios. No, porque se intenta distinguirla como la parte opuesta o contraria al hombre, cuando somos su compañero, no su rival. ¿Por qué, entonces, nos empeñamos en diferenciarnos unos de los otros?
Si dedicar un día a la mujer indica que hay que hacerla superior al hombre, no estoy de acuerdo. Es mejor que celebremos juntos la vida y nos esforcemos para que verdaderamente se consiga la igualdad de oportunidades en todas las áreas del saber, desarrollo y desempeño laboral, que hombres y mujeres se respeten mutuamente y se esmeren para que se acaben las enemistades por causa de su sexo.
Así, sin distinción ni exaltaciones inútiles, deseo que todos los días festejemos la vida y la oportunidad de prosperar.

Buenas Noches.

sábado, 7 de marzo de 2020

Gobierno de coalición.

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton) 


Como todos los viernes unas “Buenas Noches” que se dan ya avanzada la noche, pero es lo que hay, el fin de semana lo comienzo los viernes por la tarde.
He vuelto de cenar y antes de irme a dormir he realizado un rápido repaso a las noticias de los principales medios de comunicación digitales, que vienen a ser los mismo que el de los principales periódicos de papel, que mañana podremos comprar y leer en los kioscos, al menos los que yo suelo repasar.
Continúa el coronavirus siendo el protagonista principal, así que he tenido que bajar bastante en las webs para encontrar algo más, la posible crisis dentro del gobierno de coalición es lo que me ha llamado la atención. 
Es un problema que aparecerá en algunas ocasiones más y que es normal cuando uno de los integrantes de la coalición está tan “ideologizado”, cuando la ideología es tan fuerte en una formación política suele encubrir una alarmante escasez de ideas, que habitualmente se reducen a un rótulo o etiqueta, casi siempre sin contenido real y que en muchos casos bordea la estupidez.
Es cierto que un gobierno tiene una orientación política determinada, un estilo, un repertorio de problemas a los que le concede primacía; en suma, a una orientación de la vida pública durante el periodo que dure en el poder. Si tuviéramos una memoria histórica apreciable, podríamos comparar, y esto es un recurso decisivo para el funcionamiento de la democracia.
Llevamos ya los suficientes años de democracia para tener experiencia, y poder recordar los resultados de anteriores legislaturas para sacar conclusiones. Sabemos lo que han dicho y lo que han prometido en la campaña electoral, por lo que no nos debe extrañar que surjan roces dentro del gobierno.
Pero todo esto, con ser importante, es relativamente secundario. Tras unas elecciones, España emprende una nueva trayectoria, que ciertamente se puede modificar o rectificar, pero que da una imagen determinada del país en que vamos a vivir. Hay que preguntarse si coincide o no, y en qué medida, con lo que entendemos por esa realidad de que estamos hechos y con la cual vamos a realizar nuestras vidas personales. Nos vamos a sentir "cómodos" en esa configuración, o acaso vamos a experimentar la extraña e inquietante situación de que aquello es "ajeno" o se está enajenando.
Al mirar hacia adelante, al anticipar el futuro, ¿sentimos un horizonte abierto, un camino que deseamos seguir, que puede ser "nuestro", o sentimos temor de entrar en "tierra extraña"? Esto es lo decisivo, lo que verdaderamente hay que tener en cuenta, más allá de los intereses particulares, de las cuestiones que directamente nos afectan. Mucho más que todas ellas nos concierne la imagen total de nuestra nación, el "argumento" que va a tener, que nos parece prometedor e ilusionante o suscita temor o repulsión.
Todo lo demás, que hay que tener en cuenta, queda en segundo plano, porque esa figura global es la que va a condicionar todos los demás aspectos y les va a conferir un sentido al que podemos sumarnos con entusiasmo y tranquilidad de conciencia, o con inquietud y sospecha de error.
Y todavía hay que añadir una consideración más, delicada y de la máxima importancia. Es lícita la adscripción a un partido, la preferencia por uno o por otro, la diversidad de valoraciones. Con tal de que no se olvide la significación de la palabra "partido", que exige la pluralidad. Quiero decir que el que pertenece a un partido o lo prefiere a otros tiene que saber que convive con personas que tienen distintas preferencias, que tienen derecho a que su opinión cuente y tenga un grado aceptable de validez. Hay que asegurar la convivencia con los demás, con todos los que comparten el país común. Por tanto, es condición inexcusable la "apertura", la condición no excluyente. Un partido que pretende eliminar a los demás, que intenta dejarlos fuera de la convivencia, es por eso mismo rechazable.
El criterio que debe dominar es que el partido que ostente el poder, en cuyas manos se va a poner la vida colectiva, no signifique la marginación de los demás. Es frecuente, y en principio deseable, que un partido tenga que contar con otros, apoyarse en ellos. Las mayorías "absolutas" tienen evidentes riesgos, sobre todo si el que las consigue tiene cierta propensión a sentirse "partido único" y depositario permanente, acaso definitivo, del poder.
Puede ser deseable que el partido que gobierna se apoye en otros, tenga socios. Con una condición, sin la cual todo eso se invalida: que no sean "socios desleales". Si lo son, si van "a lo suyo", si no tienen interés por el conjunto, por la totalidad de que están hechos, el resultado puede ser precario o desastroso. 
Buenas Noches.

jueves, 5 de marzo de 2020

Los recuerdos y la memoria.

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Otro día que se nos marcha, y nos deja el recuerdo de haberlo vivido con pasión, por eso debemos guardar en la memoria los recuerdos de días como este que valen la pena.
Nos olvidamos de muchas cosas y a decir verdad hay algunos olvidos que se agradecen, y en este mundo de prisas y de reacciones ante lo inmediato es bueno no dejar de lado recuerdos importantes y decisivos.
Más allá de lo inmediato, una memoria abierta debe hacer posible recuerdos valiosos, desde los que cada uno podrá aprovechar las experiencias para afrontar el día de mañana. Con una buena memoria, también el presente se hará más llevadero y el futuro será afrontado con humildad, alegría y esperanza, porque sabremos vivir cada día recordando lo bueno que nos ofreció el día que acaba de terminar.
Con la memoria aprendemos y con lo aprendido actuamos, y así vivimos mientras ponemos en práctica las mil cosas que recordamos. Ya se que con la tecnología actual se consiguen aparatos más precisos y más rápidos que nuestra memoria, pero incluso todos esos datos que se almacenan en el ordenador o en el móvil tienen sentido si los aceptamos o rechazamos, y los utilizamos o no dependiendo de lo que hayamos aprendido.
La memoria nos permite hablar uno o varios idiomas, comprender lo que nos dicen, manifestar a otros lo que pensamos y queremos. Por esta simple utilidad ya es motivo de admiración y gratitud.
Sí: la memoria es un gran don. Podemos usarla para buscar el bien que tanto necesitamos, para seguir en marcha, porque nos permite mirar hacia adelante, apoyándonos en lo que el pasado ha dejado en forma de recuerdos, y con la esperanza de saberla aprovechar.

Buenas Noches.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Se necesita "un punto firme".

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton) 


El día se nos acaba de marchar, y aunque el viento a continuando soplando, no lo ha hecho con la fuerza de ayer, lo que me ha permitido poder realizar más actividades al aire libre. Ha sido un buen día.
Parece ser que cada día domine un poco más la sensación de precariedad de todo lo que nos rodea, no hay nada que dure. Cuando miramos hacia el futuro lo vemos condicionados por un presente y una inmediatez de las cosas que no nos dejan ver muy lejos. Como si el futuro estuviera en profesar esa total precariedad de lo que existe ya sea en la conciencia y en el pensamiento humano o en la realidad de la historia y de las costumbres, y en la evolución misma de la civilización.
Esta poca estabilidad o duración de las cosas, nos debilita, puesto que la persona para expresar al máximo su libertad y su creatividad, necesita una “base” sobre la que pueda apoyar su existencia. Desde hace dos siglos existes varias corrientes que pretenden encontrar esa “base”, desde la que empezar a buscar en el hombre mismo, en su capacidad intelectual, en la fuerza que el hombre tiene de manipular la realidad y organizarla en diversas formas de conocimiento que son siempre nuevas y que no paran de cambiar.    
Llegados a este punto nos encontramos con una contradicción que nos vuelve locos: si lo único que sabemos cierto es que todo va a cambiar, entonces la contradicción es total y no podemos razonar, conocer, organizar y recoger la realidad en esquemas estables y positivos.
Si este es el problema, entonces hay que tomar la decisión de buscar un punto fijo que no cambie y que se perfile en nuestro horizonte como algo capaz de acogernos y al que dirigirnos.
Ciertamente, si lo pensamos un poco, nos daremos cuenta que la grandeza del hombre es su inagotable búsqueda de sentido. Pero el fondo de su conciencia no puede no formular también esta última y elemental pregunta: si existe un “punto firme” sobre el que apoyar nuestra existencia, que se deje ver o que lo encuentre.

Buenas Noches. 

martes, 3 de marzo de 2020

Demasiadas normas.

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)



Otro día que llega a su fin, y lo hace después de haber soportado un molesto viento que no ha permitido que fuera todo lo agradable que podía haber sido.
El coronavirus continúa acaparando las primeras páginas de los periódicos digitales, con la compañía de los dos proyectos de ley que se han presentado en el Consejo de Ministros, de los que ya comentaré algo cuando tenga tiempo para echarles un vistazo y si encuentro algo interesante.
 A raíz de esto he podido leer que desde el año 1979 se han creado en España 364.267 normas, en año 1979 se crearon 2012 y en el 2018 casi cuatro veces más, 11737 normas. Son muchas para poder estar al día en lo referente a las nuevas leyes.
Tengo que decir que de alguna manera lo encuentro normal, pues tenemos muchas administraciones y mucha clase política y tienen que legislar. Pero tal vez lo estamos haciendo en demasía y duplicando las normas.
Dentro de todo este inmenso número de normas parece ser que son las comunidades autónomas con un 71,8% de las normas las que se llevan la palma, lo que hace más complicado estar al día del sistema normativo español. Otro dato: la CEOE calcula hay ya más de 100.000 normas activas de las que 2/3 son autonómicas.
La pregunta que tal vez nos deberíamos de hacer ahora es: ¿Cómo se ha llegado a esto? Una respuesta podría ser la necesidad de justificar la gigantesca cantidad de políticos y de la burocracia que llevan asociada, pero podríamos buscar otra respuesta como es la mentalidad estatista de nuestros políticos y el ánimo de control social que tienen, sin olvidarnos de la cantidad de legislación hecha a ritmo del titular periodístico sin entrar a valorar las consecuencias de esos “prontos” legislativos.
Aun así no voy a caer en el simplismo de personalizar en los políticos toda la culpa, que es mucha, la realidad es que es el sistema que nos hemos impuesto, en especial su última versión, el que genera esta gran cantidad de normas y leyes.
En esta sociedad tan progresista, la libertad es algo que siempre está bajo sospecha. Lo que más teme este sistema, es una sociedad construida en libertad, de abajo a arriba dejando a cada uno en su ámbito de actividad la capacidad de regularse y de decidir siguiendo un razonable sentido de subsidiariedad.
En definitiva, estaría bien que nuestros políticos se parasen un poco, que no legislarán tanto y que no se crean que son más listos que nadie por haber recibido un puñado de votos y que eso ya les permite decirnos desde la velocidad a la que tengo que conducir o que es lo que está bien y lo que está mal.

Buenas Noches.

lunes, 2 de marzo de 2020

Enfermedades emocionales

 “La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton) 


Se me ha pasado el día en un “plis plas”, un sin parar, pero ya ha llegado la noche y es tiempo para descansar y mirar que es lo que ha pasado en este mundo que nos ha tocado vivir.
Veo que seguimos con el coronavirus, prácticamente esta en la primera página de todos los periódicos digitales, y todos coinciden en que irá a más.
Tendremos que estar alerta para ver como va evolucionando, sin embargo tengo la impresión que no son las enfermedades del cuerpo las que más nos amenazan, son las del alma con las que nos tendremos que enfrentar seriamente en los próximos años.
Ya se ven los primeros síntomas: falta de capacidad para encontrar motivaciones, falta de continuidad en nuestros proyectos ante la mínima frustración, controlamos cada vez peor nuestros impulsos, no regulamos bien nuestro propios estados de ánimo, somos cada día más incapaces de evitar que la angustia interfiera en nuestra facultades para empatizar y confiar en los demás.
Son síntomas, pero hay que empezar a tomar precauciones, tenemos que intentar mantener un saludable equilibrio entre las emociones y la razón, ya que si el cerebro no las controla, todo el tiempo actuariamos impulsivamente, y por el contrario, si no tuviésemos emociones, el cerebro pensante sería incapaz de tomar decisiones.
Hay que reconocer que la mayoría de nosotros ya experimentamos algunos síntomas, y creo que no hay que ser expertos para darnos cuenta, de que, cada día, la sociedad se está deteriorando más.
Es necesario que comprendamos que las enfermedades emocionales, tales como la depresión, la neurosis y la ansiedad, deben tratarse adecuadamente mediante el apoyo de un profesional, pero también, aplicar medidas preventivas como procurar vivir y crear un ambiente de comprensión, en el que exista estabilidad y seguridad en todo sentido. Por eso, es necesario hacer un serio examen de conciencia y saber reconocer si perdemos algunas veces el control con arranques de ira o hemos caído en tristeza profunda o si hemos tenido comportamientos extremos que hayan herido a los que nos rodean, para que hagamos el esfuerzo por vencer nuestro orgullo o temor y acudamos a algún grupo que pueda apoyarnos, porque, de nuestra salud emocional, depende el bienestar de quienes viven con nosotros.
Y, sin miedo, busquemos soluciones.

Buenas Noches.

domingo, 1 de marzo de 2020

Pararse.

“La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia.” (G. K. Chesterton)


Otro perfecto domingo que añadir a esa colección de días inolvidables, esos días en los que todo esta bien, en los que se cumplen los objetivos que nos habíamos propuesto y que nos dejan preparados para empezar la semana con ilusión.
Lo que no quiere decir que un buen día no tenga en su interior un paso atrás. Cuando se habla o se trata de un asunto importante, antes de hablar o de escribir parece conveniente pararse un poco y dar un paso atrás. Si recordamos,  nos daremos cuenta que muchas veces hemos dicho lo primero que se nos ocurrió. Mejor dicho, hemos repetido sin ningún tipo de reflexión ni critica algo que hemos oído muchas veces y que lo damos por bueno.
Si esto nos sucede a nosotros en la tertulia con un café lo más probable es que no pase nada. Pero si esto mismo lo hacen los que tienen por oficio pensar, opinar, hablar o escribir públicamente, aquellos cuyo deber es orientar a los demás es otra historia muy diferente.
Estas personas, al igual que nosotros, no se pueden contentar con una primera aproximación, con una visión simple y unilateral. Hay que pararse, reflexionar, mirar las cosas desde varios puntos de vista, intentar ver si se excluyen o son conciliables, si acaso tienen que integrarse en una visión abarcadora. Por eso digo que hay que dar un paso atrás, tomar distancia, tomarse tiempo para tratar temas importantes.
Casi todo lo que se oye hoy en día en los medios de comunicación o se lee en los periódicos nos muestra una escasez de pensamiento. Si se hubiese esperado un poco, si se hubiese seguido mirando, si no se hubiese contentado con cualquier cosa, sin duda habría acertado más después de poner a prueba lo que iba a decir.
Dar otra vuelta a las cosas, ensayar diversas perspectivas, poner a prueba las ideas propias, no dar por supuesto lo que acaso sea verdad, pero dista mucho de ser evidente. Es lo que puede dar alguna garantía de acierto, de lograr la verdad, de entender la realidad. Hay «debates» que parecen dominados por la ignorancia, la obsesión, el puro disparate. Se entablan polémicas estériles, en que nadie tiene razón, en que los enfrentados van perdiendo, a fuerza de exagerar y encasillarse, la poca que podían tener al principio y se condenan a la esterilidad.
Una de las cosas que me preocupan estos días es ver como proliferan los movimientos ciudadanos que se basan en una “feliz idea” que se le ocurrió a alguien. Alguien que se le ocurre una idea que le parece interesante y que se embarca en ella y no ve más allá. Se atrinchera en su “gran idea” y va cada día un poco más lejos, exagera su teoría, la declara incompatible con todas las demás, reduce su campo de visión, no permite que entre en ella nada, cierra los demás elementos que tendría que tener en cuenta. Si lo pensamos un poco, nos daremos cuenta que ha renunciado a la razón.
Muchas de las ideologías que en nuestro tiempo han adquirido enorme difusión y aceptación, que tienen influjo social o político circulan sin ser repensadas, puestas a prueba, en suma, entendidas.
Si se desea popularidad, fama, poder, ése es el camino. Si se aspira a algo más modesto, ver cómo son las cosas, comprenderlas, poner unas en relación con otras, iluminar una parcela de lo real con esa luz que se llama verdad, hay que dar un paso atrás antes de dar por buena una idea, dejar que entren en el campo visual los elementos que están ligados a lo que se está considerando, y no dar ninguna conclusión por definitiva.
Cuando veamos algo con claridad, no hemos hecho más que empezar. Hay que seguir mirando, pensando, avanzando hasta donde sea posible. Hay que renunciar a la notoriedad, a que el nombre propio esté en boca de todos, a la fama, por supuesto al poder.
Se puede, en cambio, tener la tranquilidad de no haber confundido las cosas, de no haber contribuido a la desorientación ajena, de haber permitido que se vean algunas cosas claras, lo que muestra cuántas no lo están todavía, y por tanto son una invitación a seguir pensando, con la seguridad de que no nos van a faltar motivos para seguir con esta actividad apasionante.

Buenas Noches.