jueves, 20 de octubre de 2022

Desde otro punto de vista.

 “El hombre no haría nada si esperara hasta que lo pudiera hacer tan bien, que nadie le encontrara defectos.” (John Henry Newman.)

Lo hemos visto escrito y lo hemos dicho infinidad de veces: viajar siempre es algo maravilloso y en bicicleta mucho más. En cada viaje nos surge una ocasión para abrir nuestra mente y conocer otras maneras de vivir y entender la realidad. Los motivos para comenzar un viaje son tan variados como las personas, y en muchos casos las ventajas y lo que se llega a aprender también, pero ¿qué sucede cuando volvemos a casa? Tenemos que recordar que un viaje nunca debe convertirse en una huida, sino en una búsqueda, no nos vamos por qué no nos gusta nuestro hogar sino porqué lo amamos tanto que nos vamos para mejorarlo al volver.


Tenemos que comprender que muchas de las experiencias que tenemos en los viajes son materialmente las mismas en casi todos los viajeros, sin embargo, son formalmente distintas. Compartimos las más de las veces las mismas preocupaciones y dificultades: cansancio, averías, frío, calor, enfermedades…; incluso las mismas alegrías: alcanzar el objetivo previsto, el disfrute de la naturaleza, la satisfacción de las nuevas amistades… Pero, nuestros viajes, cada uno de nuestros viajes tiene como mínimo un punto de singularidad, una tenue luz imperceptible para los demás, que le da un sello característico, que lo dota de un sentido particular: es mí viaje y ya forma parte de mí vida.

Cuando viajamos en bicicleta tenemos claro que no somos personas anormales, aunque nuestro objetivo es distinto. Salvo por la bicicleta no nos distinguimos de los demás viajeros, ni por el lugar del que vinimos, ni por nuestras costumbres ni vestimentas. En efecto, no llevamos una clase de vida diferente y, sin embargo, damos muestras de un contexto del viaje admirable y, a juicio de mucha gente, increíble.   

En esta época que nos ha tocado vivir es precisamente en la que se hace más necesario viajar para estar en el mundo real. No nos podemos conformar con toda la información que nos encontramos en las redes, hay que estar en esos países, ciudades y pueblos para tener una idea real de sus gentes, para comprender las diferencias que nos hacen distintos.

Si lo pensamos un poco nos daremos cuenta de que lo que nos enriquece es ver el mundo desde otro punto de vista, desde un lugar donde veamos todo lo que nos rodea, pero también nos veamos a nosotros, desde una situación que nos permita observar y observarnos, comprender y comprendernos, escuchar y hablar, esa forma de percibir la realidad la hace más rica.

Buenos días.

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miércoles, 12 de octubre de 2022

El sentido del deber

 “El espíritu de la cultura no consiste solamente en conocer los hechos, sino en ser capaz de imaginar la verdad.” (G.K. Chesterton)

Hace días hablaba de que al adquirir un “compromiso” acto seguido suele aparecer el “deber”. Y lo hace cuando falta la empatía, cuando nos falta un vínculo emotivo que mantenga el compromiso. Cuando nuestra voluntad para mantener un compromiso se basa también en la razón es cuando se convierte en un deber.

Imagen de YONGSAM JO en Pixabay

Sin embargo, ese sentido del deber solo es posible dentro de una moral, una moral que necesita estar dentro de una tradición determinada. Cuando la base de la moral se mantenga y sea siempre la misma. Hay que pensar que la moral es lo que nos dice en qué consiste llevar una vida dirigida hacia el bien. Es cuando sabemos, cuando tenemos este conocimiento, cuando podemos empezar a crear las normas sobre lo que “debe ser”. Sin embargo, si aquella idea sobre la vida dirigida hacia el bien se pierde o se diluye, las normas quedan vacías de contenido y solo se recuerdan como los restos de una cultura perdida. Esto, lo que nos da una idea de por qué nuestra sociedad tiene tantos problemas para mantener el sentido del deber.

Para que exista un sentido del deber se necesita un “deber ser”, algo muy difícil cuando el bien se ha convertido en algo tan subjetivo que es visto como una preferencia personal y no social. Y en este entorno moral no existe otro deber que lo que me gusta, y este pensamiento elimina la posibilidad de hacer algo que en principio nos resultará poco o nada agradable.  

Si analizo todo lo que he escrito en los últimos días llego a la conclusión que: compromiso, amor y deber son los fundamentos que vinculan a las personas y hacen posible la creación de la mejor sociedad en cada circunstancia histórica concreta. Su construcción y práctica la encontramos en los pilares de nuestra cultura occidental, y esta es la causa de que forme parte del relato común de los europeos.

Sin embargo, hoy en día tenemos la impresión de que es un esfuerzo innecesario y un sacrificio inútil la creación de vínculos entre las personas, y esto se trata de un error social grave.

En fin, lo dejo por hoy, ya vere cuales son las consecuencias de ese error.

Buenos días. 

lunes, 10 de octubre de 2022

Cinco proyectos.

 “El hombre no haría nada si esperara hasta que lo pudiera hacer tan bien, que nadie le encontrara defectos.” (John Henry Newman.) 

Cinco han sido los proyectos que, de momento, encuentro interesantes para el 2023, propósitos que van a tener que esperar a principios del año que viene para volver sobre ellos y ver, entonces, cuales se convierten en realidad y cuales se quedan para otra ocasión.

Uno es caminando y cuatro en bicicleta. Caminado, como no, tengo el Camino de Santiago desde Canfranc, que hace dos años por culpa del Covid-19 tuve que suspender en el último momento. El año que viene lo volveré a intentar.

De los cuatro en bicicleta, dos son proyectos de larga distancia: realizar el viaje de vuelta del Nordkapp por la Euro Velo 1 por toda la costa atlántica de Noruega hasta llegar a Dinamarca, y seguir bajando hasta Pego por Alemania y Francia. El otro proyecto se trataría de realizar todo el perímetro de la península Ibérica saliendo de Pego y volver, siguiendo claro está la costa y cruzar los Pirineos para unir el Mediterráneo con el Atlántico o al revés según la dirección que elija.

Los de media distancia que estarían alrededor de los 15 días serían: un circular por los fiordos noruegos o recorrer la Vía Rhona durante dos semanas.

Tengo claro que de los dos que recorren la costa noruega solo debería realizar uno, pero ya se verá. De momento no me veo subiendo dos veces a Noruega en el mismo año.

Algo parece que ha cambiado a la hora de diseñar un viaje, pues ya no se trata de llegar a un lugar como lo era por ejemplo alcanzar ese punto tan emblemático como el Nordkapp y donde todo giraba en torno a ese preciso objetivo, que no lo olvidemos contaba con las dificultades del idioma, la soledad, la distancia y la resistencia física. Santiago de Compostela podría serlo, pero se trata de otra historia. Ahora ya no existe ese lugar como el Nordkapp o al menos no lo he encontrado para el año que viene, ahora se trata de llegar a un destino, como no podía ser de otra manera, pero con más tranquilidad, sin la “necesidad” y la “obligación” de enfrentarse a desafíos tanto físicos como mentales, no sé cómo explicarlo, tal vez el viaje al Nordkapp no era un viaje sino una peregrinación, entendiendo peregrinar como andar casi perdido por tierras extrañas para alcanzar una meta y no como una romería como pueda ser el Camino de Santiago.

La cuestión es que no he encontrado, de momento, la misma motivación que para el Nordkapp, he encontrado otras por supuesto, y una de ellas es la de querer admirar con más tranquilidad toda la belleza que me pueda encontrar. No solo ver lo bello sino contemplarlo.

He encontrado una conocida cita de San Agustín que explica bastante bien lo que quiero decir: "Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo... interroga a todas estas realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas”. Ese preguntar y escuchar la respuesta es lo que cambiara la esencia de estos viajes.

Buenos días.

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viernes, 7 de octubre de 2022

Nuestro vínculo con la sociedad.

 “El espíritu de la cultura no consiste solamente en conocer los hechos, sino en ser capaz de imaginar la verdad.” (G.K. Chesterton)

Decía el otro día que se han roto los lazos que unen a las personas y su sociedad, y si esto es así, resulta que tampoco deben estar muy fuertes esos lazos entre las personas, pues una sociedad siempre es un reflejo de las personas que la forman. 

Imagen de Martin de Arriba en Pixabay 

Entonces, es posible que si la relación entre las personas tuviera mejor salud de rebote la sociedad también mejoraría. Si pensamos un poco veremos como llegamos a la conclusión de que lo que más une a las personas, desde siempre, es el amor. Es más, me atrevería a decir que lo que mejor caracteriza a lo humano es el amor. En el fondo de la tradición cultural europea siempre encontraremos el amor como punto de encuentro entre las personas, ese “amaras al prójimo como a ti mismo” lo hemos tenido presente todos los europeos desde hace siglos.

Nos encontramos también con otra característica muy europea, una tradición me atrevería a decir helénica, que no es otra que la importancia que se le da al papel que le corresponde a cada persona en su comunidad, y que junto con el amor a los demás crea una fuerza del deber y del compromiso. Estar comprometido con la propia misión lo es todo. La persona sabe entonces que su aportación a la sociedad consiste precisamente en el cumplimiento exacto de su misión dentro de ella.

Ese vínculo con la sociedad y los demás no está basado en ninguna clase de contrato, y, ese vínculo sin contrato es lo que se está perdiendo. El vínculo entre una madre y su hijo no tiene ningún contrato, tampoco debería de existir un contrato entre un hombre y una mujer si no fuera por la necesidad de establecer unas ciertas garantías públicas que ampare a las dos figuras más desvalidas de la historia humana: el niño y la anciana viuda.

Nos estamos olvidando que la base de todos los contratos que nos unen con la sociedad son consecuencia de un vínculo y que van a depender de él. Un contrato no crea un vínculo, en todo caso, lo organiza dentro de la sociedad, pero si lo pensamos veremos que por sí solo es incapaz de sostenerlo. Todo contrato social es una forma débil de vincularse: un vínculo sin contrato se mantiene, el contrato sin vínculo no.

La sociedad debe basarse en los vínculos que se crean entre las personas, sobre el vínculo que surge de algo más grande que uno mismo, utilizando el contrato solo como un instrumento subsidiario de organización social.

Vamos por mal camino si queremos que nuestra sociedad funcione a base contratos escondiendo cualquier tipo de vinculo, y es que con el vínculo nace el compromiso en todas sus variantes. Todos sabemos que el mayor compromiso es el amor. Por eso me preocupa que no se le tenga en cuenta en los actuales fenómenos sociales. Al amor no lo reconocemos en la mayoría de las manifestaciones de nuestra sociedad desde la economía, sociología, arte, literatura, cine… O si lo hacemos, lo vemos aparecer en sus deformaciones o en un simple deseo sexual y a unas más o menos conocidas reacciones bioquímicas. Sin embargo, el amor está con nosotros desde siempre, desde el Génesis, desde la Ilíada, y con él la fuerza para liberar las fuerzas más colosales que podamos conocer.

Siendo el amor decisivo para que un compromiso surja del vínculo no es el único factor importante. Existe otro que es imprescindible para las personas. Se trata del deber.

Pero lo dejaré para la próxima vez.

Buenos días. 

martes, 4 de octubre de 2022

Tengo un viaje...

 “El hombre no haría nada si esperara hasta que lo pudiera hacer tan bien, que nadie le encontrara defectos.” (John Henry Newman.)


Parece ser que ya voy teniendo claro algunas cosas, ya he mirado y remirado el mapa de Europa y varios son los proyectos que me gustan para el año que viene. Unos son de largo recorrido y otros podría decir de media distancia.

Si todo va bien, solo realizare uno largo y otro de media distancia por lo que ahora voy a analizarlos con más atención y elegir. Tengo que averiguar aproximadamente cuanto tiempo y kilómetros van a ser necesarios para llevarlos a cabo y las condiciones que se tienen que dar para poderlos realizar. Por lo tanto, dentro de unos días comenzaré con lo que se podría llamar la fase más sugestiva de un viaje.

Tengo un viaje, muy intenso, muy fuerte y con muy buenos paisajes. Es el mejor viaje para el 2023.

Tengo otro viaje, más sencillo, más delicado. Es el mejor viaje para realizarlo sin problemas.

Tengo otro viaje, más prudente y que llama poco la atención; no hay un viaje tan bueno como este.

Tengo otro viaje, que es complicado y enigmático; es el mejor de todos.

Y aún tengo otro, distinguido y llamativo; es mucho mejor que el resto.

Tengo otro, que es el último que ha entrado en la lista, nuevo y muy excitante; es el que más me gusta de todos los viajes.

Y tengo muchos más y todos son así.

En fin, a verlos bien sobre el mapa y ya veremos.

Buenos días. 

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miércoles, 28 de septiembre de 2022

¿Es "todo" el mundo o solo la sociedad occidental?

 “El espíritu de la cultura no consiste solamente en conocer los hechos, sino en ser capaz de imaginar la verdad.” (G.K. Chesterton)  

Comentaba el otro día que todo parece ir mal, que no se acaba de encontrar una salida a todos los problemas que nos rodean y que el mundo anda a la deriva. Y, todo esto me lleva a hacerme una pregunta ¿Es “todo” el mundo o me refiero sobre todo a la parte de él que se encuentra en Europa – unos países más que otros- o sea a lo que llamamos sociedad occidental?

Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay

Lo que parece claro es que algo muy profundo está dejando de funcionar en nuestra sociedad. Una de las cosas que más se pueden apreciar es esta idea del temor, por no decir de la desesperanza, ante el futuro. Sin embargo, ese no es el estado de ánimo del resto del mundo, al menos de la mayoría de sus habitantes, quizás con la única excepción del mundo islámico. China, India, la mayor parte de Asia, casi toda América Latina y muchos países africanos creen firmemente que su futuro será claramente mejor que su pasado. Podría decir que en los países emergentes esta idea de que el mundo no encuentra una salida puede parecer una tontería. Y es que lo que no funciona está aquí, en Europa, en el corazón de la propia Unión Europea.

¿Es posible que los europeos estemos fracasando en la medida en que nos estamos convirtiendo en nuestros propios amos porque carecemos de la fuerza de cohesión necesaria para colaborar en esta gran empresa política? ¿Y si nuestro malestar resulta ser el resultado de la cultura y las pasiones que ahora están de moda?

Otra cosa para tener en cuenta es el menosprecio que se está haciendo de la tradición, olvidándola sin escucharla ni transmitirla. También nos tendríamos que plantear si nuestra democracia está funcionando razonablemente bien. No pasa nada si nos planteamos poner en duda ese tópico de que el menos malo de todos los sistemas es el democrático. Por ejemplo, el Brexit ha sido un fracaso de Europa, puede que también lo será de Gran Bretaña, pero está claro que es una prueba de la falta de atractivo que tiene la Unión Europea. Sucede lo mismo con Polonia, a la que se la quiere reconducir por medio de sanciones económicas, sin querer mirar que el problema de fondo que por cierto también se está extendiendo a otros países como Hungría y Chequia, está en que tienen un entorno moral que es distinto a la ideología que está de moda en la Unión Europea.

Para buscar el motivo de fondo que se encuentra en estos desencuentros hay que buscar en la irresponsabilidad moral que ha sustituido a la conciencia personal, como se puede ver en el desplazamiento de la vida como un hecho irrepetible a un hecho trivial.

No quisiera terminar hoy sin añadir, a mi entender, que el estado, por muy grande que sea, no mejora a las personas. Cosa que está sucediendo en todos los países de la Unión Europea. Mientras lo que debería hacer el Estado es tratar a los ciudadanos de manera equitativa e intentar asegurar que sus actividades libres se dirijan al bien común.

Está sucediendo que se pone mucho interés en crear un Estado demasiado previsor y muy pocas ganas de orientar a la sociedad civil hacia el bien común. El resultado directo de esta diferencia es que nuestra sociedad está fragmentada en sus objetivos, no tiene una visión del mundo unificada lo que provoca que las personas no se sientan como parte de una comunidad. Se ha destruido ese sentido de pertenecer a una comunidad. No vemos hacia donde se dirige nuestra sociedad pues nuestras instituciones sociales no son capaces de mostrar a las personas los marcos de referencia necesarios para lograr los objetivos que nuestra sociedad necesitaría. Muestra una falta o confusión que hace que las personas no puedan orientar su comportamiento.  

En fin, se han roto los lazos de unión entre las personas y su sociedad, lo que equivale a la carencia de normas sociales o de su degradación. Y está es la causa principal de nuestros males y, averiguar su naturaleza y por qué porque tiene tanta importancia, una distracción para los próximos días.

Buenos días.

domingo, 25 de septiembre de 2022

Empezar a buscar.

“Puedo creer lo imposible pero no lo improbable” G. K. Chesterton.

Han pasado ya varias semanas desde que regresamos del Danubio, y ya va siendo hora de empezar a buscar, a imaginar cómo van a ser los nuevos retos para el año que viene. Si quisiera cerrar el círculo del Nordkapp lo lógico sería hacer el viaje de vuelta en bicicleta por la costa de Noruega, o al menos realizar un recorrido por los fiordos.

Estamos en temporada de reflexión y debemos pensar un poco más antes de tomar una decisión y ver si somos capaces de encontrar nuevos o viejos proyectos que nos ilusionen lo suficiente para perseguirlos.

El año que viene debería ser especial como lo deberían ser, por cierto, todos. De algo me tiene que servir todo lo realizado y pasado en este. Tengo que empezar un proceso de reflexión sosegado y honesto: ver, observar, curiosear, detenerme y revisar el mapa de Europa. Y sí, solo Europa. Todo este proceso tiene un ritmo tranquilo donde hay que tener claro el encuadre, dentro de que limites tiene que desarrollarse, imaginar con la mayor lucidez posible qué quiero que haya dentro del cuadro, lo que quiero que me trasmita, dónde quiero llegar. Además, tenemos una edad en la que es fácil que los proyectos que se queden en el camino ya no se puedan realizar. Los viajes en bicicleta tienen desgraciadamente, por mucha bicicleta con apoyo eléctrico que pudiéramos tener en un futuro, fecha de caducidad.

Afortunadamente se llega a una edad en la que vemos nuestro alrededor de otra forma, tenemos esa suerte, percibimos un halo de belleza allí donde otros quizá no, aunque tengan enfrente lo mismo que nosotros. Hay muchas más situaciones que no nos dejan indiferentes.

Ahora se trata de adivinar donde se encuentra esa belleza y removerme, conmoverme ya sea para bien o para mal. Darle autenticidad a ese viaje, a lo que me pueda encontrar, a lo que voy a mirar, a lo que pueda escuchar, a lo que hare, a dónde y con quién iré.

Ese viaje formará parte de mis recuerdos, mis vivencias y experiencias. Es lo que hará poso, lo que se quedará en el fondo y se quedará dentro de mí para siempre.

 Es importante elegirlo bien.

Buenos días.

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miércoles, 21 de septiembre de 2022

Impotencia para encontrar las respuestas.

 “El espíritu de la cultura no consiste solamente en conocer los hechos, sino en ser capaz de imaginar la verdad.” (G.K. Chesterton)

Decía el otro día que nos hemos quedado sin los puntos de referencia que nos servían para dirigir nuestras acciones, lo que está haciendo que en muchas ocasiones nos encontremos inseguros, de nuestro futuro y de la sociedad en la que vivimos. Los nuevos objetivos o puntos de referencia que debían ocupar su lugar, de momento no han logrado mostrarnos un camino claro a seguir. Esta es la principal razón, la causa principal de nuestro desconcierto, la carencia de alternativas, del porqué la idea de Europa como espacio democrático y de bienestar social empieza a resquebrajarse. Algo está fallando cuando, precisamente, quienes nos representan como pueblo, los políticos, son el grupo que menos confianza nos inspira. 

Imagen de Jill Wellington en Pixabay  

En cada país europeo la crisis política tiene sus características particulares, pero es una crisis común. No es un problema de hace pocos años que comenzó con la crisis del 2008, pues la frustración es tan generalizada y profunda que no es lógico pensar que comenzó a principios del siglo XXI. El problema viene de mucho antes, lo vemos desde hace tiempo en las encuestas, donde los políticos siempre son los menos valorados y a pesar de eso no se ha hecho nada para mejorar su imagen. Lo que sucede es que en las épocas de bonanza económica esta situación es más tolerable. Una cosa parece clara, la democracia liberal está en crisis y parece que está en medio de una ola de descontento. Así están las cosas o al menos así las veo yo.

Puedo decir que la crisis económica y la política son las únicas crisis sociales que sufrimos, claro que no. Son las más actuales, que es bastante distinto. Son también las que ocultan otras que al no tenerlas presente cada día en los medios de comunicación nos da la impresión de que están resueltas. Sin buscar demasiado me vienen a la memoria la del medio ambiente, con sus consecuencias climáticas y de recursos naturales. La educativa que está mal formando a las personas y destruyendo su futuro, y sigue, con el apoyo de demasiada gente, el desastre de la falta de natalidad y el gran envejecimiento de la población. En la inmensa mayoría de países europeos los gobiernos resultan insatisfactorios, así como la política y la economía. Incluso, los diagnósticos suelen no estar acertados.

Lo que nos encontramos es una impotencia para encontrar las respuestas acertadas. Entonces, ante todo esto, tendremos que comenzar a hacernos algunas preguntas. No es hora de que nos preguntemos, sin hacernos trampas ni buscando fáciles indulgencias para con los demás y para con nosotros mismos, el ¿porqué de tanta incapacidad en tantas cuestiones vitales, y en tantos lugares distintos? Es una pregunta de sentido común, una exigencia. ¿A dónde vamos acumulando una crisis tras otra?

Estas preguntas pueden ser el comienzo de una serie de reflexiones para intentar responder al porqué de lo que nos ocurre. Como sociedad, claro está, pero también como personas, porque la respuesta universal es un engañabobos, ya que las sociedades no existen sin personas concretas.

Para que pueda encontrar respuestas y poder salir de todo este lio es necesario que sea capaz de dar un paso atrás para salir de la confusión de las ideas que me avasallan, para pensar con más libertad, y colocarme en una nueva posición, que solo será buena si es capaz de unir el diagnóstico y la respuesta con la persona, y a esta con la sociedad en la que vive.

En fin, es necesario comenzar de nuevo, y un buen principio es decir que la inmensa mayoría de nuestros problemas y males surgen de la propia naturaleza de la sociedad en que habitamos. Por lo tanto, estaría bien empezar buscando que es lo que nos hace humanos y constructores de civilizaciones y sociedades, para seguir con la causa de lo que nos destruye y, a continuación, ver las consecuencias negativas que se producen y enfrentarse a ellas desde la capacidad y lucidez que nos hayan dado todas nuestras reflexiones.

Pues bien, lo dejo por hoy. Continuaré próximamente.

Buenos días. 

sábado, 17 de septiembre de 2022

Sin paraguas.

 “El espíritu de la cultura no consiste solamente en conocer los hechos, sino en ser capaz de imaginar la verdad.” (G.K. Chesterton)

Decía el otro día, que nos hemos quedado sin el paraguas que nos estaba protegiendo de los muchos problemas que nos están aquejando.

El paraguas es un utensilio que tiene por objeto cubrir y proteger ya sea del sol o de la lluvia. Compuesto de un eje y de un varillaje cubierto de tela u otro material. Eso es todo. La debilidad de la tela hace que sea bastante fácil que se rasgue y que nos deje a la intemperie.

Imagen de Adrian Hinte en Pixabay 

No estoy diciendo que esa sencilla tela impedía que tuviésemos problemas, lo que quiero decir es que nos daba las herramientas para solucionarlos.

Toda la civilización occidental se ha desarrollado bajo un paraguas cultural que articulaba y aportaba sentido a nuestra forma de razonar y actuar. Una parte que nos daba indicaciones de por dónde ir era la concepción helénica de la vida, en toda su evolución desde los tiempos de Homero. Otra parte es el gran relato bíblico. El cristianismo fue capaz de modular aquellas dos formas de entender la vida que parecían inconmensurables, incompatibles entre sí. Primero fueron los Padres de la Iglesia, y en especial San Agustín con su pensamiento platónico-agustiniano, y la monumental síntesis de Tomás de Aquino con su pensamiento aristotélico-tomista. A partir de ellos, y con el paso del tiempo, siempre han existido modificaciones, pero siempre se mantuvo el equilibrio entre las dos formas de pensamiento.

Para llegar a donde estamos hemos tenido que basarnos, todos, en ese elemento común, en ese equilibrio a pesar de sus grandes diferencias iniciales, ese factor común se mantuvo durante siglos y bajo ese paraguas hemos construido una forma de ser que bien podríamos llamar civilización occidental.

Si miramos un poco a todas las demás civilizaciones nos daremos cuenta de que todas se construyen y se sustentan con el soporte de una razón objetiva, de signo más o menos religioso, todas tienen un paraguas que les protege y les ayuda a continuar avanzando. Ejemplos como China, la India, Japón o el Islam nos pueden servir para ver que todas tienen un soporte que las mantiene unidas.

Solo Europa, sobre todo a partir del siglo XVII, y en términos populares desde una fecha tan reciente como la segunda mitad del siglo XX intenta construir su sociedad con otro tipo de razón, sin ninguna razón objetiva ni ningún soporte, destruyendo el paraguas.

Teníamos una forma de entender la vida y el mundo. Se consideraba la conciencia de cada persona como parte de una gran red, un sistema de relaciones entre las personas, sus grupos e instituciones sociales, que se extendía más allá de la preferencia individual en la busca de un bien común. Ese bien común desarrollaba una jerarquía de todo lo existente, y en ella la persona conocía cuál era el motivo de su existencia y, por consiguiente, el sentido de esta. Las personas tomaban en consideración ese sentido, y no solo sus propios fines. En este ambiente la persona necesariamente solo podía estar vinculada a las demás, a su comunidad. Este orden que buscaba un objetivo común podía ser tiránico o benevolente, amoroso o cruel, pero aportaba un sentido.

Hemos abandonado ese sentido, ahora se trata de que cada persona calcule sus actos y actúe debido a la conveniencia de sus propios fines. Ahora se razona de la siguiente manera; primero se considera que lo que me relaciona con el resto de la sociedad es solo lo útil o lo deseable para mí. Segundo, averiguar cuáles son los fines que me convienen de acuerdo con su utilidad y deseabilidad, y poner todos los medios para conseguirlos. Siguiendo este orden de prioridades siempre vamos a estar enfrentados por la gran cantidad, y diferentes fines que alcanzar. Nos encontramos entonces con que el papel del estado es evitar ese conflicto por medio de dar la razón a todos. En la practica el resultado me parece cada vez más penoso, y lo podemos ver en la incapacidad actual para conseguir alcanzar de manera continua objetivos a largo plazo, porque los esfuerzos se concentran en resolver las fricciones y desgastes que se producen cada día con el conflicto de los millones de fines partidistas.

La sustitución poco a poca de esta forma de entender la sociedad significa un cambio de gran alcance en el pensamiento occidental, en el modo de concebir la realidad, y al ser humano. El individuo por sí solo, por su sola razón, por sus propias fuerzas, con independencia de toda tradición cultural es el que debe encontrar su realidad que le relaciona con los demás, y se presupone que esta forma de proceder hará mejores a los individuos, y que será posible encontrar una razón armoniosamente común a partir de la elaboración de las distintas realidades. Pero esta ilusión ha quedado muy lejos de cumplirse, y sus consecuencias están siendo destructivas.

En fin, lo dejo por hoy, y tal vez en los próximos días pueda mostrar como de destructiva es esta nueva forma de entender el mundo.

Buenos días. 

lunes, 12 de septiembre de 2022

Poniéndome al día.

 “El espíritu de la cultura no consiste solamente en conocer los hechos, sino en ser capaz de imaginar la verdad.” (G.K. Chesterton)

Llevo unos días intentando ponerme al día, en lo que se refiere a toda la actualidad, y no tengo dudas de que nos dirigimos, si es que no lo estamos ya, hacía una crisis económica y moral. Según lo veo yo, el problema se centra en que la mayoría de los países y sus mandatarios no saben por qué pasa lo que les pasa, a pesar de la tragedia en la que se vive cada día. Y, es que si comparo los problemas de las personas que tengo a mi alrededor con las medidas que se están tomando veo que no van a solucionar esos problemas, constato pues una incapacidad de nuestros dirigentes para poner en marcha las respuestas que nuestros males necesitan.

Es necesario y urgente, pues, acometer nuestros problemas olvidándonos de lo que hasta ahora consideramos como culturalmente correcto, y salir del cuadro de las ideologías supremacistas que invaden nuestra sociedad. Es un asunto que encuentro necesario para conservar la salud de nuestra sociedad. Para no convertirla en un gran asilo lleno de personas disgregadas, solitarias y enfrentadas. Para mantener el mejor sistema de bienestar, antes de que volvamos a una sociedad dividida en clases sociales. Tenemos que hacerlo antes de que nos convirtamos en una provincia de Asia en la frontera con una gran y joven población musulmana.

Se nos han complicado las cosas, nos encontrábamos solucionando la grave crisis económica del 2008 cuando en el 2020 nos llega el Covid-19, y cuando parecía que las podíamos solucionar nos encontramos con las consecuencias de los costes de la transición energética, agravada por la guerra de Ucrania que vuelve a castigar a los más débiles económicamente añadiendo una inflación que ha puesto en duda nuestra recuperación.

Es obligado tener un marco de referencia que nos haga posible interpretar cual es nuestra realidad con el propósito de entender los motivos de nuestros problemas. Solo si partimos de un diagnóstico acertado y completo podremos volver a construir una nueva sociedad más justa.

Si nos preguntamos ahora cual puede ser el motivo que aparece en cada uno de todos los desórdenes económicos, veremos que nos encontramos con uno que se repite en todos: crisis moral. Esto quiere decir que nos encontramos con un problema complicado ya sea individual como colectivo para identificar el bien, la justicia, en la búsqueda de la verdad, y también con una gran dificultad a la hora de ver la diferencia entre lo necesario y lo superfluo. Si lo pensamos un poco no daremos cuenta que buena parte de nuestros problemas aparecen por culpa de esas incapacidades y limitaciones. Es fácil verlo en la política, no porque en ella abunden más que en otras actividades, sino porque, al estar en la escena pública, los defectos son mucho más visibles. Ya sé que podemos decir que nuestros pobres y marginados son afortunados al lado de los pobres de África, pero esto no debe ser ningún consuelo para nuestras penurias. No vamos a arreglar de esta forma esa herida de una desigualdad cada vez más grande, ni desharemos la convicción de que estamos en una sociedad injusta. Si esta situación permanece mucho tiempo, vamos a ver a esas personas como cargas sociales, sin futuro y que van a depender de las ayudas del estado, y sin posibilidad de tener un proyecto propio.

Sin embargo, hay algo más que me preocupa, no se trata solo de las consecuencias del paro, ni del trabajo precario y reducido. Tengo una extraña sensación de desesperanza. Es el convencimiento tan extendido de que todo funciona mal. Siempre peor que ayer y menos que mañana. Son muchas personas las que tienen la impresión de que todo funciona de una forma cada vez más desastrosa, como si a mayor problema correspondiera una menos eficiencia y eficacia. La opinión pública se ha convertido en un interminable debate incapaz de llegar a ninguna conclusión y esto aumenta la sensación de impotencia e injusticia. Haciendo que nos cuestionemos nuestra democracia.

La causa de todas estas dificultades, culturales e históricas pienso que se deben a que el gran paraguas que resguardaba a toda la civilización occidental desde hace más de 2000 años se ha cerrado y ha desaparecido, y cada vez que llueve nos mojamos.

En fin, lo dejo por hoy, y tal vez mañana intentare abrir otra vez ese paraguas.

Buenos días.