viernes, 4 de marzo de 2022

¿Qué deberíamos hacer?

 “Hay cosas más importantes que la paz, y una de ellas es la dignidad humana” (G. K. Chesterton). 

No tengo más remedio que continuar escribiendo sobre el tema que está en boca de todos: Rusia ha invadido Ucrania. Al dolor diario por las muertes causadas por el covid-19 tengo que añadir el dolor por las muertes de esta guerra, unas muertes que a diferencia de las de la pandemia son causa directa y única de las personas, de los hombres.

Pensaba que ya estaba inmunizado de alguna manera a todo tipo de catástrofes o al menos ya había aprendido a encajar esas muertes. Pero en estos días se me revuelve el estómago cada vez que se menciona el tema.

Estoy más preocupado de lo normal por la cercanía, ¡es una guerra en Europa! Más allá de la inseguridad, me genera un miedo triste.   

Triste porque la guerra ha llegado a Europa, y seguimos mirando nuestros plácidos atardeceres mientras pensamos que el problema es de otros. Tengo la sensación de que hemos estado demasiado acomodados, nos hemos acostumbrado a mirar las grandes tragedias de la humanidad desde lejos, hemos edulcorado nuestra humanidad, hemos cambiado la esperanza de un mundo mejor por nuestro cómodo bienestar.

No me resulta complicado compartir mis pensamientos en unos cuantos párrafos escritos en este blog en lo que se refiere a multitud de temas. Por más que esto sea lo habitual, al intentar hacerlo sobre todo lo que me provoca la invasión rusa en Ucrania, sinceramente, no encuentro las palabras justas capaces de trasmitirlo. Esta situación, cada vez que leo las noticias me produce impotencia, miedo, rabia y me encuentro ante muchas preguntas que no sé responder: ¿Qué deberíamos hacer? ¿Qué deberían hacer las naciones que observan en la distancia lo que está sucediendo? ¿Las medidas económicas contra el país invasor son realmente efectivas? ¿Hacia dónde va nuestro mundo?

Muchas más preguntas que respuestas, al menos para mí.  ¿Qué hace que nos sintamos más cercanos a unas situaciones y olvidemos otras, como la guerra en Yemen? ¿Por qué me afecta y me preocupa tanto este conflicto bélico cuando existen otros muchos activos y que se prolongan en el tiempo? ¿Por qué me encuentro más cerca? ¿Por qué es en Europa y no en un lejano lugar de África? ¿Por qué vemos muy cerca el riesgo de un conflicto mundial?

No lo sé con exactitud, y es que el término “paz” tiene muchos más matices de la simple ausencia de un conflicto armado. La Paz es también una situación en la que todos estemos en armonía, un ambiente en el que todos podamos ser nosotros mismos en respeto y equilibrio. Desde este modo de comprender la Paz es desde donde debemos de empezar, mientras lo hacemos no dejemos de hacernos preguntas, aunque no tengamos respuestas.

Buenos días.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Cambiar las prioridades.

 “Dicen que los viajes ensanchan las ideas, pero para esto hay que tener ideas” (G. K. Chesterton). 

Ya he realizado el primer ensayo general, la Diverge ya sabe lo que es circular cargada con las alforjas. Han sido dos días de viaje en los hemos realizado alrededor de 130 kilómetros, nos hemos trasladado hasta Cullera y tras pasar una noche en el camping hemos regresado.

Aunque no con todo el peso que seguramente llevare para “subir” al Nordkapp, si al menos el suficiente para comprobar el comportamiento de los portabultos y el manejo de la bicicleta. Salvo dos tornillos que se aflojaron durante el viaje de ida todo lo demás a funcionado bien. La anchura de la rueda hace que se maneje mejor en las calles y entre los coches, y también en los tramos de la euro-velo 8 donde la arena y las piedras me complicaban mucho la vida con la Peugeot.

Este ensayo ha sido en un trayecto llano, salvo la subida al Santuario del Castillo de Cullera, pero esta la hemos hecho sin las alforjas, y como no podía ser de otra manera la bicicleta se ha comportado de maravilla, ya veremos si en el otro ensayo general que nos queda, se comporta igual de bien pues vamos a realizarlo por el interior de la Marina Alta, que es montañoso.

Se nota en el manejo de la bicicleta esos centímetros que es más larga y baja que la Peugeot, parece mentira, pero se nota, no es tan nerviosa, es más tranquila, es muy fácil acostumbrase a sus reacciones, aunque los frenos de disco aún los noto extraños.

Es verdad que por mucho que pruebe y compruebe no voy a tener la seguridad de que todo va a funcionar bien, lo he dicho en más de alguna ocasión, y se que voy a cometer errores, pero la cuestión radica en la forma de corregirlos y en verlos sin miedo.

Cuando surja un problema hay que solucionarlo, intentarlo al menos. No hay que eliminarlo. Quiero decir que no que hay pensar que no existe. Nos estamos acostumbrando a ver en nuestras vidas como se decreta que no existan muchos problemas. Por ejemplo: vemos que existe mucho fracaso escolar pues decretamos que las asignaturas suspendidas ya no van a ser un obstáculo suficiente para pasar de curso.

No se trata de tener más o menos conocimientos de mecánica para solucionar algunos problemas en la bicicleta, a lo que me refiero es que muchas personas puede que no estén acertando con su forma de ver la vida. Es fácil encontrarse con personas que dirigen una empresa o un negocio, que lo crean o son responsables de proyectos que afectan a mucha gente y en los que se coloca mucho dinero. Nadie duda de que son capaces de hacerlo, ni ellos mismos. Lo hacen y suelen hacerlo muy bien, hasta el punto de que ganan mucho dinero y sus empresas no pueden vivir sin ellos.  Pero pasa muy a menudo, que esa misma gente no se ve capaz de… tener pareja, familia, hijos, responsabilidades personales, salir de su zona de confort... Eso lo encuentran muy complicado, no se sienten aptos, no saben hacerlo. Y si lo hacen no suelen ser proyectos que les iluminen como grandes retos. Curiosamente sus grandes retos siempre suelen ser profesionales. ¿Por qué?

Puede ser por nuestra educación, ¿para qué somos educados? Desde jóvenes, si recordamos, se nos inculca, aunque no lo veamos a la primera, que lo importante son las notas no los amigos, solo se nos pregunta qué tal en el cole y como fueron las notas. Si hemos triunfado, dando por entendido que triunfar en la vida es tener dinero, ser conocido y reconocido por ello.

En realidad, lo que está en juego es la separación que existe entre personas y profesiones, entre relaciones y proyectos laborales. La clave es qué es lo prioritario. Podríamos educar para pensar en personas y no en profesionales, en el servicio y no en el trabajo, en la felicidad y no en la realización profesional… Podríamos luchar por ello. Podemos vivirlo. Y, quizás, si cambiamos las prioridades, dejaremos de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor y que no pasa nada por soñar con proyectos que necesiten de un poco de ilusión.

Buenos días.

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lunes, 28 de febrero de 2022

¿Por qué no reaccionamos?

 “Puedo creer lo imposible pero no lo improbable” G. K. Chesterton.

No me ha quedado más remedio que ver un parecido entre en declive del imperio romano y lo que estamos viviendo en nuestra querida Europa. Tengo la impresión de que al igual que la Roma que conquisto aquel mundo antiguo, Europa también ha pasado unas décadas pujantes, donde era ambiciosa y llena de personas que soñaban a lo grande. Luego como a los romanos nos han llegado unos años de una lenta transformación, y ahora parece que hemos llegado a unos años de decadencia. Se que los historiadores matizarán mucho estas afirmaciones y me dirán que es una comparación demasiado simple, y lo acepto.  

Pero pienso, que al igual que a los romanos, al otro lado de nuestras fronteras, otras naciones emergentes, que tratan de construir su futuro, pedían y piden su turno. Y lo ganaron entonces y lo pueden ganar ahora por la fuerza de su necesidad, su ambición y sus convicciones tan diferentes. Digo esto porque ver a nuestra Europa occidental perdida en pasatiempos de revista mientras el resto del mundo vive buscando un camino para seguir avanzando hacia un lugar tan diferente al nuestro me preocupa, a mi al menos me asusta.

Lo de Rusia en Ucrania nos puede mostrar que nuestra Europa, a no ser que de verdad esté dispuesta a unirse y a pagar el coste de sus decisiones, ya no sabe hacer nada más que amenazar con grandes declaraciones y sanciones que no se sabe hasta que extremo es capaz de llevar. Y que conste que espero estar equivocado. Y ojalá una “guerra económica” sea la alternativa a la violencia, aunque lamentablemente van a sufrir los mismos. Ojalá los acontecimientos que van a suceder en los próximos días nos hablen más de solidez que de pusilanimidad. Que seamos capaces de tomar decisiones y afrontar situaciones comprometidas.

Nuestros políticos parece que estén especializados en problemas de humo, en engrandecer temas locales e ideológicos, y lo hacen porque dan por sentado que vivimos suficientemente bien. Somos una sociedad que tal vez envejecida por los años esta preocupada por ficciones y anestesiada por el bienestar. Hemos convertido la lucha en una enfermedad que hay que curar y donde todo se psicologiza. Somo incapaces de empujar y de sacrificarnos pues vivimos de las rentas de lo que otras generaciones, más dispuestas a sacrificarse, consiguieron. Somos capaces de unir de maravilla las exigencias y el bienestar, pero que no queremos saber nada de renuncias o costes. Nuestro egoísmo es tan grande que no somos capaces de ver más allá.

Pero, si no me equivoco, si continuamos enganchados a este "sentimiento lánguido de la vida", si de veras nuestra vitalidad y vigor están dirigidos a otro lugar, va a continuar nuestro lento declive. Lo peor, lo más trágico es que aun faltan algunos años para que al mirar estos días que estamos pasando solo veamos fantasmas de ayer y nos preguntemos por qué no reaccionamos.

Buenos días.

sábado, 26 de febrero de 2022

¿No ha sido posible la paz? ¿Porqué?

 “Integridad es hacer lo correcto, incluso cuando nadie está mirando.”. C.S. Lewis.

Me equivoque el otro día cuando creía que no se iba a producir una guerra, pensaba que Rusia no invadiría Ucrania, me equivoque y lo siento.

Volvemos a tener una guerra en nuestra vieja Europa. Una guerra que no se ha podido evitar, supongo, pues lo contrario sería más grave. Si es que puede haber algo más grave.

La Historia nos recuerda, sí queremos que lo haga, que los motivos de una guerra están motivados por varios factores, y algunos solo los conoceremos con el paso de los años y el trabajo de los historiadores. Porque suele haber distintas versiones que llevan a cada protagonista a legitimar su postura en el transcurso de los acontecimientos, ya sea a escala mundial, en una pelea entre hermanos o en una discusión entre amigos. De ahí que podamos decir que la violencia está claramente vinculada con la idea de la verdad, en cómo la aceptamos o la negamos y en cómo la queremos utilizar. Por eso tienen tanta importancia las campañas mediáticas en prensa y todo tipo de medios de comunicación, y que en la mayoría de los casos ya no podemos controlar.

  Esa guerra que veía, que sentía como un espectro, que se aparecía como una muestra de nuestra frágil condición humana se ha hecho realidad. Está claro, es evidente, todos queremos la paz, al menos los que estamos más o menos en su sano juicio, pero la realidad y el dramatismo de los hechos actuales y los que vendrán en los próximos días, no puede de ninguna manera convertirse en una excusa para quedarnos en un ingenuo buenismo convertido en una pancarta colgada en el balcón y en una visión demasiado simple de la realidad. Ha llegado. Llega y llega, y ya no hay vuelta atrás, pese a que se haga todo lo posible por evitarla.

Alguien miente, alguien no dice la verdad, y se trata de una verdad que sufre por el deslumbramiento de la ideología, por los intereses de las empresas, por la ceguera parcial de los medios, por los delirios de grandeza de los políticos y por la manipulación de las palabras. Cada uno se acerca a su “verdad”, a una verdad que se olvida en la mayoría de los casos del sufrimiento de las personas y de pueblos y que desprecia la justicia, la bondad y la paz.  

Y, en este mundo, donde irremediablemente todo está conectado, de una forma o de otra todos nos vamos a ver afectados por esta triste guerra, sobre todo los europeos, y aunque no nos toque empuñar un arma, todos deberíamos de hacer frente a la guerra por la verdad.

El que miente, sabe que miente. No lo olvidemos.

Buenos días.

viernes, 25 de febrero de 2022

¿Perfeccionista o perfecto?

     “Integridad es hacer lo correcto, incluso cuando nadie está mirando.”. C.S. Lewis.

Continuo con mis salidas casi diarias en bicicleta, para ir acostumbrándome a pedalear durante varias horas al día. Voy alternando, un día la Peugeot y otro la Diverge.

Estoy pensando en realizar una excursión de varios días a modo de un ensayo general, pues aún no he cargado las alforjas en la Diverge con peso. No siendo algo imprescindible para empezar el viaje sí que estaría bien para saber en la practica como se comporta la bicicleta.

Aunque hay cosas que no hace falta probar ni se olvidan una vez que las hemos realizado o nos las han enseñado, como nadar o andar en bicicleta, es verdad que su práctica nos dará más seguridad y nos dará la posibilidad de corregir algunos errores que podamos estar cometiendo.

Recuerdo infinidad de correcciones que he realizado en cosas que pensaba que estaban bien y con la practica me he dado cuenta de que se podían mejorar. Empiezo un viaje con una distribución del material en las alforjas y lo termino de una forma completamente distinta.

Me viene ahora a la cabeza una frase de J. H. Newman que va encaminada al mismo sitio: “En un mundo superior puede ser de otra manera, pero aquí abajo, vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces.”  Y algo de razón tiene.

Ser un perfeccionista y buscar siempre ser perfecto, esta bien, siempre que no nos convirtamos en unos insoportables, que es en lo que nos convertimos cuando no somos capaces de alcanzar nuestros objetivos y empezamos a sentirnos frustrados porque pensamos que siempre lo pudimos hacer mejor. Este es el problema. Siempre estás insatisfecho contigo mismo y con los demás.

Es bueno esforzarnos por ser mejores, pero este debe ser un camino de alegría. El perfeccionismo nos alejara de la felicidad si nos obliga a estar centrados en nosotros mismos, en ser yo el perfecto. Hay que aceptar nuestra debilidad, podemos ser perfeccionistas, pero no vamos a ser perfectos y no pasa nada si comentemos errores. Estamos llenos de errores y saberlo nos tiene que animar a mejorar con alegría no a atormentarnos con metas irreales, imposibles de cumplir.

Ese no querer cometer ni un solo error, el perseguir el viaje perfecto significa el querer tener las cosas bajo control todo el tiempo. Es agotador embarcarse en el inútil trabajo de querer controlarlo todo. Hay que relajarse, es absurdo querer cometer cero errores. Cuando me encuentro con esos pensamientos intento ser realista, y me recuerdo que eso no es posible, que no hay que tomarse estas cosas tan en serio hasta el punto de obsesionarse. ¿Me molesta no encontrar una cosa en las alforjas? Claro que me molesta, pero ese “desorden” significa vida, significa viaje.  

La cuestión en estos casos es saber que nos tenemos que arriesgar, que me tengo que atrever, aunque sepa que no todo va a salir como a mí me gustaría. Hay que librarse de esas cadenas que no me dejan estar contento de que me tienen atrapado en la amargura.

Se que me voy a equivocar muchas veces, pero de eso se trata. De saberlo y aprender a equivocarme. De saber que han sido mis pensamientos los que han decidido sobre mis acciones, y eso esta bien. De saber que hemos sido hechos libres.

Se de muchas personas que son realmente brillantes y que por miedo a no poder hacer las cosas a la perfección sencillamente no las hacen y se dan por vencidos porque han colocado el nivel demasiado alto. Hay que hacer las cosas lo mejor que podamos, lo que no significa que las estemos haciendo a la perfección.

¡Ah! Pero nos han dicho que seamos perfectos. Y es verdad, lo hemos leído y nos lo han dicho: “Sed perfectos” pero se refieren a ser perfectos en nuestra relación con los demás, a ser perfecto en el amor y, eso amigos míos no lo vamos a poder hacer solos, necesitamos ayuda.

Pero esto puede ser otro tema, pero es al final la misma historia.

Buenos días.  

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miércoles, 23 de febrero de 2022

Qué realidad estoy transmitiendo.

     “Podemos creer lo que queramos. Somos responsables de aquello en que elegimos creer”. John Henry Newman.

Son las siete de la mañana y las redes sociales me han permitido ponerme al día no solo de lo que hacen muchos de mis amigos y muchos de mis conocidos sino también lo que está sucediendo en el mundo y lo que seguramente sucederá hoy.

Si lo que acabo de ver se corresponde o no con la realidad es otra historia, sólo ellos lo saben. Estoy casi seguro de que la tan criticada fachada de las redes sociales también es, al final, una forma de protegerse. Muchos de nosotros compartimos una considerable información personal en las redes y transmitimos una realidad, lo interesante de la cuestión es pensar qué realidad queremos transmitir, y cuál estamos transmitiendo. Por qué fotos queremos que nos recuerden. Porque contamos lo que queremos. Y no solo en las redes sino también en la vida.

Estamos, tal vez, demasiado acostumbrados a registrar cada momento de nuestra vida y, muchas veces me he preguntado si estoy infravalorando la privacidad de los demás y estoy contando cosas que ellos no querrían. ¿Cuántas fotos abre publicado de otras personas en las redes?  ¿Cuántas historias que no son solo mías? ¿Estamos concienciados de si se nos respeta nuestra privacidad o respetamos la de los demás?

Ahora conocemos a muchas personas con las que intercambiamos información en las redes sociales, pues una gran mayoría utilizan sus datos personales, incluso los conocemos personalmente, personas que saben o pueden saber si lo que publicamos es cierto, o si esa foto que etiquetamos como hecha en un lugar determinado corresponde o no a ese lugar. Poco a poco nuestras vidas en las redes van siendo una expresión de nuestra vida real, más que una vida virtual, paralela, pero con poco sustento en nuestro día a día.

Y la pregunta surge rápidamente: ¿Qué pensara una persona de mi si lee este blog? ¿Pensara lo que a mí me gustaría? ¿Tengo que borrar algunas cosas? No estaría de más que pensara alguna vez en las respuestas. Que me situara en ese momento, que imaginara qué pensaría ahora si me pusiera a repasar muchas de las entradas de hace años. Puede ser interesante publicar pensando en eso. Pensando qué estoy dejando en las redes. En cuál va a ser mi legado bloguero.

Muchas personas tal vez prefieran asegurarse de que quede todo borrado, pero también puedo pensar en el bien que puedo hacer dejando que aquellos que se atrevan a leerlo conozcan mejor cómo pienso, qué me gusta y me gustaba compartir.

En fin, es agradable escribir.

Buenos días.

 

sábado, 19 de febrero de 2022

Lo que nadie ve.

 “Puedo creer lo imposible pero no lo improbable” G. K. Chesterton.

Continuamos con la idea de estar cada día al menos dos horas encima de la bicicleta, pedaleando, lo que me lleva a ir repasando los lugares más interesantes que se encuentran a mi alrededor.

Tengo la suerte de vivir en una zona donde es muy fácil encontrar lugares a muy pocos kilómetros donde siempre apetece ir, no es muy complicado encontrarlos, sin embargo, se necesita imaginar y soñar, se necesita ver y sentir ese lugar de diferentes formas y maneras.

Cuando me sorprendo ante un lugar que he visitado infinidad de veces me viene a la cabeza lo necesario que es ver, creer y confiar en lo que nadie ve.

Es fantástico como se puede ser capaz de ver y soñar lo que muchas personas a nuestro alrededor no ven, ni sueñan, como se puede ver más allá de lo aparente, de lo superficial, de lo mediocre y ver todas sus capacidades y sus posibilidades.

Qué pasaría en nuestro entorno, en nuestras relaciones, en nuestros proyectos, si fuésemos capaces de superar esa primera mirada superficial o básica de lo aparente y fuéramos capaces de descubrir la cantidad de posibilidades y de potencialidades que hay detrás de cada paisaje, cada persona y situación esperando que alguien sea capaz de verlo, soñarlo y crearlo.

Son muchas las personas que ven más allá de lo superficial y de los formulismos y encuentran el potencial que hay oculto en cada situación. Intentemos ser una ellas, sintámonos la necesidad de ver lo que nadie ve, a soñar lo que nadie sueña, creer lo que nadie cree y crear lo que nadie está dispuesto a crear, en todas las personas y proyectos que la vida nos trae.

En fin, tenemos una invitación delante de nosotros, estamos invitados a encontrar y sacar de todo y de todos un poco más.

Buenos días.

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viernes, 18 de febrero de 2022

10 000 kilómetros.

 “Aburrirse es besar a la muerte”. Ramón Gómez de la Serna.

A los pocos metros de haber “coronado” el puerto de Bernia el pasado miércoles, la Peugeot cumplió los 10 000 km de esta “segunda vida”, después de haber estado cerca de 25 años guardada en un desván.

Lo festeje sin aspavientos, una pequeña caricia en el manillar y un gracias murmurado para conmemorar las innumerables horas pasadas en tantas carreteras. E, inevitablemente los recuerdos acumulados vuelven a pasar. Hay momentos en que miro atrás y descubro que tengo tantos recuerdos con la Peugeot que en cierta medida me doy cuenta de que ya debo ser una persona adulta.

Y es que empezamos a ser adultos cuando podemos mirar atrás, y vamos teniendo memorias. Cuando empezamos a darnos cuenta de que tenemos recuerdos de heridas, unas bien cicatrizadas y otras que aún nos escuecen. Cuando recordamos que hay situaciones alegres que, al rememorar, no pueden menos que suscitar una sonrisa, cuando hay lugares que en algún momento nos impresionaron y ahora se desdibujan un poco, pero aún me hacen vibrar.

Es agradable darse cuenta de que aún estamos en esa parte de nuestra vida en que los recuerdos aún no pesan, pero que ya son reales. Es muy hermoso el saber que uno ya tiene muchos recuerdos llenos de nombres, de fracasos y éxitos, abrazos, caricias, errores, perdones, dudas, pequeñas historias que van formando una historia más grande. Es hermoso darse cuenta de que en mi vida hay todavía tanto por escribir, y a la vez empieza a haber algo que ya esta escrito, que me convierte en quien soy, una persona con mis virtudes y mis defectos, mis manías y mis encantos, una persona única, distinta, especial, que forma parte un mundo mucho más grande.

En fin, me lo pase bien repasando esos 10 000 kilómetros.

Buenos días.

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jueves, 17 de febrero de 2022

Haciendo prácticas

 “El viajero ve lo que ve, el turista ve lo que él ha ido a ver”. G. K. Chesterton

Seguimos con nuestra salida semanal, ayer nos fuimos por Benichembla hasta Petracos para volver a Pego por la Vall de Ebo, unos cincuenta kilómetros bastante accidentados para seguir acumulando horas en la bicicleta.

Me encuentro en esa fase del viaje en la que hay que empezar a tener confianza en lo que vamos a realizar, no una confianza completa, pues no es posible, pero si ir haciéndose a la idea de que ya queda poco para ponernos en marcha, y no está nada mal que nuestro cuerpo se vaya acostumbrando a pasar horas encima de la bicicleta.

Un viaje en bicicleta no es solo una práctica física que puede resultar bastante exigente, o no, sino que encierra toda una filosofía de vida detrás. La idea con la que me muevo ahora, cuando en teoría me encuentro a menos de dos meses para ponerme en marcha es la de convertir un paseo de varias horas en un hecho natural y lo más cómodo posible.

Con esta intención de que sea natural y cómodo, lo que busco también es reforzar la idea de que todo, hasta lo más complicado, puedo conseguirlo si soy constante. Y es que, no sería lógico sufrir para llegar a final del primer día. Sin embargo, estas salidas y las pruebas que realizo en casa van preparando al cuerpo muy poco a poco para conseguirlo, haciendo siempre hincapié en que no es éste el objetivo, sino una consecuencia natural de la perseverancia, de ser constante.  

Creo que el verdadero logro reside en conseguir sacar de toda esta preparación unos valores y llevarlos a la vida diaria. Al igual que habrá días durante el viaje donde no conseguiremos que nos salga nada bien, también hay días donde no damos pie con bola en nuestra actividad diaria.

El secreto no está solo en darse cuenta de qué nos falta para conseguir lo que queremos, pues si solo miramos el camino fijándonos en lo mucho que nos queda por andar nos daremos por vencidos antes de tiempo. O peor, acabaremos siendo consumidos por el miedo a fracasar, convirtiendo cada mínimo fallo en un error imperdonable, en vez de transformarlo en un aprendizaje. Es necesario que nos alegremos de lo que hemos aprendido y no dejar de soñar con cómo nos sentiremos cuando lleguemos a eso que tanto deseamos.

Personalmente, yo sueño con que llegue el día de ponerme en marcha, de empezar a pedalear, pero sé que aún no lo tengo todo preparado como me gustaría. Como esto, tantas otras cosas. Pero también sé que aún no me toca, que falta poco, que ya casi está. ¿Debería amargarme por ello? ¿Debería hundirme por esos detalles que faltan? ¿Debería desesperarme cada vez que tengo que modificar algo que ya hacía meses que daba por sentado? ¿O debo seguir insistiendo cada día, hasta conseguir llegar a estar un poco mejor preparado, con intención, sin expectativas concretas?

Y es que, al igual que debo coger un poco de forma física y acostumbrar a mi cuerpo a la vida al aire libre, mi mente también debe prepararse y hacerse fuerte para pasar por encima de todos esos inconvenientes que van a surgir. Tengo que aprender a desprenderme día a día de esas cadenas, de esas preocupaciones injustificadas que me van quitando poco a poco la libertad.

Aun así, sé que cometeré errores y que habrá días de dudas, incertidumbre e, incluso, desolación. En esos momentos, sé que mi cabeza me pedirá serenidad para ir afrontando los problemas de uno en uno, sin miedo a no encontrar la solución.  

Así que, con esta intención de avanzar sin forzar, poco a poco. Voy haciendo mis prácticas.

Buenos días.

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lunes, 14 de febrero de 2022

Rusia y Ucrania.

 “Puedo creer lo imposible pero no lo improbable” G. K. Chesterton.


Todos nos habremos dado cuenta a estas alturas de que puede ser posible que estemos a las puertas de un conflicto armado entre Rusia y Ucrania, ante la posibilidad de una guerra en suelo europeo.

Estoy seguro de que, ante esa posibilidad, cada uno de nosotros hemos empezado a pensar en cuáles son las razones que tienen unos y otros, y que, entre eso y nuestras ideas, terminamos posicionándonos. Incluso nos podemos llegar a plantear si hay razones que justifican o no la guerra, y si hubiera, en algún caso, una “guerra justa”. Y llegados a este punto, es desde donde hay que empezar a hacernos preguntas y ver las respuestas que podemos dar.

Según mi modesta opinión es posible que ya no se puedan dar las condiciones para aclarar si una guerra puede ser justa, nuestra realidad, nuestro nivel tecnológico ya no nos permite defender las razones racionales y bien maduradas de otros siglos para hablar de una posible guerra justa. No estoy diciendo que una “guerra justa” ahora sea imposible, sino que es muy difícil. Y lo es porque la palabra guerra ya no tiene detrás lo que sencillamente hace unos siglos tenía. Las posibilidades de destrucción son tales, tan grandes y descontroladas, que la justificación moral de una guerra se vería obligada a detenerse.

O sea, dicho de otra manera, teniendo en cuenta los posibles efectos de una guerra entre Rusia y Ucrania ya no permitiría poner en una balanza ningún bien ni utilidad superior al daño que causaría. Esto es lo que tendríamos que considerar.

Si viviéramos en un mundo que se rigiera siempre por criterios buenos y justos, seguramente no haría falta que estuviéramos continuamente haciéndonos preguntas y buscando respuestas, buscando lo qué es correcto en cada caso concreto. Si los muchos problemas que hay en el planeta acaban generando conflictos armados, no tenemos más remedio que seguir pensando qué podemos hacer, qué es lo mejor que podemos hacer.

La vida está llena de preguntas y buscar respuestas, pero esto es otra cuestión.

Buenos días.