¡¡¡Buenos días y Feliz Navidad!!!
Desde hace tiempo la Navidad la he considerado como unos días de toma
de decisiones, de ver el mundo y decidir “hacer” algo. Es un tiempo de
preguntas a las que tenemos que buscar respuestas y tomar algunas decisiones y,
es que, si miramos atentamente a nuestro alrededor y además hacemos un esfuerzo
en mirar más allá, nos encontramos preguntándonos: ahora, ¿dónde hay guerra y
dónde hay paz? ¿Quién ríe y quién llora? ¿Quién está bien y quién está mal?
¿Quién tiene salud y quién está enfermo? ¿Quién nace y quién muere? Una vez
encontradas las respuestas, ¿qué vamos a hacer y qué parte de culpa tenemos, y qué
asumimos?
Y vemos que la mayoría de las respuestas nos llevan al mismo punto de
partida, nos devuelven a mirar en nuestro interior y darnos cuenta de que
tenemos un problema que resolver. He buscado un poema de Heinrich Heine (1797-1856)
que pienso que nos lo muestra bien, el poema se titula “Preguntas”. Las
traducciones del alemán siempre son complicadas pero la siguiente me gusta:
A la orilla del mar, del mar salvaje y nocturno,
un joven permanece en pie,
lleno en el pecho de anhelo, la cabeza de dudas,
y con los labios de melancolía dice a las olas:
«Oh, desveladme el misterio de la vida, ese tormento tan antiguo
al que ya tantas cabezas dieron vueltas,
cabezas con gorros jeroglíficos,
cabezas con turbantes, con birretes negros,
cabezas con peluca y otros miles
de pobres cabezas de hombres, bañadas en sudor…
Decidme, ¿Qué significa el hombre?
¿De dónde vino? ¿A dónde va?
¿Quién vive allá arriba en las estrellas?»
Las estrellas murmuran su eterno murmullo,
el viento sopla, huyen las nubes,
brillan las estrellas, distantes y frías
y un necio espera respuesta.
¿Quién es el hombre? ¿De dónde
viene? ¿Adónde va? ¿Tiene sentido la vida? Ese joven cargado de dudas implora una
respuesta. Pero es inútil. Todo a su alrededor le muestra indiferencia y no muestra
ningún signo de comprensión. Pero no puede renunciar a una respuesta y roza la
locura.
Un poema que nos recuerda la soledad a la que estamos condenados. ¿Adónde
vamos?, ¿cuál es esa meta por la que vivo? A la luz de la Navidad, esas
preguntas tienen una respuesta sorprendente: nuestro objetivo es el mismo que
el de Cristo. Si repasamos un poco veremos que Cristo vivió para realizar la gloria de Dios, es decir,
para dar vida a la humanidad en el amor del Padre, comunicándole así la vida y la felicidad divinas. El hombre existe para ser feliz,
sentimos una necesidad irreprimible de felicidad. Ahora bien, no encontramos nada
terrenal, limitado y temporal que pueda hacernos plenamente felices. Nuestra
cabeza y nuestro corazón va más allá de todo lo que tenemos a mano, nuestro
espíritu mira más lejos, busca el infinito.
Algo en nuestro interior nos dice que hay un lugar donde podemos ser
felices para siempre, donde la felicidad completa existe, lo sabemos porque de
alguna manera hemos estado allí y anhelamos volver.
La Navidad es el acontecimiento que nos da la oportunidad para volver a
ese Paraíso del que fuimos expulsados por un pecado que cometimos y que ahora
se nos es perdonado. Ese joven que, a la orilla del mar, se pregunta por el
sentido de la vida y espera una respuesta de las olas, puede empezar a conocer
las respuestas en la Navidad. El acontecimiento de la Navidad trastoca y aclara
todas las dudas y hace que el hombre se vea a sí mismo con un telón de fondo de
dignidad, valor, inmortalidad. Desde ese día, todo hombre es sagrado, digno de
todo cuidado, de todo respeto. Desde entonces, la desesperación, que está en el
fondo del alma del hombre decepcionado tiene derecho a la esperanza, a revivir.
El panorama y las posibilidades que se nos presenta por el nacimiento
de Jesús son enormes y revolucionarias. Concretan y dejan claro nuestra divinidad y dignidad,
el respeto y la justicia que se le debe a toda persona; definen también los fundamentos sobre los que tenemos que construir
no sola nuestra sociedad sino también un mundo nuevo siguiendo lo que nos enseña
la Navidad: confianza, amor, solidaridad.
En fin, nuestra historia nos dice cuando la repasamos, que cuando se
oscurecen estos horizontes, siempre hemos terminado en la barbarie.
¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!