jueves, 26 de febrero de 2026

¿Quién me enseñará?

 


Pensaba el otro día que nuestra vida, la de cada uno de nosotros está continuamente en construcción, la tenemos que ir desarrollando según nuestra manera de ser, es una cuestión que vamos decidiendo cada día, sabiendo que muchas veces nos vamos a equivocar en nuestras decisiones.

Yo sé, mi experiencia me dice que me equivoco muchas veces y también que he vivido la toma de malas decisiones; o sea, que una decisión mía me puede hacer un gran bien o, puedo equivocarme y destruirme interiormente. Por lo tanto, cada decisión que vaya a tomar para seguir construyendo mi vida cada día, está aún por decidir. Debo pues, saber y tener la máxima certeza de dónde voy a elegir y cómo decidir, sabiendo y estando convencido de que és lo que tengo que elegir y que esa decisión es buena.

Y llegado este momento surge una buena pregunta: ¿Quién me enseñará? ¿Quién me enseñará a dirigir mi vida? ¿cómo saber a quién escuchar? Puedo escuchar fácilmente muchas teorías, muchas voces, pero el itinerario fundamental de mi vida, el que me tiene que llevar a mi objetivo, o a lo que se dice a una vida buena, a conseguir el bien; si queréis, más coloquialmente: ¿Quién me enseñará el camino que me conduce a la felicidad? Y cuando digo “felicidad” lo que quiero decir es una vida plena, una vida alcanzada, feliz.

Antes tengo que hacerme algunas preguntas. Tengo que repasar en mi experiencia, ver lo que sé y lo que quiero. Averiguar: ¿Qué deseo conseguir? ¿Para quién estoy viviendo? ¿Qué me pasa? ¿O qué quiero cambiar de mi vida? ¿0 qué debería de haber hecho y no hice? Preguntas que me deben de situar en el punto de partida, en el principio de mi camino.

Si miro profundamente en todo lo que soy y quiero, veo que estoy lleno de límites, tal vez no necesitaría reflexionar mucho para ver que cada día me encuentro con limitaciones, que son muchas las ocasiones en las que no puedo conseguir aquello que quiero. Mi vida tiene limitaciones. El sufrimiento puede ser una de ellas, mi incapacidad para hacer algunas cosas, una enfermedad. Infinidad de limitaciones. Y eso lo puedo constatar cada día, solamente mirando en mi experiencia, en lo que vivo y se.

Pero también estoy obligado a decir que si bien mis limitaciones son muchas no lo son menos mis deseos. Y es que por muchas cosas que yo consiga, siempre voy a desear más; y por mucho que alcance, nunca lograré la satisfacción de mi deseo último, que en el fondo es un deseo de infinito. Esta es mi contradicción, o diría, mi propia realidad: múltiples limitaciones, ilimitados deseos.

Hay además otro aspecto, la persona siempre desea el bien, siempre me gusta lo que está bien, quiero hacer el bien, pero no sé lo que me pasa que cuando lo voy a realizar en muchas ocasiones me sale mal, aparece el mal.

A mí, cuando quiero hacer el bien no tengo claro que lo pueda llevar a cabo. Tengo que combatir cada vez, es una pelea continua cada vez que necesito hacer una cosa bien. No se trata sólo de decidir que esto lo quiero hacer bien, porque si resulta que en realidad no se trata del bien, he decidido mal y el mal me puede destruir, es un combate espiritual.

Puedo ver que muchas personas no tienen este tipo de preocupaciones, no ven nada en su interior que les cuestione si lo que hacen está bien o no. Donde yo tengo interrogantes en ellos encuentro el vacío. ¿Qué quiero decir? Que consideran que la vida no tiene un sentido, que lo que les pasa y pasa a su alrededor es casual, tiene su origen en el propio desarrollo de las cosas.  

Sin embargo, la mayoría de las personas estamos llenas de interrogantes, pues todos hemos experimentado situaciones en las que nos hemos preguntado, ¿qué sentido tiene vivir y más cuando he llegado a un cierto nivel de sufrimiento? ¿Qué sentido tiene sufrir? ¿Qué sentido tiene la enfermedad y por qué tengo que sufrir la enfermedad? ¿Y por qué tantos pueblos tienen que pasar situaciones verdaderamente precarias? ¿Y por qué he de morir, cuando lo que deseo es vivir?

Creo que estas experiencias nos pasan a todas las personas en un momento u otro, sean creyentes o no, ahora bien, la pregunta es: ¿Cómo comprender esto que nos pasa? ¿Cómo ayudarme a ver el por qué siento esas preocupaciones? ¿Por qué no me conformo con las cosas que tengo y no deseo más? ¿Y por qué me resisto cuando aparecen esos límites de la enfermedad, del sufrimiento y de la muerte?

Muchas preguntas, y tres factores que deberemos tener en cuenta cuando nos detengamos a descifrar todo lo esto que nos pasa. Pero, por hoy ya hay bastante.

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