El otro día comentaba el desánimo que surge en
muchas personas que ven que todo el esfuerzo que están realizado para mejorar
su vida no les cunde. Y tal vez por eso debería ir un poco más allá y superar
esa cultura del esfuerzo y buscar una solución en el agradecimiento.
La primera impresión al buscar en el agradecimiento
una solución a muchos de nuestros problemas es que no entendemos muy bien de
que estamos hablando, no vemos por donde empezar. Tal vez nos esté pasando esto
porque no sabemos reconocer todo lo que hemos recibido desde el día de nuestro
nacimiento y que no nos ha costado nada, por ejemplo: el amor de nuestros padres,
los adelantos que se van acumulando con los siglos que nos permiten hoy en día
tener luz eléctrica, una vivienda, un coche, etc. Una sociedad que nos permite
vivir con relativa tranquilidad, en fin, de todo lo que tenemos.
Si ahora pensamos un poco en todo eso veremos
que tenemos tantas cosas buenas que no hemos hecho nada para merecerlas que va
a ser prácticamente imposible dar a los demás y a la sociedad tanto como
estamos recibiendo y hemos ya recibido. Esta podría ser la base, darnos cuenta
de que recibimos mucho más de lo que damos, que estamos rodeados de tantas
cosas que nos permiten llevar una buena vida. Sin todo eso en lo que no hemos
colaborado ni para construirlo ni crearlo, cualquier esfuerzo que hiciésemos
sería estéril.
A la vez, ese agradecer nos hace vernos como insignificantes
ya que lo que yo pueda aportar a mi sociedad es, realmente, muy poco. También
nos damos cuenta de que todo lo que recibimos es por la unión de mucha gente
que se esfuerza para mejorar nuestra sociedad y también por el regalo de una
creación que esta por encima de todo trabajo personal, ya que viene de algo que
se encuentra por encima de nuestras posibilidades.
Y es que darnos cuenta de que nosotros nunca vamos
a dar tanto como lo que estamos recibiendo es fundamental para entender la importancia para nuestra vida del agradecimiento. Darnos cuenta de esto hace que nos pongamos en
nuestro lugar y que reconozcamos la grandeza de nuestra sociedad.
El agradecimiento comienza por
estos dos elementos, el reconocimiento de todo lo que recibimos y la conciencia
de que nunca vamos a devolver a la sociedad y a la naturaleza tanto como lo que
ellas nos dan y nos han dado.
Todo esto hace añicos la idea de la
correspondencia que domina nuestra economía, o sea, con la idea de que lo damos
tiene que ser igual a lo que vamos a recibir, por lo que cuando realizamos un
intercambio vamos a comprobar cuál es la contrapartida para saber qué es lo que
estoy dispuesto a dar.
En fin, tendríamos mucho de qué hablar sobre basar nuestra vida en el agradecimiento, tanto es así que voy a seguir en unos días con
el mismo tema.
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