El otro día me planteaba la cuestión de ¿qué nos hace humanos? Y
mirando algunos artículos la mayoría llegaban a la conclusión de que son “el
humor”, “la imaginación”, “las emociones”. No estando conforme del todo me
atreví a buscar en una aplicación de IA, y su respuesta: “una combinación única
de habilidades cognitivas, sociales y biológicas, destacando el lenguaje
complejo, el pensamiento abstracto, la autoconciencia y la cultura”.
Si bien se trata de una buena respuesta me resulta algo ingenua y
pienso que hay que analizarlas con tranquilidad. Pues mirando todas esas características
no nos resultaría complicado llegar a la conclusión de que la IA puede ser
considerada como humana.
Creo que es la consciencia la característica que más hay que remarcar y
la que más nos define como humanos. De ahí que, en principio, la llamada
“inteligencia artificial” no puede ser tan inteligente como nosotros ya que no
va a ser consciente de sí misma. Tengo claro, que esta afirmación hay que
matizarla, para no caer en la trampa de un pensamiento anticientífico y de una
arrogancia humanista.
Tal vez la primera cuestión a la que me enfrento cuando miro la IA es como sé
que es una máquina inteligente. ¿Es posible que esa máquina sea más lista o
creativa que su creador, que es el hombre? Y ¿Quién tiene la autoridad para
decidirlo?
Podemos ver como la visión de alguna ciencia ficción de hace unos años
es ya una realidad y que no va a parar de realizarse casi todo lo que vemos en
las películas. Si le pregunto a esa misma IA que es me responde lo siguiente: “La Inteligencia
Artificial (IA) es un campo de la informática que desarrolla sistemas capaces
de simular la inteligencia humana para realizar tareas como aprender, razonar,
percibir y resolver problemas”
Y añade: “Los tres tipos principales de inteligencia artificial, clasificados por
sus capacidades, son: la IA Estrecha (ANI), especializada en tareas únicas
(como Siri o chatbots); la IA General (AGI), con habilidades cognitivas humanas
para cualquier tarea intelectual; y la Superinteligencia Artificial (ASI), un
nivel hipotético superior a la inteligencia humana, capaz de automejorarse”.
La definición es sencilla y fácil de demostrar, pero es un poco
inadecuada. Si el ChatGPT es muy hábil planificando un recorrido turístico por
una ciudad, entonces, sólo porque la máquina haga mejor un determinado trabajo
de valor práctico, ¿puede considerarse realmente más inteligente que yo? O,
como afirman algunos, ¿son también conscientes de sí mismas? La respuesta es,
por supuesto, una materia de interpretación: depende de lo que yo entienda por
«inteligencia» y «consciència» (o «autoconsciencia»). Como nunca me he planteado
en serio el significado de estos términos, debo adentrarme un poco más de lo
que concierne a la ciencia, debo entrar en lo que es el territorio de la
filosofía y también en el de la teología.
Voy a ver si en los próximos días me puedo aclarar un poco sobre lo que
se puede entender como inteligencia y consciencia.
